Chile: la segunda gran victoria popular y sus expectativas

Las miradas se centrarán en los trabajos de la Asamblea Constituyente. Allí se verá de qué manera se articularán las heterogéneas mayorías electas y cuán profundas serán las reformas a la Constitución neoliberal implantada por Augusto Pinochet.

21/05/2021
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El 16 y 17 de mayo pasados tuvieron lugar en Chile las elecciones convocadas para elegir a los 155 integrantes de la Asamblea Constituyente que redactará una nueva Constitución, a ser sometida a referéndum en primer semestre del próximo año. La misma tendrá por primera vez paridad de género en su composición, y la representación, con 17 escaños, de los pueblos originarios. Asimismo se elegían 346 alcaldes y gobernadores de las 16 regiones del país.

 

A la vez que celebramos este gran triunfo del pueblo hermano, tratemos de sacar algunas conclusiones preliminares del mismo. La primera es que los triunfos y las derrotas son siempre la resultante de un proceso acumulativo previo.

 

Estas elecciones de constituyentes tienen el antecedente del plebiscito del 25 de octubre de 2020 en el cual el pueblo chileno por abrumadora mayoría decidió aprobar:

 a) sí a una nueva Constitución (78,27%)

b) sí a la elección directa de 155 miembros de una Asamblea Constituyente con distribución paritaria de género y representación de los pueblos originarios (78,99%) contra la opción de que la misma se conformara en forma mixta con igual número de parlamentarios y de constituyentes directos.

 

Pero hay que tener presente que estas dos convocatorias fueron arrancadas al gobierno de Piñera por las multitudinarias manifestaciones del pueblo en las calles en contra de la estrategia neoliberal iniciadas en octubre de 2019.

 

Los votos hablaron claro

 

La segunda conclusión es la derrota catastrófica de la derecha chilena hoy en el gobierno. Su lista única “Chile vamos” tenía como objetivo lograr un tercio de los convencionales (52 en 155) que le daría poder de veto sobre los artículos de la nueva Constitución a ser votados. Sólo tuvieron un 23% de los votos y 37 escaños. Es la inequívoca respuesta a este gobierno.

 

Baste decir que de acuerdo a las últimas encuestas, Sebastián Piñera tiene un 9% de aprobación y un rechazo del 74%.

 

La tercera que no es menor, es la gran votación de candidatos independientes, por fuera de las estructuras partidarias de la centro-izquierda y la izquierda. Obtuvieron casi un tercio de la asamblea; 48 escaños. Es la primera vez que se permitió la presentación de candidatos independientes, por fuera de las estructuras partidarias tradicionales.

 

Otra no menos importante es el voto castigo a los partidos de la exConcertación que gobernara entre los años 1990 y 2010. Con su lista “Apruebo”, sólo obtuvieron 25 escaños de los cuales 15 son del Partido Socialista y apenas 2 de la Democracia Cristiana.
 

La lista “Apruebo Dignidad” que aglutinaba al Partido Comunista y al Frente Amplio votó muy bien y obtuvo 28 escaños. En suma, los sectores de oposición al gobierno tienen los 2/3 de la Asamblea Constituyente. El mismo castigo de la gran mayoría de la ciudadanía a las políticas del gobierno represor de Piñera se expresó en las votaciones a concejales, alcaldes y gobernadores.

 

La alianza entre el Partido Comunista y el Frente Amplio obtuvo importantes victorias en municipios muy poblados que auguran un aumento de su caudal electoral para las próximas elecciones presidenciales, de renovación total de la Cámara de Diputadas y Diputados y la mitad de la de senadoras y senadores, del mes de noviembre.

 

El triunfo más destacado fue el de Irací Hassler Jacob, una joven economista comunista en la Municipalidad de Santiago, un clásico bastión conservador. También fue importante la votación en la comuna de Recoleta para un nuevo período del también comunista Daniel Jadue, que se perfilaría como posible candidato presidencial de una alianza de izquierda para el próximo año y la de Rodrigo Mundaca –destacado dirigente de las luchas por el agua pública- en la Gobernación de Valparaíso.

 

No podemos dejar de mencionar nuevamente la baja participación de la ciudadanía en estas elecciones. Sólo votó el 43,3% (6,5 millones de un total de 14,9 millones habilitados). Desde que el voto dejó de ser obligatorio en el año 2012, salvo en el referéndum de octubre pasado que contó con el 50,1% de votantes, en todas las elecciones restantes siempre se estuvo por debajo del 50%.

 

Las expectativas

 

Las miradas se centrarán en los trabajos de la Asamblea Constituyente a iniciarse el próximo mes. Allí se verá de qué manera se articularán las heterogéneas mayorías electas y cuán profundas serán las reformas a la Constitución neoliberal implantada por Augusto Pinochet.

 

En definitiva habrá que ver si sólo se maquillará con un nuevo lenguaje su talante neoliberal (“economía social de mercado”, “capitalismo popular” y otros similares) o se realizarán los cambios de fondo reclamados por el pueblo movilizado desde el año 2019.

 

Baste citar como ejemplos más evidentes la recuperación de los recursos naturales estratégicos como el cobre y el litio por parte del Estado (hoy en manos de corporaciones privadas), una reforma a fondo de la seguridad social, y el acceso real a derechos humanos básicos en materia de educación, salud, paridad de género y medio ambiente.

 

Asimismo una verdadera política de descentralización y de construcción de un Estado plurinacional incluyente de todos los pueblos originarios. Más allá de la pandemia, sólo el pueblo organizado y movilizado será el garante del buen rumbo de este proceso.

 

Carlos Flanagan. Ex-embajador de Uruguay ante el Estado Plurinacional de Bolivia. Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/212348
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