Día internacional de la No Violencia contra las mujeres:

Aquí pensando en el 25 de noviembre

24/11/2008
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Cada vez que se acerca el 25 de noviembre, pienso en tantas cosas. Recuerdo siempre lo que significó la dictadura de Trujillo en mi país, los muertos y muertas, tantas personas desaparecidas, torturadas, el miedo y el terror que sintieron. Pienso en las secuelas de todas las dictaduras que se sigue reproduciendo como virus en la región, hoy con tintes más “democráticos”.

Pero pienso fundamentalmente en las Mariposas, las hermanas Mirabal, particularmente en Minerva, quien de las tres, a pesar de sus privilegios de clase, logró romper tantas asignaciones de la feminidad que se construía en la época. Me hubiese gustado saber si alguna vez pensó en el lesbianismo, qué pensó cuando supo que era de las primeras mujeres que se puso pantalones, que manejó camiones, que ideó el movimiento 14 de junio, movimiento que finalmente asesina al dictador.  Me hubiera gustado saberlo no por la historia muchas veces mal contada, expuesta en el Obelisco del malecón de Santo Domingo, como si por lo menos ella hubiese sido solo esposa, madre y mariposa sublime,  sino por sus propias palabras que probablemente estaban llenas de rebeldía.  

Cuando se va acercando el 25 de noviembre, pienso también en las distintas actividades, marchas, conciertos,  que organizábamos las feministas años atrás, la mayoría autogestionadas, con la pasión del activismo, con la convicción de que estábamos haciendo nuestra propia revolución feminista, denunciando las distintas violencias que se ejercen hacia las mujeres,  cuando ni siquiera pensábamos que se iba a imponer de forma tan abrumadora  ese feminismo institucional tan hegemónico, tan poco creativo que corre tras las metas del milenio,  de los financiamientos, de las reformas gubernamentales, de las cuotas partidarias y que se pelea tanto por las representaciones.  

Pienso, qué distinto sería el feminismo sino contáramos con tantas cómplices feministas del patriarcado, que reproducen lógicas desiguales, centralistas y que jerarquizan las organizaciones que dicen “representar” a tantas mujeres.

Y lo peor que pienso, siento y veo es cómo el Estado sustituye hoy las acciones que antes hacían los movimientos sociales.  La mayoría de las actividades están organizadas por las instituciones gubernamentales y estatales y tantas feministas legitiman tantas listas de asistencia. ¡Qué mamera, como dicen aquí en Colombia!

Quiero conmemorar (no a celebrar como dicen muchas) este 25 de noviembre, recuperando la memoria, la de tantas mujeres asesinadas, violadas, golpeadas, anuladas. Pero quiero traer especialmente a esa memoria las millones de lesbianas del mundo que han sido, humilladas, anuladas, maltratadas, asesinadas por los Estados, por militares y paramilitares, por los varones guerrilleros.  Estigmatizadas y violentadas por los medios de comunicación, por muchas y muchos representantes de los movimientos sociales, incluso por muchas feministas solo porque se han negado a las lógicas heterosexuales, impuestas como verdades absolutas.

Recordarlas en un 25 de Noviembre es no perder la memoria de la violencia que día tras día se ejerce sobre ellas, pero sobre todo es hacer un homenaje a su valentía por decidir no depender de ningún hombre ni sexual, ni emocional, ni simbólica, ni económicamente como lo dicta el régimen heterosexual que se asume obligatorio y natural.

Las recuerdo a ellas porque son las menos nombradas y recordadas en las conmemoraciones del 25 de noviembre, ¿o será tal vez que como dijo Monique Wittig que “las lesbianas no son mujeres”?

https://www.alainet.org/es/articulo/130998
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