Europa en la encrucijada de los problemas medioambientales

El viejo continente es un lugar en donde los problemas del equilibrio ecosistémico se manifiestan con claridad y en donde el desarrollo industrial sin piedad es ya un hecho consumado.

22/09/2021
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Resumen

 

Los problemas medioambientales son en la actualidad un flagelo para la humanidad, que constituyen un elemento esencial para el cataclismo en el orbe. Seres vivientes, atmósfera, en fin, toda la tierra será víctima de los cambios en el medio ambiente.

 

Europa es un centro donde los problemas del equilibrio ecosistémico se manifiestan, el desarrollo industrial sin piedad es un hecho consumado, que hace difícil la existencia y desarrollo del ser humano.

 

La pandemia de la COVID-19, para muchos favoreció, por el poco accionar de las industrias, a detener un poco la degradación del medio ambiente, sin embargo, también ayudó a que el ser humano pueda padecer de enfermedades, que con las mutaciones podrían empeorar la esencia demográfica de la humanidad.

 

Europa, y en especial la Unión Europea, buscan caminos para lograr un sostenimiento del medio ambiente, que posibilite una mejor vida en su región, pero eso depende del humanismo de los gobiernos, de la unidad entre los países, de la conciencia de mantener la vida en la tierra. Han logrado avances, con diferentes programas, pero aún el pensamiento hegemónico político en la ciencia prevalece en algunos países. De estos problemas trata este artículo.

 

Introducción

 

En la actualidad, Europa se enfrenta a un conjunto de retos medioambientales que urge dar solución de manera inmediata.

 

Los actuales objetivos de la UE no cubren del todo las condiciones en que se encuentra la situación medioambiental imperante. El momento crucial por el que atraviesa el planeta exige una forma de pensar y actuar diferentes.

 

El medio ambiente de Europa se encuentra en un punto de inflexión. No sabemos todavía por la situación existente si tenemos una pequeña oportunidad en la próxima década de ampliar las medidas para proteger la naturaleza, atenuar las repercusiones del cambio climático y reducir radicalmente el consumo de los recursos naturales. 

 

El informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) del 2020 revela que la urgencia y escala de los desafíos ambientales a los que se enfrenta Europa no tienen precedentes, pero también señala aspectos alentadores como la mayor sensibilización de la sociedad, las innovaciones tecnológicas, el aumento de las iniciativas comunitarias y los avances en la actuación de la UE, como el Pacto Verde Europeo. Según el informe, aunque las políticas europeas han ayudado a mejorar el medio ambiente en las últimas décadas, Europa no está realizando suficientes avances, y las perspectivas ambientales para la próxima década no son positivas.

 

El presente artículo tiene como objetivo caracterizar el comportamiento de las políticas medioambientales en Europa.

 

El sistema central económico de la UE necesita introducir patrones sostenibles que abarquen y condicionen los hábitos de las personas, así como estén a tono con la vida social moderna.

Algunos de los problemas de mayor envergadura son la pérdida de la biodiversidad, el uso desmedido de los recursos, el impacto del cambio climático. Ello ocasiona riesgos para la salud del hombre y del planeta en general.

 

Algunos de los campos que necesitan de una intervención sostenible son la energía, la movilidad, la vivienda y los sistemas alimentarios, tema que vienen manejándose con emergente anterioridad.

 

Como se parafrasea en ocasiones, del dicho al hecho hay un camino por recorrer, no es suficiente replantearse un cambio en la manera de pensar y emprender estas políticas, sino la cuestión implica “… centrarse ahora en la ampliación, la aceleración, la racionalización y la puesta en práctica de numerosas soluciones e innovaciones, tanto tecnológicas como sociales, que ya existen, al tiempo que se estimulan aún más la investigación y el desarrollo, catalizando los cambios de comportamiento y escuchando e implicando a los ciudadanos de forma activa” (Agencia Europea de Medio Ambiente; 2020: P 3).

 

Hay que tener presente que Europa no alcanzará un futuro sostenible de equilibrio medioambiental si continúa fomentando el crecimiento desmedido económico y buscando gestionar los impactos sociales y medioambientales. El informe insta a países, dirigentes y responsables políticos europeos a aprovechar la próxima década para ampliar y acelerar radicalmente las actuaciones con el fin de evitar daños irreversibles.

 

Antecedentes necesarios  

 

Los problemas ambientales son tan antiguos como la existencia del hombre, pues al estar interactuando, se impacta al medio ambiente y hoy en día en mayor proporción o escala, ya que existe una intrincada red de causales, entre las cuales se pueden citar: el elevado crecimiento demográfico, el desarrollo y la difusión de la tecnología industrial sin considerar los problemas sociales y el equilibrio ecosistémico, la creciente urbanización y el avance de la frontera agrícola, entre otras. 

 

El concepto de medio ambiente tiene un sentido único, pero no es única su conceptualización y se ha generalizado, hasta el punto de integrar conceptos tales como calidad de vida y asentamientos humanos.  Ante el dilema surgido entre la protección al medio ambiente y el crecimiento económico, es urgente el tener un conocimiento y disponer de información sobre la realización de cierto tipo de obras (industriales, urbanas, turísticas y obras públicas) para conocer su incidencia en el medio ambiente y que tanto la opinión pública como los planificadores o ejecutivos de los sectores público o privado puedan pronunciarse y juzgar si los efectos de tales obras sobre el medio son importantes o no, benéficas o perjudiciales y sobre todo, si la comunidad va a recibir tanto los beneficios como los inconvenientes de dichos proyectos, para tomar una decisión sobre la marcha de tales obras. 

 

En los años setenta, la entonces Comunidad Europea comenzó a elaborar su primera legislación medioambiental. Los primeros pasos estuvieron encaminados hacia el control de sustancias químicas peligrosas, la protección del agua potable y de las superficies, así como del control de los agentes contaminantes atmosféricos como el óxido de carbono (CO), el óxido de nitrógeno (NO), las partículas emitidas por las centrales eléctricas y el transporte motriz. La política implementada en los años setenta y ochenta tenían como objetivo mejorar las condiciones de vida y de trabajo de las personas en Europa.

 

En el año 1991 implementó la política de protección a las aguas que estuvieron afectadas por la contaminación de nitratos. En este sentido, se percibió que un sector problemático que no puede ser controlado mediante una simple normativa es la contaminación del agua debido a la difusión de nitratos de origen agrícola. Con arreglo a la Directiva sobre los nitratos de 1991, los Estados miembros elaboraron códigos de buenas prácticas agrícolas con objeto de reducir el nivel de dispersión de nitratos de procedencia agrícola en las aguas de superficie y en las aguas subterráneas (Comisión Europea; 1998: P 11).

 

En 1992, el Tratado de Maastricht estableció el concepto de desarrollo sostenible en la legislación de la UE. En 1997 el Tratado de Ámsterdam convirtió el desarrollo sostenible en uno de los objetivos principales del bloque europeo. Este tratado consolidó el compromiso en el que debe sustentarse el devenir y el progreso a largo plazo de la Unión, conjugado con el concepto de desarrollo sostenible. Ello permitiría elevar al máximo la protección del medio ambiente.

 

Desde el año 1994 a 1999 la UE estuvo trabajando intensamente en la protección de las aguas, así como en la construcción de depuradoras para el tratamiento de las aguas residuales. Esto constituyó una gran inversión de 7 000 millones de dólares. Ello significó una renta media inferior al 75 % de la media del bloque europeo.

 

En este sentido, “el porcentaje de la población conectada a la red hídrica en Portugal debió pasar del 61 % de 1989 al 95 % en 1999; la proporción de aguas residuales urbanas tratadas de acuerdo con las normas de la Unión en Irlanda debió pasar del 20 % en 1993 al 80 % en 1999” (Comisión Europea; 1998: P 11).

 

A finales del 2010, la UE dictaminó la política medioambiental de purificar la contaminación orgánica de las aguas costeras y de la superficie marítima. El bloque europeo trabajó en base al tratamiento y saneamiento de las aguas residuales urbanas, ello le ocasionó enormes inversiones en las décadas posteriores.

 

En estos momentos, la política del agua de la Unión se fundamenta en una base científica más sólida, abarca un campo de acción más amplio. No solo se preocupó por la protección y limpieza de este líquido sino por la racionalización de su consumo, implementando la política de gestión integrada de los recursos y el abastecimiento a toda la población.

 

Más de 100 millones de personas no tienen acceso a agua potable segura ni a saneamiento y salud pública. Por otra parte, el informe considera especialmente preocupante la sobreexplotación pesquera, y las presiones cada vez mayores a los ecosistemas marinos y costeros. Como punto positivo, se asegura que los vertidos accidentales de petróleo de grandes proporciones han disminuido, si bien los ocurridos durante las operaciones rutinarias (que suponen en 88% total de los vertidos) siguen siendo significativos.

 

En cuanto a la conservación de la biodiversidad, los objetivos marcados para 2010 no se alcanzaron. En este sentido, más de 700 especies europeas se encuentran en peligro de extinción como resultado de la alteración del hábitat.

 

El cambio climático tampoco se escapa a los creadores del estudio. Sus consecuencias son ya perceptibles en todo el mundo, aseguran, y previsiblemente se acentuarán todavía más, incluso aunque se reduzcan drásticamente las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) Por ello, se señala como una necesidad “urgente” la adaptación a los posibles riesgos futuros por este problema.

 

En definitiva, la AEMA recomienda para mejorar el medio ambiente en la región paneuropea la aplicación de las políticas actuales y el establecimiento de unos objetivos claros y realistas. Asimismo, también considera urgente el desarrollo de un sistema que contrarreste la actual escasez de información fidedigna, accesible y comparable sobre el medio ambiente en toda la región.

 

Los problemas medioambientales europeos actuales y su proyección para la neutralización

 

Las tendencias medioambientales generales de Europa no han mejorado desde el último informe sobre la situación del medio ambiente publicado por la AEMA en 2015. La evaluación pone de manifiesto que, si bien la mayoría de los objetivos fijados para 2020 no se alcanzaron, especialmente en materia de biodiversidad, todavía hay una oportunidad de lograr las metas a largo plazo para 2030 y 2050.

 

Europa ha realizado grandes avances en relación a la eficiencia de los recursos y la economía circular. Sin embargo, las últimas tendencias destacan la ralentización en los progresos en ámbitos como la reducción de los gases de efecto invernadero, las emisiones industriales, la generación de residuos, la mejora de la eficiencia energética y el porcentaje de energía renovable. Las perspectivas futuras indican que el ritmo de progreso actual no será suficiente para cumplir los objetivos climáticos y energéticos para 2030 y 2050.

 

Proteger y conservar la naturaleza y la biodiversidad de Europa siguen siendo el principal ámbito en el que los avances son menos alentadores. De los trece objetivos políticos específicos fijados para 2020 en este ámbito, se dice que verdaderamente se cumplieron dos: designar zonas marinas protegidas y zonas terrestres protegidas. De aquí a 2030, si las tendencias actuales no se revierten, el estado de la naturaleza empeorará y la contaminación del aire, del agua y del suelo seguirá aumentado.

 

Las repercusiones del cambio climático y de la contaminación atmosférica y acústica en el medio ambiente y la salud humana siguen siendo preocupantes. La exposición a partículas finas, que afecta de forma desproporcionada a los países de Europa Central y Oriental, es responsable de unas 400 000 muertes prematuras en Europa al año. Asimismo, las sustancias químicas peligrosas y el riesgo que implican preocupan cada vez más. Con la vista puesta en el futuro, las perspectivas de reducir los riesgos medioambientales para la salud mejorarían con una mejor integración de las políticas en materia de medio ambiente y salud.

 

 

Cuadro ES.1 Resumen de las tendencias, perspectivas y previsiones pasadas en relación con el cumplimiento de objetivos y metas políticas

 

Fuente: SOER 2020 p.158.

 

Alcanzar una Europa hipocarbónica y sostenible todavía es posible. El informe destaca siete ámbitos clave en los que tendrán que tomarse medidas audaces para que Europa pueda reconducir la situación y alcanzar los objetivos y ambiciones fijados para 2030 y 2050.

 

  1. Aprovechar todo el potencial de las políticas medioambientales vigentes. Su plena aplicación permitiría a Europa avanzar un largo trecho en el logro de sus objetivos medioambientales para 2030.

 

  1. Convertir la sostenibilidad en el marco de toda política. El desarrollo de marcos políticos a largo plazo con objetivos vinculantes, empezando por el sistema de alimentación, los productos químicos y el aprovechamiento del suelo, impulsará y guiará acciones coherentes en diferentes ámbitos políticos y en la sociedad.

 

  1. Liderar la acción internacional hacia la sostenibilidad. La UE debe utilizar su influencia diplomática y económica para promover la adopción de acuerdos internacionales ambiciosos en ámbitos como la biodiversidad y el uso de los recursos.

 

  1. Fomentar la innovación en toda la sociedad. El cambio del rumbo actual dependerá estrechamente de que surjan y se generalicen diversas formas de innovación que pueden dar lugar a nuevos modos de pensar y de vivir.

 

  1. Ampliar las inversiones y reorientar el sector financiero para dar apoyo a empresas y a proyectos sostenibles. Esto requiere invertir en el futuro aprovechando al máximo los fondos públicos para apoyar la innovación y las soluciones basadas en la naturaleza, buscando la sostenibilidad y dando apoyo a las regiones y los sectores afectados. Esto también implica hacer que el sector financiero participe en la inversión sostenible mediante la aplicación y la mejora del plan de acción financiera sostenible de la UE.

 

  1. Gestionar los riesgos y garantizar una transición socialmente justa. El éxito de la transición hacia la sostenibilidad exigirá que las sociedades reconozcan los posibles riesgos, las oportunidades y los compromisos, y diseñen vías para gestionarlos. Las políticas nacionales y de la UE desempeñan un papel esencial en la consecución de «transiciones justas» asegurando de que nadie quede atrás.

 

  1. Crear más conocimientos y competencias técnicas. Para ello, es necesario centrarse en comprender los sistemas que generan presiones medioambientales, las vías hacia la sostenibilidad, las iniciativas prometedoras y los obstáculos que impiden el cambio. Es imprescindible desarrollar más capacidades que permitan manejarnos en un mundo en rápido cambio invirtiendo en educación y competencias.

 

Otro interesante proyecto es El Pacto Verde Europeo es un ambicioso plan de protección medioambiental estructurado a partir de prioridades sobre temas políticos encaminados en alcanzar la neutralidad climática y la sostenibilidad económica.

 

Sin embargo, a pesar de las acciones hechas por la UE para contrarrestar los efectos medioambientales. A raíz de la pandemia y de las consecuencias nefastas que este hecho trajo consigo, de la crisis y las repercusiones socioeconómicas, resulta paradójico que las ambiciones medioambientales y climáticas del bloque europeo a largo plazo hayan permanecido intactas.

 

No obstante, continúan elaborándose más iniciativas para reforzar esta política medioambiental. El Parlamento Europeo y el Consejo Europeo respaldaron el objetivo más ambicioso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2030.

 

El compromiso europeo de contrarrestar las consecuencias del cambio climático, la degradación del medio ambiente y los posibles efectos negativos para las personas no solo continúan, sino que, las políticas encaminadas en este sentido convergen para lograr la sostenibilidad en todo el continente. La voluntad de Europa se mantiene invariable, incluso cuando el impacto económico, sanitario y financiero de la pandemia exigió medidas urgentes para la recuperación.

 

El rápido crecimiento demográfico y la búsqueda constante por el desarrollo, a merced de las nuevas tecnologías, ha conllevado a mayores riesgos e incertidumbres. Para atenuar esta situación, ha sido necesario la planificación de un conjunto de objetivos que promuevan la sostenibilidad a mediano y largo plazo, afín de lograr la estabilidad del planeta, sin que ello afecte o interfiera en el modo de vivir de las personas, más bien lo que se necesita es un llamado a la conciencia pública colectiva, donde se conjuguen las variables de desarrollo tecnológico e industrial y crecimiento sostenible en beneficio de un futuro mejor para las sucesivas generaciones.

 

El 24 de junio de 2017 se destacó la participación de la UE en el proceso de redacción y aprobación del Pacto Mundial por el Medio Ambiente, presentado en la Universidad de la Sorbona, en París. Fue remitido a las Naciones Unidas, para posteriormente proceder a su adopción oficial en el 2018.

 

El ideal de una política medioambiental efectiva a mediano y largo plazo en el marco de la UE es posible, siempre que se ejecute con disciplina, responsabilidad, con una actitud de compromiso y solidaridad con el medio ambiente.

 

Para ello es imprescindible aprovechar al máximo todo el potencial que ofrecen las políticas medioambientales, así como su plena aplicación permitiría a Europa el logro de sus objetivos fijados para el 2030. Asimismo, convertir la sostenibilidad en el marco de toda política, es decir vincular las prácticas políticas con el sistema de alimentación, los productos químicos, el aprovechamiento del suelo, en beneficio de obtener acciones coherentes en todos los ámbitos y para la sociedad en general. Entre otras cuestiones es necesario liderar la acción internacional hacia la sostenibilidad. En este sentido, la UE utilizará su influencia económica y diplomática para promover la adopción de acuerdos internacionales en ámbitos como la biodiversidad y el uso de los recursos. Fomentar la innovación sostenible en toda la sociedad a tono con los nuevos modos de pensar y vivir. Ampliar el ámbito de las inversiones, así como reorientar el sector financiero hacia la aprobación de empresas y proyectos sostenibles (Agencia Europea de Medio Ambiente; 2020).

 

El informe SOER[1] 2020 señaló que Europa ha realizado avances significativos respecto a mitigar las consecuencias del cambio climático, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin obviar el progreso en otros ámbitos como la reducción de la contaminación del agua y el aire, la introducción de políticas para reducir los residuos de plástico y fomentar la adaptación al cambio climático, la economía circular y la bioeconomía. Acciones necesarias llevadas a cabo por la UE en beneficio de un próspero y desarrollo sostenible.

 

La pandemia de la Covid-19 y las afectaciones al medio ambiente

 

La COVID 19 y las medidas de confinamiento afectaron en gran medida, los patrones de consumo y producción. Algunos sectores como el turismo sufrieron el impacto directo de esta agravante situación. Muchas instalaciones ligadas al ámbito de la producción disminuyeron sus actividades. Todo esto afectó seriamente la economía a nivel mundial.

 

Desde hace décadas viene abordándose la variante de posibles crisis mundiales. En estos momentos una crisis sanitaria provoca una crisis económica y financiera, de conjunto con la existente crisis climática y medioambiental que ha generado una profunda crisis en la naturaleza.

 

De cualquier forma, todas desembocan en el mismo problema: la insostenibilidad causada por nuestros patrones de vida de producción y consumo. La COVID 19 dejó entrever que el mundo no era ese lugar seguro que muchos pensaban y donde las clases poderosas tenían el control de cada eventualidad. 

 

La pandemia demostró que el mundo no está preparado para enfrentar retos de esta índole, así como la fragilidad del planeta, aun cuando el propio hombre no era consciente de ello.

 

La siguiente tabla muestra los países europeos con casos y muertes confirmadas por pruebas de laboratorio de COVID-19. Datos a 17 de septiembre de 2021 – 07:22 a.m. CET

 

 

País

Casos Confirmados

Muertes totales

 

Reino Unido

7373451

135134

 

Rusia

7110656

192340

 

Francia

7021091

116508

 

Turquía

6766978

60903

 

España

4926324

85739

 

Italia

4623155

130167

 

Alemania

4127158

92906

 

Polonia

2895947

75464

 

Ucrania

2435404

58146

 

Países Bajos

2016225

18484

 

Chequia

1684881

30422

 

Bélgica

1217473

25494

 

Israel

1208403

7465

 

Suecia

1143973

14753

 

Rumanía

1135027

35286

 

Portugal

1059409

17888

 

Kazakstán

928341

15031

 

Serbia

846114

7664

 

Suiza

820982

10991

 

Hungría

816680

30118

 

Austria

718091

10870

 

Grecia

625083

14354

 

Georgia

589727

8390

 

Bielorrusia

510481

3966

 

Bulgaria

478885

19876

 

Azerbaiyán

467173

6227

 

Eslovaquia

400348

12566

 

Croacia

388260

8472

 

Irlanda

371301

5179

 

Dinamarca

355235

2621

 

Lituania

312481

4751

 

Eslovenia

280544

4486

 

Moldavia

279143

6569

 

Armenia

251323

5075

 

Bosnia y Herzegovina

224862

10161

 

Macedonia del Norte

185450

6367

 

Noruega

180432

841

 

Uzbekistán

166644

1175

 

Albania

160365

2563

 

Kosovo

158396

2859

 

Letonia

149081

2632

 

Estonia

148391

1320

 

Finlandia

135314

1052

 

Montenegro

124485

1822

 

Chipre

116494

534

 

Luxemburgo

77098

834

 

Malta

36900

452

 

Andorra

15113

130

 

Islandia

11377

33

 

San Marino

5408

90

 

Liechtenstein

3394

60

 

Mónaco

3288

33

 

Vaticano

27

0

 

Total

68088266

1307263

 

El ser humano ha sido el causante de su propia destrucción, a partir del uso desmedido de los recursos, mediante el incremento de los niveles de producción y consumo, a través de una mayor demanda económica mundial. Es evidente la interconexión de la economía y la propia sociedad, mostrando una relación de interdependencia. En este sentido, la crisis sanitaria se convierte en crisis económica.

 

Por otra parte, los efectos del coronavirus tienen mayor incidencia en los grupos vulnerables como las personas mayores o aquellos pacientes con enfermedades o afecciones preexistentes. Estos grupos suelen verse más afectados también por los riesgos ambientales para la salud, principalmente por la mala calidad del aire, la exposición prolongada a la contaminación atmosférica y otras contaminaciones derivadas en mayor o menor medida.

 

En el informe “Entorno saludable, vidas saludables” (Healthy environment, healthy lives) se expone que, una de cada ocho muertes en Europa se produce en entornos con características insalubres.

 

Asimismo, en Europa se pone de manifestó el impacto causado por la desigualdad social entre los propios países, según las especificidades de cada uno. Esto sumado a los embates de la pandemia, dejó claro la necesidad de reducir la contaminación ambiental y asegurar la convivencia de las personas en un ambiente sano y limpio.

 

La COVID 19 provocó una crisis de salud pública, así como una crisis económica. Para contrarrestar este problema, la UE y sus Estados miembros implementaron y pusieron en práctica planes de recuperación económica, así lo hicieron los demás países según su situación económica.

 

De esta forma, las medidas de confinamiento transformaron el estilo de vida europeo. Disminuyó el transporte de motor, los vuelos comerciales, muchas actividades se limitaron en gran medida, así como la afluencia de personas en las calles. Ello incidió favorablemente en el medio ambiente y la calidad del aire mejoró en las ciudades.

 

Los objetivos en la política a largo plazo para la protección del medio ambiente llevada a cabo por la UE, se encuentran registrados en el Pacto Verde Europeo, en sus estrategias y planes de acción. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen ratificó el compromiso de Europa con estos objetivos y exhortó a continuar trabajando en las aspiraciones medioambientales y climáticas.

 

Conclusiones inconclusas

 

La política medioambiental de la UE será completamente efectiva y podrán alcanzarse las metas planificadas siempre que se ejecute con disciplina, responsabilidad, compromiso y solidaridad con el medio ambiente. Además de lograr la implicación de la Comunidad internacional.

 

La UE trabaja constantemente para el logro de los objetivos fijados en la planificación del 2030 al 2025, convirtiendo la sostenibilidad en el marco de su política. De esta forma, igualmente gran parte de Europa se han esforzado en lograr avances significativos respecto a la mitigación de las consecuencias del cambio climático, redujo las emisiones de gases ocasionadas por el efecto invernadero. Además de la reducción de la contaminación de las aguas, el aire, la introducción de políticas para limitar los residuos de plásticos.

 

El bloque europeo también fomenta la adaptación al cambio climático, la economía circular y la bioeconomía. El sentido de su política se basa en poner en práctica acciones que traigan beneficios, prosperidad y desarrollo sostenible. Pero esto no es todo existe un grupo de países fuera de la Unión que todavía presentan problemas estructurales y de atraso económico.

 

La sostenibilidad política de este conjunto de Estados miembros busca el tránsito hacia nuevos modelos de progreso, a la par de contrarrestar el efecto negativo del cambio climático y la creación de un sistema económico viable para las futuras generaciones.

 

De igual manera cabe mencionar la puesta en marcha de una estrategia industrial llevada a cabo por la propia UE. Así, la política ambiental del bloque europeo busca un mundo más justo, sano, limpio. Para ello, AENA y EIONET aplican medidas y políticas concretas y eficaces, orientadas y respaldadas a partir de conocimientos sólidos. Sin embargo, la existencia de un grupo de países que están fuera de la UE, quedará a la zaga.

 

La política medioambiental europea se esfuerza por avanzar y ello se debe fundamentalmente al accionar de estos organismos que se dedican al manejo y difusión de datos inteligentes. El propósito es crear un modo de vida sostenible y un equilibrio ecosistémico.

 

Otro motivo de la sustentabilidad y eficacia de esta política es que se encuentra enfocada en una transición hacia un modelo de crecimiento económico más regenerativo, con la implementación de una economía circular.

 

En efecto, la UE avanza hacia un futuro sostenible, aplica la política comprendida en el Pacto Verde Europeo. Sin embargo, a pesar de contar con cuantiosos logros, las ambiciones medioambientales y climáticas a largo plazo permanecen intactas.

 

Ello no significa que la política empleada en su totalidad sea errónea o inefectiva, incluso incapaz de enfrentar la crisis medioambiental, sanitaria y climática. Al contrario, hay que continuar trabajando en la búsqueda y reforzamiento de iniciativas que complementen esta política de lucha ambiental. Pero mientras exista la poca solidaridad, el hegemonismo, Europa no resolverá los problemas de antaño.

 

A pesar de los grandes avances acontecidos hasta la fecha, el objetivo final no se ha alcanzado, a saber, la sostenibilidad medioambiental en todo el continente.

 

La UE y el resto de Europa continúan sus esfuerzos, por una política más sostenible y efectiva. En estos momentos con la crisis de la pandemia COVID 19, la situación actual demanda soluciones más urgentes y apremiantes. El bloque europeo dispone de la voluntad, pero no todos los países europeos poseen los recursos y la estrategia para hacer posible el cumplimiento eficaz de los objetivos propuestos para el 2030-2050.

 

 

 

Autores:

 

Mario Antonio Padilla Torres es Dr. en Ciencias Filosóficas, Universidad de la Habana, Máster en Ciencias Históricas, está Diplomado en Cultura, Licenciado en Ciencias Políticas, es Profesor e Investigador Titular. Se desempeña como Secretario Académico, trabaja temas globales en las relaciones internacionales del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) de la República de Cuba. Es miembro permanente del Tribunal de Filosofía de la República de Cuba, miembro del Consejo Editorial de las revistas “Cuadernos de nuestra América” del CIPI, y de la de “Política Internacional” del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de la República de Cuba. Ha impartido clases en diferentes universidades del país.

ORCID iD: 0000-0002-5244-7846

 

Daili Sánchez Bernal, es Máster en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales, Universidad de La Habana. Lic. en Estudios Socioculturales. Aspirante Investigadora. Es la Responsable del Centro de Investigaciones de Política Internacional de la República de Cuba. (CIPI)

ORCID: 0000-0002-5587-2442 

 

 

 

 

Referencias bibliográficas:

 

- Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA); 2020. El medio ambiente en Europa, Estado y perspectivas 2020. Resumen ejecutivo. Copenhague http://www.eea.europa.eu P. 3.

- Comisión Europea. La UE y el medio ambiente. Comunidades Europeas, Editado por Oficinas de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas, Luxemburgo, 1998. http://www.corteidh.or.cr P. 11.

 

Bibliografía:

 

 

 

 

[1] Evaluación medioambiental más completa realizada hasta la fecha en Europa. Ofrece una visión clara del punto en que se encuentra Europa respecto al cumplimiento de los objetivos políticos para el 2030, así como de los objetivos fijados a largo plazo para el 2050, en relación al futuro sostenible e hipocarbónico. Agencia Europea de Medio Ambiente; 2020. El medio ambiente en Europa, Estado y perspectivas 2020. Resumen ejecutivo. http://www.eea.europa.eu

 

https://www.alainet.org/es/articulo/213907
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