Pompeo, o por qué Panamá debe abrir bien los ojos

31/10/2018
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Al parecer, de tanto obsesionarse con China, al canciller Mike Pompeo se le ha pegado algo de mis antepasados. “Ojo pa’ qui ve”. “Ojo que no ve, corazón que no siente”. Para que sintamos lo que haría China, según Pompeo, “HAY QUE ABRIR BIEN LOS OJOS.”

 

Panamá tenía los ojos cerrados cuando el secretario de Estado John Hay nos impuso bajo ocupación un falso convenio en 1903 que asesinó a nuestra república antes de nacer, redactado en inglés y sin versión en Español hasta 1926, proyecto que el pueblo no entendía ni aprobó porque no era ése su idioma, no teníamos Constitución y tampoco éramos Estado sino una frágil Junta de Gobierno.

 

Panamá tenía los ojos cerrados cuando Bunau Varilla intercaló de su puño y letra la frase “as if it were sovereign” (como si fuera soberano), en el Artículo III, para darle poderes omnímodos a EE.UU. y quitarle la angustia a John Hay, quien no quería entrar en discusiones bizantinas en cuanto a sus derechos en el Canal. La frase fue el valladar contra el cual se estrellaron todas nuestras tímidas reclamaciones.

 

Panamá tenía los ojos cerrados cuando EE.UU. liquidó la neutralidad pactada con Gran Bretaña en el Tratado Hay-Pauncefote de 1901, en la redacción del Artículo XXIII del Tratado Hay-Bunau Varilla y el Artículo 136 de la Constitución de 1904, propuesto por EE.UU., que lo plagió de la Enmienda Platt impuesta a Cuba.

 

Por tener los ojos cerrados, Panamá no vio cómo el Canal le salió gratis a EE.UU. Según ellos, “el mejor negocio del siglo”. En mi opinión, la Mayor Estafa de la Historia. Veamos cómo.

 

La compañía del Ferrocarril de Panamá le pagaba $250,000 oro anualmente a Colombia por el Contrato Stephen-Paredes de 1850. Con la separación de Panamá, EE.UU. abracó el ferrocarril dentro de la Zona del Canal, de tal suerte que EE.UU. recibía los $250,000 oro del Ferrocarril con una mano y, con la otra, se los entregaba a Panamá “por toda la concesión canalera”, suma que le correspondía a Panamá como heredera de la vía férrea y de Colombia.

 

El Canal le salió gratis, fruto de una acción verdaderamente depredadora como de la que debemos cuidarnos según Pompeo.

 

Panamá no se enteró del despojo por tener sus ojos cerrados.

 

Entre 1914 y 1936, Panamá recibió $250,000 oro del Canal (que correspondían al Ferrocarril). En el Tratado Arias-Roosevelt de 1936, dicha anualidad se ajustó en $430,000, que no eran un aumento sino los mismos $250,000 oro, devaluados tras la depresión de 1929.

 

En el Tratado Remón-Eisenhower de 1955 se acordó una anualidad de $1,930,000, formalmente un "aumento" de $1,500,000. Pero este “aumento” resultó falso porque en este mismo tratado, EE.UU. hizo que Panamá exonerara de impuestos los licores y cigarrillos importados en la Zona del Canal, una dispensa que superaba de lejos la suma supuestamente aumentada. Una vez más, EE.UU. con una mano nos da y con la otra nos lo quita.

 

EE.UU. recibió cuantiosos ingresos por peajes del Canal, venta de agua a las naves, agua y electricidad gratis para el complejo estratégico, las bases y la Zona, que constituyeron un subsidio de dimensiones cósmicas. Tan sólo en peajes, EE.UU. le pagó a Panamá un total de $74.2 millones entre 1914 y 1979 (75 años). En nuestras manos, el Canal nos dio $1,803.7 millones entre 1980 y 1999 (19 años) y $11,678.3 millones entre 2000 y 2016 (16 años). Washington se enriqueció a costa de nuestra ceguera, quedándose con la gallina y los huevos de oro.

 

Panamá tenía los ojos cerrados cuando EE.UU. nos dejó sin puertos en Balboa y Cristóbal; prohibió la construcción de ferrocarriles; prohibió estaciones de radio y carrOSeteras; la Zona del Canal era dedicada a actividades que no guardaban relación con la operación, protección y mantenimiento del Canal, como el comercio y operaciones del Comando Sur.

 

Mantuvimos los ojos cerrados cuando EE.UU. nos obligó, bajo amenaza de invasión, a cederle a Costa Rica una parte de nuestro territorio; cuando EE.UU. desplegaba actividades contrainsurgentes en apoyo a dictaduras de la región.

 

No, señor Pompeo, debemos abrir bien los ojos para ver, conocer y sentir nuestra historia en el corazón. ¡La de EE.UU. la conocemos en demasía!

 

- Julio Yao Villalaz es Analista Internacional y ex Asesor de Política Exterior.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/196288
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