Ante la emergencia de la transversalización de género

18/06/2015
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Controlar el cuerpo de la mujer es la mejor garantía para el mantenimiento de las relaciones sociales de producción capitalistas.

 

La génesis de una masculinidad dominante cubana es burguesa. El proyecto de emancipación fue cultivado desde la exigencia de austeridad, autocontención y pertinencia moralista al que debe someterse la diversidad genérica; aún si interactuando con la praxis política socialista en busca de la equidad social. Esa masculinidad dominante acopia poder victimando a los otros y a lo otro por inferiores, en tanto diferentes, y sufraga su socialización distorsionado al grado de cultura política pertinente. Justo en medio de las guerras por la independencia[1](1) se esfumó la posibilidad de la unidad con equidad de lo diverso, por continuidad hegemónica de esa masculinidad dominante dentro del modelo de cultura.

 

1. La masculinidad dominante desde las guerras por la independencia

 

En un estudio sobre los sucesos de Veguitas en 1897, durante una corte marcial contra el general Quintín Banderas, donde le fueron retirados el mando militar y tropas, regresándolo a la zona oriental del país, por actitud indecente o inmoral la historiadora Ada Ferrer analiza, ante la inminente victoria contra el colonialismo español, la inquietud de la oficialidad mambisa (en esencia blanca y de origen burgués), por un “reajuste” al principio de integración racial para la nueva República. Aún bajo especulaciones y a la espera de relatorías esclarecedoras, los acontecimientos que investigó Ferrer, evidencian que la población local exhibía un ascenso considerable en la cantidad de individuos de origen hispano a tenor de procesos migratorios desde la metrópolis española, con el objetivo de superar cualquier desventaja numérica de hombres blancos con relación a la de individuos no blancos, cuidando así la supremacía y control político de la masculinidad dominante sobre el modelo de cultura, condición para emprender cualquier cambio político sin que los descendientes de los grupos tradicionales de poder colonial perdieran posición durante dicho proceso.

 

El caso Banderas manifiesta un conflicto inmanente al modelo de cultura cubano: su nudo socioclasista con lo “racial” –más fenotípico que biológico- y lo genérico, hacía la selectividad de los individuos originarios de la burguesía auto dilucidada heterosexual con propiedad sobre los medios de producción, blanca e instruida para el canon del modelo, no sólo como ciudadanos con plenos derechos en la futura República; a su vez jueces que los administrarían con limitaciones para negros, mulatos y mujeres. Aun si miembros eminentes del Ejército Libertador multirracial. Dicha inteligibilidad política emergía como normativa en el análisis crítico del caso Banderas.

 

No es menester detallar los sucesos analizados por Ferrer, sino sus consecuencias. La generalidad del Ejército Libertador –sus soldados no blancos devenidos oficiales por sus méritos muy bien ganados en combate-, fue subjetivada bajo una férrea subordinación cultural socializada por la sociedad esclavista colonial, que nunca les tuvo en cuenta como depositarios de derecho ciudadano alguno. Desde la década de los sesenta del siglo XX historiadores como W. Carbonell y R. Cepero Bonilla cuestionaron la intención de criollos blancos y de origen pudiente incorporados a la guerra de 1868, de asumir y tratar a los antiguos esclavos o libres –negros y mulatos- como iguales; se enuncian casos en que éstos últimos no perdían dicho estatus de dominados dentro del mismo Ejército Libertador, y de las pugnas que este asunto provocó durante sesiones parlamentarias de la República en Armas. El general Banderas significó el reajuste hacia inferiorización político burguesa en contexto histórico republicano,[2](2) a que fue sometida la masculinidad heterosexual no blanca por los grupos de poder autodilucidados legítimos de la masculinidad dominante. 

 

En las enseñanzas primaria y secundaria entre 1961 y 1969, correspondientes a la asignatura de Historia de Cuba -incluyendo el año del Centenario del inicio de las luchas en 1968- el general Banderas era tratado como un pobre viejo negro, bravo en el combate pero muy bruto, asesinado a machetazos por el gobierno de Estrada Palma, obviando cualquier detalle otro al respecto. Su estatua en el Parque Trillo levantada en 1948 fue, aún después de 1959, casi un espacio de olvido en contraposición con la promoción en programas radiales de la época, dedicados a otras figuras de las guerras de independencia –casi siempre blancos. La normativa impuesta por los grupos de poder pseudorepublicanos tuvo un sentido cultural que se extiende al grado de cultura política, a pesar de haber sido desmantelada la dominación social que la soportaba.

 

Habría que preguntarse si las normativas disciplinarias que le sometieron a consejo de guerra “mataron dos pájaros de un tiro”. Sus faltas lo fueron más por actos abiertos que no pocos oficiales blancos cometían a discreción. Era un conflicto cultural bajo sometimiento político contra la masculinidad inferiorizada por diferente, que cruzó la línea roja de la relación entre el modo de vida de los dominados y el de los dominantes. Éstos últimos le exigían una condición modélico cultural aprendida desde la exclusión histórica, conque reproducir la cultura de los dominadores[3](3) sentando pautas para la clasificación inferior de negros y mulatos combatientes de la gesta, a partir de la primera República de 1902. Los valores que refrendarían el acceso pleno a la condición de ciudadanos descansarían en prerrogativas que la masculinidad dominante se arrogó, en tanto, detentadora del poder para el acopio de capital en las relaciones sociales de producción convertidas en depósitos de la acumulación cultural y a partir de ahí, en componentes activos de la cultura cubana; al margen de los cambios radicales posibles en la praxis política. La Constitución de 1940 quedó atorada en papel gaceta. La hegemonía de la masculinidad dominante en la sistémica política capitalista, implementada a partir de 1902, vinculaba componentes contradictorios entre sí como: independencia nacional con neocolonialismo, fraternidad con desigualdad, reafirmación de unidad como nación con férrea segmentación socioclasista para invisibilización de la diversidad, conciencia de la cultura cubana con racismo. Todo un engendro sopeado en la adhesión al modelo angloestadounidense.

 

Es improbable una integración política sin fundamento cultural en democracia, desde el sometimiento de la cultura al poder político. Ese conflicto se secularizó en el modelo cubano y se extiende hasta nuestros días cuando el sistema político al organizar e inteligir a la sociedad, intentó –en un momento-, interactuar con la acumulación histórica sometiendo a la complejidad y diversidad culturales. El reduccionismo, desde dogmas y actos de dominación disimulada, evade problemas del modelo en su interacción con la acumulación histórica. El discernimiento socioclasista burgués manifiesta una noción del sentido al uso que se localiza en los contenidos de la memoria histórica de la dominación, y se legitima como soporte analítico. La memoria común, sometida a entuertos nos juega una mala pasada tratando de inducirnos a copiar mecanismos mnésicos de la cotidianidad capitalista desde la hegemonía de la masculinidad dominante WASP, para “inteligir” a la sistémica política socialista que busca sustentabilidad para los actos de justicia social contra la desigualdad.

 

Se asume a esa dominación obviando a cualquier componente del modelo o su acumulación cultural que implique aporte de los dominados. Un cariz racializado por machista en su praxis política, aun si parece confrontarlo. El control político sin fundamento cultural profundiza conflictos con la producción de pensamiento –sin excluir consensos temporarios por reformar políticamente al modelo en la unidad nacional. Era improbable que la reproducción burguesa abriese paso a la justicia social. El poder político no puede auto inferirse fundamento cultural, si el modelo no se lo provee mediante su interacción subjetiva (selectiva) con la acumulación histórica; no existe otro modo de actualizar al grado de cultura política socialista pertinente. 

 

2. El enfrentamiento martiano contra la masculinidad dominante imperialista

 

Aun cuando coincidiese con la etapa del interés norteamericano por anexarse a Cuba, manipulando la tensión entre el movimiento independentista -PRC fundado por Martí-, y la metrópoli española, la referencia a los EE.UU. como a una modernidad añorada, pese a las denuncias y advertencias de Martí, era deslumbrante para la burguesía cubana colonial. Su intervención en la guerra casi ganada, y sus imposiciones a la república neocolonial lo atestiguan.[4](4)

 

Por esa vía llegó la masculinidad dominante del canon angloestadounidense racista contra todo lo no "blanco/euroccidental".[5](5) El artículo publicado en el Manufacturer de Filadelfia el 6 de marzo de 1889, con el título “Do You Want Cuba?” firmado por varios políticos republicanos influyentes, era una bisagra entre las características climáticas y culturales de la Isla, tildando a los hombres cubanos de "afeminados" -algo normal, proviniendo de la primera nación que nació capitalista/racista mediante la interacción salvaje entre libertad y desigualdad-, alertando sobre la preocupación de que tales “vicios” pudiesen contaminar a la nación estadounidense. La ofensa fue respondida por Martí en su clásico "Vindicación de Cuba".[6](6)

 

Bejel no percibió que tras esa respuesta Martí plantaba una advertencia precursora en la acumulación histórica no solo cubana, a su vez en la angloestadounidense, que muchos han olvidado. Sus criterios acerca de la sociedad yanqui de la época los dejó muy lúcidos en la prensa de ese país. Sin obviar que mientras menos tentaciones se cernieran sobre Cuba más posibilidades tendría el proyecto emancipatorio encabezado por él, de lograr la compleja y dura independencia y la fundación de la república soñada. Un ciudadano cubano que con derecho moral, cultural y político, él ayudaba decisivamente a crear con su pensamiento y su praxis política en el cenit heroico de sus actos. No podía llegar a más por esa época cuando las revoluciones burguesas, ya eran "cosa casi antigua"; habíamos quedado rezagados de la cadena independentista latinoamericana de finales del XVIII principios del XIX. La independencia cubana se ganaría con esos hombres y sus defectos, pese al reformismo impuesto como doctrina del orden imperialista que se extendía por todo el mundo occidental y allende sus mares.

 

En "Vindicación..." Martí les respondió a los políticos republicanos yanquis, a la metrópoli española y a sus adláteres -desde sus colegas del movimiento y desde sí mismo- mediante una destreza hermenéutica excepcional para su época. Si de ocuparse en exigencias de género u opción sexual se trataba, era suficiente con su excelente texto dedicado a Oscar Wilde. Otra cosa hubiese sido un disparate que obstaculizaría la empresa monumental que ocupaba su vida. En un análisis crítico sobre la saga histórica de la homofobia en Cuba no es necesario estirar tanto el chiclet. La que él vivía era una modernización ajustada a los intereses de la burguesía como única clase en autoproducción, en medio del fetichismo tecnológico capitalista. Que dura hasta hoy. Y de un antiintelectualismo político que corroe no sólo al capitalismo y a sus modos de dominación, a su vez se extendió a otras formas de opresión en proyectos, distorsionados, del socialismo. Tras ese antiintelectualismo político se ocultan el racismo, la homofobia, la degradación de la mujer; y la dominación contra todo lo ajeno a esa autoproducción.

 

¿Quién asegura que Martí cubano culto y joven con experiencia precoz, mucho mundo recorrido y críticamente analizado con lucidez no percibiese algo de lo aquí expuesto por capricho de las intuiciones premonitorias?

 

A principios del siglo XXI, tanto aquí como en los EE.UU., y a través la cultura sometida a su política global esa imagen de la "mujer hombruna" o la del "hombre afeminado" aún son referentes degradantes que biologizados se incrustan en las subjetivades. Quizás desde su punto de vista Martí viese transgresiones genéricas provenientes de la fragmentación causada por esa modernidad rampante acudiendo para rebasarla, a una posible “homogeneidad” circunstancial que la visión poética pudiese proveer. El acopio histórico se manifiesta por sobre esas "imágenes" en busca de equidad en la justicia social; con la mente en la república soñada para la Cuba racista recién salida del esclavismo formal, pero no real. Y contra la subjetividad del dominado colonial diluida en el oropel industrialista angloestadounidense, o en la decadente metrópoli española que da la costumbre del colonizado.[7] (7)

 

Esa suerte de “poeta viril”, modelo para los hombres cubanos de su momento histórico que él mismo asumió con sus consecuencias trágicas, era la respuesta válida que sufrió actitudes de desprecio e ironía dentro del mismo movimiento independentista. Quizás una de las causas que lo empujaron a su temprana muerte en el campo de batalla insurrecto al comienzo de la guerra que se tragó, de un soplo, toda su vida y utilidad de la virtud posibles. No hubo un Oscar Wilde dentro del movimiento independentista. Al menos, hasta donde se ha investigado.

 

La compresión y el respeto a lo diferente contra modo alguno de desigualdad es un acto cultural; mediante praxis política. Encrucijada que iniciaron proyectos de emancipación como el del Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí.

 

La imagen de Martí o Maceo que los iconice “masculinidades apostólicas” muy concentradas en la abnegación y la abstinencia pertinente a la causa; o el comentado por estudiosos, disimulo de la transparencia personal de héroes como Mella que posó desnudo para su compañera Modotti, antes de morir asesinado por esbirros de la tiranía machadista, tensiona la reflexión en curso.[8](8) La subjetivación dentro de esa masculinidad dominante cubana, impedía que –incluimos a sus compañeros de viaje-, su irreverencia contra la oligarquía local de la época pudiese confrontarse con aquellas normas, so pena de ser inferido por lo menos como "bicho raro", en contradicción con el comedimiento y la hipocresía propiciadora de que esa masculinidad dominante cubana, lavase sus "trapos" lejos de la vista pública, al margen de la expansión emocional.

 

La masculinización de lo auténticamente femenino fue alternativa con que “salvar” al género históricamente inferiorizado dos veces: por la autoproducción burguesa, que le impuso ser receptivo de las masculinidades desterradas hacia lo feminizable, y por la hegemonía de la masculinidad dominante dentro del modelo cubano, en el espacio social de la meritocracia liberal. La nobleza de principios de actitud conductual para con la causa emancipatoria, lamentablemente, no libraba a sus mejores exponentes de las normas del canon en contextualidad histórica.

 

3. La masculinidad cubana dominante contra la transversalización de género

 

A partir de la Cumbre de la ONU sobre la Mujer en 1995 se introdujo el concepto de “transversalización de género"(TG), pero aún no existe interacción coherente (efectiva) entre ese proceso a nivel mundial en la académico[9](9) y en la praxis social con la importancia de la mujer en la reproducción (la natalidad) y las condiciones elementales que aseguren un embarazo bien pensado, planificado. Todavía en el mundo actual, generalmente, la imagen del embarazo es la de la precariedad hacia desamparo. No pocos gobiernos mueven propuestas programáticas al respecto, pero los resultados distan mucho de los objetivos a perseguir a favor de la mujer.

 

-La TG no exige el cambio social radical del orden político que ha propiciado los problemas que pretende enfrentar. Incluso, si se ha convertido en un programa de las Naciones Unidas.[10](10)

 

-Pese a todas las definiciones teóricas que se dan, aún queda por precisar qué es realidad la TG y a qué se enfrenta desde los conflictos y expresiones de poder no solo de la cultura del capitalismo, incluso desde orden social diferente a él (socialismo).

 

-Cómo debe quedar esa masculinidad dominante con relación a la TG donde conceptos como democracia o equidad en el caso de las diferencia de género y opción sexual, así como racismo o xenofobia se utilizan pero quedan imprecisos. No se habla de distribución equitativa de poder; más bien de cierta colateralidad que propone un cambio incruento, algunas veces percibido como deshistorizado con respecto a la acumulación que guardan los modos de dominación para la exclusión de la mujer.

 

-Cierta despolitización relativa intenta proponer una “transversalización de género” que evite rozar al acopio parasitario de plusvalía capitalista vigente, no parece eficaz para demoler a la masculinidad dominante en cualquier orden político-social en que ella se exprese. No aparece la condición del cambio radical en la reproducción social, y por ende del sistema y los modos de dominación que la propician.

 

-Debido a la supremacía codicial angloestadounidense –ventaja del inglés estadounidense-, desde su hegemonía como forma expresión de la cultura del capitalismo actual, el término “transversalización de género” parece señalar a una perspectiva anglo en el modo de pensar o discernir a la confrontación contra la masculinidad dominante en cualquiera de sus manifestaciones. Debe tenerse más en cuenta a los estudiosos y estudiosas que desde la centralidad capitalista la abordan críticamente. Y a los movimientos que desde fuera de esa centralidad lo hacen siguiendo la saga académica de aquella.[11](11)

 

-La situación específica de las perjudicadas y los perjudicados en el proceso de la masculinidad dominante originaria de la autoproducción burguesa, como manifestación de un poder cultural y sobre todo político-económico en ocasiones, adquiere una concentración total hasta lo abstracto, o expresa una generalidad imprecisa. Cuando esas formas de dominación son reales pero se manifiestan en una diversidad de circunstancias culturales o sociales. La imprecisión es también ideológica con respecto a una expresión secular del poder.

 

Desde mucho antes de la emergencia de dicho concepto en Cuba los actos de justicia social efectivos, aun en medio del machismo ambiente bien enraizado en la cultura local, han ido dando resultados, pero insuficientes.

 

Las masculinidades se conciben a sí mismas como “colaboradoras” que ven la integración de las mujeres a la sociedad como una concesión que ellos, en tanto “concesores” de ese espacio que parte de su “autoridad” cultural y política. ¿A cambio? de que las mujeres accedan a dicho espacio cargando con todo lo demás que ya traen históricamente encima de ellas, con la menor molestia posible para la masculinidad dominante, de la que no puede echársele toda la culpa sólo a la expansión histórica de la cultura del capitalismo. Hace mucho emergieron variantes socialistas o de izquierdas de esa dominación masculina.

 

Desde una amnesia que responde a los intereses de esa masculinidad dominante a la que se somete el resto de las masculinidades, y un porciento no despreciable de las mujeres, el tema del género en Cuba fue hasta no hace mucho casi tabú: obviemos los tímidos esfuerzos promocionales. A estas alturas de la rectificación radical socialista posible la sociedad cubana está, aún, saturada de “masculinizaciones socotrocas”.

 

La cubana es una cotidianidad (cultura o modelo de sociedad) y una acumulación o totalidad histórica (Cultura) racializada desde una patrimonialidad inserta en la expansión de la cultura del capitalismo a lomos de la modernidad europea; e implica a la norma de una masculinidad dominante que somete a la pugna de poder entre heterosexuales -masculinos autoinferidos como dominantes-, versus no heterosexuales.

 

Ninguna de esas variantes del género quisiera rozar la posibilidad de verse "feminizado" dentro de esa pugna de poder, durante la interacción (subjetivamente selectiva) entre el modelo de sociedad y la acumulación histórica. Sobre todo en espacio público. Mientras no consensuen hacia la politización de la equidad que implica el trato diferenciado a cada cual, son reductos donde cada uno "observa" su propia imagen. Parodiando a un viejo aforismo africano: si los elefantes juegan la mujer sufre; si riñen, también la mujer sufre, porque siempre está debajo. No es de extrañar, que cuando el salario alcanza apenas hasta el antepenúltimo día del mes, y a partir de la deflación que la preeminencia machista sufre en su implicación como "cabeza" de familia, en tanto líder histórico de la manada "civilizada" y a partir del 57% que representa la fuerza femenina especializada dentro del mercado del trabajo en Cuba, andemos pasándonos la papa caliente de la discrepancia ocupacional doméstica, que históricamente era -¿es?- femenina.

 

Todo está en la economía (política) en un momento histórico determinado de la modelización cultural. Este tipo de preocupaciones aparece en los momentos de crisis, de cambios para dicha cotidianidad como la reformulación legal del mercado de trabajo en Cuba, cuando el Estado le abre un espacio al trabajo por cuenta propia, dentro de una configuración política económica donde el "cuentapropismo" era prácticamente abominado. Por causas justificadas algunas y otras no, generaciones enteras durante casi medio siglo han visto en el Estado al único contratador legal en el mercado del trabajo. Lo demás era inferido como "ilegal"; o "anormal". La diversidad en la ocupación laboral se perdió en el pleno empelo estatal. Contra la memoria del orden burgués se reajustó la visión de que ocuparse de lo doméstico, lo "privado" no era trabajo. Naturalizado en la mujer y sus "obligaciones" ella debía -¿debe?-, mantener ese altísimo porciento de ocupación especializada dentro del mercado del trabajo en Cuba, y seguir acarreando con aquellas "obligaciones"; lo que ha provocado un síndrome ocupacional feminizado que la homofobia y su voz segunda, el machismo se han encargado de convertir en "sello" de lo masculino no heterosexual conque tratar de mantener un liderazgo filial resquebrajado, al menos en Cuba; de ahí la insistente “feminización” de lo no contenido en una plaza laboral estatal, teniendo a la mujer como signo de ese colmo.

 

La masculinidad dominante originaria en la autoproducción burguesa, hace y dirige las guerras de agresión; trastorna a los espacios del cuidado personal y filial a través de genocidios y desplazamientos forzados; convierten a las mujeres en trofeos de guerra que se manifiestan a través de sus genocidios: masacrando a los maridos y hermanos, obligándolas a ir hacia donde ellos imponen, y dejándolas a merced de un medioambiente material, social y espiritual diezmado por tales guerras. Es un problema global impuesto por la unipolaridad de la expansión del sistema y la cultura capitalistas. Nuestros problemas locales condicionados por más de medio siglo de bloqueo imperialista angloestadounidense, que obliga a consensuar los actos efectivos de justicia social a favor de la equidad con los remanentes de esa masculinidad dominante.

 

Se cuece en los ciber-debates que la conquista de lo público, lo remunerado, lo que implica poder personal y social, lo tradicionalmente masculino, es lo meritorio y que los hombres "degeneran" asumiendo tareas feminizadas que no tienen más mérito que el de cualquier acto de justicia distributiva; como si lo de ellas fuese una hazaña y lo masculino una obligación. Ese "principio" es masculino dominante apoyado por hombres no heterosexuales, y en general contra la mujer (al margen de su opción sexual de ella). Los enfermeros, los maestros primarios que duran en su ocupación; todos los hombres que asuman un trabajo para cuidar de la salud de las personas, o de las personas en estatus de vulnerabilidad aun si circunstancial como el caso de los niños en las escuelas, todavía son escasos y muy mal remunerados. La gente se acuerda de alguien solo cuando está enfermo y lo necesita para que lo cuide; así con los maestros en las escuelas. El propio Estado (en contradicción con la política de, y los actos efectivos de justicia social) ha, de manera machista, condicionado el proceso; impone contratación preferente de mujeres en esas plazas. Quizás con la necesidad de abrirse al cuentapropismo el modelo de cultura cubano actual, en medio del bloqueo angloestadounidense, los errores locales, la crisis capitalista y la necesidad de deslastrar al erario público de "botellas" inexplicables, se vea obligado a abrir el espacio lo suficiente a los cambios radicales que la necesaria sustentabilidad de la transición socialista exige. Hemos propinado al género femenino, y a lo dilucidado “feminizable” por la patrimonialidad machista una serie de garrotazos históricos sin otro fundamento que ese; ahora no podríamos curar los golpes contra aquellas en testa propia.

 

La atomización identitaria sometida a la masculinidad dominante burguesa que promueve la expansión histórica del capitalismo, crea una apariencia de diversidad y democracia que desbarata al mundo. A pesar de la Merkel, la Clinton o la Rice, la mujer es la primera “enemiga” potencial del sistema capitalista; una mosca insoportable para la plutocracia dentro de la lucha de clases y la guerra cultural.

 

Es básico pero complicado que la diferencia concienciada implica al reconocimiento de la singularización horizontal. ¿Hasta dónde y cuándo? ¿Hasta someterse al team de la dominación? ¿Saben las dominadas y los dominados hasta dónde y cuándo puede tolerar el dominador colectivo? ¿Se puede “inventar” otra cotidianidad social sin equidad política? ¿Es suficiente con un poco de telenovelas y bulla en espacio público?

 

Si de graves riesgos para el avance de la transversalización de género hablamos, debemos admitir que la supra parafilización de la sociedad capitalista descansa en la intersubjetivación popular que denigran a la mujer y a lo masculino “feminizable” sometidos a la masculinidad dominante burguesa. Lo pornográfico, en tanto invaluable índice bursátil,[12] comercializa violencia:

 

“La violencia contra las mujeres [...] [desde la pornografía] está experimentando un viraje hacia la representación explícita del maltrato de la mujer, donde la línea entre el placer y el dolor de esta es cada día es más difusa. “En los últimos tiempos se está viendo un tipo de pornografía más violenta, [...] menos lúdica [...] contra las mujeres [...]; este tipo de prácticas pone en relieve la crisis en la relación entre hombres y mujeres. Todo el poder que ya no se puede ejercer a través del pago de dinero se intenta poner en práctica por otras vías más violentas”. Y es que detrás de la violencia de género se esconde el intento de cercar y limitar las capacidades y derechos de las mujeres” [13](13)

 

Borra el más leve rastro de autoestima porque define a la sumisión “desinhibida” al control del poder de la masculinidad dominante burguesa, donde cualquier signo es mercancía. La mujer es mercantilizada en un espacio público donde los conflictos sociales desaparecen, ante la apertura de lo privado al ojo fisgón. En Cuba la banalización cultural le hace guiños a ese tipo de violencia, que mueve "atracciones virtuales" con alto estándar sexo-sicalíptico de esa producción textil que hace de una mujer madura o de una anciana, remedo de “chica” sex-shop en madurez de guapura, usando piezas de ropa que exponen sus "michelines" precipitados hacia el centro de gravedad para ostentar la bio-decrepitus de una pobreza sometida[14](14). Las tiendas en frontera de Cuba, y la ropa que entra –para comercializar-, ilegalmente al país reproducen a la compraventa ambulante en la periferia global. La crisis interna en la producción de bienes materiales completa el entuerto.[15](15)

 

A la plutocracia global que rige a la masculinidad dominante le urge reajustar el control sobre las mujeres, tras décadas de actos de justicia efectivos en algunas sociedades. No es una cuestión de control homogéneo sobre la natalidad. Sino definir dónde, cuándo y bajo cuál perfil nacerá su nueva mano de obra. Controlar el cuerpo de la mujer es la mejor garantía del mantenimiento de las relaciones sociales de producción capitalistas.

 

La pacificación mental de las sociedades es un modo de coerción cultural desde la dominación imperialista sustentado por otros, como la deformación de los valores del trabajo como relación social de producción y la reproducción social en general. Lo anterior sería improbable sin ese reajuste del control sobre las mujeres. Las relaciones sociales de producción entran en ello. El consenso con el dominador deviene en sumisión al modo en que éste ha mercantilizado la vida del dominado.

 

La cosificación de la diversidad de géneros, ciertamente es harto problemática. La no heterosexualidad intenta consensuar lo no negociable con la masculinidad dominante por hegemónica, evitando enfrentamientos directos con ella. Es risible pensar que las mujeres en algún lugar del mundo pueden hacerle la "guerra" a cualquier variante de masculinidad y ganarla sin invaluables costos y sacrificios, en un mondo controlado por el poder desterritorializado de los genocidios y de los generales "machos" de los ejércitos imperialistas. Y los delincuentes, bien remachos, que lideran los carteles de la droga y los "negocios" cuestionables a nivel internacional. Los "machos" andan muy preocupados en acabar con la Civilización. Y en desbaratar a los otros. La transición socialista o desmantela a la masculinidad dominante histórica, o será más de lo mismo. La cuestión de la equidad de género y las identidades es un problema político o no lo es.

 

Resumen:

 

El enfrentamiento contra los modos de dominación y desigualdad dentro del modelo de cultura cubano en articulación con su acumulación histórica, es el resultado de una evolución consciente, sobre todo política, en medio de las constantes crisis sistémicas del capitalismo, cada vez peores. Y de los errores, desviaciones y desajustes que experimentaron las propuestas históricas anticapitalistas (los elefantes jugando o riñendo encaramados sobre las mujeres). El proyecto socialista cubano puede ser la oportunidad para abatir ese trastorno histórico de manera orgánica.

 

Luchar por la equidad de lo diverso en la totalidad social exige no solo el cambio social radical -lejos de los entuertos de la “tolerancia”.

 

Para la implementación y avance de la TG, las proporciones y las desproporciones deben ser procesadas dentro de un grado pertinente de cultura política, democráticamente empoderado y en la equidad social y el grado de la dignidad humana que sean capaces de garantizar; sobre todo para la mujer. La libertad se expresa en ese modo de; para escoger quién se desea ser. Y que sea respetado

 

El proyecto socialista cubano, recién, y no sin arduas contradicciones y entuertos comienza a desbrozar ese camino pese a fuertes remanentes de esa masculinidad dominante burguesa que le resta contra la diversidad genérica. Las personas deben subjetivarse ciudadanas y ciudadanos libres desde su misma individualidad. Cualquier otra alternativa va hacia un modo de dominación que pugnará su control sobre las relaciones de poder en beneficio de una clase, un grupo y un estrato determinado. No es negando los modos de expresar la individualidad subjetivada, dentro de un modelo de cultura o sociedad, sino asumiendo a lo diverso sin que implique forma alguna de desigualdad o ruptura del compromiso ciudadano.

 

 

Bibliografía

 

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Ximena Solar y Gloria Ochoa. Género y políticas públicas: ¿camino a la transversalización? | Germina...

http://www.germina.cl/secciones/articulos/genero-y-politicas-publicas-...

 

 

 

 

 

 



1. Ver: Fernando Martínez Heredia. "La diversidad social no es una debilidad de la nación sino una instancia muy importante de su riqueza." Palabras en la inauguración de la Comisión por el Centenario de la fundación del Partido Independiente de Color. La Jiribilla. Año VI La Habana 2 al 8 de FEBRERO de 2008.  http://www.lajiribilla.cu/2008/n352_02.

 

2 El poder político sometiendo a los culturales hasta despolitizarlos se expresa en ésta reflexión Ferrer cuando comenta que: “Bandera cuenta con la dudosa distinción de ser tal vez el único héroe de la independencia que sirve también de diana al humor racista: un patriota que es también ladrón, haragán y mujeriego, un hombre sin cultura y cuya negrura lo volvía incapaz de reproducir los sonidos básicos de la lengua española. […] Participó en la Guerra Chiquita de 1879, y después de presentarse a las fuerzas coloniales le enviaron a una cárcel española al norte de África (Ceuta), y allí, a sus cuarenta y tantos años, empezó a aprender a leer y a escribir. En 1895, [...] fue, junto con Antonio Maceo y Máximo Gómez uno de los tres líderes que protagonizaron la famosa Invasión de Occidente. En 1897, a pesar de su prominencia –y en algunos sentidos quizás por causa de ésta-, fue sometido a consejo de guerra por su propio ejército. Se le despojó de su comandancia y, en contra de sus soldados, se le envió al Este, a Santiago de Cuba, a esperar nuevas órdenes de sus superiores. En agosto de 1898 la rendición española lo halló en esa misma posición de incertidumbre: solo, rechazado, y desairado en el momento de la victoria rebelde [y estadounidense] […] su ya dudosa posición después del consejo de guerra, empeoró considerablemente a partir de la inauguración de la República de 1902. El nuevo gobierno le negó el pago completo por su servicio en el ejército y se negó repetidamente a ofrecerle un empleo adecuado. Su posición económica en 1902 era de hecho tan precaria, que se sintió obligado a enviar circulares solicitando ayuda económica, mediante trabajo o dinero. […] Poco antes de las elecciones de 1905, el presidente cubano Tomás Estrada Palma le dio a Banderas un trabajo como basurero en la ciudad de La Habana, empleo que según se decía desarrollaba con su uniforme militar, incluidas las estrellas de general.” Ada Ferrer. Obra citada. Págs. 142-144.

 

3 Cuando “los acusadores de Banderas cuestionaban su condición de patriota culto; entregándose a las necesidades sexuales las normas de hombría civilizada, que requerían la contienda y la abnegación; lo presentaron como a un hombre inmoral, degenerado, que manchaba la pureza de la nación”  Ada Ferrer. Obra citada. Pág. 148.

 

[4] "para finales de la década de 1880 y principios de la de 1890, los Estados Unidos estaban muy encaminados a convertirse en una potencia mundial con aspiraciones imperialistas, lo cual acarreaba una intensa preocupación por la masculinidad y por lo que algunos líderes norteamericanos percibían como el peligro de la homosexualidad." Emilio Bejel. Antecedentes de la homofobia cubana contemporánea. Centro Teórico Cultural CRITERIOS. http://www.criterios.es

 

[5] "hay que subrayar aquí la preocupación que tenía el propio Roosevelt con la cuestión del “afeminamiento” de los hombres de ese momento. [...]. En cuanto a Cuba se refiere, la acusación fue directa y generalizada." Emilio Bejel. Ibídem. 

 

[6] De la que el autor de referencia toma un fragmento para su análisis. Y extrae como “conclusión” suya, que "la respuesta de Martí es extremadamente defensiva ante la acusación de los poderosos norteamericanos. Se debe notar que Martí, por una parte, evita usar términos injuriosos al referirse a los hombres “afeminados,” y, por otra, adopta una estrategia discursiva que dirige la culpa de ese “mal” hacia el gobierno español: los colonialistas españoles son los que han corrompido a nuestra sociedad con su mal gobierno"; y agrega que "en el texto de Martí, el tema del supuesto afeminamiento de los cubanos queda suspendido en una pregunta retórica (“are we to be considered as the Manufacturer does consider us, an ‘effeminate’ people?”) Y una negación implícita (“These ‘effeminate’ Cubans had once courage enough…”)."  Emilio Bejel. Ibídem

 

[7] Aun cuando Bejel reconozca "la compleja posición de Martí al tratar de construir, por una parte, una imagen del ciudadano cubano (que aún no existía) en medio de las luchas contra el colonialismo español y la amenaza del neocolonialismo norteamericano, y a la vez relacionar tal concepto con su idea de modernidad" Emilio Bejel. Ibídem

 

[8] Ver: Julio César Guanche. El continente de lo posible. Un examen sobre la condición revolucionaria. Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello. Ruth Casa Editorial, 2008. Págs. 87-89

 

[9] "el feminismo académico y reformista ha abandonado la cuestión de la construcción del poder revolucionario por las mujeres organizadas de manera independiente. Como ha denunciado Lourdes Méndez, hay que preguntarse por qué y cómo el institucionalismo, los poderes, las estructuras burocráticas han logrado hacer desaparecer «por arte de magia del panorama político» al feminismo, reduciendo e integrando cualquier problemática a una simple «cuestión de género»." Iñaki Gil de San Vicente. ¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL? Libros libres. Rebelión.138pp. http://www.rebelion.org   

 

[10] En: Programa Transversalización de Género - Delegación T... http://www.tlalpan.gob.mx/index.php/multimedia/boletines-informativo...

 

[11] "se instaló la reflexión sobre la imposibilidad de que las desigualdades fueran vencidas meramente a través de medidas compensatorias. [...] se comienza a construir la noción de “gender mainstreaming”, lo que significa cuestionar la corriente principal de las políticas públicas e instalar la cuestión de género en ellas. [...] Esta idea se traduce originalmente al español como “transversalidad de género” [...] las formas políticas que han tomado el mainstreaming y la transversalización a lo largo del tiempo y en los diferentes países de habla anglosajona y castellana implican que ambos términos no sean siempre intercambiables". En http://www.dhl.hegoa.ehu.es/recursos/search?

 

[12] "la economía global se apoya en cinco “pilares”: el comercio del petróleo; el comercio de las armas; tráfico de drogas; comercio con el oro y los metales preciosos; la prostitución y porno-business." Andrei Fúrsov. La corporación-Estado. Informe presentado en la reunión del Club “Plaza Roja”. Traducido del ruso por Arturo Marián Llanos. En: Andreyfursov.ru. http://andreyfursov.ru/news/gosudarstvo_ono_zhe_korporacija/2008-01-01-6

 

[13] Silvia Federici. “El sistema busca controlar dónde, cuándo y con qué perfil nacerá su nueva mano de obra”. Máspúblico.com. 25 nov. 2012.  http://maspublico.com/2012/11/25/el-sistema-busca-controlar-donde-cuando-y-con-que-perfil-nacerasu-nueva-mano-de-obra/

 

[14] "Hoy en día, las clases altas han impuesto sus valores y su modelo y han desarmando, completamente, toda la hostilidad que podía quedar en su contra [...] [existe] una imagen de la sociedad cada vez más despiadada donde se adula la riqueza sin ninguna distancia crítica. Solo queremos parecernos a ellos…"  Ver: Wassim El Golli. Belleza fatal: Las nuevas caras de la alienación femenina. La Haine. 22/1/2013. http://www.lahaine.org.

 

[15] Fowler comentó: "En Alemania, alguien me dijo que en Cuba las mujeres se visten como prostitutas, y efectivamente, la ropa que se usa aquí, en aquellos lugares es de prostitutas." Víctor Fowler En: El erotismo en la cultura. Panel de discusión realizado el 24 de abril de 2008, en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/170483
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