De Medellin a hoy

13/08/2008
  • Español
  • English
  • Français
  • Deutsch
  • Português
  • Opinión
-A +A

¡Medellín! ¡Tan cerca para algunos, tan lejos para la gran mayoría!.  Pues, en 40 años América Latina ha cambiado y la Iglesia también ha cambiado, tal vez más que la misma sociedad.  Muchos ni se acuerdan de Medellín.

 

En Medellín los obispos miraban hacia América latina en esta forma: “Estamos en el umbral de una nueva época histórica de nuestro continente, llena de un anhelo de emancipación total, de liberación de toda servidumbre, de maduración personal y de integración colectiva.  Percibimos aquí los prenuncios en la dolorosa gestación de una nueva civilización.  No podemos dejar de interpretar este gigantesco esfuerzo por una rápida transformación y desarrollo como un evidente signo del Espíritu que conduce la historia de los hombres y de los pueblos hacia su vocación” (Introducción, 4).

 

Los que todavía hablan así hoy en día son tratados de dinosaurios.

 

En 1968 y en 2008 los católicos confiesan los mismos dogmas, reciben los mismos sacramentos, dentro de la misma estructura eclesiástica.  Pero todo ha cambiado, todo lo que es realmente importante: la vida.  Vamos a ver las grandes diferencias producidas por 40 años de historia.

 

1.- El Papa.

 

En 1968, Paulo VI había publicado Populorum Progressio y todavía tenía todo el prestigio del Concilio Vaticano II que había llevado hasta un final feliz.  No era “popular” pero podía contar con un gran respeto por parte del clero, de los religiosos, y de los laicos formados que esperaban de él que fuera capaz y dispuesto a orientar la aplicación del Concilio: todavía no se percibían los síntomas de la gran depresión que iba a afligirlo en los últimos años de su pontificado.

 

Paulo VI no era teólogo, pero tenía un gran cultura y una gran atención a la cultura de su tiempo.  Estaba muy marcado por la Iglesia de Francia, sus teólogos, sus obispos, sus experiencias pastorales.  Maritain era para él lo mejor del catolicismo francés.  No se había dejado asustar por los franceses aunque la Curia romana hubiera condenado todo lo que había en Francia.  Era tímido lo que impedía que pudiera imponer su dirección a la Curia.  A veces se dejaba empujar por la Curia, aunque fuera de Roma pocos estuvieran conscientes de ello en aquel tiempo.

 

Había aprobado con evidente satisfacción la propuesta de una nueva Conferencia el CELAM hecha por mons.  Manuel Larraín.  Quiso estar presente en su inauguración creando así un precedente.  Su encíclica sobre el desarrollo fue muy importante en la Conferencia de Medellín.

Paulo VI había entendido muy bien el mensaje de Juan XXIII: la Iglesia debía mirar hacia el mundo y hablar a los hombres de su tiempo y emanciparse de un lenguaje que ya nadie entendía.

 

Benedicto XVI es un teólogo de gran prestigio.  Es un teólogo conservador bastante distante del mundo teológico de Alemania.  Lo han elegido para que fuera el continuador de Juan Pablo II.  Había sido durante casi todo el pontificado de Juan Pablo II el teólogo más influyente al lado del Papa.  Fue el gran defensor de las tesis tradicionales en eclesiología y en moral.  Fue el promotor y el alma del Sínodo extraordinario de 1985 encargado de explicar y actualizar el Concilio Vaticano II.  En la práctica el Sínodo sirvió para relativizar el Concilio de tal modo que ya no tuviera ninguna fuerza de transformación.  Aniquiló la fuerza transformadora del Vaticano II e hizo que la Iglesia se encerrase en si misma como una fortaleza que se defiende.

 

El cardenal Ratzinger destruyó y eliminó del vocabulario eclesiástico el concepto de pueblo de Dios que para la mayoría conciliar era el núcleo central del Concilio..  Aceptó toda la argumentación de R. Vekemans sobre el marxismo de la teología de la liberación sin dar atención al episcopado latinoamericano.  Condenó la teología de la liberación.  El Papa trató de atenuar los estragos provocados por la instrucción del cardenal Ratzinger, pero el mal estaba hecho.  La Instrucción de la Congregación de defensa de la fe logró que esa teología latino-americana fuera rechazada como peligrosa en la mayoría de las diócesis.  Su lucha contra esa teología fue implacable.  Más fuerte que la de Juan Pablo II que ya era bastante fuerte.  De la teología de la liberación desde entonces no se puede hablar ni en las facultades de teología ni en los seminarios, salvo un poco en Brasil.

 

Fue el gran adversario de la ordenación de las mujeres, y no manifiesta señales de cambio en ese asunto. 

 

Estaba muy cercano al movimiento de Giussani Communione e Liberazione que defendió en la vida pública italiana las tesis más rigurosas de la moral.  Muy cercano también a los movimientos lefebristas da la impresión de cultivar la nostalgia de la Iglesia pre-conciliar.

 

Es una persona muy amable, de muy buenas relaciones sociales, sin autoritarismo en la relación humana, pero inflexible en la doctrina.  Busca el diálogo y fueron muy bien vistas sus conversaciones con Habermas o con Küng..  Pero son diálogos sin conclusión: mucha sonrisa, mucha amabilidad, pero ninguna concesión sobre el fondo de la cuestión.

 

En su discurso inaugural en Aparecida el Papa fue muy moderado.  No condenó a nadie.  También no había nada para condenar puesto que Roma tiene el control total sobre todo lo que pasa en la Iglesia.  Aún así su moderación era un elemento muy favorable porque quiso dejar un espacio de autonomía a los obispos.

 

Sin embargo, en el contexto de la Conferencia, los discursos y las actividades, había dos señales representativas de su pontificado.  Primero, en un discurso a los obispos del Brasil hizo referencia a la salida importante de los católicos.  Son millones que se van a las Iglesias pentecostales.  Los obispos fueron culpabilizados porque entendieron que el Papa les reprochaba una falta de fervor apostólico.  Como siempre en la Iglesia, los problemas son atribuidos a fallas personales.  El Papa no puede sentir que es un problema de estructuras y de cultura., y que los más santos obispos no podrían impedir esa huída.  Pero en la Iglesia nadie puede decir que el problema es estructural y nadie puede insinuar que una cultura diferente pueda exigir cambios.  Entonces la culpa la tienen los obispos.  Ahora bien los obispos han sido escogidos por el Papa y hacen rigurosamente todo lo que la Curia les manda.  ¿Cuál es la conclusión?

 

En segundo lugar las visitas y los encuentros del Papa fueron con los movimientos, lo que manifestó una especial cercanía entre el Papa y los movimientos, continuación del pontificado de Juan Pablo II.  El mensaje era claro para los obispos.

 

2.- Vaticano II

 

La Conferencia de Medellín fue reunida para aplicar el Concilio a América latina.  El Concilio estaba presente a cada momento.  En primer lugar había el movimiento total, el significado global del Concilio.  En América latina fue entendido como exhortación a los cambios.  Los obispos estaban reunidos para definir los cambios necesarios en la Iglesia latinoamericana.  Esta era su predisposición.  Para casi todos los obispos el Concilio había sido una gran sorpresa.  Todos abrieron los ojos y se convirtieron.  Estaban en Medellín con el fervor de neo-convertidos.

 

De modo más específico, la preocupación era la promoción de los laicos, el cambio de los ministerios en el sentido de servicio al pueblo de Dios, la opción por los pobres, el servicio activo de la Iglesia en la liberación temporal de los pueblos de América latina., y el cambio de las estructuras para dar respuesta a esos retos.

 

En Aparecida, la motivación fundamental no fue enunciada y no se explicitaba.  Había un tabú.  Era la inmensa migración de los católicos hacia las comunidades evangélicas.  En ningún momento se reconoció que éste era el motivo, pero en las conversaciones informales siempre aparecía.  El desafío era encontrar una respuesta eficaz a ese problema.  La Iglesia estaba perdiendo terreno cuantitativamente y cualitativamente.  Su influjo en la sociedad estaba disminuyendo.  No se podía reconocer públicamente.  Habría sido confesar una debilidad.

 

Por eso, el gran tema fue la misión.  Si toda la Iglesia se hace misionera ella podrá impedir la continuación del proceso de huída de los católicos y reconquistar el terreno perdido.  De nuevo, no se podía reconocer que esa migración, que es sobre todo de los pobres, tenía causas estructurales y necesitaba cambios estructurales.  La causa y el remedio solo podía estar en los individuos: ahora todos los católicos debían ser misioneros.  No se preguntaba por qué no lo son: solo podía ser por flojera.  La exhortación de los obispos sería suficiente para que empezaran a hacer lo que no hacían.  El problema era de pereza y no era problema estructural o cultural.  En este momento no se piensa en cambios, sino más bien en conservación o retorno al pasado para que los individuos cambien en las mismas estructuras que impidieron que fueran misioneros..  No hay nostalgia del Concilio, sino más bien nostalgia de la Iglesia pre-conciliar.

 

3.- El episcopado

 

Los obispos de Medellín estaban saliendo del Concilio con el sentimiento de que estaba naciendo una nueva Iglesia.  El CELAM era para ellos una realización de la colegialidad episcopal.  Pero había algo más que el Concilio: los organizadores de Medellín venían del Pacto de las Catacumbas firmado en la catacumba de Sta.  Domitila en Roma el 16 de noviembre de 1965 por 40 obispos que querían hacer una opción personal por los pobres.  Discretamente como siempre don Helder Câmara era el alma del Pacto y el alma de Medellín.  Su profunda amistad con Manuel Larraín y su experiencia de estrecha colaboración en la fundación y el desarrollo del CELAM le daba un destaque merecido.

 

Estos obispos querían que Medellín fuera en primer lugar un programa de conversión para ellos mismos, los obispos.  En la opción por los pobres, en la lucha por la liberación de los pueblos latinoamericanos querían estar al frente con la voluntad de convencer a sus Iglesias particulares a adoptar las mismas opciones.  Los del Pacto y otros ya se habían convertidos y ya vivían en medio de los pobres una vida pobre y humilde, totalmente ajena al modelo tradicional de obispo.  No querían aparecer como príncipes, sino como hermanos.

No todos los obispos latinoamericanos llegaron a imitar a Helder Câmara, Leonidas Proaño, Enrique Angelelli, Fernando Ariztía, Sergio Mendes Arceo, Samuel Ruiz y otros más recientes como Oscar Romero.  Pero algo cambió en el estilo de vida de todos.  Todos se hicieron más cercanos a su pueblo y más cercanos a los pobres, aunque fuera poco.

 

Los obispos que orientaron Medellín querían estar al frente de la conversión de la Iglesia a los pobres.  Por eso todos fueron perseguidos.  Todos fueron castigados en Roma.  Todos fueron hostilizados por las autoridades políticas y odiados por los poderosos.  4 obispos murieron asesinados, tal vez 5.  El signo más famoso de esa persecución fue cuando la policía del Ecuador prendió en Riobamba a 17 obispos latinoamericanos y los llevaron a un cuartel de Quito, juntamente con 38 personas entre las cuales sacerdotes, religiosas, una pastora alemana y seglares, entre ellos el futuro premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.  Ese acto simbólico fue más significativo cuando se supo que en el origen de esa prisión estaban el nuncio apostólico y el arzobispo de Guayaquil, implacables enemigos de mons.  Leonidas Proaño.

 

El episcopado actual es diferente.  Son personas muy dignas, llenas de virtudes, realizando muy bien el modelo de Trento.  Son buenos administradores, preocupados con su diócesis.  Pero no hacen de los pobres su prioridad, no se meten en los problemas sociales para defender a los oprimidos.  Son ministros del recinto sagrado, Viven en la Iglesia “ad intra” y solo aparecen discretamente al lado de las autoridades civiles o militares.  No tienen conflictos y no suscitan ninguna forma de persecución.  Son discretos.  La TV solo los muestra en misas o procesiones, o bien al lado de las autoridades en algunos eventos públicos.

 

Muchas veces son escogidos por su vinculación con movimientos: Renovación carismática, Opus Dei, Schönstatt, Focolari.  En Brasil es notable el número de obispos hechos por Chiara Luppich, la fundadora del movimiento Focolari.  En general los nuevos obispos son escogidos entre los que trabajan con la clase media, pocas veces entre lo que trabajan en el mundo popular: estos no ofrecen las mismas garantías de fidelidad al modelo tradicional pre-conciliar.  En tiempos de Medellín varios obispos habían trabajado en la Acción católica y fueron los que hicieron Medellín.  Los actuales nunca conocieron la Acción católica. 

 

Los obispos actuales no pueden cuestionar estructuras de la Iglesia.  Se atienen a los dogmas definidos y a las normas morales de la Santa Sede sobre todo en materia de sexo y reproducción.  Defienden los “derechos” de la Iglesia” más que los derechos humanos y promueven la fundación de muchas obras de culto o de caridad.

 

Hay algunas excepciones, por supuesto, pero son excepciones que no logran cambiar la dirección básica del episcopado que es conservadora, en el sentido de conservar el pasado.

 

En actividad ya no hay obispos que estuvieron en Medellín.  Los nuevos son muy controlados por la Curia romana y no tienen ningún deseo de tener problemas con Roma.  Además siempre más son formados en Roma, incluso siempre más se escogen personas que eran funcionarios de la Curia romana.  Así queda más claro que el obispo será un buen funcionario romano enviado a su país de origen.

 

4.- El clero

 

En tiempos de Medellín en muchas regiones todavía prevalecía el modelo colonial.  Los sacerdotes eran curas-párrocos en las ciudades.  Atendían también a una región rural cercana pero esa actividad era muy limitada: algunas visitas cada año y sobre todo participación en la fiesta del Santo o de la Santa.  Casi todo el tiempo era reservado a la parroquia.  La parroquia concentraba casi toda la actividad pastoral.  Había entre los sacerdotes algunas asociaciones de piedad.  La vida del clero era esencialmente dedicada al culto.  Se celebraban fiestas magníficas con mucha expresividad. 

 

El párroco era una autoridad social reconocida.  La religión todavía era reconocida públicamente y sus fiestas tenían gran importancia social y cultural.  La parroquia todavía era una realidad cultural importante salvo en las grandes ciudades con más de un millón de habitantes.  La industrialización estaba confinada todavía a algunas ciudades.  La clase obrera existía en esas ciudades pero todavía no tenía gran expresión al nivel nacional y los sindicatos estaban dominados por el Estado o por caciques locales.

 

Sin embargo, ya había desde los años 50 algunos sacerdotes que habían descubierto las periferias de las grandes ciudades, el nacimiento de los tugurios y las villas-miseria, que habían descubierto los problemas de los obreros.  En aquel tiempo penetró en algunos países la Acción católica obrera y estos sacerdotes estaban en contacto con ese movimiento.  que les daba más motivaciones.  Trabajaban con algunos obispos, o bien en forma solitaria.  Querían descentralizar las parroquias y crear pequeñas comunidades porque estaban bien conscientes de que los nuevos pobres nunca irían a una Iglesia parroquial.

 

No se puede subestimar la contribución de los miles de sacerdotes europeos que Pio XII mandó para América latina.  Los que venían tenían un espíritu misionero más fuerte y traían experiencias de sus países.  A veces creaban problemas porque querían imponer algo que no respondía a la cultura del pueblo, pero en general ellos se adaptaban.

 

Esos grupos de sacerdotes nacionales o extranjeros fueron los iniciadores de las comunidades eclesiales de base nacidas de la creatividad de algunos sacerdotes de la misma región.

 

En aquel tiempo muchos comentaban que había pocos sacerdotes.  Había un sacerdote para cada 10.000 habitantes.  Hoy día el número de sacerdotes ha triplicado, pero la población ha triplicado también de tal suerte que la condición no ha cambiado.  En aquel tiempo la mayoría de los habitantes vivían en el campo y esos no ocupaban el tiempo de los sacerdotes.

 

La formación en los seminarios menores o mayores era habitualmente buena, mejor que ahora.  Muchas vocaciones venían de una familia de nivel cultural superior al promedio del país.  Por eso los sacerdotes parecían más cultos que ahora, por supuesto en la cultura de ese tiempo.

 

En la actualidad el clero nacional ha crecido y los extranjeros están en vías de desaparecimiento.  Pero el nuevo clero es muy diferente del anterior.  El anterior acogió y quiso poner en la práctica el programa de Medellín.  Una parte importante se fue a vivir con los pobres de los tugurios.  Otros entraron en los problemas sociales levantados por Medellín.  Algunos entraron en Cristianos por el socialismo, o en movimiento de revolución social o nacional.  Les dieron mucha publicidad, pero numéricamente eran muy pocos.  La mayoría se dedicaba a la evangelización del mundo popular y a la concientización política y social dentro de las normas de Medellín.

 

El nuevo clero sigue las normas de Juan Pablo II.  Concentra sus actividades en la parroquia.  El seminario lo prepara para administrar parroquias.  Por eso tiende a centralizar de nuevo la pastoral.  No cree en las comunidades eclesiales de base o en los pequeños grupos locales.  Valora mucho el culto y valora todos los elementos que enriquecen el culto: paramentos litúrgicos, imágenes, devociones, canto y conjuntos musicales.  Hay muchas oraciones.  No hay formación teológica o bíblica o espiritual.  La música y el canto reemplazan a la reflexión y al estudio.  En esto este sistema corresponde muy bien a la nueva cultura.

 

Frecuentemente los sacerdotes trabajan con los nuevos movimientos: sobre todo con el movimiento carismático, o neo-catecumenal, o focolarino y muchos otros más, más o menos importantes según la región.  En ese caso, en la práctica la pastoral la dirigen los movimientos.  Ahora bien los nuevos movimientos están presentes casi exclusivamente en la clase media.

 

El nuevo clero no se mete en los problemas sociales, en el desarrollo de la ciudad o en la cultura local.  Los padres son hombres “separados” como quería el Concilio de Trento y como no quería el Concilio Vaticano II.  Del Vaticano II, poco se habla y de Medellín nunca.

 

La vida parroquial se hace más intensa pero limitada en el espacio, porque alcanza solamente una parte de la población bautizada..El mundo de los pobres ha sido abandonado y, en la práctica, entregado a los evangélicos.  La gente de la parroquia pertenece a una clase media baja, y, a veces también a una parte de la clase media más alta, pero siempre menos.

 

Después de Vaticano II y de Medellín muchos sacerdotes dejaron el ministerio.  Pero este fue un problema general, sobre todo en Europa Fue bastante común atribuir a Vaticano II o a Medellín la fuga de tantos sacerdotes.  Era la aplicación del sofisma “post hoc, ergo propter hoc” En realidad el fenómeno coincidió con la inmensa revolución cultural de los años 67-68.  Esta destruyó las instituciones tradicionales porque denunció todas las formas de autoridad: la familia, la escuela, la universidad, el Estado y también la Iglesia Solo escapó la empresa mostrando así cuál era la institución más fuerte.  Esta revolución continúa y también la salida de muchos sacerdotes absolutamente sin relación con Medellín o Vaticano II.  Es un fenómeno que afecta a toda la cultura occidental.

 

5.- L@s religios@s

 

La evolución de los religiosos y religiosas es en gran parte paralela a la evolución del clero.  En América latina la vida religiosa había sido muy perturbada por los fenómenos ligados a la independencia.  La vida religiosa antigua casi desapareció.  Durante la segunda mitad de siglo XIX y la primera mitad del siglo XX se reconstruyó la vida religiosa por la llegada de innumerables congregaciones religiosas venidas de Europa o de América del Norte.  Habitualmente fueron europeos o europeas que reinstalaron la vida religiosa.  Lo hicieron en los moldes de su patria de origen.  En aquel tiempo la estructura religiosa era rígida y los europeos impusieron su modo de vivir a los nativos sin ninguna adaptación.  ¡Mala suerte!

 

En forma general los religiosos y las religiosas se dedicaron a las obras que realizaban en su país de origen.  La diferencia fue que en Europa se dedicaban en gran parte al mundo popular y en América latina al mundo de la clase media.  Fue sobre todo a la educación, secundariamente a los hospitales.  Nacieron congregaciones nacionales pero según el modelo europeo que era el modelo romano, en el que la obediencia era el resumen de la vida religiosa.  Los religiosos varones fueron orientados hacia las parroquias y perdieron su carisma específico.  Ocuparon el lugar de un clero diocesano insuficiente.  Otros, como también las religiosas se dedicaron a la educación de las burguesías de las ciudades.  Ignoraron la existencia del inmenso mundo de los pobres.

 

Llegó Vaticano II y llegó Medellín.  Cada evento trajo una crisis.  La crisis de identidad de los religiosos afectaba a las congregaciones europeas, pero indirectamente también sus sucursales latinoamericanas.  En Medellín apareció la crisis de la aplicación del modelo romano para una América latina que se hacía consciente de su identidad y de su propia historia.

 

“Los cambios provocados en el mundo latinoamericano por el proceso de desarrollo, y, por otra parte, los planes de pastoral de conjunto a través de los cuales la Iglesia de América latina quiere encarnarse en nuestras realidades concretas, realidades de hoy, exigen una revisión seria y metódica de la vida religiosa y de la estructura de la comunidad”(Religiosos, 7).

 

Vaticano II y Medellín provocaron dentro de los Institutos religiosos dramas pequeños o grandes, personales o comunitarios.  Era muy difícil mantener la unidad, era muy difícil legar a la unanimidad para realizar cambios en la práctica de cada día, como en los objetivos y la razón de ser del Instituto, lo que llamaban el carisma de la congregación.  A la resistencia de los mayores de edad se juntaba la resistencia de los religiosos o las religiosas que habían importado un modelo extranjero y asistían a su contestación por los jóvenes.  Al conflicto de generación se añadió el conflicto entre naciones y culturas nacionales.  En general hubo divisiones en los Institutos religiosos Una parte de los religiosos o de las religiosas se fueron al mundo de los pobres y otra parte se quedó en el mundo de la clase media.

 

Muchos y muchas jóvenes encontraron en Medellín una motivación fuerte para emanciparse de una estructura muy dura y sin relación con su cultura nacional.  Muchos religiosos y religiosas dejaron la vida religiosa después de haber vivido dramas muy dolorosos.

 

Además otro problema vino a perturbar la evolución de los Institutos religiosos: la concurrencia de los nuevos movimientos que movilizaron muchísimas mujeres jóvenes llenas de ideal.  La vida religiosa ya no era el único camino para dedicar su vida a Dios y a su reino.  Para los varones, la situación no era igual.  Lo que los candidatos buscaban en general era más bien el sacerdocio, y no la vida religiosa.  La vida religiosa era una forma de vida parroquial.  No les importaba mucho el color.  Entraban en tal congregación porque era la más asequible.  Y había menos posibilidades para los varones en los nuevos movimientos. 

 

La CLAR tuvo un papel extraordinario para incentivar los cambios exigidos por Vaticano II y Medellín.  Tuvo en la directoría durante muchos años personalidades de valor excepcional.  Al principio hubo entendimiento perfecto entre el CELAM y la CLAR.  Cuando en 1972 Alfonso López asumió de hecho poderes dictatoriales en el CELAM, inició la guerra.  Quiso destruir la CLAR.  Logró infligirle daños importantes.  Claro está que la CLAR ya no tiene en América latina el influjo que tuvo alrededor de Medellín.

 

Los religiosos y las religiosas han pasado por una evolución semejante a la evolución del clero.  Las nuevas generaciones buscan una vida religiosa menos comprometida con el mundo exterior, más intimista, más recogida en modelos de oración más tradicionales.  Las congregaciones que tienen más vocaciones son las que se mantienen fieles a las estructuras pre-conciliares.

 

Pero hay Institutos religiosos que se han mantenido en la línea de Medellín a pesar de los vientos contrarios.  Las grandes Órdenes tradicionales se mantienen más fieles aunque con un número más reducido de miembros.

 

Los religiosos han sufrido el contra-golpe de la preferencia dada a los nuevos movimientos laicales por Juan Paulo II, y, aparentemente por el Papa actual.  Los religiosos nunca han sido los queridos de Juan Paulo II, seguramente porque no les encontraba suficientemente obedientes Es verdad que después de Trento las congregaciones han sido como el ejército del Papa para defender incondicionalmente la política del Papa.  Después de Vaticano II y de Medellín han abandonado ese oficio y hasta ahora los movimientos lo han asumido.

 

Hubo fundaciones importantes buscando el retorno al esquema rígido del catolicismo tridentino.  Se ubican voluntariamente al revés de la evolución cultural moderna.  Son defensores agresivos de la moral rígida en materia de sexo y de reproducción, y, por eso tienen un acceso privilegiado en Roma.  Son sobre todo el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, pero hay muchos otros más locales o menos numerosos como el Sodalitium en Perú.  Son totalmente ajenos al espíritu de Medellín.

 

Por otro lado, están apareciendo muchos grupos de jóvenes que quieren dedicar su vida a Dios según el evangelio, sin que se sepa si van a evolucionar hacia una forma de vida religiosa o hacia una forma laical.  ¿Será una respuesta? Hay también muchos grupos o asociaciones que dan señales de desequilibrio humano.  El Papa dijo que los obispos debían practicar el discernimiento A veces parece que también en Roma falta discernimiento.

 

6.- Los laicos

 

Lo que se entiende por laico ha cambiado más que todo lo demás.  El documento de Medellín menciona dos categorías de laicos.  Hay movimientos de laicos que “no supieron ubicar debidamente su apostolado en el contexto de un compromiso histórico liberador” (Movimientos de laicos, 4).  No es difícil identificarlos: son el Apostolado de la Oración, las congregaciones marianas, las antiguas hermandades, y las asociaciones que preparan fiestas religiosas, peregrinaciones o practican devociones propias.  Había muchas controversias a propósito de ellas en aquel tiempo.  Medellín las desacredita.

 

“Lo típicamente laical está constituido por el compromiso en el mundo, entendido éste como marco de solidaridades humanas, como trama de acontecimientos y hechos significativos, en una palabra como historia.  El compromiso debe estar marcado en América latina por las circunstancias peculiares de su momento histórico presente, por un signo de liberación, de humanización y de desarrollo” (Movimientos de laicos, 9).  Los movimientos laicales aprobados y estimulados son los que se comprometen con la liberación por su acción en el mundo.  También no es difícil identificarlos: son los movimientos de Acción católica, y los movimientos políticos nacidos de eses movimientos .  ¡Los tiempos han cambiado! Vino el tiempo en el que hablar de liberación ya era sospechoso.

 

Las comunidades eclesiales de base todavía no aparecían como movimiento global.  Ellas ya existían en varios lugares bajo nombres distintos.  Medellín les dará una expansión extraordinariamente rápida, pues en Puebla ya son un movimiento importante, objeto de controversias muy fuertes.

 

Pues, pocos años después de Medellín, con el golpe de Sucre en donde Alfonso López se hizo el dictador del CELAM, comenzó una campaña muy bien montada, dirigida desde los Estados Unidos y con la contribución de los poderes económicos locales, de la midia, y también con la contribución militar.  Fue una campaña de denuncia de las comunidades eclesiales de base, y una campaña en contra de la Acción católica, y de los movimientos políticos con los que católicos colaboraban.  Todos fueron denunciados como comunistas.

 

En los regimenes militares los movimientos políticos de liberación fueron exterminados.  Miles de católicos comprometidos fueron muertos.  En América central (Guatemala, Honduras, El Salvador) fueron decenas de miles.

 

Los movimientos de Acción católica fueron perseguidos: muchos miembros fueron muertos.  Las comunidades eclesiales de base fueron perseguidas sobre todo en América central.  Además las comunidades eclesiales fueron víctimas de la campaña de difamación también en la Iglesia.  Muchas fueron abandonadas por el clero, otras desaparecieron porque sus dirigentes fueron muertos o presos.  Muchas de las que subsisten han perdido su carácter original y son comunidades de culto.  Sobrevive una minoría en algunas diócesis, en donde son aceptadas o toleradas por el obispo y apoyadas por un padre o una religiosa.  Estas comunidades tratan de vivir su compromiso en el mundo según las posibilidades actuales.  En total los laicos han pagado un precio de sangre muy alto.  Y un precio de sufrimientos en las cárceles, o los campos de concentración.

 

Los laicos fueron las mayores víctimas de la persecución en contra de Medellín.  Si usaban la palabra liberación, ya eran comunistas.  Después de la caída de los militares no se volvió a la situación anterior porque la Iglesia había cambiado.

 

Nuevos movimientos habían surgido.  Venían de Europa o de los Estados Unidos.  Venían con muchos medios porque venían de países ricos y porque en esos países estaban muy bien instalados en la clase rica.  Estos movimientos llegaron ya con su estructura hecha.  Por eso son también ajenos al espíritu de Medellín puesto que no conocen la evolución de la Iglesia y se instalan como islas de cultura superior en medio de las poblaciones latinoamericanas.  Son acogidos con entusiasmo por las clases medias y superiores que se encantan con las bellezas importadas desde países más desarrollados y más cultos.

 

Los nuevos movimientos llegaron antes de Medellín, pero no tuvieron mucha expansión.  En Medellín no se habla de ellos.  Fue sobre todo a partir de los años 70 que se multiplicaron y ocuparon un lugar importante en la vida social y política.  Ahora han llegado a ser la fuerza dominante en la Iglesia.  Pertenecen a la clase media que es la única que pueda entrar en sus modelos culturales.  Ignoran el mundo popular, salvo en parte los movimientos carismáticos.  Su éxito se debe en gran parte a la evolución social.  Con la globalización las organizaciones populares perdieron su fuerza social y política.  También hubo la gran migración del campo para la ciudad que debilitó mucho las tradiciones religiosas del pueblo del campo.  Nació una clase media más numerosa mientras la clase obrera iba disminuyendo por las nuevas tecnologías que dispensaron mucha mano de obra.

 

Millones de campesinos expulsados de la tierra vinieron a formar las inmensas masas que viven en las periferias de megalópolis con más de 5 millones de habitantes, inmensas masas de marginados sin empleo, sin garantías sociales, con habitación muy precaria.  Forman entre ellas una pequeña economía paralela.

 

La Iglesia católica las abandonó y ellas migraron para Iglesias evangélicas.  Con eso la presencia del mundo popular en la Iglesia solo podía disminuir.  Todavía hay viejos fieles a Medellín que mantienen restos de organizaciones populares, pero su influjo real en la pastoral es mínimo.  A veces todavía algunos recuerdan el discurso de Medellín pero la vida corre por otros caminos.

 

El movimiento más fuerte, que logra a veces penetrar en el mundo popular, es el Movimiento carismático.  Como todos los movimientos sustenta obras de caridad para ayudar a los más abandonados, y hacen en eso un trabajo excelente.  Pero están muy lejos del espíritu de Medellín.  El centro es la oración carismática con fenómenos sicológicos típicos que atribuyen al Espíritu Santo.  No se puede descartar que haya fenómenos místicos, pero no es lo más común y la mística nunca ha sido un fenómeno de masa. 

 

Hay en la humanidad una larga tradición de experiencias religiosas de masa con exaltación religiosa que dan la impresión de ultrapasar las fronteras del conocimiento natural, como si fuera la entrada en un mundo sobrenatural.  Basta evocar las religiones africanas que han llegado con los esclavos y están llenas de semejantes fenómenos.

 

Los fenómenos carismáticos cumplen con un problema creado por la civilización capitalista: el vacío de espiritualidad, la soledad, el desamparo en una sociedad que ignora a las personas y las trata como puros productores-consumidores.  En la reunión de oración carismática el hombre y la mujer salen de su aislamiento: sienten que Jesús está con él o ella y les ofrece socorro en los sufrimientos de la vida.  Viven habitualmente en un purgatorio y de repente pasan algunas horas en el cielo.

 

Además, con la gran vuelta al culto, hay un número siempre más importante de laicos al servicio de las parroquias y sobre todo del culto.  Aparecieron muchos ministerios litúrgicos con paramentos que recuerdan las antiguas hermandades.  Esos laicos no tienen ninguna relación con Medellín.

 

El laicado esta muy dividido en partidos que parecen antagónicos.  Hay los que vuelven a las Cruzadas como los Heraldos del evangelio.  Otros vuelven a Trento, como los Legionarios de Cristo o el Opus Dei.  Otros están integrados en la lucha de la Iglesia para defender su posición privilegiada en la sociedad, fase inaugurada por los Papas Pio’s y reasumida por los nuevos movimientos..  Por otro lado hay el resto de las comunidades eclesiales de base.  Hay algunos sobrevivientes de los movimientos de liberación al lado de otros que se han convertido a la globalización neoliberal.  Finalmente hay los que sirven en la parroquia fuera del tiempo, del mundo terrestre y de la historia.

 

También no podemos olvidar que la nueva cultura de masa que procede de los Estados Unidos, logra ocupar de tal modo la psicología de la juventud que quedan pocas entradas para algo religioso.  La juventud sabe poco de la antigua cultura rural tan religiosa.  En las favelas poca cosa subsiste de ese pasado.

 

7.- La Iglesia y el mundo

 

Medellín se ubicó en la línea de Gaudium et Spes y de Populorum Progressio.  Quiere tratar de la Iglesia como servicio al mundo, incluso en su evolución terrestre y actual.  Cuando mira hacia el mundo, es para buscar la contribución que puede darle.  Las primeras palabras de la introducción ya lo dicen claramente: “La Iglesia Latinoamericana, reunida en la Segunda Conferencia General de su Episcopado, centró su atención en el hombre de este continente, que vive un momento decisivo de su proceso histórico”.

 

Medellín deja de ver al hombre como objeto inerte de la evangelización, puro receptor pasivo destinado a ser formado por la Iglesia.  Ve en el hombre un sujeto activo que construye su existencia y un mundo nuevo.  No se trata de formar al hombre como si se dejara manipular pasivamente.  Esta fue la visión de la Iglesia durante toda la cristiandad.  Medellín rompe con esa visión.

 

Los obispos de Medellín tienen viva conciencia de que América latina está en un proceso de conquista de autonomía, de búsqueda de liberación, de creación de una sociedad más justa.  El sentimiento de cambio era básico, así como él es inexistente en la actualidad.

 

Los obispos se ubicaban en medio de los diversos movimientos de liberación de ese tiempo.  Rechazaban, pero con comprensión, los movimientos que querían una revolución por las armas.  Claro que era una alusión a Cuba y a todos los movimientos que empezaban a querer realizar una revolución semejante en su país.  Todos se acordaban de Camilo Torres, y no querían otros Camilo Torres.  Pero daban fuerte apoyo a los movimientos que buscaban una revolución por medios pacíficos y el modelo era el Chile de Eduardo Frei., católico convicto y fervoroso.  Todos, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos eran convocados para entrar en luchas semejantes.

 

En aquella época dominaba un gran optimismo histórico.  Había un gran optimismo en la confianza en la fuerza histórica de los pobres, de la concientización y de la Iglesia.  Esto ha desaparecido desde la restauración de la llamada democracia.  La globalización lo aplastó.

 

En el tiempo de Medellín ya había en Brasil una dictadura militar nacida de un golpe el 31 de marzo de 1964.  Ese golpe militar fue acogido por el episcopado y la inmensa mayoría de los católicos como un regalo de Dios.  Agradecieron a los militares que habían salvado el país del comunismo.  Miles de católicos habían sido muertos, presos o exiliados.  De eso no se habló en Medellín.  En Brasil algunos obispos ya habían empezado a abrir los ojos, animados por dom Helder, dom Távora, dom Fragoso y otros pero la mayoría no imaginaba lo malo que podían ser los regímenes militares.  La CNBB perseveraba en su confianza en los militares y creía que realmente su país había estado en situación de peligro de comunismo.

 

Pero luego en 1968 el régimen se puso más duro en Brasil y aparecieron golpes militares en Chile, Uruguay, Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia.  En Colombia una dictadura militar no era necesaria puesto que, dada la guerra civil, los militares dominaban de hecho la política.  Después vinieron El Salvador y Guatemala.  En otros países no fue necesario porque el mando estaba en manos de dictadores civiles que eran fieles servidores de Estados Unidos: Rep.  Dominicana, Haití, Nicaragua, Paraguay.  Honduras.  En México el PRI era una garantía.

 

La Iglesia quedó dividida.  Después de 1970 en Brasil, algunos meses después del golpe en Chile, el episcopado se puso crítico de los militares.  La Iglesia fue un refugio para muchos perseguidos políticos y nacieron instituciones de defensa de los derechos humanos bajo la protección de los obispos.  En esos países la resistencia al gobierno militar dictatorial favoreció la expansión de las comunidades eclesiales de base.  Aunque fueran sospechosas y muchas veces perseguidas, ellas ofrecían una base de resistencia.

 

En la Argentina el episcopado, salvo pocas excepciones, se identificó con los generales.  Cerró los ojos.  30.000 murieron sin que los obispos dijeran nada.  El nuncio jugaba tenis con el almirante Massera el más cruel de la Junta Militar.  Hubo resistencia de algunos sacerdotes y algunos laicos, pero muchos militantes católicos habían sido asesinados.  El drama de las Madres de la Plaza de Mayo ilustraba muy bien la situación.  En Perú el general Velasco Alvarado realizó algunas reformas sociales pero fue reemplazado.  En el Ecuador los militares se mostraron más moderados que en la Argentina.  Por eso en Perú y Ecuador los conflictos fueron menos acentuadas, y las complicidades menos graves..

 

En América central sucedió lo peor.  En El Salvador la mayoría de los obispos apoyó a los militares incluso después del martirio de mons.  Romero.  Mataron muchos miles pero la voz de mons.  Romero no encontró apoyo en la mayoría de los obispos.  En Guatemala la Iglesia tomó una actitud de denuncia y de resistencia, pero decenas de miles fueron asesinados por las fuerzas militares.

 

Roma siempre tuvo una actitud ambigua.  Globalmente dio apoyo a los gobiernos militares.  Lo más escandaloso fue en la Argentina y en Chile.  En Chile el nuncio Angelo Sodano fue aliado fiel de Pinochet y cambió todo el episcopado que estaba en la oposición.  En Brasil hubo conflicto permanente de la nunciatura contra la Conferencia episcopal.  En el Ecuador la nunciatura provocó la prisión de los 17 obispos reunidos en Riobamba.

 

En El Salvador la mayoría de los obispos dieron apoyo a los que mataron Romero.  Roma tenía acuerdos con los Estados Unidos y se había comprometido en la lucha contra el comunismo.  Adoptaba todas las informaciones de las agencias norte-americanas denunciando el comunismo en cualquier movimiento social o popular.  Un momento significativo fue el viaje de Juan Pablo II a Nicaragua en donde había tres sacerdotes en el gobierno sandinista.  Otro fue el viaje a Cuba en donde el Papa pensaba que iba a levantar un movimiento popular en contra de Fidel Castro.  No pasó nada.

 

Los obispos críticos del sistema militar fueron castigados, por ejemplo los cardenales Lorscheider y Arns en Brasil, y muchos otros.

 

Terminaron los gobiernos dictatoriales militares.  Vino la democracia.  Este cambio fue bien acogido por casi todos los católicos, salvo algunos argentinos.  Pero esa democracia llevó de hecho a una desmovilización popular.  La Iglesia como muchos pensó que la democracia iba a instalar sistemas sociales justos, iba a promover a los pobres y a garantizar una participación de todos los ciudadanos en el gobierno.  Creían que la liberación anunciada en Medellín iba a realizarla el gobierno democrático y no ya la concientización popular.

 

Lo que sucedió fue otra cosa.  Fue la instalación del sistema económico neoliberal en todos los países.  En los 90 cada país tuvo un presidente que se encargó de abrir las puertas de su país a las multinacionales, al capital extranjero, al libre mercado.  Se trataba de modernizar la economía aplicando los preceptos del neoliberalismo.  Se trataba de transformarlo de tal modo que en poco tiempo pudiera entrar en el Primer Mundo.  En esa forma pusieron a su país en la dependencia de las potencias dominantes.  Los poderosos no practican el libre mercado pero quieren imponerlo a los países más débiles: quieren conquistar las naciones más débiles por la dependencia económica.

 

Las víctimas fueron los pobres.  Aumentó la pobreza en forma catastrófica.  Lo peor fue en la Argentina pero todos los países sufrieron y la emigración a los.  Estados Unidos y Europa apareció a muchos latinoamericanos como la única solución.  Vino la crisis en los Estados Unidos y hoy día hay una amenaza de depresión en todas las naciones dependientes.

 

Los pobres fueron las victimas porque se destruyeron los movimientos populares por todos los métodos posibles, se redujeron las leyes sociales de protección a los trabajadores, apareció una inmensa cesantía y la creación de una economía informal entre los millones de habitantes de las grandes ciudades, excluidos de la vida ciudadana.

 

La reacción de la Iglesia ha sido muy débil.  Queda la impresión de que la jerarquía opina que ese problema es de los laicos y ella no tiene por qué intervenir.  Pero los laicos católicos ni hablan, ni actúan, si la jerarquía no levanta la voz.  Han sido formados para obedecer y no para tomar iniciativas.  Y no tienen autoridad en la Iglesia, ni en la sociedad.

 

Los poderes económicos dominantes controlan el inmenso aparato tecnológico que permite centralizar todas las informaciones que circulan en el mundo.  Siempre defienden sus privilegios y engañan a los pobres.  El poder ideológico del sistema de globalización es algo nunca imaginado en la historia.  Existe realmente un pensamiento único.  Como habrá democracia con un pensamiento único.  Estamos en una dictadura mundial dirigida por un grupo reducido de poderes financieros. 

 

No es una dictadura como las del siglo XX.  Es mucho más profunda porque su aparato ideológico es mucho más fuerte.  No se trata solamente de escribir documentos que nadie lee.  Son necesarios signos elocuentes de denuncia y de repudio del sistema.  Por si sola la llamada doctrina social de la Iglesia es totalmente ineficiente.  Las clases dominantes no le dan ninguna importancia porque no molesta en nada.

 

La voz de Medellín fue muy fuerte porque suscitó una reacción formidable de los poderosos.  Los de Medellín fueron perseguidos: señal de su valor evangélico.  Ahora la Iglesia no es perseguida.  Está durmiendo tranquilamente sin temer nada.  No es una buena señal.

 

En la práctica muchos católicos, y casi todos los de clase media aceptan la evolución actual del sistema socio-económico.  Viven según el principio moral del sistema: cada cual cuida de sí mismo.  Todos tratan de ser buenos productores-consumidores dentro de las normas morales del sistema o bien poquito al lado.  La Iglesia está separada del mundo económico, social e informativo.  No cuenta para nada y ella no se molesta..

 

En estos últimos años han aparecido gobiernos de un tipo diferente.  Son gobiernos conducidos por líderes con mucha fuerza carismática que fueron elegidas por las masas populares contra la clase dominante tradicional.  Ellos disponen de un apoyo popular, sobre todo de los más pobres y realizan reformas sociales que benefician a los pobres sobre todo en materia de educación, salud, habitación, sueldo vital.  Esto se ha producido en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay.  Por primera vez las elecciones han logrado derrumbar las clases tradicionales que mantuvieron el estado de pobreza de las masas.  Fue una señal de que por medio de elecciones democráticas es posible en algunas circunstancias establecer gobiernos que logran hacer algunas de las reformas que la Iglesia reclama hace muchos años.

 

Sin embargo, esos gobiernos encuentran una oposición en algunos casos incluso muy virulenta por parte de la jerarquía y buena parte del clero.  El clero conducido por sus obispos toma la defensa de las clases que dominaron y oprimieron el país durante siglos.  Esto muestra que la Iglesia actual está muy lejos de los pobres, ni los conoce, ni los entiende, ni los acepta a pesar de discursos bonitos, pero sin contenido real.

 

El mismo documento de Aparecida alude a esos nuevos gobiernos en forma claramente negativa (n.  74).  Es una señal de que los obispos escuchan lo que dicen las elites y no lo que piensa el pueblo de los pobres.

 

La jerarquía exhorta a los laicos a que asuman compromisos políticos, pero el sentido es ambiguo, porque se tiene la impresión de que la acción de los laicos tiene por criterio la defensa de los derechos de la Iglesia, más bien que los derechos de los pobres y para imponer a la sociedad entera la moral definida por los Papas..  Como en el siglo XIX y durante la época de los Papas Pio’s la Iglesia está a la defensiva.  Defiende su pasado.  Lo contrario de lo que querían Vaticano II y Medellín.

 

8.- ¿Qué queda de Medellín?

 

Queda una señal inolvidable.  Medellín es más evangélico que todos los Concilios ecuménicos.  Por eso Medellín tiene mucho más sentido.  Pero aplicarlo siempre será difícil..  Que la Iglesia sea evangélica es muy difícil.  La cuestión de la pobreza es el grande desafío.  Jesús nació pobre, vivió pobre, murió pobre, actuó en medio de los pobres, quiso liberar a los pobres, restituirles la conciencia de su dignidad, de su valor, de ser los privilegiados de Dios y darles una vida mejor aquí mismo en la tierra y no solo en el cielo.  En el evangelio la cuestión de la pobreza es prioritaria. 

 

Puesto que la prioridad de los pobres, que incluye que la Iglesia sea de los pobres es algo terrible, espontáneamente tratamos de eliminar esa exigencia, atenuando el sentido de las palabras de los evangelios, buscando todos los subterfugios posibles para no ver la verdad.

 

Claro está que debemos reconocer nuestra debilidad y nuestra incapacidad de ir lejos en el camino de Jesús, pero debemos reconocer que es el único válido.  Los obispos de Medellín lo hicieron.  Los Concilios anteriores no lo hicieron.  Estaban preocupados con otras cosas que, sin embargo, eran secundarias.

 

Esto fue posible en Medellín porque muchos participantes ya estaban bien adelantados en el camino de Jesús, no en las palabras, sino en la realidad material de la vida de cada día.

En segundo lugar queda una minoría abrahamica que permanece fiel y mantiene viva la llama de Medellín, buscando la vida evangélica.  Gracias a esa minoría de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, Medellín deja más que un libro y un recuerdo de cristianos del pasado, Medellín permanece vivo porque algunos lo viven y dan testimonio en medio de la Iglesia que trata de evitar el tema.

 

En la historia cristiana hubo muchas personas, laicos, ordenados, consagrados que siguieron ese camino de Jesús.  Pero nunca hubo una asamblea de obispos, lo que le confiere un valor de autenticidad más grande.

 

(N.T.) Editor: Enrique A.  Orellana F.

CUADERNOS OPCION por los POBRES - CHILE

MOVIMIENTO TEOLOGIA de la LIBERACION

https://www.alainet.org/en/node/129209
Subscribe to America Latina en Movimiento - RSS