Ecuador, “centro del mundo”, gira a la izquierda

Dejar que gane Guillermo Lasso o, peor aún, promover el fracaso de Arauz, es algo que la historia y el pueblo ecuatoriano juzgará en su momento.

23/03/2021
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Andrés Arauz, al culminar el debate electoral con Guillermo Lasso (21-03-2021)
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Analistas nacionales e internacionales coinciden en afirmar que el movimiento indígena del Ecuador y, en particular, Yaku Pérez, se han puesto en el primer plano de la atención de propios y extraños. No importa que no estén en la segunda vuelta, lo que interesa a los medios de la derecha, y probablemente al propio líder indígena, es que la bronca entre éste y el izquierdista Andrés Arauz llegue a tal punto que su desenlace favorezca a la ultraderecha liderada por Lasso.

 

Hace unos días (15.03.21), Boaventura de Sousa Santos escribía una extensa carta a los jóvenes indígenas ecuatorianos en torno a la difícil encrucijada que los encara en el proceso electoral en curso. Nunca como ahora se había visto, en el diverso campo de la izquierda, una controversia internacional por la candidatura de la izquierda y la inminencia de su llegada al poder político. El centro del debate es, sin duda, la bronca que protagonizan Andrés Arauz (acusado de “correista”) y Yaku Pérez (acusado de haberse “alineado” con el traidor L. Moreno). Luego de que la primera vuelta diera por ganador al primero, se disparó el “debate” internacional, básicamente intelectual y académico, sobre si la “izquierda” distinta a la de Arauz, tendría que votar por éste en la segunda vuelta o, con el “voto nulo”, le facilitaban el camino al ultra conservador Lasso.

 

Para B. de Sousa, son muchos los temas que abordan casi simultáneamente los debates referidos, sin ninguna prelación ni interés de vincularla a la realidad actual. No obstante, la carta le pone atención a algunos aspectos que le parecen medulares:

 

  1. Entre la democracia y la “pureza” de la izquierda. Es un hecho verificable que la izquierda y el progresismo, con/sin gobierno, ha sido la mejor defensora de la democracia representativa, mientras que la derecha la uso/desechó a su antojo. Si esto fue así, ¿Por qué el debate internacional no se centra en las propuestas de política y no en la “moralidad” de Arauz? La derecha disfruta de este debate, pues no solo coincide con su estrategia de acusar a la izquierda de inmoral y corrupta, sino abona a la soterrada pretensión de abortar el proceso electoral[1]

 

Pero esto no parece interesar a quienes, desde los centros de investigación y académicos, animan el debate hasta convertirse en los principales críticos del “correismo” que estaría “fielmente” representado por Arauz. Según las investigaciones de B. de Sousa, quienes están suscribiendo comunicados y pronunciamientos contra Correa y contra Arauz, serían los mismos que, acicateados por el Departamento de Estado de EEUU, suscribieron comunicados contra E. Morales, Lula, Zelaya, entre otros. Ahora lo hacen contra el “correismo” y Arauz, incluso usando la falacia propalada por Iván Duque, presidente de Colombia, conocido por su sumisión al imperio, en el sentido de que el “Ejército de Liberación Nacional” habría financiado la campaña de Arauz, motivo por el cual debiera anularse las elecciones.Por supuesto, el más entusiasta propiciador de esta posibilidad es el candidato de la ultra derecha, Lasso.

 

Por donde se mire, dice De Sousa, el debate incluye a corrientes feministas y ecologistas que preferirían ver derrotado al izquierdista Arauz frente a Lasso, aunque sea invocando el voto nulo. Es claro que la “izquierda concebida como un conjunto de teorías y prácticas políticas transformadoras” está en pleno debate en la región. La ampliación de su cobertura conceptual, sin ningún límite, ha hecho que el perfil del “izquierdista” vaya perdiendo identidad a medida que se adoptaban “conceptos modernos” que, entre otros, terminaron vaporizando la vieja dicotomía política entre las “izquierdas” y “derechas”.El debate que aborda la izquierda ecuatoriana, la vieja dicotomía fue reemplazada por “amigos y opositores” del “neo extractivismo” que involucraba igual a gobiernos de “derecha” o de “izquierda” (muchos de ellos agrupados en el “progresismo[2]”). También, ocupó lugar preferencial la contradicción entre “estatistas” y “movimientistas”, los primeros creyendo que con el Estado lo “harían todo”, mientras los segundos se dedicaron a proclamar que “la transformación” no requiere tomar el poder, con lo cual terminaron despolitizando le movimiento social. Finalmente, casi como olvidando las esencias zurdas, el debate priorizó la dicotomía “dictadura-democracia” y se dejó para “otro momento” la lucha de clases, la desigualdad, la pobreza, etc.

 

  1. ¿Cuál es la “herencia” de Correa? Contrariamente al reduccionismo de un Correa “autoritario” y que quiso hacer todo “desde arriba”, tirios y troyanos le reconocen: liderazgo en la estabilidad política durante 10 años en un país donde se cambiaba presidentes a cada rato; reducción de la deuda externa poniendo en acción procesos de auditoría de la deuda; redistribución social y beneficios sociales; reducción de la pobreza de 37% a 22% en 10 años; gratuidad de la educación pública en todos los niveles; lucha franca contra el imperialismo norteamericano, etc. Esta es la razón por la que, pese a la gigantesca contra campaña, se haya elegido a L. Moreno que luego traicionó, y ahora hace que miren en Arauz una esperanza de recuperar conquistas sociales que están perdiendo con gobierno derechistas.

 

Si lo anterior es cierto y las votaciones en primera vuelta han dado un veredicto, ¿por qué algunas fuerzas de izquierda y sectores del movimiento indígena promueven el voto nulo? Para algunos analistas, la explicación estaría en la contraposición, aparentemente irreductible, entre la “redistribución económico-social” y la necesidad de reconocer lo “étnico y social” como prioridad, por encima de todo ¿cómo salir de esta disyuntiva sin darle gusto a la derecha y generando una posibilidad transformadora?

 

No es fácil dar una respuesta a esta interrogante, sobre todo en Ecuador, donde las cosas están crispadas al extremo para deleite de la ultraderecha. Sin embargo, hay algo claro: en las actuales circunstancias electorales, la lucha política debería tener primacía y actuar en consecuencia. No caben banderas “apolíticas” que alientan el voto nulo y desarma al movimiento popular. Si se persiste en ello, es lícito preguntarse si conocen lo que realmente está en juego en estas elecciones o, sabiéndolo, prefieren mirar a un costado y convertirse en parte funcional de la estrategia derechista.No se puede estar diciendo que hay que luchar contra el capitalismo, colonialismo y el patriarcado, cuando a la vez se alienta el voto nulo y, ostensiblemente, se olvida la intervención norteamericana en estos avatares, exactamente como lo hicieron en Bolivia y Brasil.

 

  1. ¿Arauz o Lasso? Pregunta acuciante y de inmediata respuesta.  Si los hiper críticos a Arauz, ya no estoy hablando de Correa, creen que es “preferible” Lasso para la democracia y para los intereses ecuatorianos, están equivocados de cabo a rabo. La derecha que recupera el poder, luego de gobiernos más o menos progresistas, lo usa para ejercer violencia “legítima” contra quienes osaron desafiarlos. Los casos de Brasil, Argentina y, recientemente, Bolivia son elocuentes.  Que Lenin Moreno haya sido un títere de la derecha, no cambia el discurso derechista señalando machaconamente de que el “correismo” ha gobernado hasta ahora.

 

Por eso, la izquierda ecuatoriana, la que está en la segunda vuelta y la que quedó fuera, deberían encontrar espacios de trabajo conjunto que podrían dar a luz un escenario en el que el extractivismo debe ser gradualmente eliminado de la matriz productiva (esto debería decirlo y jurarlo Arauz), igualmente darle curso a una educación intercultural donde las nacionalidades estén vivamente presentes, y finalmente, la CONAIE[3] debiera reclamar una suerte de cogobierno. Esto sería una lección ciudadana que recogería las enseñanzas del pasado.

 

En este debate no debería ignorarse el rol del imperialismo, salvo que la bronca contra Arauz sea de tal magnitud que la geopolítica y la guerra de occidente contra oriente, no impacte en los ecuatorianos.Será necesario ver la conducta de la OEA, siempre lista para obedecer las órdenes de la Casa Blanca, del moribundo Grupo de Lima, la necesidad de recuperar el espacio dejado por UNASUR, etc.Ecuador es pieza fundamental del juego geopolítico regional en curso.

 

  1. Yaku Pérez, líder en crecimiento. Para los ecuatorianos, que lo conocen bien, es uno de los líderes del poderoso, aunque crónicamente fracturado, movimiento indígena que adquiere notoriedad tras la primera vuelta de las elecciones generales en Ecuador. Disputar el acceso al balotaje con el banquero Guillermo Lasso fue un logro que pocos esperaban. Haber quedado en tercer lugar luego del recuento de votos, no mermó la imagen y beligerancia anticorreista que se amplificó a tal punto que la ultraderecha no tardó en insinuar la conveniencia de un “acuerdo” con Pérez para impedir que el “correismo” vuelva al poder.

 

Como se sabe, Pérez y su candidatura responde al movimiento Pachakutik (Movimiento de Unidad Plurinacional-1995) que, para todo efecto, se ha convertido en el aparato político-electoral del movimiento indígena agrupado en la CONAIE que, como todo conglomerado diverso, procesa contradicciones antiguas y nuevas, entre las que sobresale la bronca entre los “clasistas”, vinculados al “correrismo” de Arauz que proclama la defensa de los pobres, y “etnicistas”, vinculados a ONGs del norte global que, ensalzando las “nacionalidades indígenas” promueven posturas étnicas excluyentes y discursos ambientalistas propios de los liberales europeos.

 

Según los analistas consultados, ninguno de los bandos fue lo suficientemente coherente como para ejercer primacía en el desempeño de la CONAIE.“Clasistas” y “Étnicos”, procesaban sus propias contradicciones. El caso de Carlos Viteri, de indudable raigambre étnica, es ilustrativo de lo difícil que es pensar en movimientos monolíticos, pues, a contracorriente de lo esperado, se convirtió en un fervoroso militante correista.Luego vendría el caso del líder Leonidas Iza, conocido por sus posturas clasistas, no tuvo ningún reparo de proponer una agenda redistributiva (es decir, correista) para resolver los temas centrales que animaron el movimiento popular de octubre 2019.

 

En ese complejo escenario de la CONAIE emerge el liderazgo de Yaku Pérez, básicamente por la persistencia mostrada en su lucha contra la gran minería, cuando Correa se empecinaba en darle curso a la minería metálica de gran escala en zonas donde no había tradición minera.Este fue el escenario propicio para empoderar a Y. Pérez en su lucha contra el extractivismo que “lideraba” Correa. Haber estado en prisión fue tal vez el motivo por el que Pérez no le perdonaría la vida a Correa y sus seguidores, al extremo de decir “prefiero un banquero a una dictadura” en las elecciones de 2017 cuando Lenin Moreno postulaba respaldado por Correa.

 

Llegado el momento de las elecciones 2021, los ánimos internos en la CONAIE volvieron a crisparse cuando, a través de Pachakutik, había que elegir al candidato del movimiento indígena. Entre otros, Jaime Vargas (vinculado a corrientes “étnicas”), presidente de la CONAIE, Leonidas Iza (vinculado a corrientes clasistas”), declararon públicamente que el proceso de selección del candidato había sido preparado para favorecer a Y. Pérez.Esta disputa interna, de cara a los resultados electorales, podría menguar por el lado de J. Vargas, pero difícilmente por el lado de L. Iza que la tiene jurada a Y. Pérez. Sea cual fuera el discurrir de los acontecimientos, Ecuador tiene un nuevo líder vinculado al movimiento indígena que ha sido, y es, reconocido como referente del movimiento popular ecuatoriano.

 

  1. ¿Seguirá la obsesiva bronca contra el correismo? El movimiento indígena ha logrado, por méritos propios, un sitio destacado en el mapa político ecuatoriano.  Tal vez está allí la fuente de la sabiduría y madurez que deberá mostrar de aquí en adelante. Dejar atrás frases como aquella de preferir banqueros en lugar de ficciones de dictadura, podría marcar el inicio de una nueva relación entre el poderoso movimiento indígena, con representación importante en el parlamento, y el movimiento que lidera Arauz.

 

Los tiempos han cambiado, los pensamientos y visiones no pueden fosilizarse en nombre de odios y rencillas personales. Andrés Arauz es un joven profesional y líder político que tiene potencial. Tras la traición de L. Moreno, merece una oportunidad y, como dice B. de Sousa, la responsabilidad que se asume con los resultados electorales, obliga al conjunto de la izquierda y el progresismo, encontrar mecanismos de confluir en formas y acciones de gobierno en beneficio de Ecuador y no de intereses de grupo o personales.El reto es grande, para unos y para otros.La región los está mirando.El Perú, desde donde escribo, ve a Ecuador con expectativa y esperanza de que puedan, desde el centro del mundo, dar luces a la conducta de nuestra izquierda apremiada por la “línea” que deslizan los debates intelectuales y académicos que serían más útiles si fueran parte de los procesos políticos en la cancha y no desde la tribuna. Dejar que gane Guillermo Lasso o, peor aún, promover el fracaso de Arauz, es algo que la historia y el pueblo ecuatoriano juzgará en su momento.En todas partes está llegando la hora de pensar en el pueblo y dejar los privilegios personales.

 

  1. El imperialismo, zigzagueante y omnipresente. Todos los que hemos logrado resistir la alienante carga de información que niega la presencia del imperialismo en la región, sabemos que están presentes, física y virtualmente, en cada jugada geopolítica que “pone en riesgo la seguridad nacional” de EEUU.  Lo que está ocurriendo en Ecuador es un proceso con clarísimas connotaciones geopolíticas regionales y mundiales que preocupa al Departamento de Estado y a la OEA en tanto “Ministerio de las Colonias”.

 

Ante la pérdida, cada vez más evidente, de su hegemonía en el mundo, EEUU ha decidido tomar con extremo cuidado la estrategia de mantener Latinoamérica como su “patio trasero”.Para eso utiliza, en el campo público, títeres como Bolsonaro en Brasil, Almagro en la OEA, Duque en Colombia, Guaidó en Venezuela, L. Moreno en Ecuador, etc.En el campo de lo “privado” usa con la más absoluta impunidad instituciones como la USAID, las bases militares en 8 países de Latinoamérica, ONGs “defensoras” de la democracia, etc. Entonces, no estamos libres del imperialismo, su permanente manipulación de los hechos y la historia seguirá por muchos años más.

 

Lo anterior se agudiza cuando China, con poderosos aliados equiparables a los que tiene EEUU, se convierte en el poder que disputa la hegemonía mundial en todos los campos, salvo en el militar que, también, pronto llegará.Su presencia en Latinoamérica es cada vez mayor y preocupa a EEUU.En ese juego peligroso de la geopolítica, se rearma la OTAN para demostrar al mundo el poderío bélico de occidente y su “democracia”.

 

Lima, 19 de marzo de 2021.

 

Fuente consultadas:

 

https://blogs.publico.es/espejos-extranos/2021/03/13/carta-abierta-a-dos-jovenes-indigenas-ecuatorianos/

 

https://www.nuso.org/articulo/caminos-y-bifurcaciones-del-movimiento-indigena-ecuatoriano/

 

https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20210317-ecuador-inicio-campana-elecciones-presidenciales

 

https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2021/02/16/ecuador-elecciones-2021-segunda-vuelta-lasso-perez-arauz/

 

 

 

[2] Progresismo, tendencia política​ orientada al desarrollo de un estado del bienestar, defensa de derechos civiles, la participación ciudadana y cierta redistribución de la riqueza

[3] CONAIE: Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador.

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/211499
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