Las mujeres sostienen más de la mitad del cielo

Aunque el movimiento de mujeres de la India ha sufrido muchos altibajos a lo largo de las décadas ha permanecido resiliente, adaptándose a las cambiantes condiciones socioeconómicas.

18/10/2021
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Recordatorio: Las y los campesinos y trabajadores agrícolas de India siguen movilizadxs en todo el país debido a tres proyectos de ley agrícola que fueron aprobados por el gobierno de extrema derecha del Partido Bharatiya Janata en septiembre de 2020. En junio de 2021, nuestro dossier resumía claramente la situación: 

 

Está claro que el problema de la agricultura india no es demasiado apoyo institucional, sino desarrollo inadecuado y desigual de las instituciones, así como la falta de voluntad de estas para abordar las desigualdades inherentes a la sociedad aldeana. No hay evidencia de que las empresas agroalimentarias desarrollen infraestructura, mejoren los mercados agrícolas o provean apoyo técnico a lxs campesinxs. Todo esto es muy claro para ellxs. 

 

Las protestas campesinas, que comenzaron el octubre de 2020, son un signo de la claridad con la que han reaccionado a la crisis agraria y a estas tres leyes que solo la profundizarán. Ningún intento del gobierno —incluso el de incitar a lxs campesinxs por cuestiones religiosas— ha logrado romper la unidad campesina. Hay una nueva generación que ha aprendido a resistir y está dispuesta a llevar su lucha a toda la India. 

 

En enero de 2021, la Corte Suprema de India atendió una serie de peticiones sobre las protestas de lxs agricultorxs. El presidente de la Corte Suprema, S. A. Bobde, reaccionó ante ellas con esta sorprendente observación: “No entendemos por qué mantienen a los ancianos y a las mujeres en las protestas”. La palabra “mantienen” hace ruido. ¿Cree el presidente de la Corte Suprema que las mujeres no son agricultoras y que las agricultoras no acuden a las protestas por voluntad propia? Eso es lo que implica su comentario. 

 

Una mirada rápida a una reciente encuesta de población activa muestra que el 73,2% de las trabajadoras que viven en zonas rurales se dedican a la agricultura: son campesinas, trabajadoras agrícolas y artesanas. Mientras tanto, solo el 55% de los trabajadores varones que viven en zonas rurales se dedican a la agricultura. Es revelador que solo el 12,8% de las mujeres agricultoras sean propietarias de tierras, lo que ilustra la desigualdad de género en la India y es lo que probablemente provocó el comentario sexista del presidente de la Corte Suprema. 

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señaló hace una década que “solo con cerrar la brecha de género en los insumos agrícolas podrían salir del hambre entre 100 y 150 millones de personas”. Dado el inmenso problema del hambre en nuestro tiempo –como se destacaba en el boletín de la semana pasada– las mujeres en la agricultura deben ser, como señala la FAO, “escuchadas como compañeras en igualdad de condiciones”. 

 

De Tricontinental Research Services (Delhi) llega un nuevo y magnífico dossier sobre la situación de las mujeres en India, Las mujeres indias en un arduo camino hacia la igualdad (Nº 45, octubre de 2021). El texto comienza con una imagen de cinco mujeres trabajando en un horno de ladrillos. Cuando vi ese dibujo, recordé un cálculo realizado por Brinda Karat, una dirigente del Partido Comunista de la India (Marxista), sobre el trabajo de las mujeres en la construcción. Bina, una joven que trabaja en Ranchi, la capital de Jharkhand, lleva entre 1.500 y 2.000 ladrillos a lxs albañiles de un edificio de varios pisos. Bina transporta al menos 3.000 kg de ladrillos al día, cada uno de los cuales pesa 2,5 kg, pero gana una miseria de menos de 150 rupias (2 dólares) al día y sufre fuertes dolores en el cuerpo. “El dolor se ha convertido en una parte intrínseca de mi vida. No recuerdo ni un solo día sin él”, dijo Bina a Karat. 

 

Recordatorio: Las mujeres de India han sido parte fundamental del movimiento campesino, del movimiento de la clase trabajadora y del movimiento para ampliar la democracia. ¿Es necesario decirlo? Parece que algo tan evidente requiere una repetición constante. 

 

Durante esta pandemia, las trabajadoras de la sanidad pública y de las guarderías han desempeñado un papel esencial en la cohesión de la sociedad, todo esto mientras se las menosprecia y se trivializa su trabajo. El 24 de septiembre de 2021, diez millones de trabajadoras de programas –o de las que trabajan para los programas gubernamentales, como las trabajadoras de la sanidad pública (Accredited Social Health Activist o ASHA) y de las guarderías (anganwadi workers)– se declararon en huelga para exigir un empleo formal y una mejor protección de su trabajo durante la pandemia de COVID-19. Dijeron que había que impulsar un “impuesto a los superricos”, derogar las leyes agrícolas, detener la privatización del sector público y defender a las trabajadoras. 

 

En los últimos años, las trabajadoras de ASHA se han quejado del acoso sistemático, incluido el acoso sexual. En 2013, el gobierno indio promulgó la Ley de Acoso Sexual a las Mujeres en el Lugar de Trabajo para proteger a los trabajadores formales e informales. No se han establecido normas para las trabajadoras de ASHA y otros programas gubernamentales, ni estas trabajadoras pueden elevar sus experiencias de acoso a las primeras páginas de los medios de comunicación corporativos. 

 

Nuestro dossier disecciona cuidadosamente la vigencia del acoso y la violencia patriarcales, asegurándose de identificar las diferentes formas en que esos comportamientos tóxicos afectan a las mujeres de diferentes clases. Las mujeres de la clase trabajadora en los sindicatos y en las organizaciones de izquierda han construido una especie de sensibilidad de masas; como resultado, sus luchas incorporan ahora demandas contra el patriarcado que de otra manera habían estado alejadas de sus vidas. Por ejemplo, muchas mujeres de la clase trabajadora tienen ahora claro que deben conseguir licencia de maternidad, el mismo salario por el mismo trabajo, guarderías garantizadas y mecanismos de reparación y prevención del acoso sexual en los lugares de trabajo. Estas reivindicaciones se trasladan a la familia y a la comunidad, donde otras luchas –como la de la violencia patriarcal en el hogar– amplían el horizonte de los movimientos democráticos en la India. 

 

El dossier se cierra con sabias palabras sobre la importancia del movimiento campesino para el movimiento de las mujeres: 

 

Aunque el movimiento de mujeres de la India ha sufrido muchos altibajos a lo largo de las décadas, ha permanecido resiliente, se ha adaptado a las cambiantes condiciones socioeconómicas e incluso se ha expandido. La situación actual puede presentar una oportunidad para fortalecer los movimientos de masas y orientar la atención hacia los derechos y los medios de vida de las mujeres y la clase trabajadora. La movilización del movimiento campesino indio que comenzó antes de la pandemia y continúa fuerte, ofrece la oportunidad de orientar el discurso nacional hacia esa agenda. La tremenda participación de mujeres rurales que viajaron desde diferentes estados para sentarse por turnos en los límites de la capital nacional durante días es un fenómeno histórico. Su presencia en el movimiento campesino da esperanza al movimiento de mujeres en un futuro pospandémico. 

 

Recordatorio: Ninguna de las consignas surgidas en los campamentos campesinos es única. La mayoría de ellas son reivindicaciones que vienen de hace tiempo. Las reivindicaciones formuladas por las agricultoras en los lugares de protesta y ampliadas por los sindicatos de agricultores hacen eco del Proyecto de Política Nacional para las Mujeres en la Agricultura, presentado por la Comisión Nacional de la Mujer en abril de 2008. Esta política incluía las siguientes demandas clave, todas ellas aplicables en la actualidad: 

 

Garantizar que las mujeres tengan acceso y control sobre los recursos, incluidos los derechos sobre la tierra, el agua y los recursos de pastos/bosques/biodiversidad. 

 

  • Garantizar la igualdad de salarios por el mismo trabajo. 

  • Pagar precios mínimos de apoyo a los productores primarios y garantizar la disponibilidad de suficientes cereales alimentarios a precios asequibles. 

  • Fomentar la incorporación de las mujeres a las industrias relacionadas con la agricultura (incluyendo la pesca y el trabajo artesanal). 

  • Proporcionar programas de formación para mujeres que incluyan prácticas y tecnologías agrícolas que consideren los conocimientos que poseen las mujeres, así como las prácticas que llevan a cabo. 

  • Proporcionar disponibilidad adecuada e igualitaria de servicios como el riego, el crédito y los seguros. 

  • Alentar a lxs productores primarios a producir y comercializar semillas, productos forestales y lácteos, y ganado. 

  • Evitar que los medios de subsistencia de las mujeres sean desplazados sin proporcionarles alternativas viables. 

 

El movimiento de mujeres de izquierda ha vuelto a poner estas demandas sobre la mesa, pero el gobierno de derecha no las escuchará.

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/214115
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