Cuando EE. UU. invadió Panamá para patear a Japón

El canciller de Japón está de visita en Centroamérica. Un poco de historia sobre las relaciones entre Panamá, Japón y los proyectos del canal y soberanía.

21/07/2021
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Foto: https://puntodecorte.com
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El canciller de Japón, Toshimitsu Motegi, está de visita en Panamá como parte de una gira que incluye a Guatemala, Cuba y Jamaica. Sin embargo, antes de su gira, el Primer Ministro de Japón, Yoshihide Suga, sucesor de Shinzo Abe, se comprometió con el presidente Joe Biden durante su visita a la Casa Blanca (marzo de 2021), a “trabajar juntos para enfrentar los desafíos en China”, incluyendo zonas como el Mar de China Oriental, el Mar de China Meridional y Corea del Norte; es decir, en todas partes.

 

El compromiso Suga-Biden es, a todas luces, una escandalosa violación del Derecho Internacional y la Carta de la ONU, un “Acuerdo entre Rufianes” para cometer fechorías.

 

Japón se ha alineado con EE. UU., su archienemigo en la Segunda Guerra Mundial.  Antiguo aliado de la Alemania nazi (no lo olvidemos), enemigo de la URSS y genocida de los pueblos chino y coreano, Japón hoy se ha aliado al peor enemigo de la humanidad, “la potencia más belicosa del mundo” según el expresidente Jimmy Carter.

 

Estamos seguros de que ni Japón ni el canciller Motegi querrán que se les recuerde sus crímenes, barbaridades y cobardías del pasado.

 

Después de todo, en Estados Unidos ya no gritan “Remember Pearl Harbor!” cuando recuerdan el artero ataque de Japón a Hawai, como sí lo hacemos los panameños al recordar la Masacre de George Bush a Panamá en 1989, mal llamada “invasión”:  ¡Prohibido olvidar!

 

Los panameños patriotas tenemos mejor memoria que los norteamericanos, que solo tienen intereses y no amigos ni recuerdos dolorosos, al igual que los japoneses que, en vez de memoria, sufren de una amnesia conveniente o transitoria.

 

Los japoneses no quieren saber o que se les recuerde que Estados Unidos no es su verdadero amigo y que no se puede confiar en ellos.

 

Durante su visita a Panamá, estamos seguros de que el canciller Toshimitsu Motegi no llevará una ofrenda floral al ex Primer Ministro Masayoshi Ohira, en cuyo honor el general Manuel A. Noriega erigió en el Parque Omar un busto como símbolo de amistad entre Panamá y Japón, países que intentaron construir un canal al nivel del mar para reemplazar el actual canal por esclusas, a lo cual el presidente Ronald Reagan se opuso ferozmente.

 

Tampoco la delegación japonesa visitará la calle Masayoshi Ohira en reconocimiento de su amistad hacia Panamá y la espiritualidad del ex Primer Ministro. En reciprocidad, en Tokyo se erigió un Jardín en homenaje a Noriega por la Amistad entre Japón y Panamá.

 

Ni aun irá al “Cerro Nagano” que, a orillas del canal, el general Omar Torrijos bautizó en homenaje al presidente de la Cámara de Comercio de Japón y referente más importante de la empresa privada japonesa: Shigeo Nagano, responsable del “Milagro Japonés” y promotor del canal al nivel del mar.

 

Fueron Omar Torrijos y Manuel A. Noriega quienes negociaron y acordaron con Japón una hoja de ruta para el estudio de factibilidad de un nuevo canal en Panamá, con la convicción de que el Tratado del Canal (1977-1999) le daría a Panamá la independencia necesaria para dejar atrás nuestro pasado colonial bajo EE. UU. Pero Ronald Reagan tenía otros planes.

 

El gobierno del presidente Reagan y la Bechtel Corporation –de la cual eran directores su secretario de Defensa, Casper Weinberger, y su secretario de Estado, George Shultz– se opusieron rotundamente al canal japonés y sabotearon las negociaciones y estudios entre Panamá y Tokyo.

 

Por “cosas del destino”, Masayoshi Ohira, que no estaba enfermo, murió inesperadamente estando en ejercicio en junio de 1980, y Omar Torrijos fue asesinado un año después, el 31 de julio de 1981, en un atentado aéreo, dos meses después de que el presidente de Ecuador Jaime Roldós, su esposa y su séquito también murieran (mayo de 1981) de la misma forma. Ambos magnicidios ocurrieron a pocos meses de que Reagan asumiera el cargo en enero de 1981.

 

Reagan asesinó a Torrijos porque apoyó al FSLN contra Somoza, lacayo favorito de Washington, y porque Torrijos intentaba construir un canal al nivel del mar en asocio con Japón, en tanto que el presidente George Bush invadió a Panamá para expulsar a Japón y alejarlo del canal a nivel, un proyecto estrella para Panamá, amén de otras razones secundarias, como el desarme de las Fuerzas de Defensa de Panamá, para regresarnos al protectorado y a la Edad de Piedra.   

 

John Perkins, ex sicario de EE. UU., lo confiesa:

 

Ya antes, John Dean, miembro del Consejo de Seguridad Nacional, durante las sesiones de Watergate, en 1973, había explicado ante el Senado los planes de Estados Unidos de asesinar a Torrijos y, en 1979, sobre los planes de la CIA para asesinar tanto a Torrijos como a Manuel A. Noriega.

Bechtel era la compañía de construcción e ingeniería más influyente de los Estados Unidos.  Su presidente y principales funcionarios incluían a George Shultz y Casper Weinberger, quienes despreciaban a Torrijos porque apoyaba efusivamente un plan japonés para reemplazar el canal existente con uno nuevo y más eficiente (John Perkins. Confessions of an Economic Hit Man (Confesiones de un Sicario Económico). San Francisco, Cal. B-K Publishers, Inc., 2004, pág. 160).

 

En 1979, ya Torrijos había iniciado sus contactos con Japón.  La ofensiva de Washington contra Japón no se reducía a su oposición al canal japonés y a su posible control por parte de Tokyo.  En la década de los ochenta, Japón y no China era la potencia que rivalizaba con EE. UU. y amenazaba con desplazarlos.   

 

Japón se expandía por Latinoamérica y escogió a Panamá como destinatario de sus inversiones y como sede de sus negocios en la región. Por lo tanto, EE. UU. apuntó sus baterías contra Noriega y Panamá, pero también contra Tokyo.

 

En el ínterin, ocurrieron atentados terroristas a diplomáticos japoneses en Centroamérica (verbigracia, El Salvador).  El propio embajador de Japón en Panamá sufrió un atentado inexplicable (supuestamente un “accidente”) en Boquete, Chiriquí.

 

Noriega, que había sido secuestrado y encarcelado ilegalmente por Washington, a raíz de la Masacre de 1989, me concedió una entrevista –la única que concedió en prisión– desde su celda en Miami sobre Japón en 1993. Éstas fueron sus palabras sobre Japón y el canal a nivel:

 

Los norteamericanos siguieron obstaculizando los proyectos y las reuniones tripartitas. Los Estados Unidos de Norteamérica nunca estuvieron de acuerdo en que se les dejara a los japoneses ni siquiera las opciones de control después del año 2000…  El asunto llegó a un punto coincidencial del año 1985 en adelante, en que se hicieron presiones diplomáticas a Panamá y también a los japoneses a fin de que disminuyeran su interés y compromiso.

 

Así lo hicieron conocer en diciembre de 1986 cuando asistí a Tokio por invitación de la Cámara de Comercio. Se me dijo que tenían mucha presión y que por ello suspenderían una serie de proyectos originales.  Me pedían que hasta que los Estados Unidos no arreglaran su situación en Panamá, ellos tenían que ser muy cautelosos, debido a que tenían compromisos prioritarios con los Estados Unidos, después de la Postguerra (compromiso histórico).  En otras palabras, había chantaje por parte de los Estados Unidos hacia Japón.

 

En sus Memorias, Noriega sostiene:

Quiero aclarar esto muy bien: la campaña de desestabilización lanzada por Estados Unidos en 1986, que culminó con la invasión de 1989, fue el resultado del rechazo de Estados Unidos a cualquier escenario en el cual el control futuro del Canal de Panamá pudiera estar en manos de un Panamá independiente y soberano – apoyado por Japón… (Julio Yao. El Monopolio del Canal y la Invasión a Panamá.  Editora Chen, Panamá. Págs. 97-98, 102. Manuel Noriega and Peter Eisner. The Memoirs of Manuel A. Noriega, America’s Prisoner. Random House, New York, 1997).

 

Estados Unidos expulsó a Japón del canal, de Panamá, de Centroamérica y de América del Sur.  Como ha dicho nuestro colega y amigo Xavier Gorostiaga, ex Rector de la Universidad Nacional de Nicaragua y ex asesor del canciller Juan Antonio Tack:

 

La diplomacia de Japón se estaba despertando, y el tiempo japonés estaba llegando a Centroamérica a fines de los ochenta. La invasión a Panamá se ha dado antes de que Japón pudiese consolidar su plataforma de exportaciones para América Latina en Panamá y de que logre penetrar en Centroamérica. La crisis panameña afecta a todo el proyecto japonés en Centroamérica. La Pax Americana iniciada en Panamá pretende extenderse sobre todo el Istmo de Darién (de México a Colombia) (Yao. El Monopolio del Canal y la Invasión a Panamá.  Pág. 98).

 

Japón no debe dejarse arrastrar al pasado doloroso de su fallido Imperio que tanto dolor y sufrimiento le ocasionó a China durante dos guerras (1931, 1937-45); y a Corea, por la ocupación brutal de su territorio (1910-1945).

 

El pueblo japonés no debe olvidar las bombas atómicas que su ahora “aliado” arrojó sobre Hiroshima y Nagasaki, con cientos de miles de muertes, no justificadas como “necesidades de guerra”.  Estados Unidos jamás pidió perdón a Japón por tal barbarie genocida.

 

Con mayor razón, Japón debe ofrecer disculpas al pueblo chino por las masacres cometidas contra millones de campesinos indefensos que, como en la Masacre de Nankín, fueron decapitados más de 300.000 “por puro deporte” en un par de semanas. 

 

Japón debe pedir perdón a chinos y coreanos por la violación de sus mujeres y por la esclavitud sexual a las que fueron sometidas en sus campamentos y bases militares.  

 

El pueblo japonés no debe permitir que EE. UU. manipule a su gobierno en el cuarteto con Australia, India y Nueva Zelandia en contra de China, que pondrá a pelear a asiáticos contra asiáticos. El grito de rebeldía del pueblo japonés debe ser:  ¡Fuera las bases militares de Okinawa!  ¡Yanquis, go home!

 

En Pearl Harbor, en Nankín, en Corea, en Panamá y por extensión a Latinoamérica, la consigna, para quienes no hemos perdido la memoria, será siempre: ¡PROHIBIDO OLVIDAR!

 

 

 

El autor es analista Internacional, presidente Honorario y presidente Encargado del Centro de Estudios Estratégicos Asiáticos de Panamá; presidente de la Asociación Panameña de Apoyo a la Reunificación Pacífica de Corea; ex Agente de Panamá ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

https://www.alainet.org/es/articulo/213167
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