Colombia, en un tercer ciclo de la violencia (II)

06/01/2021
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Imagen: Telesur
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En anterior nota señalábamos que en Colombia se han dado todas las condiciones para que se configure un nuevo ciclo de violencia[1] a raíz del fracaso de los publicitados acuerdos de paz (2016) entre el régimen político oligárquico, representado por el gobierno de Juan Manuel Santos (socialdemócrata neoliberal afecto a Tony Blair) y un sector de las Farc EP (Márquez, Timochenko, Lozada, Ramírez, Catatumbo, Granda, Estrada, Toloza) que propicio una convergencia con la elite dominante y sus aparatos armados para desmovilizar la resistencia agraria de millones de campesinos víctimas de la violencia, el atropello y la exclusión política mediante la negación de los derechos básicos de la ciudadanía.

 

Los Acuerdos de paz alcanzados entre estas dos facciones, resultado de cuatro años de conversaciones y supuestas negociaciones en la Mesa de La Habana, a la postre no son más que una copia de los Manuales y protocolos elaborados por la Secretaria de la ONU para superar los conflictos nacionales posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en cuya elaboración desempeñó un papel central Butros Butros-Ghali[2], el diplomático egipcio que encabezó la Secretaria General de dicho organismo multilateral entre 1992 y 1996. Protocolos que, por supuesto, tienen un alcance progresivo y democrático, en el campo del reformismo a los sistemas políticos, sociales y económicos del capitalismo dominante en las sociedades con conflictos internos.

 

Un componente central de tales Manuales de la ONU para la paz es el agrario y las reformas a la propiedad de la tierra, que en consideración de los expertos internacionales es un factor crucial en la superación de las guerras civiles tercermundistas. La modernización agraria es vital para superar los rezagos en el sistema social, en la tenencia latifundista de la tierra, en la ampliación de la disponibilidad de mano de obra barata para la industria capitalista, en la inclusión electoral de campesinos y en la subsunción real (y formal) de las formas precapitalistas agrarias[3].

 

En Colombia hay infinidad de estudios sobre el tema hechos por expertos contratados por la ONU (Fajardo, Rocío Londoño, Alfredo Molano, Reyes, Mondragón, Fensuagro, Misiones agrarias, Cumbres agrarias, Anzores, Cinep, Comisiones agrarias del Partido Comunista, Moir, Codhes, Misión Rural del DNP/Pnud etc), que redundan sobre el tema sin que haya mayor novedad en la formulación de alternativas, salvo por la democratización de la propiedad, la reforma agraria en modo neoliberal y el apoyo a líderes agrarios cooptados por las facciones santistas de la elite (Ascamcat, Astracava, Cimitarra, Argelia, CUT delegados agrarios).

 

Para la Mesa de La Habana se hicieron unos estudios (con costos millonarios) por expertos que repitieron y reciclaron (refritos) viejos diagnósticos y formulas trilladas del reformismo pequeñoburgués[4].

 

Sobre el modelo de la ONU y las propuestas de los expertos se llegó a un Acuerdo agrario entre las partes[5], que en síntesis consistió en la entrega de 3 millones de hectáreas a casi 14 millones de campesinos sin tierra, en la formalización de 7 millones de hectáreas que no disponen de títulos catastrales, en la creación de un Fondo de Tierras, en la implementación de un catastro agrario multipropósito para construir una base de información tributaria municipal y en la adopción de varios programas complementarios como política agraria del Ministerio de Agricultura.

 

Esos programas se referían a los siguientes asuntos:

 

-Infraestructura y adecuación de tierras para construir vías terciarias, distritos de riesgo, infraestructura eléctrica y de conectividad, la instalación de la infraestructura necesaria para garantizar el acceso a internet de alta velocidad en las cabeceras municipales, la oferta de soluciones de acceso comunitario a internet para centros poblados.

 

-El desarrollo social para la salud, educación, vivienda, agua potable, erradicación de la pobreza.

 

-Estímulos a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa. Asistencia Técnica. Subsidios. Crédito. Generación de ingresos. Mercadeo. Formalización laboral.

 

-Asistencia técnica.

 

-Mercadeo.

 

-Formalización laboral rural y protección social.

 

-Asociatividad.

 

-Sistema para la garantía progresiva del derecho a la alimentación.

 

Además se determinó que estos procesos de reforma agraria integral se harían mediante los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (Pdet) y unos Planes de Acción Territorial organizados en 16 grupos que incluirían 170 municipios del país (de los 1113 existentes), afectados por la violencia y la pobreza extrema en el Catatumbo, Arauca, Guajira, Norte de Santander, Cesar, Cauca, Tumaco, Valle del Cauca, Choco, Caquetá, Meta, Antioquia y Bolívar).

 

Hoy, cuatro años después de firmados esos pactos, este modelo agrario de la ONU y de Santos es un fracaso descomunal. Apenas si se han entregado 15 mil hectáreas de tierra, aun sin legalizar.

 

Para saber del fracaso de esta estrategia de “paz” es importante considerar el siguiente antecedente, en 1967, con la reforma agraria de la Alianza para el Progreso de Kennedy y del gobierno de ese entonces (Carlos Lleras Restrepo) se entregaron 900 mil hectáreas y se creó la Asociación de Usuarios Campesinos (ANUC) que desempeñó un papel destacado en las movilizaciones campesinas de la época.

 

Lo de hoy es una farsa absoluta. No hay ninguna reforma agraria integral, unas cuantas familias de terratenientes son dueñas de más de 40 millones de hectáreas que utilizan en ganadería extensiva, en cultivos como la palma de aceite, en la caña y en otros cultivos industriales.

 

Santos dejo todo en el papel y engaño con una cascada de decretos retóricos y, el nuevo gobierno uribista de la ultraderecha fascista tiene todo paralizado y hecho trizas, planteando, por lo demás, la anulación de los procesos de sustitución de tierras previsto en la Ley de víctimas (1448 del 2011).

 

Los Pdet son una fachada[6] utilizada para captar la cooperación internacional (equivalente a los 1000 millones de dólares anuales, 3 billones de pesos colombianos) que se reparte entre la clase politiquera oficialista con pequeñas obras civiles rurales que son foco de corrupción y saqueo, como ocurre en el Cauca, departamento azotado por la violencia, donde los políticos uribistas (liberales, de la U, Cambio radical y conservadores), en complicidad con los altos asesores de paz de Duque (Archila[7] y Ceballos[8]) se apropian descaradamente de estos dineros para ejecutar pequeñas obras civiles (pavimentación rural, puentes, salones comunales) que son utilizadas para capturar votos y rentas que entregan los contratistas a los alcaldes y parlamentarios asociados en la corrupción y el despojo, como en el caso de Piendamó (Cauca), municipio en el que su Alcalde Víctor Hugo Franco (de la U) protagoniza el asalto y saqueo de los dineros del Pdet, del Plan social del Cauca[9] y del Sistema de transferencias fiscales de la nación[10].

 

Lo único real y tangible de esta “reforma agraria”[11] es el regreso de la violencia terrateniente, militar y paramilitar al campo colombiano con el asesinato de cientos de líderes agrarios, de ex guerrilleros; con las masacres, el despojo y el desplazamiento de miles de familias que tiene que huir hacia las ciudades para seguir en la miseria y el golpe de la crisis sanitaria del COVID19.

 

Es frente a tal fracaso que de nuevo se organiza la resistencia agraria armada encabezada por las Farc EP (Iván Lozada, gentil Duarte, Jonier, John 40, Calarcá)[12], que jamás firmo esos acuerdos mentirosos de La Habana patrocinados por Santos y la casta oligárquica de los bancos, los políticos, los generales y la Embajada gringa, en complicidad con la rosca de Timochenko y sus socio, convertidos hoy en vulgares agentes del régimen en su condición de parlamentarios del partido de la Rosa.

 

La resistencia agraria de este tercer ciclo de la guerra en Colombia, se organiza y debate sus planes y estrategias en las nuevas condiciones sociales, políticas y geopolíticas de Colombia.

 

Estamos delante de nuevos modelos de la guerra (guerras hibridas)[13] que obligan a replanteamientos tácticos y en los modos de operar, para involucrar las nuevas tecnológicas de las comunicaciones y nuevos relacionamientos con las comunidades locales y regionales[14].

 

La resistencia agraria de las Farc EP ocurre hoy en contextos de una crisis económica, social, sanitaria agravada. Con el auge de la lucha social y en un escenario en que la hegemonía del imperialismo gringo hace agua por todos lados.

 

En nota posterior nos referiremos al fracaso del Acuerdo de paz en lo atinente a la reforma política dizque para construir una “democracia ampliada”.

 

Es probable que Duque y su patrocinador Uribe intenten acoplarse al entrante gobierno del señor Biden en Usa, promotor de los Acuerdos de La Habana, pero ya es tarde para tal maniobra[15]. Se presentaran nuevas contradicciones entre los dos gobiernos en temas como el de Venezuela, la guerra contra la coca (Fumigaciones con glifosato de 200 mil hectáreas de coca sembrada) y los pactos de paz, que derivaran en nuevos conflictos, especialmente en materia de Derechos Humanos, que la resistencia agraria (Farc EP) y el movimiento popular deben canalizar para propiciar una correlación de fuerzas favorable a los cambio y erradicación del modelo neoliberal y fascista.

 

Colombia no está para las falsas salidas del reformismo conciliador que pretende oxigenar al santismo y a los grupos liberales causantes también de la crisis colombiana.

 

Hay que dar el salto con las banderas de un modelo de cambios radicales que transformen de raíz la sociedad y el Estado.

 

Notas

 

[1] Ver el siguiente enlace electrónico consultado el 31 de diciembre 2020 https://www.megustaleer.com.co/libros/un-nuevo-ciclo-de-la-guerra-en-colombia/MCO-003797

 

[2] Ver el siguiente enlace electrónico

https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/32724/D-17851.00_es.pdf?sequence=1

 

[3] Ver siguiente enlace electrónico

http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/coedicion/NH/NH.pdf

 

[4] Ver

http://www.humanas.unal.edu.co/observapazyconflicto/files/5714/6911/9376/Version_final_informes_CHCV.pdf

 

[5] Ver texto Acuerdo de la Habana en el siguiente enlace electrónico

 

https://www.jep.gov.co/Marco%20Normativo/Normativa_v2/01%20ACUERDOS/N01.pdf

 

[6] Ver el siguiente enlace electrónico https://www.elespectador.com/colombia2020/pais/las-criticas-al-gobierno-por-simular-la-implementacion-de-los-pdet-articulo-915921/

 

[7] Ver el siguiente enlace electrónico http://www.portalparalapaz.gov.co/

 

[8] Ver el siguiente enlace electrónico http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/alto-comisionado-para-la-paz

 

[9] Ver en el siguiente enlace electrónico

http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/oficina/en-el-territorio/plan-social-del-cauca

 

[10] Ver el siguiente enlace electrónico http://www.revistaelcongreso.com/actualidad/el-abc-del-sistema-general-de-participaciones/

 

[11] Sobre estos temas formalmente se ocupa el Centro de Pensamiento y Dialogo para la paz que dirige Jairo Estrada, creado como parte de la implementación de los Acuerdos de paz y con presupuestos millonarios, donde comparten delegados de Timochenko y Márquez, repitiendo viejas narrativas del reformismo para relegitimar los pactos de la Habana. Ver al respecto el siguiente enlace electrónico https://cepdipo.org/#/?playlistId=0&videoId=0

 

[12] Ver el siguiente enlace electrónico

http://ideaspaz.org/media/website/FIP_Disidencias_Final.pdf

 

[13] Ver al respecto el siguiente enlace electrónico

https://www.ugr.es/~gesi/Guerras-hibridas.pdf

 

[14] Ver el siguiente enlace electrónico

 

http://www.esferalibros.com/uploads/ficheros/libros/primeras-paginas/201609/primeras-paginas-estrategia-es.pdf

 

[15] Ver el siguiente enlace electrónico https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/juan-fernando-cristo/trump-duque-biden-columna-de-juan-fernando-cristo-557190?utm_medium=Social&utm_source=Twitter#Echobox=1609086237

 

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/210387
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