Boletín 43 (2020)

El paraíso para víctimas humanas de personas jurídicas

26/10/2020
  • Español
  • English
  • Français
  • Deutsch
  • Português
  • Opinión
henry_tayali_zambia.jpg
Henry Tayali (Zambia), Destiny [Destino], 1962-1966.
-A +A

Cualquiera de estos días, Zambia va a ser el primer país africano en caer en un default o incumplimiento de la deuda privada. El país solo puede pagar los intereses de los bonos de 3.000 millones de dólares si ignora por completo las necesidades de su pueblo. Zambia ha sufrido por el impacto que tuvo la crisis de la economía mundial en sus ventas de cobre durante una parte de este año (aunque los precios del cobre y los precios futuros ahora han comenzado a subir).

 

Cosmas Musumali, el secretario general del Partido Socialista de Zambia, dice que las convulsiones del endeudamiento no se deben solo a la recesión del coronavirus, sino también a los ricos tenedores de bonos y a la incompetencia del gobierno del presidente Edgar Lungu, de Patriotic Front [Frente Patriótico].

 

Zambia es un caso de lo que será una cascada de defaults. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó en abril de 2020 que al menos 39 millones de personas en el África Subsahariana se verán forzadas a vivir en extrema pobreza. Ken Ofori-Atta, el ministro de Finanzas de Ghana, dijo a principios de octubre que “La capacidad de los bancos centrales occidentales de responder (a la pandemia) a un nivel inimaginable y las limitaciones de nuestra capacidad de respuesta son bastante abrumadoras”.

 

Los comentarios de Ofori-Atta deben ser tomados con mucha seriedad. En el Monitor Fiscal de octubre de 2020, el FMI dijo que los gobiernos mundiales hasta el momento han gastado o recortado impuestos por alrededor de 11,7 billones de dólares, esto es, el 12% del PIB mundial. A través de las bajas tasas de interés, las instituciones financieras están incentivando a que los gobiernos en Europa y Norteamérica adquieran préstamos para salir de la recesión del coronavirus. La directora general del FMI, Kristalina Georgieva dice frecuentemente que los países deben “gastar. Guarden las facturas, pero gasten”, y que estos gastos debieran ir a infraestructura. La economista jefa del Banco Mundial, Carmen Reinhart, ha dicho que incluso los países en desarrollo deben asumir nuevas deudas: “Mientras la enfermedad está en su apogeo, ¿qué más vas a hacer? Primero te preocupas de combatir la guerra, después resuelves cómo pagarla”. Para gente como Ofori-Atta y Musumali, este es un consejo extraño.

 

En noviembre de 2019, antes de la pandemia, Stephanie Blankenburg hizo una presentación en la Conferencia sobre Gestión de la Deuda de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Como directora de la Subdivisión de Deuda y Financiación del Desarrollo de la UNCTAD, Blankenburg supervisa la escalada de la deuda y sus impactos sociales. “La deuda externa de los países en desarrollo supera las ganancias por exportación combinadas desde 2016”. En Estadística de la deuda internacional 2021 del Banco Mundial se muestra que a fines de 2019 la deuda externa total de los países en desarrollo era superior a 8 billones de dólares. Diez meses de recesión por el coronavirus han hecho que lxs analistas estimen que la carga ha aumentado al menos a 11 billones. Desde 2016, los países en desarrollo no han podido financiar sus deudas con las ganancias por exportaciones. Ahora, ninguno de los países más pobres podrá pagar el servicio de la deuda, y algunos nunca podrán liquidarla. 

 

Durante la semana de la reunión anual del FMI, le pregunté a Blankenburg si los Estados más ricos —el G20, por ejemplo— se tomaban en serio alguna propuesta de alivio de la deuda. “Depende de lo que quieres decir con ‘serio’, pero asumo que te refieres a una condonación de la deuda que permita a los países más endeudados volver a un camino de crecimiento y desarrollo sostenible”, respondió. Si es así, siguió, “no, o no de manera ordenada y equilibrada. Eventualmente, las condonaciones de la deuda de los países en desarrollo más vulnerables serán inevitables, todo el mundo lo reconoce, pero el asunto es en qué términos sucederá”.

 

En 2015, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución sobre los “Principios Básicos de Procesos de Reestructuración de la Deuda Soberana”. Esta resolución señala que cualquier reestructuración de la deuda debe seguir los principios consuetudinarios de soberanía, buena fe, transparencia, legitimidad, tratamiento equitativo y sostenibilidad. Tras esta resolución hay otro objetivo: revisar el proceso de la deuda y crear un mecanismo para un acuerdo integral sobre la deuda. Se esperaba que este mecanismo tuviera el poder de desarrollar un acuerdo integral sobre la creciente carga de la deuda.

 

Los intentos de las naciones más ricas de manejar la deuda —como a través de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI por su sigla en inglés) del G20/Club de Paris— no han dado frutos. Como explica Blankenburg, la DSSI “era monumentalmente complicada y solo trajo un alivio limitado sobre la deuda comercial” para los estados más endeudados, cualquier iniciativa para el resto de los países pobres endeudados “tendría que ser más grande, más rápida y más fluida”. Los mecanismos que ha propuesto la UNCTAD “no están en el horizonte hasta ahora”, me dijo.

 

El problema es que los términos de la conversación son establecidos sólo por los países más ricos, liderados por el G20. Ellos consideran que sólo los acreedores —y a lo sumo el FMI— deben estar a cargo. “El peligro aquí es que las consideraciones a corto plazo, dirigidas por los acreedores, sobre el pago de la deuda externa prevalezcan como el criterio principal, y que se deje de lado la sostenibilidad y el desarrollo a largo plazo”. En otras palabras, los ricos quieren su dinero, mientras se deja que lxs pobres queden sin medios para subsistir y mucho menos para prosperar.

 

Georgieva del FMI está intentando cambiar la imagen del Fondo, como si de algún modo ya no estuviera comprometido con el ajuste estructural y la austeridad. Pero sus campañas publicitarias se quedan cortas frente a sus políticas. Un estudio de Oxfam encontró que el 84% de los préstamos ofrecidos a 67 países durante la recesión por el coronavirus llegaron con medidas de consolidación fiscal (o austeridad). Estos préstamos llegaron a través del Servicio de Crédito Rápido (SCR) y del Instrumento de Financiamiento Rápido (IFR), ambos establecidos en abril de 2020 por el FMI, así como el Fondo Fiduciario para Alivio y Contención de Catástrofes (FFACC).

 

El 16 de octubre, el ministro de Finanzas de Zambia, Bwalya Ng’andu, le dijo al parlamento que su gobierno está trabajando con el DSSI del G20/Club de París para lograr una suspensión de seis meses en el pago de los servicios de la deuda. “Aunque hemos obtenido cierto alivio con la ventana del DSSI, especialmente de los acreedores oficiales, los compromisos con los acreedores comerciales no han dado aún los resultados esperados”, dijo Ng’andu. Y es probable que no los den, porque —como me dijo Blankengurg— están enfocados en sus intereses a corto plazo y les importa poco el bienestar a largo plazo de países como Zambia.

 

Cosmas Musumali del Partido Socialista de Zambia me dijo que la situación en su país es desoladora, ya que la proporción de préstamos blandos ha disminuido relativamente, mientras la deuda soberana ha aumentado para la mayoría de los países en desarrollo y “actualmente la campaña mundial por la condonación de la deuda es mucho más débil”. Es vital fortalecer esa campaña.

 

No hace mucho, nuestro amigo Ngũgĩ wa Thiong’o, autor del destacado Petals and Blood [Pétalos y sangre] de 1977, escribió un poema llamado “El paraíso para víctimas humanas de personas jurídicas” (16 de julio de 2020). Está escrito en la voz del líder empresarial hablando a los trabajadores del mundo:

 

Sepan todos que las empresas
para las que ustedes trabajan son personas.
Su búsqueda de ganancias es
su búsqueda personal de felicidad.

 

La preocupación por la salud y la felicidad humana reales
debe dar paso a la búsqueda personal de ganancias.
Bueno, no solo de ganancias, necios,
sino de aumentar la tasa de ganancia.

 

Entonces:

 

Queridos trabajadores, marchen sin mascarillas y sin miedo a las fábricas de carne.
Tráigannos ganancias.
¿Qué importa si las fábricas están infectadas con coronavirus?

 

Sacrificar su vida por la ganancia empresarial
es la cumbre del patriotismo capitalista.
Sepan que si mueren por nuestra ganancia
enviaremos sus almas directo al paraíso.
Desde donde podrán disfrutar de nosotros disfrutando los palacios
por los que sacrificaron su sudor, salud y sangre.

 

El pueblo de Bolivia rechazó a los líderes empresariales que querían sacrificarlos por su sudor, su salud y su sangre. A través de las urnas, el pueblo arrasó con el gobierno golpista y reinstaló en el poder al Movimiento Al Socialismo. “Hemos recuperado la democracia y la esperanza”, dijo el próximo presidente de Bolivia, Luis Arce.

 

Instituto Tricontinental de Investigación Social.

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/209475
Suscribirse a America Latina en Movimiento - RSS