Monopolio, desempleo y desigualdad: caras de la crisis capitalista (I)

26/02/2020
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Foto: que-leer.com
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“La desigualdad está fuera de control”, dice un informe reciente de OXFAM (“Bien público o riqueza privada”, 2019). La organización – patrocinada por transnacionales que de ninguna manera pueden ser “acusadas” de socialistas – presenta datos que muestran que el patrimonio de 3.800 millones de seres humanos está concentrado por solo 26 magnates.

 

Ya un estudio de la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas, “Perspectivas sociales y de empleo en el mundo” (2020), afirma que la “insuficiencia de empleos remunerados” afecta a casi “500 millones de personas”; desde la crisis económica mundial de 2008, el sistema capitalista ya no puede crear “suficientes empleos” para absorber a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral cada año. Según el director-general de la OIT, Guy Ryder, la “persistencia y el alcance de la exclusión y las desigualdades relacionadas con el empleo” imponen obstáculos cada vez más insuperables para encontrar “trabajo decente”.

 

Algunas de las consecuencias de esto son: la “uberización” de la vida, es decir, la precariedad de las condiciones de trabajo, el desamparo de las propuestas neoliberales de “contrarreformas”: sin derecho a vacaciones, ni jubilación, ni el decimotercero, ni a una cama de hospital en caso de accidente con el “uber” (porque la crisis cerró el hospital).

 

“Esta es una conclusión extremadamente preocupante, que tiene graves y alarmantes repercusiones para la cohesión social”, observa el director de la OIT. De hecho, no se necesita mucha visión del mundo para comprender los efectos de esta pobre cohesión social en el creciente discurso fascista, que contamina el mundo de este nuevo siglo: xenofobia, prejuicio, violencia, el temor que afecta al ser debilitado por la falta de perspectivas; la desesperación que, en ausencia de alguien a quien culpar por su propia desgracia, culpa al otro, al diferente, al inmigrante, al periférico. El odio que vota con odio en el candidato del odio – porque, al menos, “es diferente de lo que hay”... ¿Lo es?

 

¿Cómo se entrelazan los problemas de desigualdad y desempleo? ¿Por qué han empeorado desde la crisis capitalista de 2008? ¿Y por qué todo tiende a empeorar, si no se hace nada para detener el (erróneamente) llamado “progreso” de moldes capitalistas?

 

Veamos algunas causas de esta situación, que la ONU, lamentablemente, solo “sistematiza” en informes, pero no hace nada efectivo para cambiar el escenario (dado el poder de veto de los EE. UU. y sus aliados subordinados europeo-occidentales, la organización casi no tiene voz).

 

El problema del desempleo en la “crisis capitalista estructural”

 

De acuerdo con investigaciones sociológicas e histórico-económicas, teóricas y empíricas, que han sido profundizadas por varias corrientes marxistas contemporáneas (István Mészáros, Robert Kurz, Moishe Postone, Eleutério Prado, etc.), hemos experimentado un empeoramiento del “crisis estructural” del capitalismo (lo que condujo, por ejemplo, a la degradación del estado de bienestar europeo).

 

Con la automatización y el enorme aumento de la productividad industrial, resultado de la Tercera Revolución Industrial (microelectrónica), la necesidad de mano de obra humana (para dirigir la producción) ha disminuido significativamente. Sin embargo, con esta caída, las ganancias de capital también tienden a disminuir: un fenómeno que ya había sido predicho por Karl Marx, en el siglo XIX.

 

Aunque, al principio, los capitalistas más ingenuos pueden haber entendido este proceso de “eliminación de trabajadores” como “positivo”, la consecuencia contradictoria de esto es la creación de un obstáculo para la acumulación de capital, que puede llevar al sistema actual a un colapso. Y la crisis económica de 2008 es una dura “prueba real” (con datos empíricos, calculados matemáticamente) de este movimiento de decadencia del régimen moderno-occidental.

 

En general, esa tendencia a la caída de la tasa de beneficio se debe a la automatización ascendente de la industria. Con mayores tecnologías en la escena, las “tasas de ganancia” de la producción capitalista competitiva tienden, no a aumentar, sino a disminuir: porque el trabajador asalariado (que tiende a ser despedido con la llegada de la nueva máquina) es precisamente quien produce el “valor” (de donde el capitalista sustrae sus ganancias). Las máquinas no producen nada por sí mismas: no funcionan solas (no hay moto-continuos, son una imposibilidad termodinámica).

 

Por menos trabajadores que se necesiten para operar las fábricas (que con su súper tecnología producen más y más, en menos tiempo), siempre serán los seres humanos, trabajadores, quienes harán que las máquinas y otras creaciones materiales se conviertan en la creación de “nuevos valores” (de que se beneficia el capitalista)! Es precisamente en este proceso de creación de “nuevos valores” que el jefe enriquece aún más, retirando de su empleado, para sí mismo, esa “plusvalía” (de la cual habló Marx).

 

En pocas palabras, la “plusvalía” es la cantidad que le roba su jefe a cada trabajador. El capitalista le paga a su empleado solo lo que necesita para sobrevivir (comer, vestirse, pagar el transporte, el alquiler y, por lo tanto, mantenerse con vida y trabajar); sin embargo, requiere que sus empleados trabajen, cada día, “un poco más de tiempo” que ese tiempo realmente “pagado” (que, como se dijo, es el tiempo necesario para su supervivencia).

 

En la práctica, la plusvalía es el siguiente: el empleado trabaja “un poco más”, pero no gana “un poco más”: el empleador lo roba sistemáticamente y, por lo tanto, se enriquece al guardar en sus bolsillos (léase “bancos”) ese valor-extra producido por el trabajo-extra del trabajador.

 

El mecanismo de la crisis estructural capitalista

 

Sin embargo, la “lógica capitalista” no solo es tacaña: es irracional, inoperante y a la larga tiende a destruir a la mayoría de los capitalistas, concentrando el poder en manos de cada vez menos “propietarios del mundo”.

 

Veamos cómo funciona:

 

i) el empleado asalariado se vuelve cada vez más prescindible para el proceso de producción general, y el desempleo aumenta drásticamente;

 

ii) por otro lado, con menos necesidad de trabajadores, el capital aumenta la explotación del obrero (y este, por temor al desempleo, acepta más restricciones de derechos laborales, seguridad social, reducción de salarios, etc.);

 

iii) aunque el “valor agregado” aumenta de modo “relativo” (dado que la tecnología trae un aumento en la productividad, permitiendo que el empleado sobreexplotado produzca mucho más que antes), a pesar de eso la “plusvalía” tiende a disminuir en cantidades “absolutas”, ya que la tendencia es que gradualmente queden menos trabajadores a ser sustraídos (robados en su tiempo y producción, a través del mecanismo descrito). Si! A medida que pasa el tiempo y aumenta la tecnología, a medida que los trabajadores son despedidos de fábricas cada vez más modernas, el capitalista tendrá cada vez menos trabajadores asalariados para explotar.

 

La “crisis” en la práctica cotidiana

 

Una forma muy concreta de pensar sobre este fenómeno es comprender que, en el sistema capitalista, la riqueza material producida por los trabajadores, antes de convertirse en cosas para ser “utilizadas” por las personas en su vida diaria (por lo tanto, antes de tener un “valor de uso”, en términos marxistas), la riqueza producida tiene la función de servir como “valor de cambio”, es decir: ser vendida, generando así “ganancias” para el propietario de la industria.

 

Tengamos en cuenta que si estos productos no se venden, el empleador obviamente no podrá obtener sus ganancias. El jefe se enriquece en la medida en que las personas realmente compran ese producto que sus trabajadores han hecho. Sin embargo, con la profundización de la “crisis estructural del empleo asalariado” (aquí descrita), es decir, con la exclusión de la mayoría de los seres humanos del trabajo asalariado (puesto que la industria llena de nuevas tecnologías ya no las necesita), sucede que, gradualmente, habrá menos personas con poder adquisitivo.

 

Con la mayoría de las personas en situación de “desempleo”, excluidas del sistema productivo y del “mercado", no habrá “consumidores” para la inmensa cantidad de nuevos productos que provienen de las industrias supermodernas. O de otra manera: el capital, al excluir a una gran masa de personas del trabajo asalariado, hace con que estas personas no sean directamente explotadas – lo que reduce su posibilidad de obtener ganancias.

 

Consecuencias de la crisis capitalista

 

El resultado inmediato de esto para la gran mayoría de los patrones: en el futuro serán “ex patrones”. Pues la competencia capitalista, que ya es brutal, cuando aumentada, causará la ruptura de los capitalistas más pequeños, lo que agravará la concentración de la riqueza mundial en manos de muy pocas personas (poderosos controladores de todo y de todos, y que pronto. si la situación persiste, quizás podrán contarse en los dedos).

 

Como dice el mencionado informe de OXFAM: “la desigualdad” en la distribución de la riqueza mundial está “fuera de control”. Dos docenas de buitres poseen lo mismo que la mitad de la población miserable del planeta.

 

En el caso de Brasil (que “normalmente” ya es un gigante de la desigualdad y la ignominia), dos años después del golpe de estado de 2016 (dirigido por el vicepresidente Temer/MDB, el Congreso manejado por el corrupto hoy encarcelado Cunha/MDB, y el vergonzoso Supremo Tribunal Federal de tan pocos), la contabilidad macabra giró en la casa de media docena de propietarios de monopolios (Facebook, Ambev, Safra, Votorantim) que controlan lo mismo que 100 millones de personas. Resumen del eterno golpe de estado brasileño: seis “señores de ingenio” contra la mitad de la población.

 

Así, a medida que avanza el “progreso tecnológico” de modelo capitalista (consolidado a lo largo de dos siglos), avanza junto cuesta arriba el contingente de desempleados: trabajadores excluidos del sistema, al que nunca regresarán. Lo que queda a esas personas, generalmente, es solo el “progreso” de la miseria: empezando a vivir de maneras no “monetizadas”, a través de actividades de subsistencia precarias. Pero incluso estas actividades básicas de supervivencia se ven obstaculizadas por la destrucción de los recursos naturales promovidos por el capitalismo, en su ilógica del “crecimiento eterno”: un fenómeno imposible en un planeta con recursos energéticos finitos, y cuyo límite se acerca.

 

El problema ambiental: otra historia que es la misma

 

No cabe en este breve artículo de explicación general del problema del desempleo, abordar el problema ambiental (también causado por la irracionalidad de la “estructura” capitalista en expansión).

 

Pero al menos miremos la advertencia de las Naciones Unidas sobre los desastres climáticos que “están ocurriendo semanalmente” y “requieren inversiones multimillonarias”: tales desastres, causados por el calentamiento global, tienen un costo estimado en 2,7 billones de dólares.

 

Observemos aún el hallazgo, también por parte de la ONU, de que la humanidad se está moviendo hacia una especie de “apartheid climático”, en el que un puñado de ricos (señores del sistema y causadores de esta situación distópica) dominarán los cada vez más raros lugares con menos sujeción a los efectos del caos ambiental, dejando a los otros humanos las consecuencias del cambio climático (problema en gran parte causado por la poco sensata competencia de su modo de producción capitalista).

 

Por supuesto, tales “cambios” ecológicos – o mejor dicho, “catástrofes humanas” – contribuyen a la crisis económica mundial: la misma OXFAM dice que cada año 20 millones de personas emigran para escapar de sequías, inundaciones, incendios y otros desastres.

 

***

 

En síntesis: la crisis del empleo (que incluye los procesos de monopolización del capital y de desigualdad social), así como la crisis ambiental, son sólo caras de la crisis estructural capitalista. Y esta crisis estructural, a su vez, no tiene como consecuencias “solamente” las graves y recurrentes crisis económicas, sino que tiende a amplificarse socialmente: como una decadencia ética – como un declive civilizacional de la (todavía) dominante “modernidad burguesa-occidental”.

 

- Yuri Martins-Fontes es filósofo y doctor en historia económica por la Universidad de San Pablo; investiga temas como el pensamiento y la literatura latinoamericanos, los movimientos sociales, la ética marxista y los saberes originarios. Trabaja también como profesor, escritor, traductor, periodista, y coordina proyectos de educación popular y formación política en el Núcleo Práxis de la USP. Es autor del libro “Marx na América: a práxis de Caio Prado e Mariátegui”, entre otros. Desde hace dos décadas, colabora con medios independientes, tales como: Brasil de Fato, Fórum, Agencia Latinoamericana de Información, Mondialisation.

 

https://www.alainet.org/pt/node/204907
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