Sociedades efímeras y nuevo sentido de la mutación antropológica

Noticias falsas, miedo, pánico y conspiranoia se funden para darle nuevas formas y pliegues a las mutaciones antropológicas contemporáneas.

22/02/2021
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La fábrica de la felicidad (Franco Berardi, Bifo) abre paso, de manera acelerada y en medio de la orfandad ideológica, a la mutación antropológica de la cual hablaba el escritor y cineasta italiano Pier Paolo Pasolini hacia principios de la década de los setenta para hacer referencia a la lógica desbocada del hiper-consumismo que asediaba a las sociedades occidentales de aquellos años. A partir de esa práctica se conforma una cultura enraizada y una sociedad de consumo masivo que no solo se limita a bienes, servicios y tecnologías, sino que –hoy día– se extiende a símbolos y significaciones que se irradian a la par del mantra de la eficiencia económica, la inmediatez y la racionalidad tecnocrática. A la volatilidad e incertidumbre propia de las sociedades contemporáneas, se suma el carácter provisional y breve de la moda (lo que Gilles Lipovetsky denominó como El imperio de lo efímero), que lo mismo asalta a las artes, a la praxis política, al pensamiento crítico y a la filosofía, que a la alimentación, a la intimidad y la vida sentimental.

 

La invasiva publicidad, la obsolescencia tecnológica programada y el acceso masivo al crédito bancario, le dan forma a un patrón de producción y consumo que tornan al extractivismo y al rentismo en un enrome vertedero de basura y desechos solo justificados por la pasajera sensación de la felicidad consumista y sus correspondientes mecanismos de control autoimpuesto

(https://bit.ly/3k9rd1Z). Todo ello es consustancial al modelo del crecimiento económico ilimitado propio de la ilusión del progreso y la civilización del desperdicio.

 

La digitalización de la sociedad y la entronización de las tecnologías de la información y la comunicación son parte también de esa mutación antropológica. No solo nos instalan en una ignorancia tecnologizada (https://bit.ly/2BMr039), sino que alteran las cosmovisiones, las percepciones e inutilizan el despliegue de la sensibilidad y la posibilidad de decodificar símbolos e imágenes que atacan masivamente nuestros sentidos. El estercolero más acabado y perfeccionado en las sociedades contemporáneas es la red sociodigital Instagram, con su voraz apetito por degradar y suplantar la belleza, tornarla vacío infinito y atentado contra la empatía y la identidad. Estercoleros como éstos nos confinan en una orfandad estética sin referentes y sin sustancia, que así como evade también construye un mundo sin sentido envuelto en filtros plastificados.

 

A la par de la instauración de un homo videns (Giovanni Sartori) y de un homo digitalis, se despliega un empequeñecimiento cognitivo del homo sapiens a medida que gana terreno la imagen y los símbolos efímeros por encima de la palabra y las significaciones razonadas. El cerebro humano se erige entonces –más allá de todo catastrofismo– en un infinito vertedero de desechos simbólicos que hacen de la emoción y su manipulación el principal camino para afianzar el individualismo hedonista y el social-conformismo. Noticias falsas, miedo, pánico y conspiranoia se funden para darle nuevas formas y pliegues a las mutaciones antropológicas contemporáneas.

 

El fundamentalismo de mercado y su fervor por la libertad individual y la iniciativa privada se nutre de todo ello y, a su vez, lo estimula. Socavada toda posibilidad de comunidad y de confianza y empatía respecto a “el otro”, esta creencia en la utopía del mercado autorregulado se reproduce como hidra en medio de sociedades atomizadas, estratificadas y segregadas.

 

Estas expresiones de las mutaciones antropológicas contemporáneas remiten a cambios en las pautas y estructuras actitudinales, mentales, relacionales y vivenciales, forjando comportamientos que le impiden a los individuos procesar informaciones y cantidades masivas de símbolos que atrofian su sensibilidad. Se trata de una transformación en el circuito psico-físico, pero también en el entorno social en el cual interactúan los seres humanos. Escapar de los círculos viciosos de esas mutaciones antropológicas renovadas solo será posible reivindicando el sentido de comunidad y el valor de la palabra como mecanismos para la construcción de significaciones que construyen sentido en la vida de los individuos y de las colectividades. Es un asunto relacionado con la intimidad, la vida familiar, pero también con las formas que se definen para construir ciudadanía en medio del colapso civilizatorio, la lapidación de la palabra en la vida pública (https://bit.ly/3aDAs7x) y de la crisis de la política como praxis transformadora de la realidad social (https://bit.ly/2OdSmBL).

 

Isaac Enríquez Pérez

Investigador, escritor y autor del libro La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos.

Twitter: @isaacepunam

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/211062
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