"La escuela, entre la permanencia y el cambio"

20/05/2015
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            Instalar en materia de diversidad sexual y educación, el 17 de mayo como Día de Lucha Contra la Discriminación por Diversidad Sexual e Identidad de Género, sigue siendo una tarea pendiente. Independientemente de las leyes y resoluciones jurisdiccionales que establecen el día 17 de mayo como "Día de Lucha Contra la Discriminación por Orientación Sexual o Identidad de Género", e incluso celebrando los proyectos de Ley que buscan establecer dicha fecha a nivel nacional, sigue siendo un desafío convertir la efeméride en una instancia viva, presente, y de trabajo colectivo, consciente y cargado de sentido.  El 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud quitó la homosexualidad de su listado de enfermedades. Claro que es importante esta fecha y lo que de ella se desprende. Y esta fecha es invisibilizada año tras año mediante la falta de acciones concretas. La falta de actividades y campañas son la voz de una manera de entender el mundo, la educación, la sociedad. También son la voz del desconocimiento, del miedo, del no saber cómo resolver aquello que pudiese suscitarse.

 

            La educación es política, es un acto político. Ese acto está en estrecha relación con algunos posicionamientos frente a supuestos que subyacen en nuestras prácticas, y también en nuestros lenguajes. En el discurso, en la manera de plantear y visibilizar algunas cuestiones, la diversidad está todo el tiempo.

 

            Las leyes que tenemos son el resultado de la lucha, traen consigo el trabajo de mucho tiempo, de muchas compañeras y de muchos compañeros, de quienes quizás no sabemos ni el nombre, que se han puesto una máscara para ir a la primera marcha del orgullo o que fueron desaparecidos simplemente por su elección sexual en la dictadura... Es aquella militancia, la de ayer, y la de hoy, la que hizo posible la concreción de estas normas. Lo que es necesario advertir es que aunque la norma es ante todo una herramienta para regular nuestra convivencia democrática, es una condición necesaria pero nunca suficiente para que ello ocurra. Existe una distancia entre las conquistas en materia de ampliación de derechos y la transformación cultural que las mismas leyes demandan en los territorios cotidianos de nuestra sociedad. Y esa es la disputa más desafiante en estas horas. Salir a batallar con las injusticias al mismo tiempo que generamos debates allí donde impera el silencio, ese ensordecedor silencio de que las cosas sean como venían siendo… injustas, sexistas, masculinocéntricas, de dolor y humillación para que quien no puede expresar y vivir con libertad su propia, necesaria y legítima decisión personal.  Romper el silencio de quien coincide pero mejor no debate porque sigue sobrevolando esa idea de “yo argentino” o “no te metas”. Sentido común hecho carne en los modos de decir y pensar que condicionan el hacer. A ese sentido común o mejor dicho a esa falta de sentido de lo común, debemos contraponerle reflexión, abrir los puntos de vista, poner sobre la superficie aquellos que estuvieron invisibilizados (y siguen estándolo) en los medios masivos de comunicación, en las escuelas, en la fila del banco o del supermercado. Porque ser neutral no es más que confirmar con el “yo no me meto” la distribución tradicional de poder en las relaciones sociales, siempre sujetas a contexto, a riesgo de simplificar y/o reducir a cuestiones binarias asuntos que son mucho más complejos. Lo masculino sobre lo femenino, lo heterosexual sobre lo homosexual, lo mercantil sobre lo estatal, lo civilizado sobre lo bárbaro, y podríamos seguir.

 

            Que aún existan boletines de calificaciones que solo le confieren autoridad al padre, encargado o tutor, desconociendo otras autoridades en las familias, que haya que acompañar a una compañera docente trans porque la escuela no le cambia el nombre en el libro de firmas, o que una estudiante trans de una escuela secundaria no pueda ir al baño de mujeres, o que una docente le diga a una colega en su escuela: “todo bien pero vestite de varón para venir a dar clases”, nos indican que debemos profundizar la lucha y los conquistas logradas, seguir cada caso, lograr concreciones, no solo declaraciones. Que la agenda educativa cite una Ley y que eso no garantice llenar de contenido la letra escrita y normada, que en la mayoría de las aulas esta fecha pase inadvertida, que no merezca palabras alusivas, ni carteleras, ni conversaciones enriquecedoras. Que aún circulen notas encabezadas “Señores Padres” y se sigan colgando láminas estereotipadas. Todo esto nos habla de nuestro enorme desafío ante tanto construido. Podemos mucho cuando podemos dar lugar visible y reconocible a los diferentes modelos de familias. Podemos mucho cuando en lugar de preguntarle a nuestro estudiante varón si tiene novia le preguntamos si está saliendo con alguien. Podemos mucho cuando habilitamos juegos en el patio que superen o pongan en crisis los modelos estereotipados de género. Podemos mucho desde la palabra dicha, desde las acciones concretas, desde aquello que se devela en simples y cotidianas acciones. O acaso no es posible preguntarnos por qué nos formamos en hileras y esas hileras en lugar de ser mixtas están clasificadas por género. Reproducimos lugares comunes, formas aprehendidas, sin preguntarnos, cuando ya preguntándonos se habilita mucho de lo que podemos hacer.

 

            Quienes ejercemos en la educación como docentes tenemos deberes que están establecidos por las funciones que desarrollamos dentro del sistema. Existen normas públicas, el diseño curricular es una norma pública que orienta en torno a los contenidos a enseñar, de modo tal que no se trata que cada maestrito/a con su librito. Y donde está nuestra función está nuestra tarea. Y en esa tarea que desarrollamos está el derecho de nuestras estudiantes y nuestros estudiantes... el derecho a formarse y a estudiar, y a ser respetados justamente en la totalidad de sus derechos. Somos responsables por y ante cada uno/a de nuestros/as estudiantes. Nuestra ley es de avanzada, y el desafío es hacer un trabajo cultural para acompañar esa transformación. Y ahí está nuestro trabajo como educadores. Visibilizar, decir, hacer, construir opciones que desde el cotidiano van construyendo transformación y habilitando las diferencias en el aula.

 

La escuela es ese fabuloso lugar que se encuentra debatiéndose entre la permanencia y el cambio

 

Somos herederos de una autoridad patriarcal, de un siglo XX asaltado por dictaduras y neoliberalismos con botas y con votos. Fuimos formateados con la premisa del porque te lo digo yo, de la obediencia debida, de amnesias para sostener lo mismo y desigual de una escuela que ha sido herramienta de dominación autoritaria.

 

            Pero también somos herederos de los movimientos emancipatorios que han hecho de la escuela un territorio de luchas, contradicciones, de libertad y justicia. Del espíritu de Simón Rodríguez, de las escuelas para mujeres de Manuel Belgrano, de la impronta de las Juana Manso, del Loco Carlos Vergara desafiando el autoritarismo medicopedagógico disciplinante de la escuela del “orden y el progreso”, de la escuela nueva, de las hermanas Cosettini, de Paulo Freire y las pedagogías libertarias, del Maestro Iglesias y el supervisor Cabrera, de la Mocha Cellis, de Los Isauro y las Maldonado. Hoy se sigue inscribiendo transformación emancipadora en aquellas y aquellos docentes que eligen otros textos para ser leídos y también para ser escritos, en territorios amigables y también en los hostiles, porque creen en aquellos que los antecedieron y en aquellos con quienes construyen conocimiento y convivencias. Hoy existen en las aulas, los pasillos, las salas de reunión de docentes, los patios, quienes dejan ver lo invisibilizado, quienes habilitan la multiplicidad y la diversidad, quienes en lugar de desatender un conflicto probable, dan espacio para que el mismo pueda surgir y volverlo conversación, buscar formas de solución.  Darles visibilidad a estas iniciativas y tan valiosas prácticas transformadoras es practicar la autoridad como confianza y posibilidad, es aumentar a los otros y en este caso, potenciar, hacer visible y legible las maneras en que muchos y muchas colegas hacen justicia de género, que es justicia curricular, educativa y social. Somos porque otros fueron, y mucho ha sucedido entre aquellas y aquellos que con máscaras asistieron a una primer marcha del orgullo y estas palabras que compartimos, mucho ha sucedido entre quienes fueron desaparecidos y torturados por sus elecciones en tanto orientación sexual o identidad de género y las leyes que estamos citando cada que vez que referimos a estos temas, mucho entre Carlos Jauregui y su lucha y la gran cantidad de organizaciones,  sindicatos y docentes que hoy hacen de la diversidad una bandera cotidiana.

 

Educar es elegir, elegimos la escuela del cambio, ¡elegimos democratizar la democracia!

 

Emiliano Samar

Profesor de enseñanza primaria

Actor, docente y director teatral

Presidente de “Educación por la Diversidad” y Referente de UTE DIVERSIDAD (Unión de Trabajadores de la Educación)

 

Gabriel Brener

Profesor de enseñanza primaria

Especialista en gestión y conducción del sistema educativa y sus instituciones

Subsecretario de Calidad y Equidad Educativa, Ministerio de Educación de la Nación.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/169740
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