De ‘fake news’ y ‘post truth’

17/05/2019
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A estas alturas de su desarrollo, “falsedad integral” es un concepto más pertinente para significar lo que conocemos como fake news (noticias falsas); o la estrategia del post truth, conocida como el fenómeno de la posverdad, que se entiende como una manifestación de la pospolítica, porque, en cuanto heredera de las más eficaces tácticas de la guerra sucia, desajustada de las normas, tiene como objetivo descomponer y triturar social y políticamente, con un mecanismo de rara comprensión que logra que la falsedad tenga más valor que la verdad.

 

Como su nombre lo indica, la posverdad es un fenómeno en el que la verdad podría o no emerger, pero después de que sus indicios, hipótesis aproximativas o mentiras hacen su agosto, en un proceso donde lo objetivo y lo racional pierden peso frente al manejo emocional; es decir, de las sospechas que se mediatizan en un decurso (in)comunicativo que explicaremos enseguida.

 

Para ir aterrizando en sus procedimientos (in)comunicativos, digamos que se construyen a partir de indicios o de falsedades que se enuncian en situaciones de coyuntura álgida y se mueven en el mundo de las emociones, buscando desorientar, decepcionar, provocar ansiedad e iras, enervar los ánimos o causar revuelo, con el propósito de poner las sociedades en vilo. La posverdad suele dinamizar ambientes de expectativa social, con espacios destinados a la especulación, siguiendo el libreto de un culebrón que sabe convocar pasiones y alterar las emociones, porque se mueven en la ficción y el suspenso, y pueden hacerse explosivamente incontrolables, ya que la mentira emotiva logra tener más valor que los hechos reales.

 

De manera resumida, el libreto de las fake news sigue ordenadamente estos pasos y condiciones. Su lanzamiento debe darse con un sentido de oportunidad, en un contexto que tiene en agenda el tema que se quiere trabajar. Este tema debe corresponder a un hecho —cierto o no tanto— capaz de llamar la atención pública y, además, alterar el orden. Es menester que la sospecha/denuncia sea presentada con visos de sorpresa por líderes de opinión que son vocerías apropiadas para el tema, el contexto y los acontecimientos.

 

El estilo de las vocerías en su inicio y en varios otros pasajes se caracteriza por su modalidad alarmista, con inocultables dosis de dramatización, que contribuyen a dejar abiertas interrogantes. Tras el puntapié inicial sigue un atosigamiento de mensajes por redes sociales y medios masivos sin el menor cuidado por los códigos de ética, porque se trata precisamente de una forma de antiperiodismo que quiere legitimar un indicio, una sospecha, una media verdad o falsedad. Además, las notas salen poco a poquito para alimentar el culebrón. Este propósito se dota de cierto reconocimiento con la intervención reforzadora de otras voces que contribuyen a sembrar mayor confusión y encaminar estados de incertidumbre.

 

Cuando los imputados o afectados reaccionan, un recurso al que suelen recurrir los acusadores es su propia victimización, ya sea social, cultural, política o jurídica, que por supuesto la tienen bien estudiada. Cuando el juzgamiento social, cultural y político no alcanza para lograr sus objetivos, se suele acudir al enjuiciamiento jurídico, obviamente garantizando condiciones para su buen resultado.

 

Por todo lo expuesto, afirmamos que este particular mecanismo se configura en un sistema donde algunos “fiscalizmedios” y “periodisjueces” se hacen parte de los procesos, juzgando más que informando. Así dadas las cosas, invito a mis lectoras y lectores a interpretar la realidad que estamos viviendo y responderse si tenemos o no procesos de fake news y post truth en curso, y si creen que éste podría ser el tono de la campaña. Me cuentan, porfa.

 

- Adalid Contreras Baspineiro es sociólogo y comunicólogo boliviano, ex secretario general de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

 

14/05/2019

http://m.la-razon.com/opinion/columnistas/fake-news-post-truth-noticias-bolivia_0_3147285307.html

 

https://www.alainet.org/es/articulo/199897
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