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Memoria Histórica

Opinión
03/08/2018
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Hay quienes identificados como de “izquierda”, presos en apariencia de cierta modorra intelectual y en las comodidades de una abundante vida material se pasan, un día sí y otro también, desde que se inició el conflicto en Nicaragua, azuzando a la opinión pública mediante la difusión de viejas declaraciones del Presidente del país vecino sobre antecedentes históricos que se las considera afectan a Costa Rica. Bueno sería que estos gatilleros intelectuales, de a un buen distante reparo, nos aclararan qué les impulsa a hacer eso. ¿Acaso el deseo de encender los ánimos, adornados con cierto tufo xenofóbico, para provocar un enfrentamiento entre nuestros países? Porque de ser así, y llegado el momento, tamaña irresponsable actitud tendrá que pagar un alto precio.

 

Bien podrían estas personas, y quienes las secundan, ocuparse en hablar de los graves problemas que padece Costa Rica, sometida desde hace años a normas espurias e inconstitucionales creadas por ladrones para beneficio de otros ladrones. Porque si de hablar de cosas graves se trata, desearíamos que se refirieran, por ejemplo, y con esa vehemencia que los caracteriza, a las pensiones millonarias o caviar de 10, 20, 30 mil dólares mensuales que reciben cerca de 10 mil descarados miembros de todo el mosaico político y de los siderales salarios de jerarcas de instituciones públicas, incluidas las académicas, mientras la inmensa mayoría, en cuenta personas que desempeñaron en la función pública iguales y hasta superiores funciones, tienen que conformarse con migajas que no les alcanzan para satisfacer sus necesidades más básicas. Que en conjunto se llevan a sus bolsillos una buena tajada del presupuesto nacional mientras se pide “por amor a Costa Rica” que los ciudadanos paguemos más impuestos.

 

A quienes gustan de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio vale preguntarles a qué se debe ese silencio sepulcral sobre este ignominioso sistema creado por gobiernos neoliberales para beneficio de una casta de privilegiados, funcionales a lo pilares políticos que sustentan ese sistema. Se entiende, claro está, si no son parte de esa casta, o mafia como hay quienes ya la califican. Tal vez existan razones que podrían se toleradas lo que no es lo mismo que aceptadas, otras definitivamente no. Saber si esos silencios, que algunos consideran cómplices, se deben a amiguismos, parentescos, conveniencias personales, algún que otro compañerismo partidario o a simples cobardías que impiden hablar de los graves problemas de corrupción institucionalizada en Costa Rica, por temor a esas sofisticadas represalias de un Estado paralelo conocidas como “fumigaciones” y “ninguneos” que aíslan de la sociedad a los considerados rebeldes o “conflictivos”.

 

Mucha “valentía” suelen mostrar estas personas al criticar y repudiar las faltas en un país vecino pero mucha cobardía les invade cuando se trata de hacer lo mismo con las propias. Pareciera que no entendieron lo que pasó en las pasadas elecciones tras el fallido intento de implantar un proyecto político religioso armado desde el exterior. O sí lo entendieron y partiendo de esa memoria histórica que debe estar presente en cualquier posición que se asuma desde espacios políticos que se identifican como progresistas o de izquierda cuesta entender la omisión de ese trasfondo de permanente acoso a los que se ven sometidos los países que se resisten a subordinarse a intereses económicos trasnacionales y geopolíticos.

 

¿Qué sucedería si se produjera una salida abrupta de un gobierno sin haber extremado los necesarios esfuerzos para llegar a un acuerdo político nacional que evite el caos y mantenga la estabilidad no solo en ese país sino en toda la región? ¿Se les ocurre pensar siquiera un poco en ello? No se trata de defender a uno u otro gobierno de una determinada orientación ideológica y menos justificar lo que se pudiera considerar como yerros, traiciones a ideales, incumplimientos, etc., pero de ahí a sumarse a un acoso desestabilizador de clara y reiterada procedencia hay una enorme diferencia.

 

Están aquellos que seguirán diciendo que los que tan livianamente y a la vez peligrosamente así se comportan son parte de la llamada “gauche caviar” costarricense o izquierda caviar, pero para quien suscribe este escrito ni siquiera merecen ese calificativo. Esta afirmación parte del profundo respeto a los cientos de miles de hombres y mujeres honestos de izquierda que sin esa doble moral y pusilánimes dobleces, defienden con transparencia los ideales de justicia social y de plena soberanía en esta América Latina y Caribeña que no acepta genuflexiones ni renuncia a obtener nuevas victorias.

 

 

https://www.alainet.org/en/node/194492

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