Ucrania, el bastión de Eurasia ante la OTAN

01/04/2014
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Desde la Guerra de los Siete Años (1756 – 1763) el Imperio Británico expandió sin rivales su control político y su comercio por todos los rincones del mundo. Por esa época sucedió en Europa la revolución técnica que creó la base para la revolución industrial. Comenzó también la prédica de la economía liberal, de la apertura de mercados, del intercambio imperial de productos elaborados contra materias primas. Es cuando comienza el Gran Juego, el asedio británico a la masa Euro-Asiática donde avanzaba Rusia hacia la India, China y Japón. Cien años después, el control financiero británico de las antiguas colonia españolas y la repartición de África, esbozan el prototipo anglo-sajón de globalización. Su freno era la alianza entre el Imperio Ruso y el recién reconstruido Imperio Alemán.
 
La primera fase técnica de la globalización neoliberal fue el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Poco antes (1913) las elites financieras anglo-americanas habían creado la Reserva Federal, que sería la fuente de recursos financieros que hizo de Estados Unidos el acreedor de todos los beligerantes al final de esa terrible e innecesaria guerra. La primera post-guerra desplazó el centro de gravedad financiero de la City de Londres a Wall Street de New York. Fue un cambio geográfico, porque los grupos financieros anglo-sajones ya estaban ligados.
 
La crisis que comenzó en 1929 y que duró hasta la Segunda Guerra Mundial fue la primera prueba de los efectos de unas finanzas globalizadas con mercados abiertos. Como ahora, unos pocos se hicieron más ricos y muchos se arruinaron. En 1941, la política de mercados abiertos se fijó en la Carta Atlántica de 1941, la declaración conjunta anglo-americana sobre las políticas económicas internacionales para después de la guerra; debemos señalar que fue hecha antes de que EE UU fuese beligerante. 
 
La victoria aliada trajo el pago eterno de las deudas de guerra, el plan Marshall, el Banco Mundial, el FMI y el dólar como moneda de referencia; todo eso entregó a los bancos de Wall Street la mitad de la economía mundial. Con la industria euro-asiática destruida, EE UU quedó como la única potencia industrial y también exportadora de materias primas. EE UU ayudó la recuperación, pero a cambio de apertura a sus empresas, que cubrieron con sucursales el mundo ajeno a la esfera soviética. La segunda fase hacia un mundo anglo-americano replicaba en Eurasia el anterior Gran Juego británico; pero en 1948 perdieron China, el premio ganado con la guerras del opio (1839 -1860).
 
En Eurasia hay dos grandes potencias: Rusia y China. La India pudiera serlo, pero es una obra británica, hecha con partes dispares que dificultan la toma de decisiones. Eurasia tiene los recursos humanos y físicos para ser el eje de la economía y la política internacional; el papel que, separados, ejercieron por milenios su extremo europeo y su extremo chino. Eso es justo lo que la política exterior angloamericana trata de impedir. Es la razón para la ocupación financiera y militar de Europa y erosionar su cultura; la razón para promover gobiernos corruptos y fomentar guerras y revueltas civiles que impidan la proyección euroasiática.
 
El Gran Juego sigue. Una parte esencial es impedir la proyección marítima de China en el Mar de China y de Rusia hacia el Mar Mediterráneo. Otro factor en esa estrategia es el control de la energía y el modo más económico es controlar su transporte.  Estos elementos muestran la importancia de Ucrania como corredor del gas ruso hacia Europa y hacia la Crimea, la base de la flota rusa del Mar Negro. De allí el golpe de Estado euro americano en Kiev. 
 
Ucrania y su papel energético
 
Europa depende de Rusia en cerca del 40% del gas que importa y la mayoría es transportado a través de Ucrania. Ese gas es transportado por gasoductos que pertenecen a Gazprom pero eso pudiera cambiar. Chevron firmó, en noviembre 2013, un contrato, con el gobierno ucraniano de Yanukovich, para explorar 650 mil hectáreas en busca de gas. Unos meses antes el mismo gobierno había firmado otro menos importante con Royal Dutch Shell.
 
 
Derek Magness de Chevron, a la izquierda, durante la firma del acuerdo sobre gas ucraniano
 
El acuerdo de Chevron fue apoyado por Washington para reducir el comercio energético y la complementación económica de Europa con Rusia. El área asignada a Chevron incluye el Oleska Block, donde hay roca de pizarra con potencial en gas de esquisto. El problema es que el método para su obtención, llamado fracking hidráulico, es altamente contaminante y ha sido prohibido ya por algunos países europeos donde se usó, como en Rumania y Lituania.
 
Es probable que haya alguna coordinación entre el Departamento de Estado y Chevron para el golpe de Estado en Kiev, porque fue en un encuentro patrocinado por Chevron donde Victoria Nuland, Subsecretaria de Estado norteamericana para Europa del este anunció que el gobierno norteamericano había invertido 5 mil millones en prepararlo (promover la democracia en Ucrania, dijo ella). Se puede especular sobre si una razón del golpe de Estado sea la de nacionalizar los oleoductos de Gazprom, para darlos luego en administración a Chevron. De ese modo la venta de gas ruso y el aprovisionamiento europeo quedarían en manos de una empresa norteamericana muy vinculada con la política exterior de Washington.
 
El golpe de Estado mira evidentemente a penetrar Ucrania con intereses angloamericanos más que con intereses de la UE, porque Europa no es soberana; es regida por gobiernos títeres que obedecen órdenes de New York y Londres; está bajo ocupación militar y financiera. Lo demuestra que Bruselas hable de aplicar sanciones a Rusia, cuando a la industria y la población europea eso no conviene. El pretexto es castigar a Rusia por aceptar la solicitud de Crimea de integrarse a la Federación Rusa. Esa solicitud refleja el deseo de la población de Crimea y ya fue hecha en 1994, cuando la independencia ucraniana, pero que no fue acogida, sin duda por la influencia angloamericana en el triste gobierno de Boris Yeltsin.
 
Las sanciones por Crimea   
 
Rusia no bombardeó 78 días para que la Crimea se separara de Ucrania, como la OTAN hizo en Serbia, para arrancar a Kosovo. La Crimea, de población rusa mayoritaria, se desprendió de Ucrania sola, impulsada por los atropellos contra la población de lengua y la cultura rusa cometidos enseguida por el gobierno ilegítimo puesto por los angloamericanos en Kiev. La Crimea usó el derecho a la autodeterminación, un derecho inapelable reconocido por las leyes internacionales. Ese resultado imprevisto del golpe de estado en Kiev inspira chistes sobre los US$5 millardos invertidos por Washington en el golpe…para que la Crimea regrese a Rusia.
 
La frustración por el fracaso en sacar a Rusia del Mar Negro y el temor de que el “gobierno provisional” en Kiev resulte muy provisional, ha causado un berrinche más en la Casa Blanca, que quiere castigar a la madre Rusia porque Crimea volvió a su regazo. Washington dice que se trata de proteger intereses vitales suyos, que, como siempre, están ubicados en otro país.
 
Las sanciones no temen el ridículo y, hasta ahora, son como sigue:
 
Primero, se interrumpe la colaboración militar con Rusia, aún cuando es la OTAN quien necesita a Rusia para llevar sin riesgo pertrechos militares a Afganistán;
 
Segundo, se excluye a Rusia del G-8; eso si tiene lógica porque la próspera Rusia no debe estar en un club de países arruinados; como la próxima reunión hubiera sido en Sochi y esa exclusión le ahorra a Rusia los esfuerzos y gastos de ser el anfitrión;
 
Tercero, se prohibió a un grupo de funcionarios rusos viajar a EE UU, sin saber si querrían ir; también se congelaron sus cuentas en EE UU, sin saber si las tienen. La UE hizo también su lista. Las sanciones estimulan el ahorro dentro de Rusia y el regreso de capitales. De paso, dio pretexto a Rusia para prohibir el ingreso a los agentes subversivos de la National Endowment for Democracy (NED), como el Senador John Mc Cain.
 
Se habla oscuramente de imponer sanciones económicas y eso es imposible para la UE. Las de EE UU serían irrelevantes por el monto y la composición. El gráfico es elocuente.
 
El comercio entre Rusia y la UE en 2012 fue de 276,5 millardos. Las exportaciones rusas fueron principalmente de gas y petróleo, por 76 billones. Sin ellas la UE se paraliza; las otras exportaciones importantes son cereales. Las importaciones rusas son  maquinaria y transporte, por 50 millardos, químicos y farmacéuticos, todos productos de alto valor agregado.
 
EE UU también sufriría con las sanciones, porque Rusia es de los pocos países con quien EE UU tiene un superávit comercial. En 2013 las exportaciones rusas fueron por 112 millardos, principalmente gas y aluminio y las importaciones fueron 167 millardos, todas de alto valor agregado, como calderas y material nuclear o equipos ópticos.
 
La perspectiva futura ucraniana
 
Desde el derrocamiento del último gobierno elegido democráticamente por las turbas financiadas por la NED en Maidan. Ucrania no conoce paz. En parte porque entre los cuatro partidos asociados para el golpe, sólo Batkivshina – el de Yulia Timoshenko y “Yats” Yatseniouk, como lo llama Ms. Nuland – tiene alguna base electoral. Los otros tres son pequeños o recientes: Svovoda sacó 10 % en las últimas elecciones; UDAR que en ucraniano significa golpe, lo fundó en 2010 un boxeador;  Pravy Sector es una milicia de choque, creada ad hoc en noviembre 2013. La visita de pleitesía que “Yats” Yatseniouk rindió a Obama no lo hará popular entre sus socios nacionalistas, los de tradición rusa o el ejército. Se sabe por encuestas que la mayoría ucraniana esta contra ser miembros de la OTAN.
 
“Yats” también ordenó la entrega a la Reserva Federal, el 7 de marzo, de las 36 toneladas de oro de reservas ucranianas, como reconoció la Reserva federal de New York. Cuento se sepa, es probable que cause violencia política y reacciones en las fuerzas armadas ucranianas. Es un caso claro de traición, porque cualquiera que sabe de finanzas - Yats es banquero – conoce que la FED no devuelve el oro que se le confía; como con las 1500 TM de oro alemán allí, que cuando Alemania pidió la entrega de 674 TM, solo se le devolvieron 5TM.
 
La perspectiva futura rusa      
 
El golpe de estado euro-americano en Kiev ha llevado a una previsible crisis con Rusia. La hipocresía de EE UU y de la UE no encubre que el objetivo final del golpe era sacar la flota rusa del Mar Negro e instalar bases de la OTAN en Ucrania. Rusia no puede permitir eso porque son intereses vitales y tiene los medios para impedirlo. En Washington, ni el más loco de los halcones habla de acción militar o dice que “todas las opciones están sobre la mesa”.
 
Cuando se analiza las inversiones de Rusia en infraestructura puede verse que su proyección es más hacia el espacio euro-asiático que hacia Europa. Tiene una lógica absoluta, porque allí es donde están los recursos a los cuales aplicar su ciencia y tecnología. Europa es solo un mercado que se encoge a causa de políticas de austeridad impuestas por el rescate con dinero público de bancos privados insolventes.   
 
El principal instrumento de esa proyección hacia el este es la Unión Económica Euroasiática, que nace de la Unión Aduanera entre Belarus, Kazakhstan y Rusia. La idea viene germinando desde 1994, cuando la lanzó el Presidente de Kazakhstan, Nursultan Nazarbayev. El acuerdo se firmó en noviembre 2011, se creo una Comisión Económica Euroasiática que lo administra y entrará a funcionar en 2015. Sus miembros fundadores son los mismos, pero se prevé la adhesión de miembros del espacio histórico zarista, como Armenia, Kirgiztan y Tajikistan, y aún de otros, como Siria, que ya manifestaron interés. EE UU, en cambio, ya manifestó su hostilidad: la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo “estamos buscando medios efectivos para demorarlo o impedirlo” (Associated Press 06/12/2012).
 
Sobre Ucrania, hubo hace pocos días una propuesta conciliadora rusa que condujo a una reunión entre el Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergey Lavrov y el Secretario de Estado norteamericano John Kerry, en Paris, el 31 de marzo. En esencia se pedía dar amplia autonomía a las regiones rusas en Ucrania, al estilo suizo o tal vez español. Terry exigió concesiones inaceptables para discutirla, como el alejamiento de las tropas rusas de sus bases fijas en la frontera ucraniana y la inclusión en las conversaciones del ilegítimo gobierno transitorio ucraniano impuesto por Washington en Kiev. 
 
Conclusiones
 
La principal es que por primera vez, desde 1990, los EE UU renuncian al uso o la amenaza de violencia para resolver una diferencia internacional. Un indicio de que el excepcionalismo americano basado en el “full espectrum dominance” encontró un límite político, económico y militar. La opinión pública americana y mundial está harta de guerras, otra más colapsaría la economía y con Rusia sería un mutuo suicidio militar.
 
La torpe retórica hipócrita ante el ejercicio en Crimea del derecho a la autodeterminación están camino a deshacer el principal triunfo diplomático obtenido por Henry Kissinger: el alejamiento entre la China y la URSS. Las sanciones que se quiera aplicar serán siempre inocuas para Rusia y perjudiciales para la UE, pero lo peor es que alejaran a Rusia, próspera y llena de recursos, hacia Asia; hacia el fortalecimiento de sus lazos con China.
 
El mayor beneficio que pueden sacar Rusia y China – la potencia energética y la potencia manufacturera - de su asociación es acabar de modo incruento, pero eficaz, con la agresividad de la OTAN; basta ayudar al colapso el dólar. No olvidemos que China es la patria de Sun Tzu, el estratega de las victorias sin batalla.
 
El imprudente golpe de estado en Kiev y la torpe secuela para legitimarlo va a provocar que el cacareado pivote hacia Asia no sea tanto de EE UU como de Rusia. Eso fortalecerá a China y será pésimo para la economía de la UE, pero tendrá el beneficio de colapsar económicamente a la OTAN, que no es otra cosa que la institucionalización, en 1949, de la ocupación militar anglosajona de Europa, desde 1945.      
 
Ginebra 01/04/2014
 
- Umberto Mazzei es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra.
https://www.alainet.org/es/articulo/84473
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