La estrategia de la oligarquía frente al Pacto Histórico

El momento político está signado por lo que las castas dominantes han definido como la “amenaza petrista”. Ellos y sus asesores saben que se han presentado todas las condiciones para que -por primera vez- llegue a la Presidencia un líder popular que cuenta con el perfil, experiencia, preparación, inteligencia, audacia y el apoyo ciudadano para lograrlo.   

17/12/2021
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Desde 1948 no se perfilaba un proyecto político de raigambre popular que pusiera en peligro la hegemonía oligárquica y conservadora que ha dominado desde siempre a la sociedad y al Estado colombiano. Jorge Eliécer Gaitán fue el último dirigente político que puso en jaque a las castas dominantes de este país. Hoy es Gustavo Petro quien lidera un proceso socio-político que revive ese momento y emula esa acción emancipatoria.  

 
Y por supuesto, esa oligarquía y sus mandaderos cortesanos, están nerviosos y con los pelos de punta. Hasta ahora no se ha hecho expresa la reacción del gobierno de los EE.UU., pero dado que esta “republiqueta” siempre ha actuado como colonia y ha sido punta de lanza del imperio en la región, deben estar interviniendo detrás del escenario. El torpe alinderamiento del actual gobierno de Duque (y Uribe) en favor de Trump les impide hacerlo de frente.  

 
En días recientes quedó más o menos claro el panorama electoral en Colombia para 2022. Los últimos movimientos, pronunciamientos, jugadas e inscripciones de candidatos presidenciales y de listas al Congreso (Senado y Cámara), son señales con las que se puede dibujar el escenario venidero. Los “políticos”, partidos y coaliciones han quedado expuestos. 

 
El Pacto Histórico y Petro mantuvieron la iniciativa política en 2021. Su dinámica y empuje obligaron a que las consultas presidenciales sean más robustas en comparación con 2018. Se enfrentarán diversos agrupamientos y coaliciones que van a ser determinantes para posicionar a los principales candidatos de cara a la primera vuelta (mayo/22). Además, esas consultas tendrán cierta influencia en la elección de congresistas, aunque no como se quisiera.  
 

La diferencia con 2018 es que se han presentado una serie de “fugas” ideológicas, no tan explícitas ni reconocidas. Las causas de la paz y la anticorrupción están desdibujadas, mientras aparecen otros temas de tipo estructural. La izquierda viró hacia el “centro”, atrayendo liberales y verdes; el “centro” implosionó y giró dramáticamente hacia la derecha; y las derechas tradicionales, incluido el “uribismo”, terminaron agrupándose alrededor de sus fortalezas que no son otras que las mafias y la corrupción vestida de “eficiencia”. 

 
La “amenaza petrista” 

 
El momento político está signado por lo que las castas dominantes han definido como la “amenaza petrista”. Ellos y sus asesores saben que se han presentado todas las condiciones para que -por primera vez- llegue a la Presidencia un líder popular que cuenta con el perfil, experiencia, preparación, inteligencia, audacia y el apoyo ciudadano para lograrlo.   
 

Pero lo que más temen, es que ese hecho político desencadene un proceso de cambio que empodere a amplios sectores sociales empobrecidos, marginados y excluidos de lo que llaman “democracia” y “desarrollo”, que pueda poner en riesgo los privilegios que han atesorado a lo largo de los siglos en que su dominación fue impuesta a sangre y fuego. 
 

Para impedir ese hecho tratan de inocular su miedo entre las gentes. Utilizan lo ocurrido en Cuba, Nicaragua y Venezuela mostrando solo una cara de la moneda; niegan el papel del imperio estadounidense en la deriva autoritaria que surgió en esos países (bloqueo), y paralelamente, ocultan o tergiversan lo que ha ocurrido en países de América Latina en donde el progresismo y las izquierdas han logrado importantes avances para sus pueblos y naciones. 
  

Pero como hasta ahora esa estrategia no les ha funcionado plenamente, dado que Petro ha avanzado en la tarea de desmontar esa imagen construida por sus enemigos sin renunciar a sus principales propuestas de cambio estructural, podemos observar como la oligarquía y sus mandaderos cortesanos juegan a varias bandas, aunque saben que al final tendrán que unirse para defender la “institucionalidad democrática” que supuestamente está amenazada. 
 

Y del lado del Pacto Histórico y Petro, saben también que con las fuerzas habituales de la izquierda y progresistas no pueden disputar seriamente la Presidencia. Por ello han diseñado una estrategia inteligente que, por lo visto, no todos sus integrantes comprenden, que consiste en impulsar un nuevo tipo de coalición que no estaba en los planes de nadie: la “reconciliación entre contrarios históricos” que Petro define como la esencia del Pacto.  
 

Esas dos estrategias, la oligárquica y la democrática, las analizo brevemente a continuación.  

 
La fórmula tradicional de la oligarquía  

 
Cuando hablamos de oligarquía nos referimos a los grandes grupos económicos que tienen origen “colombiano” pero que en la actualidad juegan en las grandes ligas del capitalismo financiero globalizado. Ellos hoy comparten el territorio, las riquezas, el mercado y la mano de obra de nuestro país con los enormes conglomerados capitalistas de diversa procedencia y origen (estadounidense, canadiense, mexicano, europeo, chino, etc.).  
 

Como lo afirma Jorge Senior, ha sido la oligarquía latifundista, conservadora y clerical la que siempre ha dominado en lo económico, político y cultural, e incluso, se “recicló” en los años 80s con dineros del narcotráfico para volverse capitalista. A lo largo de la historia se han valido de diferentes expresiones políticas para engañar a los pueblos y trabajadores, estimulando el surgimiento de expresiones políticas radicales, centenaristas, “uniones nacionales”, liberales y conservadores, y aún, comunistas, siempre y cuando no pusieran en peligro su hegemonía.  

 
Como ese “juego democrático” en Colombia no ha sido suficiente para controlar las verdaderas rebeldías populares (indígenas y campesinas), alentaron levantamientos y sublevaciones armadas para identificar a los líderes populares y liquidarlos mediante el asesinato o la desaparición, si no accedían a someterse a sus designios. Dicho método es una herencia aprendida de sus antepasados españoles que la usaron en forma sistemática. 
 

Ejemplo de ello no es solo el caso de Gaitán sino el asesinato de todos los candidatos presidenciales que durante la década de los años 80s y 90s del siglo pasado (XX) se atrevieron a desafiar a esa casta dominante como fueron Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro León-Gómez, Luis Carlos Galán Sarmiento y Álvaro Gómez Hurtado.  
 

No obstante, a pesar que esa “solución” criminal sigue vigente y es una real amenaza, pienso que los grandes poderes intentarán derrotar a Petro usando “su legalidad”. Están frenados, un poco, por lo ocurrido en los últimos 2 años, con pandemia y estallido social incluidos, sumado a las acciones de la ONU y otros organismos internacionales de monitoreo al “proceso de paz”. Todo ello ha colocado a la defensiva a las fuerzas más reaccionarias del establecimiento oligárquico. El último informe sobre la masacre de jóvenes en Bogotá entre el 9 y 10 septiembre del 2020, es un ejemplo. 
 

La estrategia de “varias bandas” 

 
Y allí es donde entra a jugar la estrategia de “varias bandas”. Ante el debilitamiento de sus partidos “históricos” (liberal y conservador) y la quiebra moral de los “nuevos” (La “U”, Cambio Radical, Centro Democrático), y frente al reto que les ha planteado Petro y el Pacto Histórico, no tienen otro camino que construir “otras alternativas”, que asumen la forma de “coalición” pero que en realidad es una simple sumatoria de personajes sin partido o con partidos “rehabilitados y revividos” para la ocasión (Nuevo Liberalismo, Oxígeno Verde).   
  

Frente a la implosión de la Alianza Verde, el nulo crecimiento de Compromiso Ciudadano y el desgaste de Sergio Fajardo, los cuadros más cercanos a Juan Manuel Santos (De la Calle, Cristo) con la ayuda de Ingrid Betancourt se inventan la candidatura de Alejandro Gaviria, y atraen hacia ese “nuevo centro político” a los hermanos Galán y otros personajes, que han tratado de mantener una imagen de impolutos y no corruptos, pero que siempre han sido mandaderos y cortesanos de la oligarquía colombiana.  
 

En esas circunstancias, el pequeño grupo llamado “Dignidad” a que se redujo el Moir y otros pocos aliados que tenían dentro del PDA, han tenido que acomodarse en dicha “coalición”, colocando por delante de su acción política los odios y resentimientos acumulados contra Petro, renunciando a su pasado de independencia y de representación “obrera”, convirtiendo la consigna de “defensa de la producción nacional” en “alianza con la oligarquía financiera”. 

 
Esta “banda” ha mostrado en todas sus acciones y pronunciamientos que su objetivo central es “derrotar a Petro”. Frente al cambio real y efectivo que propone el Pacto Histórico basado en la “democratizar la tierra, el crédito, el conocimiento y la riqueza”, la “industrialización del aparato productivo” y “el cambio de la matriz energética para dejar de depender de los combustibles fósiles”, la coalición Centro Esperanza lo único que se atreve a plantear es que los “cambios tienen que ser moderados”, que “no podemos dar saltos al vacío”, y que Petro es un populista y demagogo. 
 

Mientras las clases dominantes alientan y apoyan por los medios de comunicación al “Centro Esperanza”, paralelamente, construyen la verdadera alternativa que puede vencer a Petro. Por ahora le llaman “Equipo por Colombia” o “Coalición de la Experiencia”, conformada por el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, el exalcalde de Medellín Federico Gutiérrez, el exalcalde de Barranquilla Alex Char, la exgobernadora del Valle del Cauca Dilian Francisca Toro, el exministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry y el exsenador David Barguil.  
 

Esta “banda” no solo ataca de la misma forma a Petro, tachándolo de subversivo, castro-chavista, exguerrillero, demagogo y populista, sino que intenta desprestigiar su paso por la Alcaldía de Bogotá. La esencia de este “agrupamiento” de exmandatarios locales o regionales es totalmente clientelar y corrupta. Construyeron su perfil político de la mano del gran capital, son neoliberales a morir, no les interesa en lo más mínimo la gente y su fortaleza se basa en el apoyo de los grandes “cacaos” y la compra de votos. El más opcionado es Char.  
 

Además, van a jugar otros dos candidatos sueltos que no van a ir a consulta. Uno es el candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, y el otro es el candidato independiente, Rodolfo Hernández, exalcalde de Bucaramanga. El primero es la aparente ficha de Uribe y muy seguramente se mantendrá por fuera de las coaliciones para poder obtener una bancada parlamentaria con la cual negociar. El segundo, su principal propuesta es la anticorrupción, se muestra honesto, pero no representa un peligro para el “sistema”.  
 

Como ya se ha visto en sus primeras intervenciones, todos tienen en la mira a Petro. Después de la primera vuelta y si ningún candidato logra más del 50% de los votos, todos llamarán a votar por la “defensa de las instituciones”, “todos contra Petro”.  
 

La estrategia del Pacto Histórico  

 

El proceso político denominado Pacto Histórico (PH) en Colombia -impulsado y liderado por Gustavo Petro- hace parte de los procesos de cambio latinoamericanos. Pareciera ser un experimento sui generis porque este país está saliendo de un larguísimo y complejo conflicto armado. No obstante, es parte de los procesos progresistas recientes de América Latina, aunque debido a una serie de circunstancias acumuladas en el tiempo, puede experimentar y concretar nuevos caminos y aportes.  

 

Petro ha logrado desencadenar un proceso de aglutinación y articulación de diversas fuerzas sociales y políticas que separadas y aisladas no podrían enfrentar el poder de unas castas dominantes que utilizan “todas las formas de lucha” para mantener su hegemonía.  
 

La estrategia del PH es bastante diferente a la que se hizo hasta hace 4 años y que mucha gente todavía tiene en la cabeza y en el corazón. Petro junta a la gente en torno a sus ideas, a su historia de luchador y líder del cambio, pero a la vez, intenta interpretar y potenciar la diversidad propia de un país tan complejo como el colombiano. 
 

El Pacto Histórico impulsa y desarrolla tres (3) procesos complejos de “juntanza” que son: a) El encuentro “de hecho” y “no formal” de movimientos sociales y de gentes sin partido; b) La coalición “formal” de sectores políticos específicos y variados; y c) El pacto entre contrarios históricos (dinámico y conflictivo) como forma de reconciliar a la sociedad y avanzar. 
 

En lo social, se presenta una confluencia de pueblos indígenas, comunidades negras, sectores campesinos, trabajadores urbanos y “clases medias”. Todos ellos se expresaron de diferentes formas en el reciente estallido social. Los productores agrarios y el “precariado” están cerca pero todavía indecisos y deben ser ganados con propuestas viables (“no sueños”).    
 

En lo político electoral, se están aglutinando vertientes políticas que -una vez superado el tema de la “paz chiquita” (desarme y desmovilización de las Farc)- están encontrando puntos programáticos de acción en común. Ellos son: las izquierdas, los verdes y los liberales.  
 

Las izquierdas se centran en consolidar la paz y la democratización de la tierra; los verdes se entusiasman con el cambio de la matriz energética; y los liberales más independientes retoman la propuesta de la industrialización de nuestras materias primas y la reforma política. El encuentro entre “contrarios históricos” genera algunos roces y debates en curso[1]. 
 

Hasta el momento la estrategia del PH ha dado importantes resultados. Petro ha flexibilizado la política de alianzas, pero ha mantenido y perfeccionado el programa y las propuestas de cambio.  
 

Su propuesta de “reconciliación de contrarios históricos” ha sido una sorpresa para muchos sectores, incluso al interior de la izquierda, pero a su vez, es criticada desde las otras coaliciones y vertientes políticas.  
 

Agudos analistas y contradictores “ideológicos” se preocupan por colocarle límites al Pacto Histórico, fungiendo de “buenos consejeros” pero con el objetivo de crear cizaña y desconcierto en las filas del progresismo.  
 

La perspectiva de las elecciones de marzo/22 
 

Es evidente que los candidatos que no jueguen en las consultas presidenciales de marzo de 2022 van a salir debilitados hacia la primera vuelta. La experiencia de 2018 así lo enseñó. En relación a las elecciones legislativas, la retroalimentación entre las campañas al Congreso y las presidenciales, pareciera ser más fuerte en los partidos tradicionales porque la maquinaria la tienen los gamonales políticos de región y municipio. Por ello fue que eliminaron la Ley de Garantías.   
 

Muy seguramente a medida que las encuestas reflejen la aceptación o no de los candidatos en juego, habrá muchas deserciones en favor de uno u otro candidato, y los acuerdos y componendas serán la comidilla del momento.  
 

Por ahora es difícil hacer pronósticos. La consulta del PH tendrá como fuerte arrastre la candidatura de Petro. En el Centro Esperanza la competencia va a ser protagonizada principalmente por Fajardo, Gaviria y Galán. Y en la del Equipo por Colombia, muy seguramente los candidatos (as) con mayor maquinaria partidista (La U y CR) y capacidad de compra de votos (Dilian, Char), se disputarán esa candidatura.  
 

En relación a las elecciones legislativas solo me atrevo a plantear lo siguiente respecto del Pacto Histórico. Debido a que dicho proceso de “juntanza” es relativamente nuevo y reciente, era muy difícil construir una “unidad total” alrededor de las listas oficiales al Senado, mucho más cuando dicha lista es “cerrada” y “en cremallera”, para garantizar -supuestamente- la elección de dirigentes sociales, representaciones étnicas y de mujeres.  

 

En realidad, la dinámica del PH juega alrededor de la candidatura de Petro sin que ello signifique menospreciar las otras candidaturas. Es un hecho real y comprobable. Lo que hay que tener en cuenta es que el verdadero pacto histórico está siendo representado por muchos más candidatos al Congreso tanto de dentro como por fuera de las listas oficiales del PH. 

 

Ejemplo de ello es la lista de Fuerza Ciudadana, la presencia en la lista de AV de algunos “verdes” que no podían salirse de ese partido, la de “Estamos Listas” (feminista), las listas de circunscripción indígena y afro, e incluso, candidatos que hacen parte de listas de los partidos tradicionales.  

 

En el Cauca, por ejemplo, hay candidatos a Cámara y Senado que las bases los obligaron en el pasado y los obligarán en el futuro, a apoyar a Petro en las elecciones presidenciales. 

 

Esa situación obliga a los integrantes del Pacto Histórico a ser muy inteligentes en esas campañas a Senado y Cámara. Lo principal es que Petro llegue a la Presidencia (dado el carácter presidencialista de este precario Estado colombiano).  

 

Y si se logra ese objetivo y la representación lograda en el Congreso no es mayoritaria, tendrá que gobernar apoyándose en la Constitución y en muchas leyes vigentes. Así podrá gobernar durante algún tiempo y, sobre todo, DEFENDERSE de los inevitables ataques e intentos de golpe de Estado que desde ya planean e intentarán ejecutar.  

 

Y, avizorando lo que viene, Petro y el Pacto Histórico, tendrán que consolidarse y apoyarse en la gente, en nuestro pueblo, para poder avanzar y garantizar un verdadero cambio. El estallido social demostró el potencial de una sociedad que sólo organizada y movilizada será garantía para gobernar “desde abajo” apoyándose en los que hagan parte del gobierno (“por arriba”).  

 

No todo es Estado. Si Petro llega a la Presidencia tendrá que estimular la organización popular, la movilización ciudadana, y el “emprendimiento asociativo y colaborativo”, para que sus propuestas de industrialización y de cambio de matriz energética sean una realidad. Es lo que hemos aprendido de los demás gobiernos progresistas de América Latina, de sus errores y aciertos.   

https://www.alainet.org/es/articulo/214602
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