El Salvador 1524-1821/2021

Bicentenario, identidad nacional y colonialidad

Como ha sido tradición, el 15 de septiembre es una celebración acompañada por la protesta popular, en este caso por la protesta contra diversas medidas del gobierno de Bukele como la imposición del bitcoin, el despido obligado de jueces y diversas medidas antidemocráticas.

15/09/2021
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  • Opinión
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Photo: Saraí Alas/El Mundo
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Introducción

 

Acumulamos ya trescientos años de pasado colonial y doscientos años de vida republicana, y estas celebraciones del doscientos aniversario de nuestra independencia de España, nos permiten reflexionar sobre el significado de la memoria y de la historia como componentes de nuestra identidad nacional.

 

Así como de los desafíos que continúan vigentes -desde una visión histórica emancipadora-, de seguir buscando en este siglo XXI las coordenadas de lucha de los sectores populares hoy salvadoreños.

 

No obstante esto, debemos reconocer que las clases dominantes a lo largo de este recorrido de quinientos años han logrado borrar de nuestra memoria tres grandes continentes que son esenciales para fortalecer nuestra identidad de lucha popular y nacional: las luchas populares antes de la conquista española, durante la época colonial y a lo largo de la era republicana.

 

Recuperar estas historias es un gran desafío estratégico como movimiento popular, ya que nos permitirá arrebatar de manos de las clases dominantes la memoria de lucha de nuestros antepasados, y a partir de esta comprensión, establecer los pilares de continuidad de los nuevos horizontes emancipatorios, de las nuevas luchas.  

 

Relación entre historia y memoria

 

La destrucción de nuestra memoria de lucha fue parte esencial de la estrategia que realizaron los conquistadores españoles, luego de lograr la derrota militar de nuestras nacionalidades indígenas, y lo hicieron mediante la imposición de la visión eurocéntrica, mediante la religión católica, el idioma español y posteriormente de la educación colonial.

 

Nuestra memoria fue borrada con la espada y también con la cruz. Y la historia que conocemos es fundamentalmente la historia de los poderes dominantes. El peruano Aníbal Quíjano conceptualizó este complejo proceso con el término de colonialidad del poder[1].

 

Explica Quijano que fue un proceso mediante el cual se estableció “una dominación directa, política, social y cultural de los europeos sobre los conquistados de todos los continentes”. Añade que en su aspecto político, “la dominación colonial ha sido derrotada.” En nuestro caso, en septiembre de 1821. Y no el 15 sino hasta el 21 de septiembre que se conoció el Acta de Independencia.

 

Pero enfatiza que “la estructura colonial de poder produjo las discriminaciones sociales que luego fueron codificadas como “raciales”, étnicas, “antropológicas” o “nacionales.” “(…) Dicha estructura de poder fue y todavía es el marco dentro del cual operan las otras relaciones sociales, de tipo clasista o estamental”. Quijano olvida mencionar que también las de género.

 

Y subraya otra dimensión clara de este sistema de colonialidad del poder, la cultural. Explica que “no obstante que el colonialismo político fue eliminado, la relación entre la cultura europea…y las otras, sigue siendo una relación de dominación colonial”. Plantea que “existe una dominación del imaginario de los dominados. Es decir actúa en la interioridad de ese imaginario”.

 

Indica que al inicio de la conquista “la represión recayó ante todo, sobre los modos de conocer, de producir conocimientos, de producir perspectivas, imágenes y sistemas de imágenes, símbolos, modos de significación”.

 

Y este proceso “fue seguido por la imposición del uso de los propios patrones de expresión de los dominantes, así, como de sus creencias e imágenes referidas a lo sobrenatural, las cuales sirvieron para impedir la producción cultural de los dominados, y como medios muy eficaces de control social y cultural”.

 

Concluye que “la cultura europea pasó a ser un modelo cultural universal.” Y reflexiona que “El imaginario en las culturas no-europeas, hoy difícilmente podría existir y, sobre todo, reproducirse, fuera de esas relaciones.”

 

El tránsito del orden colonial monárquico al orden republicano independiente

 

Luego de trescientos años, el orden colonial fue desafiado y finalmente eliminado. Fue la misma sociedad colonial la que originó sus enterradores,  entre estos los sectores populares mulatos y mestizos que dirigidos por los sectores criollos, lograron la independencia. En nuestro caso, los sectores indígenas no participaron en este esfuerzo.

 

El esfuerzo por la independencia fue conducido principalmente por los sectores criollos añileros, e hizo uso de una gran variedad de formas de lucha, incluyendo la ideológica, la insurreccional, y la parlamentaria.

 

“Existe una continuidad histórica entre las gestas emancipadoras impulsadas por las masas populares en el periodo comprendido entre 1810 y 1821, que culminó con la firma de la Declaración de Independencia de España el 15 de septiembre de 1821…”[2]  y las luchas del presente.

 

La independencia patria estuvo precedida por una intensa lucha ideológica entre las corrientes procolonialistas y proindependentistas, representadas por los periódicos El amigo de la patria de corte conservador y El editor Constitucional de corte liberal. Esto explica que luego de asegurar la independencia en 1824, una de las primeras medidas de José Matías Delgado fue publicar el Semanario Político Mercantil[3].

 

El proceso independentista fue caracterizado por Alejandro Dagoberto Marroquín en su obra clásica Apreciación sociológica de la independencia salvadoreña, de la siguiente manera:

 

La independencia de España es para El Salvador, como para el resto de Centro América, un proceso revolucionario que se inicia en 1811 y culmina en 1821. Sus consecuencias, para los destinos de los pueblos centroamericanos fueron de extraordinaria importancia, pues de tal proceso revolucionario arrancan las características esenciales de nuestra nacionalidad[4].

 

Por su parte, Sarbelio Navarrete caracterizó esta lucha, desde una óptica marxista ya desde 1913:

 

La lucha de clases dentro del estado colonial se mantiene entre las autoridades de la colonia y los mismos colonizadores, quiere decir que las clases más altas de la colonia aspiran a la dirección suprema de sus propios negocios e intereses para lo cual tienen por necesidad que oponerse  a los representantes directos de España [5].

 

Por su parte, uno de los autores clásicos del marxismo centroamericano, el guatemalteco Severo Martínez Peláez, caracteriza el proceso independentista de la siguiente forma:

La independencia suprimió el gobierno representativo de las clases dominantes españolas, pero fue la implantación del gobierno de una clase colonial dominante a medias… [6].

 

Cambios a nivel de Estado

 

El Estado republicano creado luego de la independencia era muy débil y estaba integrado por la tradicional división liberal de Ejecutivo, Legislativo y Judicial y asumió inicialmente un carácter federal centroamericano. La primera Constitución del Estado del Salvador data de 1924, luego de derrotar el proyecto anexionista mexicano de Agustín de Iturbide.

 

En este texto en su artículo primero se consigna que: “El Estado es y será siempre libre e independiente de España y de México y de cualquiera otra potencia o gobierno extranjero, y no será jamás el patrimonio de ninguna familia ni persona”.

 

En su artículo segundo establece: “Será uno de los Estados federados de la República del Centro de América”. Y en su artículo tercero dispone que “El Estado es libre, soberano e independiente en su interior administración y gobierno[7]”.

 

El artículo 13 sobre la soberanía es muy significativo: “El pueblo no puede ni por sí, ni por autoridad alguna, ser despojado de su Soberanía; ni podrá excederla sino únicamente en las elecciones primarias, y practicándolas conforme a las leyes. Mas tienen los salvadoreños el derecho de petición, y la libertad de imprenta para proponer medidas útiles, y censurar la conducta de los funcionarios públicos en el ejercicio de su cargo y el de velar sobre el cumplimiento de las leyes”.

 

En esa época existían únicamente cuatro departamentos: San Salvador, Sonsonate, San Vicente y San Miguel. Existía un Jefe Supremo del Estado, elegido por cuatro años, y el primero en ocupar este puesto fue Juan Manuel Rodríguez, del 22 de abril de 1824 al 1 de octubre de 1824. Y había un solo Ministro General. Además existía el Congreso del Estado, y una Corte Superior de Justicia.

 

A nivel de economía

 

La economía, de naturaleza extractivista, estaba al momento de la independencia basada en el cultivo y exportación del añil, pero se encontraba ya en crisis debido a múltiples factores, entre estos, la intermediación de los comerciantes guatemaltecos, los diversos impuestos, la falta de mano de obra, etc.

 

Esta crisis fue agravada con los gastos de las guerras entre conservadores y liberales, y dio lugar a que se buscaran nuevas fuentes de ingresos y es aquí que aparece el cultivo y exportación de café, que posteriormente desplazaría al añil y se convertiría por muchos años en el eje de la economía nacional.

 

A nivel de sociedad

 

Opina Alejandro Dagoberto Marroquín en la obra ya citada que:

 

La sociedad colonial no era una sociedad coherente y armónica ajena a los conflictos, Desde el momento mismo de la conquista se plantea el antagonismo primario entre los conquistadores. La sociedad colonial surge de este antagonismo, se desarrolla dentro de ese antagonismo y sucumbe sin haber solucionado el referido antagonismo.

 

Del antagonismo primario: indios vs. conquistadores, surgirán las siguientes oposiciones: Oposición: indios vs. españoles peninsulares. Oposición: indios vs. españoles criollos. Oposición: indios vs. mestizos. Oposición: indios vs. mulatos y negros. Oposición: españoles peninsulares vs. criollos. Oposición: españoles peninsulares vs. mestizos. Oposición: españoles peninsulares vs. mulatos y negros. Oposición: españoles criollos vs. mestizos. Oposición: españoles criollos vs. mulatos y negros. Oposición: mestizos vs. mulatos y negros.

 

Estas oposiciones, agudizadas unas veces, atenuadas otras, pero siempre latentes, engendran cadenas de intereses que mantienen a la sociedad colonial en perenne estado de emergencia; las instituciones parecen proyectadas para prevenir conflictos y choques violentos. El régimen colonial se consolida y aparentemente controla las fuerzas en pugna. Pero las contradicciones apuntadas seguían minando el aparato político y las bases sociales de la Corona [8].

 

Eduardo Colindres en su obra clásica Fundamentos Económicos de la Burguesía Salvadoreña nos expresa que en la gesta independentista “los grandes productores de añil jugaron el papel más importante, ellos querían tener la independencia económica  de los comerciantes guatemaltecos”[9].

 

El historiador Luna nos comenta que según el Informe de 1807 de Gutiérrez y Ulloa “la población de la Intendencia (de San Salvador) en ese entonces “se calcula en 165.278 personas” distribuidas así “criollos o peninsulares 4.279, mestizos hay 89.374 y 71.175 indios”.

 

Ya para esa época, trescientos años de coloniaje habían provocado que la población mestiza superase a la indígena. “La mayoría de los criollos y peninsulares vivían en Metapan, Chalatenango, San Miguel y San Salvador, mientras que los indios principalmente en Sonsonate, Ahuachapán, San Salvador, Cojutepeque y Olocuilta”.

 

De esta población global 2.913 eran artesanos, mientras que la dedicada a la agricultura era de 19.619. Los empleados públicos eran 25. Había 4 médicos y 4 abogados. Los sacerdotes eran 88. Las haciendas eran 447 y estaban cultivadas de añil. Los criollos guatemaltecos tenían gran cantidad de haciendas en nuestro territorio.  Plantea Luna que se trataba de “una burguesía mercantil con raíces feudales”[10].

 

Por su parte, Lindo-Fuentes considera que luego de lograda la independencia, “la primera tarea fue la puesta en marcha de un programa liberal. Los molestos reglamentos fueron eliminados”[11].

 

A nivel cultural

 

En el artículo 5 de la Constitución Política de 1824 se consigna claramente que “La Religión del Estado es la misma que la de la República, a saber: la C. A. R., con exclusión del ejercicio público de cualquiera otra”. 

 

No podía haber competencia religiosa. Y es que los principales dirigentes del proceso de lucha independentista eran sacerdotes católicos, incluyendo a su dirigente principal José Matías Delgado.

 

Esto explica para los independentistas la necesidad de controlar a la institución eclesial, de contar con su propio Obispo Y es en este marco que se toma la decisión de nombrar en abril de 1824 a Delgado como obispo, y de declarar el templo parroquial como Catedral, para liberarse no solo en lo comercial de la hegemonía de los guatemaltecos sino también en lo ideológico, en lo religioso. Pero la reacción no se hizo esperar. Y ante la petición del arzobispo de Guatemala, el Papa León XII dictó sentencia inapelable en 1826, la cual fue aceptada por Delgado, desistiendo del obispado.

 

Conclusiones

 

Como ha sido tradición en diversos momentos de nuestra historia, el próximo 15 de septiembre será una celebración acompañada por la protesta popular, en este caso por la protesta contra diversas medidas del gobierno populista y autoritario de Nayib Bukele como la imposición del bitcoin, el despido obligado de jueces y diversas medidas antidemocráticas.

 

La historia sigue marchando y las nuevas generaciones marchan por las calles de San Salvador en actitud de lucha, como lo hicieron hace doscientos años los sectores populares que conquistaron la independencia. La lucha continúa.

 

 

 

[1] Ver Quijano, Anibal. Colonialiadad y Modernidad/Racionalidad. https://www.lavaca.org/wp-content/uploads/2016/04/quijano.pdf. Las citas siguientes de este apartado corresponden a este artículo de Quijano.

[2] Pineda. Roberto. Los ríos de la memoria del jaguar rebelde. San Salvador. Ediciones Prometeo Liberado, 2018. Pág. 25

[3] López Vallecillos, Ítalo.  El periodismo en El Salvador. San Salvador. Editorial Universitaria. 1978.

[4] Marroquín, Alejandro Dagoberto. Apreciación sociológica  de la independencia salvadoreña. San Salvador. Dirección de Publicaciones e Impresos. 2000

[5] Navarrete, Sarbelio. El estado centroamericano. En los jardines de Academo. San Salvador, Editorial Universitaria. 1977

[6] Martínez Peláez. Severo. La patria de criollo.  San Jose, C,R.,EDUCA,1972

[8] Marroquín, Alejandro Dagoberto. Apreciación sociológica  de la independencia salvadoreña. San Salvador. Dirección de Publicaciones e Impresos. 2000

[9] Colindres, Eduardo. Fundamentos económicos de la burguesía salvadoreña. San salvador. UCA Editores. 1977

[10] Luna, David Alejandro. Manual de Historia Económica de El Salvador. San Salvador. Editorial Universitaria. 1971

[11] Lindo-Fuentes, Héctor. La economía de El Salvador en el siglo XIX. San Salvador, Dirección de Publicaciones.2006

https://www.alainet.org/es/articulo/213845
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