Confesiones de un cocodrilo

31/10/2019
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Tuvo presentimientos extraños durante todo el día, le picaba la nariz y las manos. En su sueño se vio en un zoológico convertido en cocodrilo color naranja, avanzaba más que el promedio de todos en el fango, lloraba desconsolado tratando de abrazar alguien y nadie le hacía caso.

 

Despertó muy triste, al ver la noticia en el televisor empalideció, luego las manos y piernas le temblaban, no tuvo tiempo de ir al baño, se orinó en su pijama con rayas anchas naranjas. Sonó el celular con sonido prolongado que le hacía recordar a la canción de su infancia: “la cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar…”

 

  • ¿Te enteraste de lo que hizo este hijo de puta? ¡Nos cerró la chingana!

 

  • Estoy viendo la noticia – contestó con la voz temblorosa y el cigarro en la mano derecha con la ceniza enorme.

 

Tuvo mareos inesperados, calculaba que en los dos años restantes como congresista cubriría el pago total de su linda casa con tres piscinas y catorce perros, sus cuatros automóviles último modelo, su dosis semanal de cocaína y algunas joyas más para su esposa.

 

  • ¡Nos jodimos tío! escuchó al otro lado de la línea telefónica, ¿Qué hacemos? Todos los proyectos listos para aprobarse y ya hubo adelanto del 80%. ¡Nadie preveía este escenario carajo!

 

Sucede que dos semanas antes de cerrarse el Congrezoo, estaban listos diez proyectos de ley para ingresar al pleno, referidos a facilitar evasiones tributarias por más de veinte mil millones, otorgadas a grandes empresas con mucho poder y dinero.

 

  • ¡La jefa pide reunión urgente, tenemos que unir bolsillos y discursos, paramos esto ahora o nunca. ¡Estoy aquí por mi plata carajo! – exclamaba desesperada la congresista de mucho gritar y poco pensar, conocida además por vestir minifalda con medias pantis de diferentes colores y pintarse las uñas siempre de negro. En una oportunidad un periodista le preguntó: ¿Qué es el amor?

 

  • ¡El amor no existe, esos son discursos de rojos, caviares, terrucos, chavistas! – contestó ofuscada, con las manos alzadas como el chimpancé que quiere alcanzar el plátano.

 

Terminada la conversación, el congresista tembloroso cogió un poco de cocaína dispersa en el velador, se le cayó al zapato derecho, con el apuro inhaló allí mismo. Permaneció tres días dormido no solo por los efectos de la cocaína sino al parecer también por los olores del zapato. Estaba tan ocupado en realizar sumas y restas que olvidaba lavarse los pies.

 

Soñó con elefantes, jirafas gordas en forma de K, monos alborotados por comerse el mismo plátano, hienas con lentes y los labios pintados. De repente vio a su abuela saliendo del volcán gritando: ¡Te jodiste hijito, te jodiste!

 

Al despertar decidió salir a pasear al parque aprovechando el día soleado y ¡zas! le mordió el tobillo derecho el perrito pekinés del dueño de la bodega. ¡Solo esto me faltaba carajo! exclamó.

 

Retornó a su casa con el ánimo de empezar a escribir sus memorias, inhaló más cocaína que le sobró en el zapato, permaneció dormido cuatro días hasta el final de los tiempos.

 

Iván Salas Rodríguez

Sociólogo, columnista periodístico.

 

 

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/203012
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