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Elecciones presidenciales: La abstención

Opinión
07/09/2017
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Hay ocho candidatos inscritos para las presidenciales del 19 de noviembre en Chile. Las encuestas (CEP, Adimark, Criteria) anticipan la victoria del derechista ex presidente Sebastián Piñera en la primera y segunda vuelta (17 de diciembre).

 

Los partidos de la convulsionada coalición gobernante, Nueva Mayoría, esperan desmentir las encuestas (Partido Radical Social Demócrata (PRSD), Partido Socialista (PS), Partido Por la Democracia (PPD), Partido Comunista (PC) y el Movimiento Al Socialismo (MAS)). Ruegan que en la segunda vuelta los votos de la demócrata cristiana Carolina Goic, de Beatriz Sánchez del Frente Amplio y de otros disidentes de centro e izquierda se vuelquen a su candidato Alejandro Guillier. Por lo pronto, la opción presidencial más popular… es la abstención.

 

La abstención: “Invitado de piedra

 

La abstención es el invitado de piedra que puede falsear los vaticinios de las encuestas. Pero, según Eugenio Tironi, columnista del derechista diario El mercurio, la alta participación en las primarias de julio augura gran participación en noviembre, a favor de Piñera. Al contrario, Plaza pública-CADEM estima que apenas el 45% piensa ir a votar, CEP indica que solo el 40% está seguro de hacerlo. Un análisis del PNUD, apunta a causas profundas y propiamente chilenas.

 

Creemos que tras la abstención se perfila el desafío del rápido envejecimiento del  sistema político de la mal llamada transición de la dictadura a la democracia, cuya condición necesaria y suficiente para la estabilidad era precisamente la falta de participación. (Ver aquí). Los movimientos sociales tendrían dificultad en canalizar sus reivindicaciones en partidos políticos sin lazos orgánicos con la sociedad, y parecen incapaces aún de formar los partidos correspondientes.

 

¿Ganará nuevamente la abstención, como en 2013? ¿Cómo se explica ese fenómeno? ¿Debe volverse al voto obligatorio? ¿En qué medida es un síntoma de la crisis del sistema político surgido de la transición?

 

El desafío de la abstención

 

Los datos del Servel recopilados en el documento del PNUDParticipación electoral: Chile en perspectiva comparada” describen el sistemático aumento de la abstención electoral desde diciembre de 1989, fecha del retorno de regímenes civiles en Chile. (Para facilitar la lectura, la Tabla está al final del artículo). En las presidenciales de 1989 participa el 87%; en las de 1993, participó el 82%; en las presidenciales de 1999, el 72%; en la de 2005, el 64%;  en la de 2009, el 59%.

 

La tendencia decreciente de la participación electoral es un fenómeno nuevo. Antes del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, con inscripción y voto obligatorio aunque sin verdaderas sanciones, la participación era comparable hasta 2001, de acuerdo a Patricio Navia.

 

La creciente disminución de la participación electoral se atribuía a problemas de la transición incompleta del régimen militar al régimen civil. Se culpaba la ley orgánica impuesta en 1988 por la dictadura de Pinochet. Esta estipulaba la inscripción voluntaria, pero irrenunciable y permanente y el voto obligatorio. Se interpretaba esa disposición contraria al interés de los jóvenes. Ellos no estaban a comprometerse a vida para votar, so pena de pagar multas de hasta 3 UTM.

 

Cada año aumentaba efectivamente la población que optaba por no ingresar al padrón electoral. En 2008, eran 4,5 millones de electores potenciales, fundamentalmente jóvenes excluidos. También se argumentaba que era responsabilidad de los partidos políticos, que no sabían motivar la participación electoral de los jóvenes al no incorporar los temas que les interesan no están en la agenda pública.

 

Inscripción automática y voto voluntario

 

Lamentablemente, la democracia del consenso cristalizó, por relaciones de fuerza en la clase política, en la versión liberal. Bajo Bachelet, se modificó la ley orgánica constitucional  de 1988 de Pinochet  (ley nº  18.556 Orgánica Constitucional Sobre Sistema de Inscripciones Electorales y Servicio Electoral) por la  ley nº 20.337 (marzo de 2009), para permitir el voto voluntario. Bajo Piñera, se completó la reforma con la inscripción automática y el voto voluntario (ley nº  20.568, enero de  2012).

 

Según Víctor Maldonado (Instituto Igualdad) se favoreció la posición de los partidos de derecha y del PDC en la Concertación de entonces. Se trata según el Think Tank derechista Libertad  y Desarrollo favorecer los derechos antes que el deber ciudadano: Son los partidos políticos quienes “deben lograr que las ganancias para los ciudadanos respecto al resultado electoral sean mayores que los costos de acudir a votar”.

 

Ese rol de los partidos no asegura que el voto voluntario lleve a una mayor participación electoral, pero si permite una mayor calidad del sistema democrático. Según Álvaro Muñoz, se trataba de sacar del coma político a la democracia aumentando la incertidumbre y competitividad en el mercado político.

 

Se desdeñaron las advertencias de muchos. En 2004, Samuel Valenzuela, advertía que la experiencia mostraba que el voto obligatorio (como deber ciudadano), asegura la participación electoral: Mientras mayor la sanción, mayor es la participación. Manuel Hadjiconstantis, agregaba que el voto voluntario contribuiría a la desigualdad. Tienden a votar los electores con más recursos económicos y políticos; bajando la participación de los más pobres. Una peligrosa sobre representación de sectores conservadores que aumenta la ruptura entre la sociedad y la clase política. Además, Cristian Leporati argumenta que la exigencia de marketing político presentando los candidatos como productos de consumo

 

¿Remedio equivocado contra la abstención?

 

Las elecciones presidenciales de 2013 confirmaron los temores. En la segunda vuelta la abstención fue de 59%. Ya en la primera vuelta la abstención había ganado con el 50,6%. La mayor abstención de la historia electoral de Chile en una elección presidencial.

 

Las elecciones municipales de 2016 confirmaron la crisis de la democracia representativa chilena. Solo el 34% concurrió a las urnas. 10% menos que el 45% que votó en las elecciones municipales de 2012. La abstención alcanzó 71,32% en la 2ª región.

 

La tabla del PNUD muestra que el número absoluto de votantes siguió disminuyendo aunque  la inscripción automática aumentara el padrón electoral de ocho a trece millones. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2009, los votos emitidos fueron 7.264.135. Bajaron en 2013 a 6,699.011 votantes. ¡Más de medio millón menos! En las elecciones al Congreso ocurrió lo mismo. En las elecciones municipales fue peor. En 2008 votaron 6,959.012 por los alcaldes; en 2012 participaron sólo 5.790,916 (¡menos 800 mil!) y, en 2016, sólo se desplazaron para votar 4,926.297 (¡menos otros 800 mil!).

 

El voto voluntario aumento la abstención como lo temían en junio 2012 Patricio Navia y Belén del Pozo del Think Tank derechista Centro de Estudios Públicos. Juan Pablo Luna había advertido que la inscripción automática y voto voluntario no aumentaría la participación electoral ni la calidad de la democracia. Patricio Navia prefiere atribuirla abstención a diferencias de tipo generacional.

 

Los efectos de la inscripción automática y el voto voluntario, fueron nulos. La ley para el fortalecimiento transparencia de la democracia (20.900) no consiguió limitar la abstención en las municipales. ¿Podrá conseguirlo para las elecciones de noviembre?

 

¿Múltiples causales?

 

La creciente abstención aparece sorprendente en un país de larga tradición electoral, casi ininterrumpida desde el siglo XIX. El fin de los largos 16 años y seis meses de la dictadura de Pinochet se dio en las urnas con la victoria del “NO” en octubre de 1988 (90% de participación) siendo seguido de una transición pactada que estableció el sistema político actual en otro plebiscito, en julio de 1989. Ulteriormente la abstención no ha dejado de crecer. El problema es ciertamente más amplio como señalaba Genaro Arriagada en 2011.

 

Algunos atribuyeron el aumento de la abstención en las municipales de 2016 a la novedad de la inscripción automática y del voto voluntario. Las dificultades en los cambios de domicilio para 485 mil casos según encuesta de Espacio Público  11% se abstuvo por esa razón. Las encuestas no dejan espacio para el optimismo en 2017.

 

Otros la justificaron aspectos coyunturales. En 2013, habría sido la débil candidatura de Evelyn Matthei y la segura victoria de la actual presidenta, Michelle Bachelet que explicaría el aumento de abstención. Según Adimark el 67% cree en retorno de Piñera. La debilidad y la confusión es de los dos candidatos de centro o de izquierda. Ello podría favorecer la apatía electoral.

 

Desprestigio de la clase política

 

La revelación de casos de corrupción contribuyó a la abstención

 

Para otros, la abstención se explica por el desprestigio de la clase política, producto de los numerosos casos de corrupción impune, resultantes del financiamiento irregular de la política (CIPER) la cercanía incestuosa entre el conjunto de la clase política y los negocios. Algunos militaron activamente por la abstención en las municipales de 2016.

 

La encuesta de Espacio público-Ipsos indica que 46% de los electores se abstuvo de votar por los casos de corrupción. El gobierno realizo esfuerzos con reformas para mejorar y modernizar la democracia incluyendo el fin del binominal (Ley de fortalecimiento de la democracia (20.900), Ley de partidos políticos (18.603), Ley de probidad en la función pública y prevención de conflictos de intereses (20.880). Pero las críticas abundan sobre el carácter insuficiente de esas medidas (Igor Roco Cristi; Eduardo Engel, Alejandro Guillier,  El posible éxito de la candidatura de Sebastián Piñera, asociado a corrupción no es la menor de las paradojas.

 

Otros creen que fue un error imponer el voto voluntario. En los hechos, el voto voluntario aparece dañino para la democracia representativa. El voto obligatorio sería más acorde con la tradición republicana en Chile, que inscribe el voto como un deber ciudadano. El derecho de elegir  (de participar) se transforma en deber.

 

Resurge la crítica de la visión liberal que ve el sistema político como un mercado de consumidores.

 

El fracaso en aumentar la participación política con el voto voluntario, recuerda la actualidad de la crítica de la paradoja del votante (el votante racional no tiene razón para votar). El argumento de la reciprocidad resuelve difícilmente ese viejo debate de la teoría liberal del rational choice (Anthony Downs) (elección racional) que aplicó los postulados económicos a la política.

 

¿Restablecer el voto obligatorio?

 

Para hacer más complejo aún el fenómeno, un documento del PNUD, muestra que se trata de un fenómeno propiamente chileno. A diferencia de Chile, en América Latina la participación electoral alcanza cifras promedio del 70,1%. El análisis comparado ubica a Chile como el país den mayor abstención electoral en el mundo.

 

Efectivamente, otros países, con el problema de alta abstención electoral, como Colombia, ven en el voto obligatorio una solución contra esa deslegitimación de la democracia representativa liberal.

 

El senador Francisco Chaúan (RN) presentó en julio de 2015 un proyecto de reforma constitucional para reponer el voto obligatorio, criticando que se construyó una sociedad de derechos y no de deberes. Fue apoyado por senadores de Nueva Mayoría. Sin embargo,  pero no ha sido adoptado para estas elecciones.

 

Por lo pronto, está claro que la abstención jugará un rol importante en las elecciones presidenciales.La persistencia y crecimiento  de abstención en Chile es un síntoma de los problemas centrales del sistema político chileno, calificado en algún momento de transición, pero que ha durado 27 años. Según Claudia Heiss, no se debe confundir el síntoma con la enfermedad del sistema político chileno.

 

La abstención ¿un revelador de crisis?

 

 La abstención reveló la crisis de legitimidad del sistema político.

 

Por un lado, ella se inscribe en la ruptura entre sociedad y política desincentiva la participación política. Como en la cínica frase de Paul Valery: “La política es el arte de impedir que a gente se entrometa en lo que le atañe”. Dejando las elites a cargo. ¿Pero hasta donde puede disociarse, sin que se manifieste la crisis?

 

El movimiento contra el lucro en la educación mostró que faltan canales políticos de expresion de la voluntad popular

 

La corrupción, las promesas no cumplidas. ¿Explican ellas, como dice Arellano y Aylwin la desconexión entre sociedad y política?  O, se trata más bien como argumenta Juan Pablo Luna que la crisis se explica por la fractura de los 90, entre la tecnocracia gobernante y la sociedad. Una gobernabilidad democrática restringida a elecciones y con reglas que desincentivan la participación.

 

Por otro lado, esa ruptura, llevaría a un reclamo contra todo el establishment, incluidos los partidos de izquierda que no son canales de participación ciudadana. Como señala Andrés Figueroa Cornejo, “Los gobiernos civiles pos-dictadura han fundado sus administraciones en la inexistente participación de la población en las decisiones relevantes del país. He allí una de sus causas orgánicas. Incluso los partidos tradicionales chilenos, paulatinamente, se han transformado en ‘bolsas de trabajo’ y abandonado toda vida militante y formación política de sus adeptos con el fin de garantizar una nueva generación de cuadros políticos.” 

 

Se propone como explicación que la abstención está ligada a la nueva clase media conservadora, anómica. ¿Cuál es la importancia de la anomia, que algunos esgrimen como fuente de inmovilismo?

 

 ¿Refundar el sistema político?

 

Chile en 2017, es completamente diferente de 1990 y lleno de contradicciones. Como las acotadas por el informe sobre el desarrollo humano 2017 del PNUD. El sexto nudo revela contradicciones entre patrones culturales meritocráticos que estigmatizan los más vulnerables y, al mismo tiempo critican los abusos de las élites que benefician de las crecientes desigualdades.

 

Por un lado, el consumismo adquirió droit de cité. ¿Desapareció la solidaridad? Los valores modernos, asociados al neoliberalismo mundializado, son contradictorios con los desafíos del siglo XXI en Chile.