4 mil mujeres unidas por la verdad, la justicia, la reparación integral y la reconciliación

15/12/2006
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  • Opinión
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“La cultura es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso.

Un proyecto cultural sensible y bien orientado (…) puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo, mientras que un proyecto cultural en el que las pezuñas sustituyan a las alas puede (…) adormecer a una nación entera.

El arte y la cultura son escuela del llanto y de la risa, son una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas o, explicar con ejemplos vivos, normas eternas del corazón y del sentimiento humano”.

Federico García Lorca


El domingo 10 de diciembre, Bogotá vivió una experiencia que de seguro se quedará grabada en la mente, la piel, el corazón y los sentidos de todos y todas. Convocamos a 4.000 mujeres y 2.000 atendieron el llamado. 2.000 mujeres unidas, 2.000 cuerpos, 2.000 corazones abiertos, 2.000 hermosos seres humanos venidos de distintos rincones del país, 4.000 manos juntas y dispuestas conformaron un MONUMENTO VIVO POR LA DIGNIDAD Y LA MEMORIA, el cual se extendió a lo largo de 4 kilómetros sobre la carrera 7ª --una de las principales vías del Distrito Capital--, para reivindicar la vida, para hablarle al alma de las colombianas y los colombianos, para incitarlos e incitarnos a pronunciar dos palabras simples pero contundentes: ¡NUNCA MÁS!

La preparación y la realización de esta jornada histórica fue una lección profunda de generosidad y de grandeza de quienes de alguna forma se hicieron cómplices de ella, y también una oportunidad maravillosa para empezar a zurcir nuestro deteriorado tejido social con hebras hechas a base de confianza y de afecto. Fueron necesarias muchas manos para instalar las 4.000 sillas que unieron la Plaza de Bolívar y el Parque de la 93; muchas horas de trabajo para pintar los 4.000 ladrillos blancos que se ubicaron sobre el carril oriental de la carrera 7ª, y para inscribir en ellos los nombres de 4.000 colombianos y colombianas que emergieron del olvido y que se resistieron a perderse en medio de los huracanes de la violencia, la guerra y la venganza; fue necesaria mucha paciencia para cocer las cintas blancas que pendieron de las 4.000 sombrillas negras que se utilizaron en la jornada; mucha laboriosidad para construir las 4.000 cruces blancas, y para cortar las 4.000 pañoletas negras que hicieron parte de la simbología con la que quisimos hablarle a la ciudad y al país; fueron muchas las alegrías agolpadas y también muchos los momentos duros.

Trabajar juntos, superar juntos las adversidades, hizo florecer las solidaridades, permitió que brotaran un sinnúmero de sentimientos bellos e hizo que adquirieran valor y vitalidad las palabras de William Ospina cuando nos mueve a despertar a nuestros muertos; por eso, cuando apareció la angustia, siempre contamos con la sonrisa de Jaime Garzón y la magia de Afranio Parra animándonos a no desfallecer, cuando sentimos que la tarea desbordaba nuestras fuerzas, nos llenamos con la capacidad de entrega de José Antequera y de Luis Eduardo Guerra, cuando parecía que los obstáculos eran insalvables, nos llegó vivo el ejemplo y la perseverancia del maestro Eduardo Umaña Mendoza, de Mario Calderón y de Elsa Alvarado y también la compañía y la palabra fraterna de Ingrid Betancur, de Clara Rojas, y la de todos aquellos y aquellas que a pesar de las distancias, las jugarretas de los constructores de laberintos y las trampas de quienes han inventado minotauros insaciables para atemorizarnos, viven y permanecen intactos en nuestro interior y en la certeza de nuestros afectos.

¡NUNCA MÁS!, logró hacerse realidad gracias al esfuerzo de muchos y de muchas. Fueron casi 30 las organizaciones que, junto con la Dirección de Derechos Humanos de la Alcaldía Mayor de Bogotá, se animaron a movilizar a las ciudadanas y ciudadanos con una propuesta estética orientada a posicionar en la agenda de la ciudad y del país un asunto de carácter político: la reivindicación de nuestro derecho personal y colectivo a la Verdad, la Justicia, la Reparación Integral y la Reconciliación; lo hecho es un acto fundamental de resistencia civil a la desmemoria y a la indolencia, resistencia a la impunidad y a la manipulación, resistencia al olvido y a la injusticia, resistencia encarnada en los 200 integrantes de la Guardia Indígena que se vinieron desde el Cauca y que entraron marchando para reivindicar la dignidad de los hombres y mujeres jóvenes que mueren a diario en los cerros de Cazucá y Ciudad Bolívar, resistencia representada en las 120 mujeres que desde el Corregimiento de La India en el Magdalena Medio Santandereano llegaron a Bogotá para resaltar el valor de la memoria histórica; resistencia enraizada en la exaltación de la solidaridad, esa costumbre nuestra de hermanarnos a pesar de la barbarie y que se expresó en las más de 500 mujeres que viajaron desde Buenaventura, los Montes de María, Ibagué, Villavicencio, el oriente antioqueño, el Líbano, Medellín y Puerto Berrio, para conjugar su voz con la de quienes atendieron este llamado del amor.

En los ladrillos blancos podía leerse la otra historia del país, la que no se enseña en las escuelas, la que no está escrita en pergaminos sino en la piel de la gente: cinco candidatos presidenciales que encarnaron la voluntad popular y no los intereses de quienes siempre han hecho y desecho con nosotros y nosotras: Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán, maestros como Darío Betancourt y Alfredo Corre de Andreis, defensores de los Derechos Humanos como el maestro Héctor Abad Gómez y Alirio Pedraza, sacerdotes como Monseñor Isaías Duarte Cancino y el padre Álvaro Ulcué Chocué, jóvenes casi anónimos como Jaime Pardo Hernández, Olga Lucía Galeano o Víctor Alfonso Lara, comuneros indígenas que murieron defendiendo su territorio y su cultura como Crsitóbal Secué y Pedro Coscué, juristas como Alfonso Reyes Echandía y Carlos Medellín Forero, proyectos de vida quebrados como el de Fernando Lalinde Lalinde y Andrés Escobar y, miles de historias inconclusas como la de Carlos Augusto Rodriguez Vera, Cristina del Pilar Guarín Cortes, Bernardo Beltrán Hernández, Gloria Stella Lizarazo Figueroa, Luz Mary Portela León, David Suspes Celis, Hector Jaime Beltrán, Ana Rosa Castiblanco Torres, Lucy Amparo Oviedo Bonilla, Gloria Anzola de Lanao, Norma Constanza Esguerra Forero e Irma Franco Pineda, y un sin fin de colombianos y colombianas desaparecidos, asesinados y secuestrados más.

Poco a poco, las sillas fueron siendo ocupadas y las que se quedaron esperando que alguien se animara a imprimirles vida, se convirtieron en un símbolo igualmente contundente. “Cuanta soledad sentí frente a esas sillas vacías” –-dijo un transeúnte desprevenido--, “Ver esa silla vacía, con esa tela negra encima y esa cruz blanca, me hizo recordar que hay miles de víctimas cuyas familias no han podido siquiera llorarlas, reclamarlas o asumir el duelo que demanda su partida” –-sentenció una mujer entre sollozos--, “Esa silla vacía fue como el símbolo de la verdad y la justicia que aún estamos esperando” -–aseguró una mujer que se acercó para observar qué querían decir esos ladrillos y esas sillas sobre la calle--.

Lo cierto es que poco a poco se fueron haciendo presentes las hermanas, las esposas, las amigas, las compañeras. Mujeres mayores y mujeres jóvenes, mujeres blancas, negras, indígenas, gitanas, mujeres del campo y mujeres de la ciudad, mujeres que viajaron hasta 20 horas para encontrarse nuevamente con los suyos, mujeres que trajeron las fotos de sus seres queridos para recordarnos a todos que no podemos permitir que se pierdan en el olvido, mujeres que llegaron buscando sus amores entre todos aquellos nombres y que luego de una hora empezaron a marchar hacia la Plaza de Bolívar y hacia el Parque de la 93, acompañadas por la Guardia Indígena y por los latidos de su corazón abierto, mujeres que a su paso lograron enmudecer por un instante el ruido de la calle, mujeres que con su andar pausado hicieron detener a las y los transeúntes y que al entrar a las plazas hicieron brotar lágrimas de nuestros ojos, lágrimas que nos recordaron que debemos insistir en revalorizar la vida y trabajar para que la justicia garantice la restitución de la dignidad perdida.

Una vez en las plazas, y gracias al Acto Interreligioso por la Vida oficiado por las y los representantes de la iglesia católica, evangélica, y por los líderes espirituales de la cultura hebrea, árabe, budista y por los mayores de nuestras comunidades indígenas, ¡NUNCA MÁS! se convirtió en una plegaria, un lamento, un reclamo, un ritual, una exigencia, un alarido a favor de la no repetición de prácticas como el homicidio, el secuestro, la desaparición forzada, el desplazamiento y la impunidad y, gracias a la palabra de las mujeres, se tornó luego en un clamor ciudadano que se unió al que vienen haciendo las víctimas de la violencia, el conflicto armado y la guerra sucia; al que vienen jalonando con dignidad nuestras comunidades indígenas, campesinas y afro-descendientes; una exigencia que se hermanó en su esencia con la de las y los estudiantes, las y los trabajadores, las y los maestros, los y las que se reclaman y se asumen LGTB, las y los pobladores de los barrios populares y la de todos aquellos y aquellas que conforman lo que Jorge Eliécer Gaitán llamara el País Nacional, es decir, aquellas y aquellos que suelen ser vistos y asumidos tan solo como una cifra, un registro mudo, un indicador, o una minoría inexistente.

Fueron muchas las lecturas que produjo por parte de las ciudadanas y ciudadanos este MONUMENTO VIVO POR LA DIGNIDAD Y LA MEMORIA: tristeza, impotencia, deseos de seguir adelante, melancolía, amor por la vida, ganas de seguir luchando: “¡No podemos ni debemos olvidar!”, “¡La indiferencia es una tragedia más grande que la que están sembrando la guerra y la impunidad!”, “Siento una gran tristeza al observar la imagen que deja la guerra a su paso”, “Tenemos que unirnos para insistir. No podemos renunciar a la memoria”, “A mi esposo lo desaparecieron hace 2 años y, desde entonces, mi corazón siempre está triste. Por favor no más ¡NUNCA MÁS!”, “Siento una profunda tristeza, es increíble que haya que hacer esto para que veamos lo que no queremos ver”, “No más... NUNCA MÁS... Ni una víctima Más...”, “Sabía que en el país mataban y que desaparecían personas, ¡pero no sabía que eran tantas!”, “Justicia para todos los que están representados en esos ladrillos”, justicia..., escribo esta palabra y recuerdo la imagen de un padre arrodillado junto al ladrillo blanco que recordara el nombre de su hijo asesinado en Altos de Cazucá el 16 de febrero de 2004, cierro los ojos y puedo verlo escribiendo entre sollozos: “hijo mío, espero que haya paz en tu tumba. Señor Dios todo poderoso, pido clemencia para todos estos espíritus y por favor, no dejes libres a los asesinos”.

Al final de la jornada, ¡NUNCA MÁS! se convirtió en poema y en canto colectivo, un canto colectivo que con la voz de Víctor Heredia como fondo, evocó una vez más el ejemplo valeroso de las Madres de Plaza de Mayo: “Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos… a pesar de golpes que asestó en nuestras vidas el ingenio del odio desterrando al olvido a nuestros seres queridos. Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos… que nos digan a donde han escondido las flores que aromaron las calles persiguiendo un destino, donde, donde se han ido. Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos… que nos den la esperanza de saber que es posible que el jardín se ilumine con la risa y el canto de los que amamos tanto. Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos… por un día distinto sin apremios, ni ayunos, sin temor y sin llanto y en que vuelvan al nido nuestros seres queridos...”

¡NUNCA MÁS! es la prueba de que juntos y juntas podemos hacer cosas verdaderamente impactantes, es un reto a nuestra imaginación, un mensaje que nos dice que debemos encontrar nuevas maneras de nombrar, de evidenciar, de conmover. ¡NUNCA MÁS!, es la evidencia de que es posible involucrar a las ciudadanas y a los ciudadanos en discusiones que nos competen a todos y a todas. ¡NUNCA MÁS!, es un llamado de atención para que construyamos nuevos lenguajes, nuevas narrativas, nuevas formas de acción y renovadas maneras de estar y de actuar juntos. ¡NUNCA MÁS! es un grito, una palabra hermana, un llamado de atención que por su sinceridad, por la profundidad que encarna su mensaje, por la calidad humana de quienes nos atrevimos a pronunciarlo -si insistimos en mantenerlo vivo-, de seguro se convertirá en un mandato, un MANDATO CIUDADANO POR LA VERDAD, LA JUSTICIA, LA REPARACIÓN INTEGRAL Y LA RECONCILIACIÓN.

Así da cuenta de lo hecho una mujer que participó de la jornada:

Amigos, amigas... desconocidas y conocidas en la postura de vida:

Gracias por convocarnos,
Gracias por esta maravillosa y profunda presencia,
Gracias por todo el esfuerzo, vuestro y nuestro
Gracias por el compromiso para con la vida
Gracias por la organización y el trabajo...

Gracias por la poética y el arte acompañando la vida,
Gracias por la fuerza y la resistencia,
Gracias por la memoria,
Gracias por que creemos firmemente que es posible.
Gracias por los símbolos...
Gracias por que es verdad que las mujeres
No estamos solo de luto por la muerte del hijo o la hija.
Gracias por que no lloramos y lloramos y lloramos

Gracias por que somos presencia de vida,
Porque marchamos y transformamos nuestro dolor.

Gracias por la música, la letra sabia y el canto...
Gracias por el concierto y la danza sagrada,
Gracias por la claridad de quienes nos hemos decidido por la vida y
Sabemos que las guerras solo son un juego del poder y la economía,
Porque sabemos que las armas siempre, en cualquier mano
Son sólo imposición sobre los vulnerables todos.

Gracias por que no creemos ni queremos la guerra.
Gracias por que entendemos que ella es opresión,
Estrategia para generar muerte, para multiplicar la miseria
Y para enriquecer a los ganadores...

Gracias por compartir el mismo territorio y viajar desde donde la
Sangre se ha despertado hasta nuestros corazones...
Por seguir cantando, por seguir creyendo,
Por seguir acompañándonos e ir tejiendo la siembra
En la luz de nuestro camino... Gracias... Gracias...

Sentí, viví y volé.
Corazones colombianos... territorio de aves y mariposas ¡mi corazón!
Sentí, viví y volé... ¡mi corazón!
Familias y pueblos,
Desaparecidas y desaparecidos,
Muertos y asesinadas.

Sentí, viví y volé.
Corazón colombiano... ¡mi corazón!
Cada grano de arena o tierra manchada de sangre inocente,
Cada una y cada uno mi propio respiro...
Razón... postura de vida...
Sentí, viví y volé.
¡Mi corazón!
Cada nombre, cada sitio..., cada hombre, cada mujer,
Mi corazón en silencio...

Luego... explotó el canto y cantó una letanía apoyada en la música
Y el "todavía cantamos”... y fluía llevada por el cielo azul,
Mis lágrimas y la risa de saberme viva...
Todavía lloramos la indiferencia, todavía reímos y vivimos en un país florido...
Todavía requerimos ser capaces de reconocer nuestra fuerza para la conciencia...

Gracias a las organizaciones promotoras de esta acción político cultural
A favor de la VERDAD, LA JUSTICIA Y LA REPARACIÓN INTEGRAL,
En el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos.

Gracias por superar las dificultades, gracias por la acción conjunta.
Gracias por el tiempo, las conversaciones, las discusiones, los
Debates y las frutas.

Gracias por los amores, los afectos, las solidaridades,
Gracias por los hermanamientos y las confianzas que tejieron.
Gracias porque el presupuesto general de la jornada puede verse con claridad.

Gracias por que el espíritu de la jornada me invitó a la participación,
Porque la discusión pública alrededor de nuestro derecho personal y
Colectivo a la Verdad, la Justicia, la Reparación Integral y la Reconciliación
Empieza a abrirse paso en la agenda política del país, porque empieza a
Abrirse pasó la reivindicación de la dignidad de las víctimas de la violencia,
El conflicto armado y la guerra sucia.

Para mí... la guerra toda es sucia... NUNCA MAS!!!

Con todo el corazón, gracias...


Iván Torres
Fundación Cultural Rayuela.

Fuente: Corporación Viva la Ciudadanía. Semanario Virtual Caja de Herramientas
www.vivalaciudadania.org
https://www.alainet.org/es/articulo/118746
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