¿Cuánto vale la comunicación socialista?

24/02/2014
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“La tarea bolivariana, […] estriba en hacer conscientes a los ciudadanos de que se emancipen de los poderes dominantes en la economía y en la cultura, de que tomen conciencia de la necesidad de producir una comunicación basada esencialmente, no en el valor de cambio capitalista, sino en el valor de uso socialista, esto es, una comunicación cualitativa […]. En suma, aplicar criterios de rentabilidad social y no sólo criterios de rentabilidad financiera”
Vicente Romano[1].
 
La sociedad de la información contenida dentro de la guerra cultural imperialista ha definido la directriz "academicista" burguesa de discernir a la transmisión de información como la esencia de, o como toda la comunicación.
 
La (r)evolución tecnológica capitalista es la base teórica y práctica de la transmisión de información. El poder imperialista impone la dominación comunicativa, contra la información históricamente contextualizada para la materialización de un proceso comunicativo. Todo queda en la pasividad de la recepción de ese flujo de información sujeto a un modo de dominación, y a la tecnofilización de la cultura como condición ineludible. El secuestro de todo lo ajeno descansa en el refuerzo que esta concepción de la comunicación y la cultura le aporta desde la guerra cultural imperialista.
 
Teniendo en cuenta que el ideario bolivariano, desde la praxis política de Hugo Chávez devino en una cultura vigente dentro del proceso emancipatorio venezolano y latinoamericano contra la dominación imperialista; la cultura bolivariana se ha convertido en el espacio de una cruenta lucha de clases donde la hegemonía angloestadounidense intenta desmantelar al proceso,  acudiendo a todos los recursos de esa llamada “cuarta guerra” que se soporta en el control sobre los medios tecnológicos de transmisión de información.
 
La “fabricación” de referentes culturales, y el trastorno de los símbolos de la cultura bolivariana, chavista, en función de deslegitimar a la emergencia de su hegemonía, no solo alternativa, también diametralmente contraria a la capitalista se despliega desde la plataforma latinoamericana y caribeña hacia el resto del mundo. Todo lo que tiene que ver con el proceso político y la cultura bolivariana debe ser acosado por mecanismos de sometimiento. Ahí es donde pueden cotejarse acontecimientos recientes manipulados por los medios de información –mal discernidos como de comunicación-, de propiedad o controlados por las transnacionales que soportan a la globalización del sistema burgués, para el acopio parasitario de plusvalía indispensable al sistema, en medio de la agudización de una crisis (a partir del 2007) que no parece tener solución a mediano plazo. La integración regional latinoamericana y caribeña, de la que el ideario de Hugo Chávez fue (y es) el soporte esencial, sería el peor alivio para dicha crisis.; que, curiosamente, experimenta un momento muy interesante para la confirmación de las reales intenciones de la política angloestadounidense y sus adláteres europeos. Lo referiremos a vuela pluma.
 
Con el caso Snowden, la estructura de poder y dominación yanqui sufre una grieta que por cíclica -recordar los casos anteriores de denuncias por parte de especialistas (disidentes) anglonorteamericanos de la Inteligencia-, no deja de ser paradigmática. En medio del despatarre provocado por las denuncias de que Obama le vigila sus entrañas a todo el mundo (friends & enemys) sentado en el inodoro de la Casa Blanca, los media implementan la estrategia de desviar la atención mundial hacia el mismo Snowden –el mensajero-, e invisibilizar al mensaje. Entretejen el entuerto global del ratón intentando escabullirse del gato. ¿Casualidad? El avión de Evo Morales, primer presidente indígena (el real, no un espécimen del exotismo etno-turístico) de Bolivia y hermano de lucha de Chávez, el 2 de julio del 2013, de regreso de una reunión en Rusia, es “detenido” en el aire europeo bajo el argumento de que en el avión ocultaba a Snowden. Lo ponen a dar vueltas sobre el espacio aéreo de la Unión Europea, como si fuese un narcotraficante sin permiso de aterrizaje para escala en lugar alguno de ese contexto. A riesgo de ser derribado por un misil “perdido” o un drone “extraviado”; o un “accidente”. Y por humillarlo a él y a todo lo que representa la integración regional insubordinada contra la hegemonía capitalista de turno. La soberana decisión de Ecuador, Venezuela, Nicaragua y la misma Bolivia, de ofrecer asilo humanitario a Snowden, se debía pagar con la desvalorización de dichos países e integración regional en su valor de cambio. Y esa desvalorización es en principio masmediática; Rusia entró en el agua hasta los tobillos. No sentir la ofensa contra Evo y Bolivia como propia es el comienzo del regreso a la sumisión al sistema burgués.
 
El punto de mira de la NSA (National Segurity Agency) angloestadounidense está en esa integración regional latinoamericana y caribeña, en lo que la hegemonía capitalista actual pierde a partir de discernirla en su valor de cambio. La “comunicación” tiene que implicar dinero –dólar-, o algo que pueda convertirse en capital. La ultraderecha venezolana no es más que la punta del rabo de un animal enorme que conforma a la estrategia de dominación imperialista. El suyismo al que apela la propiedad privada capitalista no estriba en la acumulación de “cosas” u objetos; sino en la apropiación del plusvalor del trabajo ajeno; vivir de la renta soportada por el trabajo de otro u otros.
 
Uno de los principios vitales que debe consagrarse en y desde el socialismo bolivariano, chavista, es el de huir como de la peste de la perspectiva de vivir de rentismo alguno. Ni de la renta del trabajo de otro; ni de la renta petrolera, ni de la renta de “melones automáticos”. Sin tal rentismo no existe ultraderecha sustentable.  El valor de uso no es un término arcaico, sino la perspectiva de un futuro posible, sustentable; para todos. La mundialización que se “comunica” obedece al principio del valor de cambio desde el acopio capitalista que es parasitario, por rentista. Solo la ignorancia ha permitido que ese principio haya proliferado junto a la expansión de la cultura del capitalismo a través de la comunicación; que produce renta para su plutocracia y “sueños” para todos los demás. Sueños que van desde una “buena” película “yuma” hasta mal discernir el secuestro de Evo como lo más normal del mundo, para cazar al molesto “ratón”. El sistema capitalista nos necesita socotrocos, ñongos o brutos. No hay que olvidar que:
 
“La ignorancia jamás ha ayudado todavía a nadie”, decía K. Marx en 1846. Convertir los medios en fábrica de pensamiento en vez de fábrica de sueños, en actividad en vez de accionismo, en creatividad en vez de imitación”.[2]
 
La verdadera comunicación es creadora de una cultura como valor de uso; al servicio de la equidad y la justicia social, incluso en los sueños. La tecnofilización de la cultura equivale a la hegemonía imperialista, que incluye a la dominación y el control sobre todos los sueños ajenos; incluyendo a los de emancipación; a la equidad en lo que se comunica; es decir, a la libertad. No hay brutos (incultos) libres.
 
 
-MSc.Yelina Gómez Martínez es Investigadora en Comunicación Social en fase de defensa del Doctorado en Ciencias de la Comunicación Social. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.
 
- Víctor Andrés Gómez Rodríguez es escritor e investigador sociocultural cubano. 


[1] ROMANO, Vicente (2013). La guerra de la información en Venezuela. En: Lahaine.org. Consultado el  2 de mayo de 2013, desde URL http://www.lahaine.org/blog.php?disp=impr&blog=3&p=68947
 
[2]Ibídem.
 
https://www.alainet.org/es/articulo/83433
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