Perú: ¿Por qué rechazar una política internacional soberana?

El temor, el miedo a la soberanía y a la política internacional independiente es el miedo que le tienen los siervos al patrón yanqui, al patrón dinero

27/08/2021
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Eran como las 11 de la mañana de un día, al final de Octubre de 1971. Alrededor de su escritorio, el General Juan Velasco Alvarado estaba reunido con el Poeta Ernesto Cardenal, el Doctor Leopoldo Chiappo, asesor del ministro de Educación y quien escribe, que en ese tiempo vivía en Solentiname. Una explosión fuerte, en algún lugar muy cercano, hizo vibrar el vitral detrás del sillón del General moviendo el escritorio y algunos adornos en la sala. El presidente se puso de pie y abrió un cajón del lado izquierdo. Todos estábamos parados y pude ver una sub ametralladora liviana y una pistola. “Es porsiacaso padrecito, no se preocupe”, le dijo a Ernesto. Firmes golpes sonaron en la puerta “¡Adelante!” dice Velasco con su voz ronca. Un Edecán de la Marina entra, se cuadra, saluda y dice, “Permiso para hablar General presidente”. “Proceda, informe qué ha sido”. “Parece que fue una explosión en el corredor del Correo Central, estamos averiguando en este momento.” “Vaya y traiga la información de inmediato” ordena el General. “A sus órdenes. Permiso para retirarme Mi General presidente”, “¡Ya hombre proceda!”, se impacienta el presidente. Se retira el Edecán y Juan Velasco nos dice: “Ellos mismos son, cómo no van a saber qué pasó. Padrecito (así le decía a Ernesto Cardenal). Hay alguna gente de la Marina, que no quiere cambios en el Perú. Pero esto que estamos haciendo tiene el respaldo de la gran mayoría de peruanos y es Institucional. Esta es una Revolución y cuesta hacerlo entender” este es el recuerdo que tengo de sus palabras. Luego la conversación giró hacia las transformaciones que había que hacer. El Poeta explicó los objetivos de la lucha antisomocista, del FSLN. El final fue un mensaje verbal y personal de Fidel, transmitido por Ernesto, proponiendo que podría hablar con la izquierda en la Universidad de San Marcos, por ejemplo, para que se sumen al proyecto Revolucionario, así decía el mensaje. Ernesto había tenido un encuentro con Fidel en su largo periplo en Chile. Esa izquierda tardaría como 40 años en entender la pertinencia y validez histórica del proceso Revolucionario encabezado por Juan Velasco Alvarado. Al final el 4 de diciembre de ese año de 1971, Fidel se reunió durante tres horas con el presidente Velasco, en el aeropuerto Jorge Chávez. Siete meses después se reabrían las relaciones con Cuba suspendidas durante más de 12 años, por disposición de los EEUU. 
 

El miedo a la Soberanía 

 
Las lumpen oligarquías* tienen como única patria el dinero y como bandera la genuflexión ante el poder imperial que lo maneja. Para ellos siguen siendo los Manuel Prado el ejemplo a seguir y el sombrero de copa y el frac lo que los ilumina. Aman al conquistador y repudian al sombrero de paja del Profesor Castillo. No quieren un “Perú libre e independiente, por la voluntad general de los pueblos” como dijo Don José de San Martín el 28 de Julio de 1821. Quieren seguir siendo los siervos fieles del dominador extranjero, siempre y cuando las migajas del mantel sean exclusivamente para ellos. 

 
La salida del Canciller Doctor Héctor Béjar Rivera, hombre de honor, de gran cultura, coherente entre la acción y la palabra y de profundo amor por el Perú, se inscribe en ese marco de la gestión genuflexa de la derecha. Ya ni siquiera solamente es la derecha oligárquica, sino esa derecha lumpenezca surgida del fango del narcotráfico y la corrupción. Ante un congreso que avergonzaría a Gonzáles Prada o incluso a los apristas de viejo cuño y de larga tradición parlamentaria y escaso compromiso con los pobres, un Congreso cuya trayectoria ha llevado al País a una sistemática crisis política. 
 

La Patria que defendemos es el conjunto de sus habitantes, sus nacionalidades y sus fronteras, sus símbolos, sus culturas, sus recursos humanos y riquezas naturales. Defender la Soberanía de la Patria es defender ese conjunto. No es defender los intereses de unos pocos que se apropian de estos recursos humanos y materiales o que, peor aún, los venden al mejor postor. Una burguesía nacional, defensora de sus intereses, pero también de los intereses del conjunto podría beneficiarse mucho más de las riquezas naturales y de la producción de la Patria. Pero eso implica coraje, valentía y capacidad de negociación, que esta débil y corrupta oligarquía no tiene. Ni coraje, ni capacidad de negociación, ni ingenio para los negocios. Prefieren el fácil pordioserismo, la mendicidad y la tremenda explotación antes que pensar por cuenta propia y crear alianzas internacionales, no subordinadas sino negociadas con espíritu del multilateralismo que rige el mandato de las Naciones Unidas. Pero eso sería mucho pedir. Esa forma de ver y de actuar en la política internacional trajo grandes réditos al Ecuador, durante el gobierno del presidente Rafael Correa o a Bolivia durante el Gobierno del presidente Evo Morales. Mayores ingresos, mayor redistribución de la riqueza, y por lo tanto mayor número de consumidores para los productores nacionales. En resumen, disminución de la pobreza y aumento del bienestar. Pero, claro, eso no tiene ninguna importancia para quienes tienen sus dineros mal o bien habidos en los paraísos fiscales.  
 

Es lo que vislumbro cuando veo este largo camino, y cuando resaltan personajes en nuestra política exterior con sus sueños y visiones sobre un Perú proyectado al mundo, que han fortalecido a nuestra sociedad y a nuestro Estado, eso es lo que vislumbro en los retratos de Juan García del Rio, primer Canciller; el gran Mariscal Ramón Castilla, gestor de la institucionalidad de nuestra diplomacia y de las primeras reuniones latinoamericanas; Víctor Maúrtua y Víctor Andrés Belaunde, visionarios de nuestro lugar en América; Raúl Porras, defensor de la autonomía y de la soberanía americana, pensador de nuestras raíces y nuestra independencia diplomática; Carlos García Bedoya, renovador de nuestro relacionamiento externo y Javier Pérez de Cuellar, gestor de la paz y el desarrollo mundial en la post-guerra fría.  

 

En este Bicentenario, nos toca entonces proseguir aquel esfuerzo de imaginación del Perú de quienes nos precedieron. Una imaginación que englobe todo el espectro de nuestra diversidad, pasando por el arte y sabiduría de nuestros pueblos originarios, andinos y amazónicos, que no son artesanos, como se les dice, son artistas. Porque no hay diferencia entre la artesanía y el arte. Para nosotros, decir artesanía es decir algo también discriminador. Aquí recuerdo a Joaquín López Antay, que recibió como artesano, como artista en realidad, uno de los primeros premios de cultura que se dieron a un artista popular en el Perú. 

 

Ese arte, esa sabiduría de nuestros pueblos originarios andinos, afrodescendientes, amazónicos y asiáticos que aún perviven hasta las innovaciones más audaces de nuestros jóvenes contemporáneos. 

 

Imaginar el Perú, forjarlo, es parte de la tarea permanente de la Cancillería, para construir un país cada vez más justo, más inclusivo, más democrático y creativo, y un país persistentemente solidario y cooperativo con sus vecinos y con la comunidad internacional en su conjunto.” Discurso de Héctor Béjar Rivera, Canciller del Perú Centro Cultural Inca Garcilaso Lima, 16 de agosto 2021 

 

Claro que un discurso así no le podía gustar ni un poquito a los a los agachados de vocación y opción personal y política. Hoy, en el Perú, habrá que caminar nuevamente por los senderos de la historia, revisarlos y tomar los caminos de Juan Santos Atahualpa, Túpac Amaru, Micaela Bastidas, Tita Condemayta, Bartolina Sisa, Ramón Castilla, Leoncio Prado, de Miguel Grau Seminario, María Parado de Bellido, Francisco Bolognesi, Andrés Avelino Cáceres, José Abelardo Quiñones, y de los Libertadores, Simón Bolívar, José de San Martín, Manuela Sáenz, José Antonio de Sucre. Y sé que en este párrafo me repito de anteriores artículos, pero si no hundimos las manos en nuestra propia historia como tierra en barbecho, jamás aprenderemos a crear futuro. 
 

El temor, el miedo a la soberanía y a la política internacional independiente es el miedo que le tienen los siervos al patrón yanqui, al patrón dinero. Basta un grito de la embajada de los EEUU para que se echen a temblar y corran a sus covachas buscando al lumpen para que los proteja, para que responda por ellos. 

 
 

El Perú plurinacional 
 

Pero a ese miedo, se le añade ahora, otro peor y es que el Perú sí es pluricultural y está compuesto por cholos, blancos, indios, mestizos, negros, asiáticos, amazónicos. Y esa composición ganó las elecciones y temen ahora sí perder los privilegios de una aristocracia “blanca” que jamás lograron ser. 
 

Hoy es tiempo de un largo proceso de unidad nacional. Reconstruir o construir por primera vez la idea de Nación incorporando a las culturas y nacionalidades que conforman el Perú. No existe hoy una “vanguardia” que lidere ese proceso de construcción, por lo que será un camino muy complejo y duro. Leer la porquería que escribe la prensa nacional (salvo las consabidas excepciones) genera desesperanza y tristeza. Pero hay que entender que más de la mitad del electorado y más de la mitad de los peruanos sí queremos un país donde la riqueza sea redistribuida por los mecanismos de las políticas públicas en salud, educación, seguridad ciudadana y créditos para los pequeños y medianos productores. Debe haber un proceso de reconciliación nacional, no con esa derecha “achorada y vendida” como ha dado a llamarse. No con el fujimorismo/montesinismo, sino alrededor de los grandes objetivos nacionales que beneficien al conjunto. 
 

Alto al “terruqueo” 
 

Esta palabra, surgida de la abyecta práctica de la prensa nacional e impulsada con gran éxito por el fujimontesinismo, convierte en “terrorista” a cualquier adversario político, por supuesto proveniente de la izquierda. Aún las propuestas más sencillas de proponer políticas públicas inclusivas, es objeto del “terruqueo”. En la construcción de una política derechista de mantener al fracasado neoliberalismo, tanto en el plano internacional como en el nacional, se ha ido construyendo un discurso que retorna a la guerra fría. Hoy las contradicciones inter capitalistas entre EEUU, la Unión Europea, China y Rusia, aparecen en la prensa latinoamericana como contradicciones con el “comunismo internacional”. A ese marco se traslada con cierto éxito que cualquier alianza con China o Rusia, pueda ser tratada como un anti Estados Unidos o peor aún anti “occidente”. El “terruqueo” se convierte entonces en un instrumento de nacionalismo de carácter fascista que espanta en las mentes preocupadas en la angustia de la supervivencia, del día a día y que no analizan ni el 1% de la información que reciben. Los lleva como una retrospectiva imaginaria (un flashback) a las bombas en las calles o los apagones o la represión indiscriminada y la tortura. 
 

El terrorismo debe ser definido como la acción que por la vía violenta, se ejecuta contra la población civil inerme, para lograr objetivos políticos. No es asumido así, pues desde la primera guerra mundial, los objetivos civiles vía bombardeos, gases, y otros debían de ser calificados de terrorismo, pero ningún Estado se libra de ese tipo de acción, ni contra su propia población ni contra una población externa, durante una guerra de agresión. Israel es el ejemplo cotidiano de terrorismo de Estado en su ataque permanente contra Palestina.  
 

Entonces es cierto que Sendero Luminoso desarrolló acciones terroristas. Acciones militares contra población civil inerme, para alcanzar objetivos políticos. Así como ocurrió con el Estado peruano cuando ejecutó acciones similares contra comunidades campesinas o amazónicas en la lucha contrainsurgente. Pero, mantener y desarrollar esa política propagandística del “terruqueo” lo único que consigue es profundizar la polarización y llevarnos a niveles de confrontación indeseados.  
 

La Fuerza Armada como institución, sabe que ese camino nos llevará nuevamente a épocas sangrientas, no necesariamente de insurgencias organizadas, sino de confrontaciones callejeras, de gran represión y sobre todo de cerrar cualquier puerta de salida en un país que ya optó democráticamente por una salida de redistribución pacífica y ordenada de la riqueza, a través de un Estado benefactor. 
 

Independencia en la política exterior 
 

Para los jóvenes que comienzan su vida consciente en y para el país, sepan que, salvo cortos periodos de nuestra vida republicana, nuestra política exterior fue subordinada a los poderosos del exterior. La política exterior independiente debe ser respetuosa de las características de los países con los que nos relacionamos, porque debe surgir del respeto de nuestras propias raíces nacionales, multiculturales y diversas. Si no construimos nuestro nuevo mundo en base al respeto y al multilateralismo no lograremos abrir los espacios que se requieren para la supervivencia de la humanidad. Participar en este mundo desde la Unidad de UNASUR o la CELAC nos permite tener una fuerza que de manera unilateral no tenemos. Y esto no es una opción ideológica, es un entendimiento de que las fuerzas de los países unidos alrededor de objetivos comunes, pueden avanzar hacia posiciones de defensa del medio ambiente, de los derechos de la naturaleza, de los derechos de humanas y humanos. La OEA ha quedado como mecanismo obsoleto y sobre todo, ese sí absolutamente ideologizado al servicio de los intereses económicos de las transnacionales. El Grupo de Lima ha fallecido por inanición. A nadie le interesa ya, ni siquiera a los EEUU que lo crearon bajo la nefasta etapa de Donald Trump. La política internacional la diseña el poder Ejecutivo, la dirige el Presidente de la República. Esperemos que con la Salida de Héctor Béjar se mantenga como una política independiente y soberana y que el Canciller Maúrtua esté a la altura de que los peruanos, las peruanas y el mundo requerimos. 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/213588
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