¿Qué nos han dicho las elecciones?

“La voz de las urnas” no brinda respuestas a la crisis acuciante y multidimensional que vive la sociedad argentina, mientras despunta un acuerdo entre gobierno y oposición que sólo puede agravar las condiciones reinantes.

19/11/2021
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Una celebración llena de equívocos

 

El espectáculo de dirigentes y militantes del Frente de Todos (FdT), cantando y bailando en la noche del domingo 14 de noviembre constituye una paradoja. El FdT acababa de obtener cinco millones de votos menos que en los comicios de 2019. La coalición adversaria, Juntos por el Cambio (JxC), lo superó por cerca de dos millones de votos en el total del país.

 

El mito de la “invencibilidad” del peronismo unificado sufrió un duro golpe. También queda cuestionada la tradicional afirmación de que “el pueblo es peronista”, como condición indiscutible e inmodificable. Sin pensar en un declive definitivo, un caudal electoral de algo más del 33% del total y en un contexto de elevada abstención (sólo votó alrededor del 72% del padrón) no puede ser identificado sin más con “el pueblo”. En la comparación, el Frente de Todos perdió 5 millones 200 mil votos respecto de las elecciones de 2019.

 

A la hora de buscar algo digno de recobrar aliento, en el peronismo sólo puede encontrarse la leve reducción de la diferencia que JxC obtuvo en las PASO a nivel nacional sobre la coalición oficialista. Y en particular el acercamiento en la decisiva provincia de Buenos Aires, con el FdT que mejoró su rendimiento electoral en buena parte de los municipios del conurbano. A la hora del objetivo de máxima de “dar vuelta” el resultado electoral, ello sólo ocurrió en dos distritos pequeños, Chaco y Tierra del Fuego. La repetición de la derrota en jurisdicciones como La Pampa y Chubut le acarreó una alteración desfavorable de la correlación de fuerzas en la cámara de senadores.

 

Sin duda lo que en realidad se celebró es haber eludido las predicciones más negativas, que hacían temer unas cifras electorales para el peronismo aún peores que las de las PASO. Se desmintieron así muchas previsiones que auguraban una “catástrofe”.

 

La paradójica alegría fue desatada por el alivio de no verse en una situación que dificulte aún más la espinosa gestión de gobierno y oscurezca en mucho el panorama electoral para 2023. El FdT puede seguir “remando” en la crisis, las estructuras políticas sobrevivieron. Se diluye un poco el imperativo de revisar con severidad lo ocurrido y hurgar en las causas de la derrota.

 

Más allá de la paradoja de exaltar una derrota, hubo un elemento que añadió un matiz sombrío al jolgorio. Minutos antes se había emitido un discurso grabado del presidente Alberto Fernández, que abogó por un pacto con la oposición en dirección a un arreglo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Incluyó una propuesta concreta, el establecimiento por ley de un Programa Económico Plurianual para el Desarrollo Sustentable. En cuanto al contenido del programa manifestó que “…contemplará los mejores entendimientos que nuestro gobierno haya alcanzado con el staff del FMI”. El presidente se ocupó de aclarar que estas propuestas contarían con el aval de la vicepresidenta de la Nación y buscaría en el ámbito parlamentario el consentimiento de la oposición.

 

Si se descuentan las consabidas aclaraciones acerca de que esos acuerdos no acarrearán un “ajuste” ni se harán sobre el hambre del pueblo, la perspectiva parece ominosa. Allí penden como amenazas la reforma laboral y previsional, la reducción del déficit fiscal con salarios del sector público y prestaciones sociales como “ahorros” fundamentales, y la liberación de las tarifas de servicios. Todos ataques contra las condiciones de vida y los derechos adquiridos de las clases populares, que suelen ir asociados a los acuerdos de financiamiento con el organismo internacional.

 

Si el gobierno consiguiera el respaldo para un acuerdo con el FMI en esos términos, tanto en el interior de la coalición de gobierno como en el campo opositor, sólo puede esperarse que las angustiosas circunstancias que vive la mayoría de la sociedad argentina empeoren más aún con la política económica bajo la estrecha supervisión del Fondo. Y, también, que quede hipotecada la vida de lxs argentinos por el lapso de una década. Condición desencadenada sobre todo después del “plazo de gracia” que estos pactos llamados de “facilidades extendidas” contemplan y el recomienzo de los pagos de una deuda sideral.

 

Que tales anuncios no enfriaran la “alegría” de la noche electoral, puede echar otra luz acerca de los motivos del forzado alborozo: la mera posibilidad de permanecer en el poder, sin importar con qué políticas ni en base a qué ideas, con prescindencia de tradiciones y promesas, sin más preocupación por el bienestar popular que las que las urgencias electorales impongan. Podría pensarse que el kirchnerismo se autoelogió en su carácter de maquinaria política que, pese a todo, consigue ser medianamente eficaz.

 

Los resultados y sus consecuencias

 

Cabe preguntarse por las razones que permitieron al frente peronista conjurar el desastre. Entre las dos elecciones el gobierno desplegó algunas medidas paliativas, aunque no llegaron otras que podrían haber sido importantes, como un bono para lxs jubiladxs o una reposición temporal del IFE. No hay que descartar que los limitados aumentos del salario básico y la jubilación mínima, o el incremento de los salarios familiares, hayan tenido algún efecto en el leve repunte del Frente de Todos.

 

Jugó también su papel el trabajo “voto a voto” en busca de sufragios que estuvieron ausentes en las primarias o la realización de algunas obras públicas en escala reducida y muy focalizadas.

 

Asimismo pudo tener incidencia la alarma de algunos votantes ante la posibilidad de que un amplio revés del FdT comience a abrir las puertas a la oposición de derecha y a otra brutal agresión como la que desplegó el gobierno de Mauricio Macri.

 

Otra característica de la acción del FdT fue la apuesta a los actos masivos. Buscó trasmitir una imagen de cohesión y entusiasmo que faltó en el turno de septiembre. La convocatoria y organización de esos actos no estuvo exenta de tensiones y contramarchas, lo que no quita que cumplieran su función de movilizar a la militancia e infundir bríos para el trabajo proselitista cotidiano.

 

JxC ratificó el triunfo del 12 de septiembre y quedó en posición expectante de cara a las elecciones de 2023. De cualquier modo perdió más de 1 millón de sufragios respecto a la votación de 2019 y sufrió algunos retrocesos en comparación con las PASO, como en CABA, actuación electoral que estuvo por debajo de sus expectativas.

 

El porcentaje nacional alcanzado en torno al 42% es más que satisfactorio y coloca a esa alianza en una posición favorable. En cuanto a la distribución de las bancas legislativas, la pérdida del quorum por parte del oficialismo en el Senado los coloca en una posición más favorable para cualquier negociación.

 

Ambos turnos electorales mostraron que, aún cuestionado y disminuido, el arraigo del “bicoalicionismo” sigue vigente. Lo que facilita que los desencantados de su anterior voto al peronismo tomaran el camino de la oposición de derecha en lugar de buscar otros destinos. Sólo una minoría se inclinó por otras opciones, en crecimiento, pero aún lejos de las mayorías.

 

Otra reflexión posible es que si se arriba al consenso en torno al sometimiento al FMI y a la aprobación de un programa económico a su medida, quedará más clara la superficialidad del choque frontal que a oficialismo y oposición les place escenificar, en base al supuesto de que encarnan “proyectos de país” antagónicos. La existencia de esa contraposición debe ser al menos relativizada.

 

Se evidenciarían aún más las coincidencias de fondo, proporcionadas por su compartida vocación de administradores del capitalismo argentino. De no alterarse la lógica en curso, ambas alianzas utilizarán el 75% de los sufragios que aún retienen entre ambas para converger en la subordinación al gran capital. A lo sumo con algunos desacuerdos en el ritmo y modalidad para sostenerla.

 

La izquierda ha logrado cuatro diputados y casi un 6% de los votos a nivel nacional. El resultado de Jujuy, con más del 25% de los sufragios ha sido notable. Los desempeños en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (7.76) y en la provincia de Buenos Aires (6,82) constituyen actuaciones significativas en los dos distritos de mayor visibilidad. Como contraparte cabe señalar resultados por debajo del promedio nacional en distritos tan importantes como Córdoba (3,54%) y Santa Fe (2,19%)

 

La reforzada presencia de legisladores de izquierda en el próximo turno parlamentario garantizará una voz crítica en temas como el rechazo al pago de la deuda externa y las políticas de ajuste, el deterioro de los ingresos populares o el avasallamiento de derechos laborales. Asimismo harán escuchar propuestas como un aumento radical del salario y la jubilación mínimas y la reducción de la jornada de trabajo.

 

Hay que valorar que el Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad (FITU) consolida de a poco su incidencia electoral sobre la base de un trabajo militante en variados campos y una persistente denuncia de los peores rasgos del sistema capitalista. El crecimiento es sin embargo limitado. Todavía la amplia mayoría de los desencantados con las distintas propuestas sistémicas no toma el camino de la izquierda. Busca otros senderos, que en este turno electoral incluyeron a la derecha radical, como se ha visto en las PASO y en los comicios generales, por ahora sólo en el ámbito porteño y bonaerense.

 

Una política de alianzas más amplia, y un esfuerzo diferente por ampliar mecanismos de participación democrática en las organizaciones sociales que conducen, serían quizás caminos que coadyuven a un salto cualitativo en la resonancia popular del FITU.

 

Los ultraliberales liderados por Javier Milei, que alcanzó el 17% en CABA y José Luis Espert que obtuvo el 7,5% en la provincia de Buenos Aires, deben ser justipreciados en el papel que cumplen y en su incidencia electoral. Su mirada de ataque sin tapujos a lxs trabajadores a favor del gran capital, traza unas propuestas de máxima que pueden no ser factibles, pero esbozan un mundo ideal para los empresarios. Sin regulaciones de precios, sin impuestos a las exportaciones, con supresión de las convenciones colectivas de trabajo. Y sin sindicatos salvo los más “amarillos”, en un cuadro de derogación o atenuación de toda la legislación laboral.

 

Sobre todo Milei parece captar en parte a un electorado tan escéptico como desorientado que, aun sin profesar ideas de extrema derecha, se ve atraído por sus poses rebeldes, su agudizado discurso antipolítico y una estética que interpela a las generaciones más jóvenes.

 

No puede anticiparse hoy el futuro de la ultraderecha. Si quedará como un fenómeno localizado o logrará expandirse a escala nacional. Y en este último caso habrá que ver el crecimiento que alcance y su aptitud para consolidarlo. De todas formas es un llamado de atención. Al menos el flamante diputado por CABA parece apuntar a una política de alianzas, como quedó de manifiesto en sus recientes declaraciones elogiosas hacia el expresidente Macri.

 

La democracia menguante

 

Las observaciones acerca de la calidad de la democracia siguen vigentes. Continuamos en un régimen donde cada dos años se celebra la única participación institucional del conjunto de la ciudadanía. Hay otras previstas en la Constitución, como la iniciativa y la consulta popular. Nunca se llevan adelante.

 

Por más que el sistema electoral argentino establezca las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) las listas de postulantes siguen elaborándose en discusiones a puertas cerradas y muchas veces se obtura la posibilidad de que haya pluralidad de propuestas. La agrupación de mayor arraigo popular, el peronismo, mantiene una organización vertical, en la cual la militancia es utilizada como masa de maniobra, en tareas de intención proselitista o en movilizaciones de aclamación al liderazgo ya existente.

 

Como hemos escrito en ocasión de las primarias: “La participación ciudadana queda reducida al voto por candidatxs que se eligen “a dedo” desde arriba y establecen una comunicación unilineal con sus futuros electores.(…), desvinculados de las necesidades populares. El escepticismo afecta al “ciudadano común” y asimismo a la militancia de la base, excluida de la toma de las grandes decisiones y en general sólo convocada para aclamar a ‘lxs jefxs’.”

 

La situación social de nuestro país es un rosario de calamidades sin respuesta cuya enumeración ya se torna monótona, sin perder un ápice de su dramatismo. Erosión de los ingresos por elevada inflación, precarización del trabajo, elevados niveles de pobreza agravados en los más jóvenes y las mujeres. Se suman los padecimientos ocasionados por la pandemia, tanto los que agravaron las condiciones materiales como los derivados del encierro, la pérdida de actividad, el deterioro educativo, la caída de expectativas. Ahora que ha mejorado la situación sanitaria, no se perfilan políticas serias para combatir las secuelas que aún subsisten.

 

Es probable que los que vienen sean dos años arduos, jalonados por luchas para defenderse ante una situación económico-social angustiante. Y por las presiones de las clases dominantes, los organismos financieros y sus servidores políticos para “relanzar” el capitalismo argentino con un diseño a su medida.

 

En tales circunstancias lo más factible es que el ya fuerte descontento vaya en crecimiento, y podría alcanzar formas de rebelión. Hacia dónde se canalice y a quién vaya a beneficiar es una cuestión no resuelta a priori.

 

Si se plantea el sendero del enfrentamiento a políticas que pueden empeorar aún más la situación, el timorato acatamiento de una supuesta “correlación de fuerzas desfavorable” no puede conducir sino al aumento de los sufrimientos populares. Y a la pérdida sin lucha de conquistas que pueden preservarse y a una “contención social” que sólo resulta favorable a los poderosos.

 

Una vez más se planteará la discordancia entre quienes tienen una mirada combativa de las luchas sociales y los que centran sus esfuerzos en acallarlas o a lo sumo mantenerlas en niveles “controlados”, que permitan posicionarse para negociar mejor con los poderes permanentes.

 

La construcción de una alternativa popular amplia, que busque la atención de las mayorías sin tentaciones sectarias ni desvíos hacia el reformismo, sigue siendo una asignatura pendiente. El crecimiento de la izquierda puede marcar un hito positivo en ese sentido. De cualquier modo, urge comenzar el seguramente difícil itinerario en esa dirección.

 

Las dispersas corrientes que llevan adelante hace tiempo la brega por una perspectiva anticapitalista, antiimperialista, ecosocialista, antipatriarcal, de defensa de los pueblos originarios, deberían tener mucho para decir en este campo. Su actuación en el porvenir inmediato en orden a articular esfuerzos y convertir la diversidad en construcción política marcará su posibilidad de ejercer una influencia eficaz sobre el destino de nuestra sociedad.

 

El escenario queda abierto y el rumbo de los próximos años puede resultar decisivo.

 

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