Costa de Marfil, un país en la mira del terrorismo

17/06/2020
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El pasado jueves once, en horas de la noche, fue atacado un puesto mixto del ejército y la gendarmería, en Kafolo, al noreste una región bastante aislada de Costa de Marfil, próxima a la frontera con Burkina Faso. En el ataque habrían muerto al menos once soldados y un gendarme, al tiempo que resultaron heridos otros seis, mientras otros dos se encuentran desaparecidos, mientras los atacantes según algunos testigos se habrían dispersado en los bosques, aunque sin la participación de Ghana, que comparte un gran área de esa espesura, la localización de los terroristas sería prácticamente imposible.

 

Algunos vecinos de la zona, contactados telefónicamente por periodistas locales, informaron que desde la mañana se habían escuchado intercambio de disparos, por lo que se cree, que los atacantes escapaban de los hombres de la Operación Comoe, una fuerza militar integrada por el ejército de Burkina Faso y las fuerzas de defensa y seguridad de Costa de Marfil (SDS), puesta en marcha a mediados de mayo pasado y cuyo nombre fue tomado del río que separa a ambas naciones.

 

Su misión, se concentra en contrarrestar la presencia de las khatibas (brigadas) wahabitas instaladas en esa área desde el año pasado. El mando militar no ha dado información acerca de la cantidad de efectivos que integran la fuerza conjunta, aunque se cree que es muy escasa y será rápidamente sobrepasada por los muyahidines fogueados en años de guerra en los diferentes frentes que el terrorismo integrista ha abierto en diferentes lugares de África.

 

Desde su puesta en marcha a mediados de mayo pasado, la fuerza binacional ha logrado desmantelar el campamento terrorista de Alidougou, en la provincia burkinesa de Comoe, donde operaba la Khatiba Macina (Brigada de Liberación de Macina) en el que murieron ocho milicianos y otros 38 fueron tomados prisioneros. Se conoció también que SDS mantuvo enfrentamientos con hombres de la Khatiba en las aldeas de Tinadalla y Diambeh (Costa de Marfil), donde, según los propios lugareños, los combatientes se habían establecido allí por más de un mes mezclándose entre los locales, y que a menudo cruzaban a Burkina Faso, sin ningún inconveniente, rumbo a la base de Alidougou.

 

La khatiba Macina fue fundada en 2015 por el legendario predicador Amadou Koufa, declarado muerto en varias oportunidades, aunque aún sigue al mando de su grupo y es uno de los emires de mayor jerarquía del Jama'at Nasr al-Islam wal Muslimin, (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes o GSIM), un conglomerado de organizaciones terroristas que operan en el Sahel, que se unieron bajo la directriz de al-Qaeda en 2017. La semana pasada se conoció que uno de los líderes más importantes del GSIM, el emir Abdelmalek Droukdel (Ver: La muerte del emir) fue asesinado en el norte de Mali, en una acción de los hombres de la Operación Barkhane, los efectivos franceses destacados en el norte de Mali desde 2014, para contener las acciones terroristas.

 

Los vecinos del área donde se produjo el ataque del último jueves, en su gran mayoría pequeños productores de algodón y maní, han recibido la orden por parte de las fuerzas regulares, de permanecer en sus viviendas, hasta nuevo aviso, con la imposibilidad de llegar a sus plantíos, mientras se seguían escuchando la continuidad de los combates.

 

Si bien ninguna organización se ha adjudicado la autoría del último ataque, no existen presunciones tampoco acerca de quien ha sido el responsable del ataque, ya que en esas sectores, desde 2015, diferentes organizaciones terroristas que responden tanto a al-Qaeda, como al Daesh, proveniente de Malí, se instalaron en el norte de Burkina Faso, convirtiendo esa región en un gran campo de operaciones, donde ya provocaron más de mil muertos y un millón de desplazados, además de la paralización de una gran cantidad de actividades productivas y donde han debido cerrar centenares de escuelas, ya que son el objetivo esencial de los terroristas, junto a templos cristianos, ya que han asesinado a docenas de maestros y han provocado atentados contra iglesias en plena actividad, que obligó, no solo al cierre de los edificios escolares y religiosos sino también a la ida de miles de maestros, curas y pastores. Solo durante 2019, .la violencia takfiristas provocó 4 mil muertos en Malí, Níger y Burkina Faso.

 

Por todas estas razones es que las autoridades de Yamusukro, la capital marfileña, han entrado en alerta máxima ya que los 550 kilómetros de la frontera entre los dos países, como pasa en casi todas las fronteras africanas, son absolutamente permeables, incluso algunos combatientes habían sido detectados el año pasado al norte del Parque Nacional Comoe a unos 300 kilómetros al noroeste de la capital marfileña.

 

Razones para temer

 

El ataque del pasado jueves podría considerarse menor dado el número de bajas, en comparación de acciones de otras organizaciones terroristas que operan en el occidente africano: solo este último fin de semana en el estado de Borno, al norte de Nigeria el grupo Boko Haram produjo en dos atentados casi noventa muertos, aunque la lista podría ser tan trágica como extensa, tal cómo empezó a pasar en el norte de Burkina Faso a partir de 2015 o en el norte de Mozambique en 2017, los ataques comienzan a sucederse casi de manera imperceptible, hechos aislados que hasta pueden confundirse con una banda de delincuentes comunes, hasta que estalla como un vendaval destruyendo todo lo que se coloca en su camino.

 

En Costa de Marfil, con una población total de casi 26 millones de habitantes, las comunidades religiosas se han mantenido equilibradas con casi 10 millones de musulmanes, poco más de ocho millones de cristianos, mientras el resto son fundamentalmente cultos animistas. Estos porcentajes no hacen posible un gobierno integrista, que es a lo que aspiran los movimientos wahabitas, que ya operan con constante violencia en otros países de la región como Chad, Níger, Mali, Burkina Faso y Nigeria, con poblaciones musulmanas muchos más importantes, aunque su fanatismo podría hacerlos recurrir a cualquier práctica, de tener la menor posibilidad, lo que incluye la persecución, la expulsión y el exterminio, como lo que, desde hace cinco años, Arabia Saudita lleva a cabo en Yemen, a la vista de todo el mundo.

 

Habría que remontarse hasta 2016, para encontrar el primero y único ataque del terrorismo takfiristas en el país, cuándo se produjo el copamiento del complejo hotelero de Grand-Bassam, cerca de Abidjan, la capital económica del país, que se saldó con una veintena de muertos y en esa oportunidad su autoría fue reclamada por el grupo al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), hoy también integrante del GSIM, cuyo líder era el recientemente eliminado Abdelmalek Droukdel.

 

Según algunos informes de inteligencia, el emir del grupo GSIM, Amadou Koufa, envió a uno de sus más cercanos lugartenientes, a la triple frontera de Burkina, Costa de Marfil y Malí, para iniciar una campaña de reclutamiento en vista de más acciones como las de Kafolo. El haber elegido un puesto militar, sin dudas señala claramente que quienes lo ejecutaron y pudieron escapar indemnes, están en condiciones técnicas y tácticas para repetirlo, más cuando el país comienza una carrera por las elecciones presidenciales que se resolverán en octubre y a la reciente renuncia a su candidatura del actual presidente Alassane Ouattara, lo que agrega un condimento de inestabilidad todavía mayor a un país que está en la mira del terrorismo wahabita.

 

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/207306
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