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Los sismos no matan; el riesgo lo acuñamos socialmente

Información
26/09/2018
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Ruinas del Hotel Regis, 19 de septiembre de 1985
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 § No existe la metodología que permita predecir los sismos

 

§ México se encuentra en una zona eminentemente sísmica

 

§ El Valle de México tiene su propia sismicidad

 

 Xyoli Pérez Campos, Jefa del Servicio Sismológico Nacional (SSN), aseveró de manera contundente que “los sismos no matan. Lo que matan son las decisiones mal tomadas y las construcciones no adecuadas, vulnerables o con daños. En el desierto, por ejemplo, sin ninguna construcción, se presenta la onda sísmica y no pasa nada”.

 

En entrevista exclusiva acotó que “hoy en día no existe la metodología o el instrumento que permita predecir los sismos. Tenemos identificadas las zonas donde pueden ocurrir, las magnitudes esperadas, con cierta incertidumbre. No es que no sepamos nada. Lo que no podemos es predecir; saber exactamente cuándo, dónde y de qué tamaño será el sismo que sigue”.

 

Xyoli Pérez Campos estudió Ingeniería Geofísica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Cursó la maestría y el doctorado en la misma disciplina científica en la Universidad de Stanford. También realizó una estancia posdoctoral en el Instituto Tecnológico de California. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y ha representado a México en la Organización para el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

 

 

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Dra. Xyoli Pérez Campos    

 

¿México se ubica en un territorio eminentemente sísmico?

 

―Así es. Estamos en un contexto tectónico muy complejo, con placas que están interactuando. En el noreste interactúan las placas de Norteamérica y Pacífico. Esto produce sismos como en 2010, en Mexicali. Hacia el sur tenemos la zona de subducción de las Placas de Rivera y Cocos, que se están sumergiendo por debajo de la Placa de Norteamérica, lo cual desencadena temblores muy grandes al estilo del movimiento de 1932, en las costas de Jalisco y Colima, con una magnitud de 8.2, y el de Michoacán en 1985 de magnitud 8.1. La presencia de la Placa de Cocos, a profundidad, puede suscitar terremotos como los de septiembre de 2017.

 

¿Habrá lugares donde no tiemble, por ejemplo, en San Luis Potosí?

 

―No es cierto. También tiembla en San Luis Potosí; es decir, en los estados del centro y norte de México. Nada más que lo hace con menor frecuencia y son sismos más pequeños. Todo el territorio está expuesto. Llega incluso a suceder en el interior como en la Ciudad de México y estados aledaños. Pero son movimientos menores. De baja frecuencia.

 

¿Los sismos se generan por el choque de las placas tectónicas?

 

―En realidad, las placas están en colisión permanentemente. No es que estén separadas y de pronto se encuentran. No es así. Se hallan pegadas. Una se intenta mover y la otra no la deja. Es como si se quisiera arrastrar un mueble muy pesado, pero la alfombra lo impide. No es que el mueble azote contra la alfombra, sino que ahí están ambas cosas. Y lograr desplazar el mueble, es el equivalente a cuando una placa consigue deslizarse. En ese momento ocurre un rompimiento, hay liberación de energía: eso es el sismo.

 

¿Es correcto decir que un sismo fue de “x” grados Richter?

 

―En realidad es un error en nuestro uso del lenguaje. La magnitud no es una escala graduada. No es lineal. Es una unidad logarítmica. Que no es base 10. Por lo que no se puede decir que sea de un grado. Es una unidad de magnitud, de diferencia. Se diría magnitud 8.2 y ya.

 

La escala Richter fue diseñada por el doctor Charles Richter en los años 30, para sismos en California, con la geología de ese lugar, con equipos instalados allá. Después de ello, ha habido muchas calibraciones nuevas, metodologías que no usan aquéllos cálculos. Actualmente hay no menos de 20 formas de estimar la magnitud de los sismos.

 

¿También se habla de la escala de Mercalli?

 

―Mercalli es la intensidad. Es otra cosa. No son sinónimos intensidad y magnitud. La intensidad se refiere a qué tan violento fue el movimiento en el lugar donde me encuentro, la distancia del epicentro y las condiciones locales que permiten la disminución  o amplificación de las ondas. La magnitud tiene que ver con el tamaño del sismo, qué tanta energía liberó en ese rompimiento y cuál fue el área de ruptura.

 

¿Será posible que un terremoto ocurrido al otro lado del mundo tenga alguna repercusión en la geografía mexicana?

 

―No. Hasta ahora, todos los estudios que se han hecho, no arrojan que haya alguna correlación causal de lo ocurrido allá tenga efectos aquí. Hay coincidencias. Pero las coincidencias no implican que sean causa y efecto.

 

Por otro lado, ¿el fracking podría ser precursor de temblores?

 

―El fracturamiento hidráulico implica inyectar algún fluido para provocar un rompimiento y esto es un sismo. Pero son sismos muy pequeños: menores de 2 o de 1.5. Despreciables. Lo que puede generar sismos de magnitudes más relevantes de 4 o 5, ocurre cuando tras el fracturamiento se recupera el fluido usado y se inyecta a lugares inservibles. El concepto correcto es ‘reinyección de fluido de retorno’. Y en algunos casos, geologías y lugares del mundo se han llegado a presentar sismos asociados con dicha actividad, no con el fracturamiento hidráulico; aunque esto no necesariamente ocurre.

 

―¿Qué recomendaciones se deben seguir ante los sismos?

 

―Lo que puedo recomendar es que la ciudadanía se informe y acerque a fuentes fidedignas para saber de qué se trata el fenómeno. Y convivir con él desde un punto de vista informado.

 

Todos los sismos presentan movimientos complicados, erráticos o caóticos. Los hemos encajonado en solo dos direcciones (trepidatorios y oscilatorios), pero todos emiten ondas de diferentes tipos.

 

Para la población en general debo recalcar que no se trata de una cuestión de ciencia y lejana de nosotros. Vivimos en un país con mucha sismicidad. Significa que debemos aprender a convivir con este fenómeno. Para ello se requiere estar bien informados sobre sus características e ignorar fuentes sin fundamento que lo único que causan es miedo. Mejor debemos buscar los datos y la información confiable que lejos de llevarme al susto, me ayudará a prepararme mejor.

 

Es una responsabilidad compartida. Sí debe haber políticas públicas enfocadas a una mejor educación y cultura sísmica. La información que presenta el gobierno, me parece adecuada. Hay iniciativas para mejor la divulgación, sobre todo, en redes sociales. Ahora es nuestra obligación como ciudadanos asimilar y dedicarle el tiempo que merece este tema, con la capacidad crítica para descartar los rumores.

 

***

 

Por su parte, Carlos Gutiérrez Martínez, Director de Investigación del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), coincidió en que México se encuentra en una zona sísmica, razón por la que tiembla continuamente, en diferentes magnitudes, lo cual no va a dejar de ocurrir y tampoco se puede evitar.

 

“No hay ningún lugar del territorio nacional que esté libre de sismos. En el Golfo de México, en Yucatán y Campeche. La diferencia es que en algunos sitios son más frecuentes que en otros”.

 

Convino que los temblores no se pueden predecir y “es mentira que septiembre sea el mes de los sismos”, ya que estos pueden suceder en cualquier momento. “No podemos saber dónde van a ocurrir, cuándo y de qué magnitud”.

 

 

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Mtro. Carlos Gutiérrez Martínez

 

Al participar en el conversatorio “Origen de los sismos y prevención de daños” en el Museo Mural Diego Rivera, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el CENAPRED, explicó que la sismicidad de la Ciudad de México no es un tema nuevo ni artificial. “Se vienen registrando temblores desde hace décadas. El Valle de México tiene su sismicidad propia. No tiembla por alcaldías. Dada la densidad poblacional y la escasa profundidad, los temblores se sienten con mucha claridad. Mas no son precursores de grandes desastres”.

 

Carlos Gutiérrez Martínez es Ingeniero en Geofísica y Maestro en Sismología por la UNAM, representante de México ante la Plataforma Internacional para la Reducción de Desastres por Sismo de la Unesco y miembro del Comité Científico Asesor para el volcán Popocatépetl.

 

Igualmente aclaró que “los sismos no matan. Lo que matan son las toneladas de acero o concreto que nos caen porque alguien diseñó, construyó o usó mal un inmueble.

 

“Tal es el caso del edificio destinado originalmente para oficinas o departamentos; al convertirlo en bodega, lo llenan de sacos azúcar, telas o maquinaria. Pero al no planearse para cargar esa masa, cuando tiembla, se colapsa.

 

“El riesgo no es natural. El riesgo está socialmente construido. Lo hacemos decidiendo mal, ignorando los reglamentos de construcción, al aumentar pisos a discreción y quitar muros de carga. La receta está en construir correctamente.”

 

Aseguró que el edificio de Álvaro Obregón 286, colonia Roma, se colapsó porque fue objeto de modificaciones, no hubo supervisión y al resistir el temblor de 1985, se tenía la idea de que las cosas no pasan.

 

“Pero los edificios no son eternos. Tienen una vida útil. Y eso hay que respetarlo. No como las pirámides de Egipto, hechas para durar tres mil años.”

 

Propuso estar prevenidos, practicar simulacros y, después de un sismo, los edificios deben ser revisados por un Director General de Obra (DRO) y elaborar un dictamen sobre el estado que guarda el inmueble. Omitir éstas recomendaciones lleva a construir el riesgo y a tener las consecuencias que ya conocemos.

 

“El procedimiento para mitigar el riesgo por sismo no es la predicción. Tampoco sirve concentrarse y pensar que no va a temblar. La fórmula es tener un reglamento de construcción y usarlo.

 

“La Ciudad de México tiene muchos edificios dañados y otros no. Está en nuestras manos hacerlos menos vulnerables. No está a nuestro alcance evitar los temblores. Hay que adelantarnos. Debemos ser preventivos.

 

“Sin embargo, en buena parte de estados y municipios del país se carece de reglamentos. Y cuando los hay, no están actualizados.

 

“Además, la construcción de los edificios tienen formas caprichosas, materiales inadecuados, sin refuerzos, columnas ni anclajes; con una arquitectura excedida”.

 

¿Qué hacer?

 

Recomendó determinar en qué zona sísmica vivimos, trabajamos y nos desplazamos, en qué año fue construida la vivienda, a qué código de construcción se apegó; revisar y reforzar los inmuebles, comprar un seguro por sismo, definir las zonas más seguras, asignar tareas en caso de temblor, tener lista una mochila de emergencia (con agua, linterna, latas, documentos básicos escaneados y guardados en USB); así como planear y llevar a cabo los simulacros.

 

“Es posible evitar que los edificios se colapsen. El riesgo lo acuñamos socialmente con ignorancia, omisiones y corrupción.”

 

¿Hasta qué punto el gobierno federal ha sido eficaz en informar sobre los sismos?

 

―Se cuenta con una gran cantidad de materiales y estrategias de difusión. Es muy fácil acceder a materiales ilustrados y sencillos para entender a qué se deben los sismos y en qué consisten. Lo que falta es una campaña permanente, de todos los días, en la que se hable de estos fenómenos de una manera más intensiva. Pero también es necesario que el ciudadano se acerque a dichos materiales. Los jóvenes navegan por Internet durante horas al día; pero ¿cuántos han visitado por algunos minutos la página del SSN, http://www.ssn.unam.mx/?

 

https://www.alainet.org/es/articulo/195561

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