Tiempos venideros

16/03/2020
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Puertas afuera

 

Un problema es verdaderamente abrir la puerta y poner un pie en la calle. No hay superficie que no esté cubierta de colores y luces, cambiantes, centelleantes, hipnotizantes, paralelas, oblicuas, concéntricas, por momentos abstractos, por instantes aglutinándose en rostros, cosas, letras, cuerpos: la palpitante cortina de la publicidad que oculta y deforma todas las cosas reales. Las potentes luces de los reflectores acribillan las nubes con las imágenes de Ciudad Nueva: la proyección holográmica de la ciudad tal y como sueña ser olvidándose de su putrefacción, su decadencia, de su ruina: la ciudad tal como se sueña a sí misma: el maquillaje del caos que había creado la ciudad real. Así como cada mujer se maquilla hasta ser otra, cada ciudad engendra un doble holográmico de lo que quiso ser o pudo haber sido, con versiones ideales de sus seres más ínfimos, extraídos con Big Data de sus seres reales. Como es el momento de la Gran Crisis de todos los Sistemas, con truenos espantables desaparecen secciones completas de la ciudad simulacro, dejando en su lugar los infiernos que disimulaban. Cada institución y cada ser han creado su falsa imagen visible, y con un efecto de relampagina cada una de ellas parpadea y desaparece. La desaparición de las ciudades y las personas ficticias deja en el vacío nubes imposibles de formas impensadas. Una tras otras desaparecen del firmamento las versiones ficticias de las estrellas, zarandas sensoriales arrojando puñales luminosos. Cada persona esconde su verdadero ser tras burbujas sensoriales que los rodean: en cada una de ellas parpadean senos, peinados, rostros de celebridades mil veces multiplicados y grotescamente deformados. Por un instante todos se apartan con estupefacción y horror de ti, que por no usar imágenes sobreimpuestas de ti mismo resultas de una obscenidad insoportable. Intentas una vez más cubrirte los ojos con las manos, más lo que descubres en lugar de manos te hace cerrar los ojos antes de descubrir lo que tienes en lugar de ojos. Espejos persiguen a todos aniquilándolos con sus imágenes.

 

Cenestesias

 

No sé desde cuándo el mundo ha dejado de tener compartimientos. Comenzó cuando azul dejó de ser un color para volverse un olor, una temperatura o un sonido. De alguna forma empezamos a ver los colores escondidos en las variaciones Goldberg y el sabor del cánon de Pachelbel. Hubo entonces la sinfonía del mango y el pastel crimen y Castigo. Hasta ese momento no habíamos experimentado lo que se dice nada, y mucho menos antes de que nos instalaran los nuevos sentidos como la visión completa del espectro sensible, el olfato del sabueso y la sensación completa de todos los procesos corporales. Toda la vida podríamos pasar suspendidos escuchando la música de las partículas de polvo que danzan sin repetir sus cursos. De cada una de estas cenestesias nacen artes y de cada arte obras que se multiplican hasta el agotamiento de lo perceptible. Esto es posiblemente una ilusión para que no resistamos mientras nos desmantelan.

 

El tiempo

 

Estas son las historias que nos ocurren desde que el tiempo se ha hecho inestable. En una hora he pasado de mi primer recuerdo al pálpito de mi próxima muerte; pero ahora está la eternidad en un sorbo de agua. Todos los intrincados valores del tiempo se aceleran o estancan: algunos vivimos el infinito en este segundo y otros ven reducida a un latido su inmortalidad. No sabemos ya quién es quién ni para qué nos contraen o nos dilatan sobre las coordenadas del tiempo. Sospechamos que existen los efímeros, que se extinguen antes de que podamos percibirlos, y los eternos, que no podemos percibir por inabarcables. Encontrar ritmos temporales análogos es más difícil de lo que antes era atinar compatibilidad de caracteres. Amo a una eterna, que apenas presiento. No sé a quién amará ella, que no me percibe.

 

Y el espacio

 

Cuál sería el experimento que querían cumplir con nosotros manipulándonos las dimensiones. Algunos hemos sido reducidos a bidimensionales, planos como manchas o como sombras encontrándonos o desencontrándonos sobre superficies cuya forma no conocemos. Los lineales caben en el adelante o atrás de la línea; los puntuales en el punto. Existimos también los tridimensionales y los tetradimensionales, que comenzamos a expandirnos como tumores en dimensiones que no controlamos. Algunos somos cuerdas que conectamos nociones incomprensibles. Otros no tenemos formas y cambiamos de una a otra imprevisiblemente. Toda forma es un horror del cual la eternidad nos impide aliviarnos.

 

Cuarentena

 

Medidas exageradamente extremas se toman para salvar al empestado sistema capitalista. Prohibidas quedan todas las reuniones siempre y cuando sean para exigir alza de salarios, control de precios o todo el poder a los pueblos. Incomunicados todos los medios de comunicación para ventilar temas críticos o denunciar desigualdades; las veinticuatro horas del día han de ser empleados para mentir y examinar temas frívolos o amoríos con final feliz. Alerta especial en los sistemas educativos para que continúen aplicando dosis de ideología que inmunicen contra la realidad. Se mantiene el veto de difundir noticias sobre procedimientos y beneficios del gran capital, el narcotráfico y la industria armamentista. Prohibición estricta de fraternizar entre los pueblos del globo, imponiéndose desde ya la orden de retraerse y desconfiar los unos de los otros a objeto de que no falte el suministro de carne de cañón gratuita. El sacrificio de todos es más que nunca necesario para que continúe el latrocinio de pocos. Así será derrotada la plaga del amor, la unión y la igualdad entre los humanos.

 

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Consulte también:

 

http://luisbrittogarcia.blogspot.com

https://www.instagram.com/abrittom/?hl=es-la

https://brittoandrea.blogspot.com

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/205277
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