A propósito del 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba

Defensa inclaudicable y refundación revolucionaria del socialismo cubano (II)

El marxismo nos ha dejado un legado inestimable: la certeza de que la ciencia y la tecnología son parte indisoluble de los procesos sociales y que en la relación ciencia-tecnología-sociedad están las claves del desarrollo perspectivo y prospectivo de cualquier proyecto.

27/08/2021
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La pervivencia en Cuba del marxismo-leninismo soviético

 

En la «Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista», aprobada en el 8vo. Congreso del PCC, efectuado del 16 al 19 de abril de 2021, que reproduce lo dicho en la versión de ese documento fechada en julio de 2017, se ve la «punta del iceberg» de los problemas existentes en la investigación, el análisis, la identificación y la solución de los problemas teóricos y prácticos de la edificación socialista en Cuba, en primer término, la pervivencia del marxismo-leninismo soviético. 

 

Entre sus «antecedentes particularmente relevantes», la Conceptualización menciona a la Plataforma Programática aprobada en el 1er. Congreso del PCC (1975), y al Programa del PCC aprobado en su 3er. Congreso (1986). No se hace referencia aquí al contenido del Programa aprobado en el 3er. Congreso porque no está accesible en la web. Eso es lamentable porque, si bien no está vigente, es un documento histórico de gran valor, que plasmó cómo el PCC caracterizaba la situación nacional e internacional, y cómo concebía entonces la construcción del socialismo. Tampoco están accesibles otros documentos del Partido, incluidas resoluciones de congresos y discursos de sus principales dirigentes, imprescindibles para hacer el todavía pendiente, y muy necesario, balance del primer gran período histórico de la Revolución cubana, en el que la edificación socialista fue conducida por sus líderes fundadores. Incluso, percibo que textos antes disponibles fueron «retirados». ¿Quién y por qué «los retira» del acceso público? No aparece, por ejemplo, el Informe Central de Fidel al 1er. Congreso del PCC.1 Todo ello amerita una investigación, una explicación y una rectificación. 

 

Con la terminología de la Plataforma Programática del 1er. Congreso, en la Introducción de la Conceptualización del modelo económico y social, página 8, párrafo 2, se construye la siguiente definición: 

 

La sociedad cubana se encuentra en el período histórico de construcción del socialismo. La experiencia ha demostrado que constituye un prolongado, heterogéneo, complejo y contradictorio proceso de profundas transformaciones en las estructuras políticas, económicas y sociales, entre otras. 

 

El mismo posee objetivos y rasgos esenciales comunes por su contenido histórico universal, independientemente de donde tenga lugar; especificidades políticas, ideológicas, económicas, jurídicas, sociales, legales, culturales e históricas, derivadas de las características internas de cada país y el entorno internacional. 

 

Además, la resolución aprobada por el congreso a propuesta de la Comisión №1 afirma: 

 

La Conceptualización actualizada ratifica que la sociedad cubana se encuentra en el período histórico de construcción del socialismo, así como los principios en que se sustenta el ideal de sociedad socialista […]. 

 

¿Con qué base científica y/o política la conceptualización sustenta esa afirmación? ¿Con qué base científica y/o política el 8vo. Congreso del PCC ratifica esa afirmación 30 años después del derrumbe de la Unión Soviética? ¿Tiene vigencia el concepto de «período histórico de construcción del socialismo» plasmado en la Plataforma Programática del 1er. Congreso? ¿Acaso seguimos creyendo que la construcción del socialismo «posee objetivos y rasgos esenciales comunes por su contenido histórico universal, independientemente de donde tenga lugar»? Las «especificidades políticas, económicas, sociales, culturales e históricas, derivadas de las características internas de cada país y el entorno internacional», que en 1975 se creían compatibles con los «objetivos y rasgos esenciales comunes» de la construcción del socialismo: ¿incluían la apertura al capital internacional y nacional realizada por China y Vietnam? ¿Incluían la legalización de ciertas formas de propiedad privada en Cuba? ¿Cuáles serían hoy los «objetivos y rasgos esenciales [del proceso de construcción socialista] comunes por su contenido histórico universal, independientemente de donde tenga lugar»? ¿Puede invocarse aquel concepto para fundamentar que «la sociedad cubana [actual] se encuentra en el período histórico de construcción del socialismo»? 

 

En el acápite de la Conceptualización titulado Principios de nuestro socialismo que sustentan el modelo, página 18, numeral 2, se menciona: «El papel dirigente del Partido Comunista de Cuba […] organiza y orienta los esfuerzos comunes en la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista». 

 

¿Tiene vigencia el concepto de «construcción del socialismo y avance hacia la sociedad comunista» invocado en la Conceptualización? ¿Qué se entiende hoy por «avance hacia la sociedad comunista»? Las y los comunistas ansiamos algo que se asemeje lo más posible al ideal de Marx de una sociedad de productores libres donde se extinga el Estado, pero: ¿qué paradigma comunista podríamos hoy racionalmente incluir en un programa? ¿Puede construirse, ya no solo el socialismo en un solo país, sino incluso el comunismo en un solo país? ¿Puede Cuba sola construir el socialismo y también el comunismo? 

 

Los conceptos «período histórico de construcción del socialismo», «construcción del socialismo y avance hacia el comunismo» y otros similares, de ninguna manera se pueden desasociar del marxismo-leninismo soviético que el Movimiento Comunista Internacional recitaba como dogma, el cual la Revolución cubana asumió oficialmente como propio en el 1er. Congreso del PCC. Esos dogmas consideraban a la revolución proletaria mundial, la construcción del socialismo y el avance hacia el comunismo como elementos de «un proceso objetivo inevitable, sujeto a leyes sociales» que exigían «observancia estricta». Según esa concepción etapista: «a partir de enero de 1959 se inicia la etapa democrático popular, agraria y antimperialista de nuestra Revolución» y «durante la segunda mitad de 1960 tienen lugar las nacionalizaciones de carácter antimperialista y socialista», en virtud de las cuales «entra en su etapa de construcción socialista».2 ¿En qué contexto se escribió eso? Vale la pena citar varios párrafos de la Plataforma Programática de 1975: 

 

La victoria de la Revolución de Octubre de 1917, marcó el comienzo de una nueva etapa en la historia de la humanidad que tiene como contenido fundamental el tránsito revolucionario del capitalismo al socialismo. 

 

La división del mundo en dos sistemas sociales diametralmente opuestos, rasgo principal de la crisis general del capitalismo, dio origen a la contradicción fundamental de nuestra época: la existente entre el sistema socialista, que avanza y se desarrolla, y el sistema capitalista llamado a desaparecer. 

[…] 
 

En los años finales de la década del 50 resulta evidente que en la arena mundial se han producido cambios cualitativos. 

 

El crecimiento del poderío y la influencia internacional del sistema socialista mundial, el desarrollo del proceso de descomposición del sistema colonial ante el auge del movimiento de liberación nacional, el aumento de los combates clasistas en el mundo capitalista y la acentuada incapacidad del sistema capitalista mundial para resolver sus contradicciones internas, ponen de manifiesto un cambio a favor de las fuerzas que luchan contra el imperialismo y el hecho de que el sistema socialista mundial se va convirtiendo en el factor decisivo del desarrollo de la humanidad. 

 

Es en este momento histórico cuando se produce el triunfo de la Revolución Cubana, iniciadora de una nueva etapa de luchas en América Latina. 

[…]
 

La situación internacional actual se caracteriza por el constante crecimiento del poderío y la influencia del sistema socialista mundial, los avances del movimiento comunista y obrero internacional en el resto del mundo, los éxitos del movimiento de liberación nacional, los cambios favorables hacia la distensión internacional y el debilitamiento general de las posiciones del imperialismo mundial. La contradicción fundamental de nuestra época entre el socialismo y el capitalismo continúa desarrollándose a favor de las fuerzas revolucionarias. Se agrava la crisis general del capitalismo y con ello se reafirma la bancarrota de la estructura social, política e ideológica del imperialismo y de la descomposición moral de la sociedad capitalista. 

[…]
 

Frente a esa situación del sistema capitalista, los países socialistas, basados en la comunidad de su régimen económicosocial, de su ideología y de sus principales objetivos, constituyen un sistema social en cuyo seno no se producen crisis económicas y en el cual se desarrolla un nuevo tipo de relaciones internacionales, basadas en la completa igualdad de derechos de todos sus integrantes, el respeto a la soberanía, la independencia y los intereses de cada país; la ayuda mutua y la colaboración fraternal y recíproca, donde ningún país tiene, ni puede tener, derechos a privilegios especiales.3  

 

Seguir creyendo que nos regimos por supuestas leyes históricas predeterminadas, nos divorcia de la realidad y de la sociedad. Seguir creyéndolo nos impide emplear el método crítico de Marx para analizar científicamente cuál es la realidad de la Cuba actual, muy distinta a la realidad europea occidental de hace 173 años, cuando en 1848 se publicó el Manifiesto del Partido Comunista, por recordar solo uno de los textos más conocidos de Marx; y muy distinta a la Rusia de hace 104 años, cuando en 1917 se publicó El Estado y la revolución, por recordar solo uno de los textos más conocidos de Lenin. A ello habría que añadir que, de entonces a acá, el pensamiento y la obra de uno y otro han sido objeto de incontables interpretaciones, distorsiones y vulgarizaciones, gran parte de las cuales fueron incorporadas al marxismo-leninismo soviético que la Revolución cubana aún no ha exorcizado. 

 

No todo en la Unión Soviética fue «malo», ni la Revolución cubana «heredó todo lo malo» que hubo en la Unión Soviética pero, innegablemente, hay de lo uno y de lo otro, y eso está por estudiar y determinar. Se enfatiza aquí «lo malo» de la URSS, porque lo bueno es lo único, o lo que más, se ha conocido en Cuba. Lo que aquí se dice, no niega ni desconoce la idea expresada por Fidel en el Informe Central al 1er. Congreso del PCC: «Sin la ayuda decidida, firme y generosa del pueblo soviético, nuestra patria no habría podido sobrevivir al enfrentamiento con el imperialismo». No se trata, como dice un refrán, de «botar al niño con el agua de la bañadera», pero sí de identificar y diferenciar a cada cual, para «bañar al niño con agua fresca». 

 

¿Cuánto y cómo se menciona al marxismo y/o al leninismo en el 8vo. Congreso del PCC? 

 

En la Conceptualización del modelo económico y social, en el acápite Principios de nuestro socialismo que sustentan el modelo, página 18, se emplea el término marxismo y leninismo, en concordancia con los actuales Estatutos del PCC, que invocan: 

 

[…] la fusión del ideario revolucionario radical de José Martí y de una tradición singular de lucha liberadora nacional y social en la que se destacan insignes revolucionarios y patriotas, con los principios fundamentales del marxismo y del leninismo y la necesidad histórica del socialismo que en nuestras condiciones se revela como única alternativa al subdesarrollo y a la dominación neocolonial. 

 

A diferencia de lo anterior, en la Resolución sobre el funcionamiento del partido, la actividad ideológica y la vinculación con las masas, página 5, se emplea el término Marxismo Leninismo (con iniciales en mayúsculas y sin guion). Allí se plantea: 

 

Fortalecer el consenso ideológico alcanzado con la apropiación, conocimiento e incorporación de lo más avanzado del pensamiento revolucionario cubano y universal, el ideario martiano, el Marxismo Leninismo, el legado de Fidel; y las enseñanzas de Raúl; el perfeccionamiento de la investigación, impartición y divulgación de la historia patria; la promoción y exigencia del uso respetuoso de los símbolos nacionales y la preservación y desarrollo de las tradiciones, identidad y cultura nacional; sobre la base de una participación y cohesión superior entre las instituciones, investigadores, profesores e intelectuales, en función de sus aportes al desarrollo y la vida espiritual del país. 

 

En igual sentido, en el Compendio de ideas, conceptos y directrices, página 20, también se habla de: «Estimular y fortalecer el conocimiento del ideario martiano, del Marxismo Leninismo, el legado de Fidel y Raúl en cuadros y militantes». 

 

Discrepo de la afirmación contenida en los citados párrafos, la cual da como un hecho que en la Revolución cubana actual existe un consenso ideológico, y discrepo aún más con que ese consenso ideológico incluya al marxismo-leninismo o marxismo leninismo (con guion o sin guion) concepto que, entre otras muchas invalidantes, caracteriza al socialismo como «un proceso objetivo inevitable, sujeto a leyes sociales» que exigen «observancia estricta». Hace mucho que el socialismo cubano carece de consenso ideológico y de consenso programático. Como se fundamenta más adelante, hace tres décadas que la Revolución cubana funciona sin un programa «en regla», es decir, sin un programa con todos sus requisitos y atributos. 

 

El «consenso ideológico» mencionado en los párrafos citados es producto de medios, métodos, formatos, parámetros, límites y escogencias de participantes en los órganos y en los eventos decisorios, típicos del «modelo soviético» que, más que por debatir, se caracterizan por apoyar, aportar, ratificar, reiterar, enriquecer, perfeccionar y aprobar por unanimidad las ideas y propuestas elaboradas por el «aparato partidista», unanimidad que no refleja, ni la diversidad de la sociedad cubana, ni la diversidad de la militancia del propio partido. Más adelante se explica que el término «aparato partidista» no es «de la cosecha» de este autor, sino que fue extraído de una resolución aprobada por un congreso del PCC. Tener hoy sentido del momento histórico, implica que esos medios, métodos, formatos, parámetros, límites y escogencias de participantes en los órganos y eventos decisorios, junto con las votaciones unánimes que ellos producen, sean parte de todo lo que debe ser cambiado. 

 

El socialismo cubano necesita un debate y un nuevo consenso que le sirvan de base para elaborar y aprobar un programa «en regla», actualizado y con visión de futuro. Si se sustituyera el concepto, es decir, no solo el término, sino también el concepto, de marxismo-leninismo o marxismo leninismo (con o sin guion) por el de marxismo y leninismo, o mejor aún, por el de teoría de la revolución social de fundamento marxista y leninista, que es mucho más abarcador y acorde con las condiciones y características actuales de la lucha popular, en el mundo en general y en Cuba en particular, el autor estaría de acuerdo con que los elementos mencionados en ese párrafo, junto con otros muchos que sería necesario incorporar, fuesen parte del debate y de la construcción del nuevo consenso programático revolucionario que el socialismo cubano tanto necesita. 

 

Por último, el discurso de clausura pronunciado por el ya en ese momento primer secretario del PCC, Miguel Díaz Canel, afirma: 

 

La disciplina partidista, la dirección colectiva, los estudios teóricos y la promoción de eventos sobre la viabilidad del socialismo, las ideas del marxismo leninismo, las tradiciones del pensamiento cubano, en particular de Martí y de Fidel, son temas de seguimiento impostergable en nuestras escuelas del Partido, junto con la necesaria formación teórica y de administración, con técnicas de dirección modernas y una amplia base cultural e histórica. 

[…]
 

La labor partidista en la búsqueda constante de alternativas emancipadoras, también está urgida de un baño de ciencia y de tecnología, que deben ser partes de ese proceso. 

 

El marxismo nos ha dejado un legado inestimable: la certeza de que la ciencia y la tecnología son parte indisoluble de los procesos sociales y que en la relación ciencia-tecnología-sociedad están las claves del desarrollo perspectivo y prospectivo de cualquier proyecto. Es el camino para construir una economía socialista basada en el conocimiento, una sociedad cada vez más cimentada en el conocimiento. Un horizonte promisorio para las nuevas generaciones. 

 

Por el contenido de estos fragmentos, interpreto que Díaz Canel utiliza el término, es decir, no el concepto obsoleto, de marxismo leninismo, porque él lo menciona en relación con «los estudios teóricos y la promoción de eventos sobre la viabilidad del socialismo», con «la búsqueda constante de alternativas emancipadoras» y concluye el fragmento hablando del «legado inestimable» que «el marxismo nos ha dejado». Por último, no hay mención a los términos marxismo y/o leninismo en el Informe Central, ni en la resolución correspondiente; ni en los lineamientos de la política económica y social, ni en la resolución al respecto; ni en la valoración sobre la política de cuadros. 

 

Como puede apreciarse, en los propios documentos del 8vo. Congreso se observan, al menos, tres términos, interpretaciones y/o conceptos diferentes relativos al marxismo y/o el leninismo, lo que ejemplifica la inexistencia de un consenso ideológico incluso dentro de las estructuras que los elaboraron, hecho que pasó inadvertido a quienes los aprobaron. También hay documentos en los que no se consideró necesario mencionar el tema. En la segunda parte (final) de este artículo se exponen las opiniones del autor al respecto en el acápite «La resiliencia de los manuales soviéticos en Cuba», al que se suman: «El zigzag u oscilación del péndulo de la economía cubana», «El socialismo cubano necesita un debate y un nuevo consenso programático» y, por último, «Ideas para un debate». 
 

 

1  Lo que aparece es el fragmento del Informe Central «Análisis  histórico de la Revolución», tomado de Cuadernos  Políticos, número  7, México, editorial Era, enero-marzo de 1976, pp. 79-97. 

 

2  Tomado de la Plataforma Programática aprobada por el 1er. Congreso  del PCC. 

 

3  Idem.

https://www.alainet.org/es/articulo/213584
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