Una historia de las masacres contra los trabajadores chilenos

Una breve radiografía de las balas, los sables y detenciones arbitrarias que la clase trabajadora chilena ha padecido durante su heroica lucha por la justicia social, y un homenaje en el marco del Día Internacional de los Trabajadores.

01/05/2021
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“Los proletarios no tienen nada que perder, salvo sus cadenas”. 

Manifiesto del Partido Comunista (1848) 

 

Las clases trabajadoras de Chile se han visto sometidas a una represión aplastante durante su historia. Los sectores dominantes, muchas veces, no han querido dar solución a los sufrimientos que aquellas padecían. Tampoco han existido fluidas vías institucionales que posibiliten la negociación entre trabajadores y empleadores. Los dirigentes obreros no eran considerados como interlocutores válidos. Más bien eran considerados como agitadores y perturbadores del orden y, en esa calidad, corrían el riesgo de ser despedidos y anotados en las listas negras de los empleadores.

 

Esta falta de reconocimiento, la inexistencia de un sistema establecido para negociar y solucionar conflictos y la consecuente falta de consenso ante la pugna de intereses existente entre patrones y obreros, forzó a las agrupaciones de trabajadores a canalizar su legítimo descontento por medio de actividades que ellos pudiesen iniciar unilateralmente, tales como el pliego de peticiones, el sabotaje, el ausentismo, paros y huelgas propiamente tales. He aquí una breve radiografía de las balas, los sables y detenciones arbitrarias que los (as) trabajadores (as) han padecido durante su heroica lucha por la justicia social. Vaya un homenaje para ellos (as) en el Día internacional del Trabajador. 

 

La Huelga Grande de 1890: fue producto de la combinación de una serie de factores. Entre aquellos: la desvalorización de los salarios, la crisis económica nacional del periodo (alentada por la crisis económica mundial de los años 1873-1896), una importante división política en el seno de los sectores dominantes, la generalización de las protestas obreras, por ejemplo en contra del sistema de pago en fichas. Así también, entre otros, por una serie de hechos coyunturales: la nueva baja del precio del salitre a fines de 1889 y el intento de los patrones por hacer caer la crisis sobre los trabajadores, un aumento de los índices de cesantía, etc. El 2 de julio, el gremio de los lancheros, exigiendo el aumento del valor de su trabajo, el pago en monedas de plata o billetes corrientes, se declara en huelga e impide las faenas de carga y descarga, incitando a los demás trabajadores a unirse a la huelga. A partir de este momento, a la acción de manifestantes en las calles, solidarios con la huelga (los que impidieron el funcionamiento de bancos, casas de comercio, de las fábricas y del transporte), se sumó el paro de los operarios de las oficinas de salitre de la pampa (los que se dirigieron a Iquique a protestar). Al mismo tiempo, se sumaron al paro los fleteros y otros sectores, paralizando totalmente la ciudad, y causando el pánico de las clases dominantes. Hacia el 7 de julio, la huelga se había extendido por la pampa y amenazaba a varias oficinas salitreras que aún no se habían plegado, las que debieron ser reforzadas por seguridad militar. A partir del jueves 10, las negociaciones entre patrones y obreros, las demostraciones de fuerza entre las tropas y las mediaciones de comisionados comenzaron a debilitar al proceso huelguístico. Aun así, hacia el 21 de julio, la huelga se extiende a la ciudad de Valparaíso. A la huelga de los lancheros y fleteros de la Compañía Sudamericana de Vapores, se sumaron las de varios sectores obreros y populares, paralizando completamente la ciudad. Entre las provincias del interior, panaderías de Quillota y Limache también adhirieron a la huelga.  

 

Huelgas de 1898: se conmemoró por vez primera el día del trabajo con un mitin en Santiago, organizado por la Unión Socialista. Ese mismo mes estalla una huelga de los lancheros de Iquique y, en octubre, se registra un conflicto colectivo en el ferrocarril salitrero, ambos por peticiones económicas, detectándose diversos movimientos en las actividades manufactureras del país.  

 

Huelgas de 1902: se paralizaron durante un mes las faenas portuarias de Iquique, siendo el bautizo de la recién fundada Mancomunal. En la zona del carbón, en marzo de 1902 se desarrolló la primera huelga de importancia. Los trabajadores de la Compañía Explotadora de Lota y Coronel paralizaron 12 días sus labores para exigir que sus salarios fuesen pagados mensualmente y en moneda de curso legal. A los pocos días la huelga debió reanudarse ante el incumplimiento por parte de la Compañía de los acuerdos. La tensión acumulada se desbocó en mayo, al estallar en Lota una huelga con la participación de unos 3.000 obreros que representaban un tercio de la fuerza de trabajo. A las peticiones planteadas en marzo se agregaron el rechazo a las multas y la exigencia de terminar con el monopolio comercial que ejercía la quincena (pulpería) de la Compañía, denominada "La Cooperativa". Nuevamente los obreros volvieron a sus trabajos, pero la Compañía no cedió a sus peticiones, razón por la cual en agosto estalló una nueva huelga, con mayor combatividad y recibiendo, como respuesta, la represión de un destacamento de 50 soldados del regimiento Chacabuco de Concepción, dejando muertos y heridos entre los obreros. 

 

La Huelga del carbón de 1903: ante el intento de la administración de rebajar el precio del carbón, se dio inicio a otra huelga, por parte de los operarios de las minas de Puchoco-Rojas y Boca Maule; adhiriéndoseles los estibadores del muelle Schwager. La presencia de los mineros en las calles de Lota trastrocó el ambiente cotidiano, llegándose a producir un choque entre un grupo de mineros y un piquete del Chacabuco quienes dispararon a discreción, resultando muertos dos mineros y varios heridos. Otros hechos de violencia se produjeron como resultado de la presencia del diputado Malaquías Concha, despidiendo los propietarios de minas a muchos de los trabajadores que asistieron a esas manifestaciones. Esta última situación generó una serie de incidentes y desórdenes en Lota y Coronel, marco en el cual se desarrolló otro conflicto huelguístico de solidaridad con los trabajadores despedidos. La movilización obrera alcanzó proporciones descomunales, cosa que atemorizó a las autoridades de la región, quienes recurrieron a la antigua mecánica de enviar tropas de línea a la zona en conflicto. Nuevamente la zona carbonífera era militarizada para los efectos de recuperar el orden público. 

 

La Huelga de la Carne de 1905: el 22 de octubre de aquel año, Santiago fue remecido por una protesta generalizada: la llamada “huelga de la carne”. Esta se inició a partir de una manifestación para pedir la rebaja del precio de la carne, el que era alto debido al impuesto que gravaba la internación de ganado argentino. Esto hacía imposible el consumo de carne para los más pobres. Los manifestantes llegaron en pacífico desfile hasta La Moneda, y solicitaron audiencia con el presidente Riesco. Sin embargo, a medida que la marcha avanzaba, había aumentado el número de manifestantes, juntándose -según la prensa de la época- alrededor de 25 a 30 mil personas frente a La Moneda. Los ánimos comenzaron a impacientarse hasta que se llegó a un enfrentamiento, que la fuerza pública trató de contener a balazos. La violencia se prolongó casi una semana, que ha sido llamada la semana rojaLa información respecto del número de muertos dio cuenta de entre 200 a 250 muertos. Cifras desconocidas por los propios parientes de las víctimas los que nos informan que son alrededor de 600 personas las masacradas. La huelga de la carne puso de manifiesto que la cuestión social era un asunto mucho más serio de lo que la retórica parlamentaria denunciaba. 

 

Huelga de 1906: contra huelguistas en la Plaza Colón de Antofagasta; tuvo un saldo de 10 muertos y numerosos heridos; fue perpetrada por soldados del Regimiento Esmeralda, Séptimo de Línea, de Antofagasta. 

 

Masacre de la Escuela Santa María de Iquique: en diciembre de 1907 un grupo de trabajadores pertenecientes a las oficinas salitreras San Lorenzo y San Antonio, iniciaron una huelga producto del abusivo trato por parte de sus patrones y por las miserables condiciones en las que se veían obligados a vivir.  Los trabajadores – que alcanzaron un número que oscila entre los 18 mil y 20 mil personas – marcharon desde las salitreras hacia la ciudad de Iquique, en donde por orden del intendente Carlos Eastman debieron recluirse en la escuela Santa María de dicha ciudad, ante el temor de las autoridades de que la huelga se extendiera por toda la ciudad y de que se produjese la llegada de nuevos huelguistas a la zona. El gobierno de Pedro Montt, estrechamente relacionado con los propietarios de las salitreras a quienes debían la principal fuente de ingresos del Estado chileno, reaccionó enviando tres buques de guerra y un importante contingente militar a la ciudad de Iquique, pues “no estaban dispuestos a tolerar una insurrección de ningún tipo y mucho menos a negociar con los huelguistas”. Por lo tanto, estaba más que claro que la única solución para ellos era el fin incondicional de la huelga o, de lo contrario, abrirían fuego en contra de los manifestantes, si no, no se explica bajo ningún caso el gran despliegue naval y militar. Como los huelguistas no estaban dispuestos a rendirse el ejército al mando del general Roberto Silva Renard – quien ya tenía antecedentes de haber participado en la violenta represión de las huelgas de Valparaíso y  Santiago en 1903 y 1905 respectivamente-, abrió fuego sobre quienes se encontraban en la escuela Santa María el 21 de diciembre de 1907, sin importarle que en ese lugar se encontrase un gran número de mujeres y niños pues, para Silva Renard, los huelguistas eran el enemigo y no merecían ninguna consideración. El ataque del ejército hacia los huelguistas no duró más de 10 minutos y dejó un “saldo oficial” de aproximadamente 200 a 250 víctimas fatales y un incuantificable número de heridos. Sin embargo, la cifra de muertos llegó a los 3.600 acribillados. Los sobrevivientes a la matanza fueron enviados a un campo de concentración. 

  

Huelga del tarro de 1917: coacción ejecutada, contra mujeres que solidarizan con los ferroviarios en Antofagasta, por soldados del Ejército. Varias mujeres muertas y heridas. 

 

Año 1918: fuerte represión de la policía contra obreros de Punta Arenas. Hubo un muerto y 30 heridos a bala y sable. 

 

Año 1919: violencia contra obreros de Puerto Natales, por parte de militares y policías. Hubo 6 muertos. Fuerte represión, por otra parte, contra huelguistas en oficina salitrera Domeyko, de Antofagasta, por parte de la policía. Resultado: un muerto y varios heridos. 

 

Año 1920: asalto e incendio de la sede de la Federación Obrera de Magallanes, ejecutados por soldados, policías y "guardias blancas". Hubo alrededor de 30 asesinados. Cruenta represión contra mineros del carbón de Lota que estaban en huelga; con un saldo de un muerto y cuatro heridos. 

 

La Matanza de San Gregorio de 1921: El 3 de febrero, y luego de un frustrado intento de embarcar a los trabajadores en tren hacia Antofagasta, se realizó una “concentración para escuchar a los dirigentes, los que reclamaron la cancelación del desahucio y reafirmaron la decisión de no abandonar la oficina mientras la Casa Gibbs (propietaria de las compañías) no se comprometiera a pagar” (Floreal Recabarren Rojas.- La matanza de San Gregorio1921: Crisis y tragedia; LOM, 2003; p. 69). Acto seguido –cerca de las 17 horas- la multitud se dirigió a encarar al administrador Daniel Jones y al reducido grupo de soldados que resguardaban a este último. El teniente Argandoña le ordenó a la multitud que se detuviera en un punto y como esta no le hizo caso, los efectivos empezaron a dispararle. Como resultado final se calcula que entre 60 y 80 trabajadores fueron ultimados.

 

Año 1921: incruenta coacción contra mineros del carbón en Curanilahue por parte de soldados. Hubo varios asesinados y heridos.  Por otro lado, ese mismo año, hubo gran violencia contra el comité de cesantes de la FOCH que marchan solidarizando con campesinos, en el Zanjón de la Aguada, por parte de soldados. Saldo: 1 muerto y varios heridos. Además, hubo represión contra huelguistas de la Compañía Chilena de Tabaco, en Valparaíso, por efectivos del Ejército. Saldo: un muerto y 60 heridos. 

 

Año 1922: opresión contra los huelguistas de Tejidos Lourdes en Santiago por parte de la policía. Hubo un muerto y varios heridos. 

 

La matanza de La Coruña de 1925: una de las mayores matanzas de la historia de la humanidad en tiempos de paz (más de 2.000 trabajadores, niños y mujeres asesinados). Además, la represión no terminó allí. Paralelamente una ola de arrestos de caudillos laborales se abatía sobre las provincias calicheras. De Antofagasta llegaban por el ferrocarril a Santiago, el 20 de junio de 1925, 300 familias en “completa indigencia”, venían expulsadas de distintas oficinas, sin que les afectaran cargos concretos. Ocuparon los antiguos albergues de cesantes. Asimismo, más de 40 dirigentes de la provincia de Antofagasta fueron llevados detenidos al Crucero Zenteno, y se les procesó militarmente, siendo condenados a varios años de relegación en diversas islas. Por otro lado, se trasladó en barcos al centro del país a multitud de otros detenidos, sufriendo torturas y pésimas condiciones de reclusión. Además, dada la escasez de noticias viajó a Iquique Elias Lafertte en representación de la FOCH. Allí fue detenido e incomunicado por 2 meses y medio, y la escalada represiva no se restringió al norte. El 10 de junio, Alessandri declaró en estado de sitio la zona del carbón para liquidar huelgas que habían empezado en mayo. Asimismo, la policía incrementó su campaña de infiltración y espionaje en los sindicatos de Santiago y Valparaíso, oficiales del Ejército comenzaron a censurar la prensa obrera. 

 

Masacre de la Foch de 1934: asalto al local de la FOCH, ubicado en Calle San Francisco 608, de la comuna de Santiago. Hubo desproporcionada violencia contra los obreros municipales que se mantenían en huelga. Hubo 5 muertos y más de 20 heridos a bala y sable. 

 

La masacre de Ránquil de 1934: Ránquil, comuna de Malleco en la región de la Araucanía. El hecho se produjo en 1934 luego de que un grupo de indígenas compuesto por mapuche, pehuenche y huilliche se alzó por la progresiva enajenación de sus tierras ancestrales por parte del gobierno, el cual las cedía o vendía a empresarios agrícolas o a colonos europeos.  Paralelamente a este alzamiento, un grupo de trabajadores de los lavaderos de oro de la localidad de Lonquimay, ubicada en la precordillera de la Araucanía, protestaban por el trato abusivo de sus patrones. Ante esta situación, el recientemente asumido presidente Alessandri envió un contingente de Carabineros al lugar, el cual no pudo sofocar el alzamiento y produjo que trabajadores e indígenas hicieran causa común para enfrentar la represión del gobierno. El 6 de julio de 1938 un importante contingente de carabineros armados, rodeó a los protestantes y abrió fuego sobre ellos sin ninguna consideración. Según señalan testigos del incidente, los carabineros habrían tenido órdenes de no dejar sobrevivientes. Las víctimas habrían sido alrededor de 500. El problema, es que muchos de los fallecidos habrían pertenecido a comunidades indígenas, los cuales no habían sido inscritos en el registro civil y resultaba sumamente complicado comprobar la muerte de alguien que no existía en los registros oficiales. 

 

La Masacre de la Plaza Bulnes 1946: el 17 de enero de 1946 se iniciaba una huelga de los obreros de la oficina salitrera Mapocho. La causa: la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta (Cosatan) subió los precios de los alimentos de la pulpería, violando un acuerdo con el sindicato. Por la misma razón, también fueron al paro los obreros de la oficina Humberstone. El gobierno de Duhalde se puso del lado de los patrones. El ministro del Trabajo, Mariano Bustos, firmó el 22 de enero un decreto anulando la personería jurídica de los sindicatos de ambas oficinas. Al día siguiente, partió de La Calera, con destino al norte un tren con fuerzas represivas. La Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH) convocó a un acto de solidaridad con los obreros en huelga el lunes 28 de enero, en la Plaza Bulnes de Santiago. La CTCH lanzó la consigna “Del trabajo al mitin”. Desde la Plaza Artesanos, junto al río Mapocho, partió una larga columna. Se veían estandartes de muchos sindicatos. También pancartas que resumían el contenido del acto: ¡Que se devuelva la personalidad jurídica a los sindicatos del norte! ¡Viva la libertad sindical! ¡El pueblo se muere de hambre: que baje la carne! A las 19 horas la Plaza Bulnes estaba casi repleta de trabajadores. Media hora más tarde seguían llegando columnas de sindicatos.No sólo trabajadores se habían movilizado ese lunes 28 de enero de 1946. Un insólito despliegue de fuerzas de Carabineros comenzó a notarse desde las primeras horas de la tarde. En todas las comisarías se había dispuesto el acuartelamiento en primer grado. A las 17 horas, salió de la prefectura una orden firmada por un oficial de apellido Rebolledo: todos los carabineros acuartelados en las diferentes unidades debían dirigirse a la Plaza Bulnes. 

 

Año 1947: coacción de carabineros contra choferes y cobradores de micro en huelga, cuya concentración se ubicó en la intersección de Bascuñán Guerrero con la Alameda en Santiago. Hubo 4 muertos y 20 heridos. 

 

Año 1951: opresión y violencia, contra los obreros en huelga de la Compañía Refinería de Azúcar de Viña del Mar, por parte de carabineros. Saldo de 36 heridos a bala. 

 

Año 1956: coacción en contra de los obreros de la oficina salitrera Pedro de Valdivia, por parte de carabineros. Las consecuencias fatales fueron: 3 asesinados y 24 heridos graves. 

 

La Matanza de la población José María Caro de 1962: los hechos en cuestión se desarrollaron el 19 de noviembre de 1962, en el contexto de una protesta nacional convocada por la CUT. En el marco de esta convocatoria, los pobladores de “la Caro” se manifestaron cortando la línea del tren, que quedaba próxima a sus casas. El gobierno envió a los militares que luego de enfrentamientos con los pobladores, actuaron salvajemente, disparando sus fusiles. Según los periódicos de la época, los muertos serían seis y los heridos algunas decenas. La cantautora Violeta Parra escribiría el tema La Carta, después de recibir una que relataba los hechos por los que tuvo que pasar su hermano, arrestado en la manifestación. 

 

La Matanza de obreros en El Salvador de 1966: el 11 de marzo de 1966 fue un día normal de huelga en que los trabajadores se encontraban solidarizando con la causa de sus colegas de El Teniente. Fue en ese momento cuando ellos advierten la llegada de militares, carabineros y detectives. “Ahí tiraron bombas lacrimógenas al sindicato, entonces no hubo diálogo alguno y los militares dispararon balas de salva provocando que los trabajadores salieran con palos, sillas y piedras, ante lo cual los militares proceden a disparar balas de guerra cayendo los primeros muertos y heridos”, complementa el historiador René Cerda. 

 

El caos era tal en El Salvador, que la gente bajaba de sus casas hacia el sector del sindicato a ver lo que estaba pasando. El historiador René Cerda explica que “cuando hacen la segunda ráfaga, uno de los militares se dispara en la pierna atribuyendo este balazo a los trabajadores y ahí comenzó una balacera aun más agresiva en la que los uniformados disparan en todas direcciones, es decir, hacia el sector del sindicato como hacia todo el semicírculo de El Salvador”. Con la tercera y última ráfaga mueren los últimos hombres cuyo saldo de fallecidos alcanzó las 8 personas entre ellos dos mujeres, una embarazada. Las decenas de heridos permanecieron en el Hospital de El Salvador, mientras que los más graves fueron trasladados hacia el Hospital Militar en Santiago, quedando en calidad de detenidos y cuyo único contacto autorizado con el exterior fue Salvador Allende, quien regularmente les visitaba. En cuanto a los fallecidos, estos fueron velados en el mismo sindicato logrando la concurrencia de una multitud que llegó a despedir a los trabajadores asesinados, y cuyos cuerpos fueron posteriormente entregados a sus familiares quienes los sepultaron en diversos lugares. 

 

La matanza de Puerto Montt o Pampa Irigoin de 1969: eran las 7 de la mañana del domingo 9 de marzo de 1969 cuando 250 carabineros ingresaron a la Pampa Irigoin a desalojar a los trabajadores y sus familias. La idea era encontrar durmiendo a las familias para evitar que haya resistencia, pero los pobladores tenían un sistema de alarma artesanal, unas latas amarradas con alambres a baja altura y ese precario sistema los alertó de que algo estaba ocurriendo en el campamento. Los carabineros entraron lanzando bombas lacrimógenas y quemando las modestas viviendas que habían hecho los pobladores. Como el ruido y los gritos aumentaron ese domingo los vecinos de las poblaciones aledañas fueron en ayuda de los de la toma y se defendieron con palos y piedras hasta que unos abrieron fuego con ametralladoras y varios hombres y mujeres cayeron heridos. Las víctimas fueron Luis Alderete Oyarce (19 años), José Aros Vera (27 años), Federico Cabrera Reyes (24 años), Jovino Cárdenas Gómez (29 años), José Flores Silva (19 años), Arnoldo González Flores (34 años), Robinson Montiel Santana (9 meses), David Montiel Valderas (34 años), José Santana Chacón (64 años) y Wilibaldo Vargas Vargas (31 años). Hubo otras 56 personas heridas entre los pobladores.

 

Dictadura cívico-militar: tanto el DL 2.756, sobre organización sindical, y el DL 2.758 sobre negociación colectiva, se centran en cuatro aspectos que son la columna vertebral del Plan Laboral y posterior Código del Trabajo, a saber: 1) Negociación colectiva centrada en la empresa (carácter netamente individual, centrado en la empresa, contrario a la idea de que los trabajadores se organicen en común); 2) huelga que no paraliza (reemplazo legal de los trabajadores en una huelga); 3) libertad sindical (libertad de los trabajadores para afiliarse y desafiliarse de los sindicatos en el momento que quieran. No es más que una estrategia de los empresarios para dividir a los trabajadores y debilitar a los sindicatos, en especial, a la idea del “sindicato único”) y 4) despolitización sindical (sanciones contra quienes promuevan actos políticos o en la prohibición que dirigentes sindicales puedan ser representantes populares en el parlamento). Por otra parte, cerca de 35 mil personas fueron víctimas de violaciones a sus derechos fundamentales; de ellas, 28 mil fueron torturadas, 2.279 ejecutadas y 1.248 permanecen en situación de detenidos y detenidas desaparecidos (as). 

 

Manifestaciones contra el abuso, la usura y el neoliberalismo desde 2019: Baltasar Garzón, la Comisión Chilena de Derechos Humanos (CHDH), la Asociación Americana de Juristas (AAJ) y el Centro di Ricerca ed Elaborazione per la Democrazia (CRED), enviaron este jueves 29 de abril un escrito a la fiscal general de la Corte Penal Internacional (CPI), la abogada Fatou Bensouda, en el que solicitan que este tribunal investigue, acuse e inicie un juicio contra Sebastián Piñera y sus colaboradores civiles, militares y policiales, por los “crímenes de lesa humanidad” que han sido “cometidos de manera generalizada y sistemática” desde el estallido social de octubre de 2019. Para justificar la intervención de ese tribunal, uno de los principales argumentos es el cierre de 3.050 causas por violaciones a los derechos humanos, contra trabajadores, estudiantes, etc., que debían ser investigadas por el Ministerio Público y que están asociadas a las manifestaciones registradas desde finales de 2019. 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/212064
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