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Fascismo made in USA: del Plan Cóndor al Cartel de Lima

Opinión
11/01/2019
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I

 

En la década del setenta del siglo pasado, el imperialismo estadounidense no dudó en imponer en América Latina, bajo la doctrina de seguridad nacional, una docena de gobiernos militares de corte fascista, que frenaron a sangre y fuego los movimientos de liberación y las expresiones más progresistas de la izquierda democrática del continente.

 

Porque hay tres verdades que cada vez se me hacen más contundentes y diáfanas:

 

1) El imperialismo no se suicida ni se deja desplazar por las buenas

 

2) La derecha no perdona, no descansa, no se rinde, y siempre acecha

 

3) El imperialismo y las derechas que lo secundan, son esencialmente cínicos y sanguinarios, aunque utilicen las formalidades democráticas para legitimarse.

 

El autodenominado “Grupo de Lima” es la “Operación Cóndor” por otros medios.

 

II

 

La “Operación Cóndor” fue una conspiración transnacional contra la izquierda latinoamericana, dirigida por Estados Unidos a través de la CIA y otras agencias, con el concurso de militares formados en la Escuela de las Américas, que actuaron dentro de sus países como fuerzas de ocupación, aplicando la represión generalizada para acallar al movimiento social, y la persecución y eliminación selectiva del liderazgo, para descabezar las opciones políticas de la liberación nacional y el socialismo.

 

Estos regímenes violadores de derechos humanos, que cercenaron la sindicalización y las libertades ciudadanas, tuvieron su expresión económica en la preeminencia absoluta del capital con medidas neoliberales que exprimían la clase trabajadora mientras entregaban los mejores negocios a las transnacionales.

 

Las movidas sobre el tablero geopolítico fueron conformando un mapa del terror, que sumó a Paraguay, Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina, entre otros, con sucesivos golpes de Estado que colocaron en el poder a criminales sumisos a la bota yanqui.

 

III

 

Para llegar al “Cartel de Lima”, primero hubo que tumbar a Zelaya en Honduras (¿Quién se acuerda de Micheletti?) y luego a Lugo en Paraguay. Nada de eso fue casual o fortuito. Estamos ante un plan restaurador del capitalismo dependiente como satélite del centro imperialista. Comenzaron por los eslabones más frágiles de la cadena, y llegaron hasta el mismísimo gigante suramericano: Brasil.

 

Si en la “Operación Cóndor” los peones eran en su mayoría militares activos, hoy en el “Grupo de Lima” sirven empresarios, políticos, jueces, obispos católicos y pastores evangélicos. Habrá que dedicar un estudio al papel del gremio de abogados y las sectas protestantes en la embestida conservadora. Los medios de comunicación se adaptan y pueden mutar a “redes”, falsear realidades, imponer matrices, manipular emociones.

 

Macri y su familia se beneficiaron de contratos en tiempos de la dictadura. Piñera es un empresario mimado del pinochetismo. Paraguay es gobernado por un pupilo de Stroessner. Bolsonaro es un militar nostálgico de la época militarista. Granger –el de Guyana- es otro militar pro yanqui, agente facturado de la Exxon. Tal es el perfil de las piezas del ajedrez gringo. También caben tecnócratas y patiquines con pedigrí cipayo.

 

Si nos causara extrañeza la presencia de la ponderada Costa Rica o la pragmática Panamá, sólo consideremos el peso que el narcolavado de dólares ha adquirido en esas pequeñas colonias y sabremos lo que ocurre.

 

IV

 

En la “Operación Cóndor” la coordinación represiva la asumió la DINA chilena, mientras que Paraguay sería sede del “archivo del terror”, así como Argentina y Uruguay serían laboratorios de torturas y desapariciones. Entre los sabuesos y matones habría funcionarios de todas las agencias de espionaje, incluida la CIA, con su tristemente célebre Michael Townley, más una jauría de los rabiosos anticubanos Posada Carriles y Orlando Bosh, operando a sus anchas desde la Venezuela del democristiano Caldera y el adeco Carlos Andrés Pérez.

 

En el “Cartel de Lima”, la sede simbólica es Perú desde la presidencia del empresario y burócrata corrupto Kuczynsk y su invisible sucesor, pero la batuta la lleva el gobierno de Colombia, muy activo y obediente antibolivariano.

 

Más, el hecho que esta nueva arremetida fascista se haga con fachada “democrática”, no la exime de generar un sin número de víctimas de la violencia estatal o paramilitar, según sea el caso. Son víctimas del “Grupo de Lima”: Berta Cáceres, Marielle Franco, Santiago Maldonado, los luchadores mapuches y los más de quinientos asesinatos de líderes y lideresas sociales colombianas, los 43 de Ayotzinapa, el campesinado guaraní, tal como lo fueron del “Plan Cóndor”: los chilenos Salvador Allende, el General Prats, Orlando Letelier, el boliviano Juan José Torres, los uruguayos Gustavo Inzaurralde, Nelson Santana, Telva Suarez y Ary Cabrera, y miles de personas desaparecidas en Argentina, Chile y todo Suramérica.

 

El “Cartel de Lima” es la resurrección del “Plan Cóndor”.

 

V

 

El enemigo de la “Operación Cóndor” era el comunismo; el del “Cartel de Lima” es el socialismo del siglo XXI o el bolivarismo, encarnado en la República Bolivariana de Venezuela.

 

Los matones del “Cóndor” practicaban la extraterritorialidad de sus acciones, coordinados y supervisados por Henry Kissinger. Los “perritos de Lima” repiten esa práctica violatoria del Derecho Internacional, ahora dirigidos por Pompeo y Bolton. La pandilla limeña se ha dado el lujo de declarar la cesión de mar venezolano a uno de sus miembros. Nada ha sido improvisado. Para que llegara un fanático como Bolsonaro a la presidencia de Brasil, primero tuvo que haber un golpe de Estado contra Dilma y una persecución judicial despiadada contra el liderazgo popular, comenzando por el virtual ganador del proceso electoral que era Lula.

 

Esta nueva “Operación Cóndor” con el pseudónimo de “Grupo de Lima”, blande sentencias como lanzar disparos a quienes se atrevan a cuestionar el modo de vida impuesto por el capitalismo imperialista; por eso Venezuela es el blanco de sus ataques más bárbaros, calumniando nuestro gentilicio, tergiversando nuestra realidad, y boicoteando nuestra economía con medidas unilaterales diseñadas por Estados Unidos.

 

Se caracterizan por: el racismo, el elitismo, el entreguismo del país al capital transnacional, el cinismo, la doble moral; usan el discurso anti corrupción siendo esencialmente los más corruptos, son represivos mientras alardean de democráticos, violan los derechos humanos mientras los pregonan falazmente.

 

Es innegable que este complot continental antibolivariano ha ganado terreno. Ello tiene como telón de fondo la impunidad que predominó en los delitos de lesa humanidad cometidos en la “Operación Cóndor”, y el establecimiento de sociedades tutoradas por cámaras empresariales, asociaciones de terratenientes, castas militares y jerarquías eclesiásticas derechistas, que no pudieron zafarse por entero del miedo a la independencia y la libertad que las dictaduras implantaron en su alma.

 

El reto es doble para quienes militamos en la acera de la verdad y la emancipación. Un error grave fue no consolidar una Internacional Revolucionaria cuando vivimos momentos estelares con mayoría de gobiernos de izquierda, que hubieran trazado lineamientos de lucha continental frente al plan de restauración neoliberal. Tampoco se hizo el esfuerzo requerido en formar una ciudadanía consciente de las contradicciones del proceso histórico que antes le negó sus derechos bajo gobiernos pro-imperialistas y ahora se los restituía con gobiernos populares que era necesario defender y preservar.

 

La tarea de estos días exige de una extraordinaria fuerza moral: desenmascarar la patraña fascista y quitar la venda de los ojos de los pueblos hermanos.

https://www.alainet.org/es/articulo/197519

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