Otra vez el Cáucaso

05/08/2020
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Una vez más la candente frontera entre Armenia y Azerbaiyán ha vuelto a ser noticia, y pone en tensión al mundo, por la cantidad de intereses y naciones involucradas de un lado y otro de la línea divisoria, lo que podría arrastrar a toda la región a una guerra de proporciones históricas.

 

Entre el 12 y el 16 de julio último, se produjeron acciones militares que han dejado, según datos oficiales, 17 muertos, cinco efectivos armenios y 12 azeríes, en el sector de Tavush -Tovuz, próxima a Karabaj, donde desde 1991 a 1994 se libró una guerra que dejó cerca de 30 mil muertos y un millón de desplazados. Los hechos se han producido a unos trecientos kilómetros de Nagorno-Karabakh, el campo de batalla habitual de estos enfrentamientos, que hoy se encuentra bajo el nombre de la República de Artsaj, un estado sin reconocimiento internacional.

 

Durante los choques de julio, que se habrían iniciado por la intromisión de efectivos azerbaiyanos en territorio armenio, según informó su Ministerio de Defensa, los azeríes habrían perdido una gran cantidad de insumos, entre ellos drones que habrían sido derribados durante las operaciones, los que fueron exhibidos en Ereván.

 

Para agregar más dramatismo a la crítica situación, Ankara disparó una declaración en la que dice: “Turquía apoyará cualquier decisión que tome el fraternal pueblo azerbaiyano en su justa lucha”. Al tiempo que el ministro de defensa turco, Hulusi Akar, declaró que: “Turquía y su ejército están listos para apoyar completamente a Azerbaiyán”. Lo que fue considerado como una amenaza directa por parte de Armenia.

 

Cuando la situación parecía volver a la “tensa normalidad” que impera en la frontera desde los acuerdos de paz de 1994, firmados en Biskek, la capital de Kirguistán, con los auspicios rusos, el pasado 27 de julio a primeras horas de la madrugada el militar armenio Ashot Mikaelián, murió producto del disparo de un francotirador azerí, lo que incremento la tensión todavía más y podría echar por tierra los esfuerzos de estructuras regionales como la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva o CSTO, compuesto por Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán, por alcanzar un punto de estabilidad.

 

Estos choques fronterizos no son los primeros en producirse desde 1994, en ese mismo sector durante 2014 y 2015, se produjeron enfrentamientos importantes, pero en 2016 estalló lo que se conoció como “la guerra de los cuatro días”, quizás los choques de mayor gravedad, en la que murieron unos 300 militares de ambos bandos y otros tantos resultaron heridos.

 

Este foco de inestabilidad pone a ese pequeño sector geográfico en la centralidad de la atención internacional, ya que jugadores de peso mundial tienen intereses económicos, políticos, militares y religiosos en las dos naciones en conflicto. Este es el caso de Turquía, que articula con Azerbaiyán su presencia en las costas del Mar Caspio y donde cuenta con una base militar.

 

La nación azerí, la única en el mundo que comparte fronteras con la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán, es de mayoría musulmana, con casi el 96 por ciento de los 10 millones de habitantes, y, aunque de esa mayoría, un 85 por ciento es de creencia chií, lo que coloca a Teherán en esa contienda ya que la vasta comunidad chiita, tiene muy buena sintonía con sus vecinos del sur. La dirigencia política ha construido una fuerte alianza con Turquía, que, más allá de las razones históricas, étnicas y religiosas, los une la siempre espinosa relación con Armenia, de mayoría cristiana, que nunca ha olvidado los padecimientos que ha sufrido a mano de los otomanos, cuya máxima expresión se tradujo en el genocidio que se extendió desde 1915 a 1917, en el que más de un millón y medio de armenios fueron asesinados por las tropas turcas, hecho que hasta la actualidad Ankara se niega a reconocer como tal.

 

Por su parte, Azerbaiyán tiene un pleito de siglos con Armenia, por Nagorno Karabaj (o Alto Karabaj o Karabaj Montañoso), un territorio de mayoría armenia, que ambas naciones reclamaban para sí. A pesar de que durante la era soviética ese conflicto estuvo invernado, apenas ambas naciones se proclamaron repúblicas independientes en 1991, tras la desaparición de la Unión Soviética, emergió con más fuerza lo que arrastró a las dos naciones del Cáucaso sur a constantes enfrentamientos diplomáticos y bélicos.

 

Más allá de la conformación musulmana, Azerbaiyán, importante productor de petróleo y gas, tiene substanciales relaciones con los Estados Unidos e Israel, al tiempo que su dirigencia, si bien nunca se ha acercado a Irán, mantiene una relación equilibrada con Teherán, lo que no le impidió convertirse en un enclave sionista. En 2016, el presidente, Ilham Aliyev compró insumos militares a Israel por unos 5 mil millones de dólares, incluidos drones, misiles y barcos. Azerbaiyán se convirtió en el tercer mercado más importante para las exportaciones militares judías, mientras que Tel-Aviv es el segundo cliente para el petróleo de azerí. En octubre de 2018, su Ministro de Defensa visitó Tel-Aviv, para fortalecer los “lazos militares”, lo que se tradujo en la construcción de instalaciones militares, entre ellas un centro subterráneo de comando y control para la inteligencia azerí, en la capital azerbaiyana. Cabe indicar además que Israel utiliza ese territorio para espiar las instalaciones nucleares iraníes con drones que despegan desde bases locales.

 

El cada vez más difícil equilibrio que mantiene Bakú, en su relación con Ankara, Washington, Tel-Aviv y Teherán, podría desbaratarse a medida que la tensión aumenta entre estos países, lo que podría dejar a Azerbaiyán en medio de un conflicto que sobrepasaría, en mucho, sus propios intereses.

 

Por otra parte, Armenia, aliada con Irán y Rusia, es clave para Moscú, ya que, desde Azerbaiyán, los Estados Unidos pretenden comercializar el petróleo azerí hacia Europa, utilizando el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, con el fin de que los países de la Unión Europea dejen de proveerse de petróleo ruso.

 

Un vecindario convulso

 

El Cáucaso sur se ha convertido en una de las regiones más tensas del mundo, en este momento tanto o más que la frontera Pakistán-India en Cachemira. Ahí se juegan demasiados elementos que pueden agravar la situación de un momento a otro. Dado los acuerdos militares entre Azerbaiyán e Israel, si este último decidiera atacar a Irán, sus aviones podrían repostar en territorio azerí, en lugar de tener hacerlo en el aire y regresar a Israel. Según se conoció en notas reveladas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, el presidente Aliyev comparó sus relaciones con Israel con un iceberg: “nueve décimas partes están debajo de la superficie”.

 

Además, si Azerbaiyán fuera atacado por alguna otra potencia, Turquía se vería obligada a participar en su defensa, ya que es un punto estratégico de la política expansionista hacia el interior del islam, planteada por el presidente Recep Tayyip Erdogan, quien en esa misma dirección acaba de engarzar una de sus más exquisitas perlas: la Hagia Sophia, de Estambul, que después de más de ochenta años ha vuelto a reconvertirla en mezquita. (Ver: Turquía: El sultán en la catedral). La cuestión del Cáucaso sur también agrega un nuevo foco de controversia entre Ankara y Moscú, que ya se miran fijo a la cara en Siria y Libia.

 

Por su parte, las relaciones Teherán-Bakú están empapadas de desconfianza ya que Irán, durante la última década del siglo XX, no solo reclamó con fuerza algunas cuestiones fronterizas, sino que alentó a la mayoría chiita, que derroque al gobierno civil, para adoptar un modelo político similar al suyo. Pasado veinte años de aquello, las heridas en la casta política azerí siguen abiertas.

 

En los últimos dos años, Estados Unidos ha otorgado a Bakú ayuda militar para aumentar sus defensas marítimas. En “coincidencia” con las importantes inversiones que el actual presidente norteamericano en su rol de empresario viene haciendo desde hace más de diez años en ese país.

 

Por su parte, Rusia, al igual que en Siria, también cuenta una base militar en Armenia, país netamente hostil a Turquía, con quien no cuenta con relaciones oficiales a partir del genocidio, por lo que Ereván tiene explícitos vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que viene llevando una larga y sangrienta guerra contra Turquía desde 1978, en procura de la instauración de un estado kurdo.

 

Turquía, en el marco de las maniobras militares con Azerbaiyán, que comenzaron el pasado miércoles 29, envió aviones de combate F-16 de fabricación estadounidense al país del Caspio, en el que también participaron helicópteros, estas maniobras están programadas para que se repitan durante el mes de agosto, ya que, como lo declaró Erdogan, “Turquía no mostrará vacilaciones para oponerse a cualquier ataque hacia Azerbaiyán”.

 

La cuestión en la región vuelve a ser imprevisible poniendo otra vez al Cáucaso en pie de guerra.

 

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/208309
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