Una lección de historia – “El Día de los Girasoles”

11/06/2020
  • Español
  • English
  • Français
  • Deutsch
  • Português
  • Opinión
girasoles.jpg
-A +A

El Brasil, en el cincuentenario de una nueva Constitución, después de derrotado el Covid-19 y el gobierno neo-fascista.

 

Mis queridos compatriotas (*),

 

Es un honor para mí utilizar esta red nacional de radio y televisión, con retransmisión por las redes sociales agrupadas en la coordinación "Por un Brasil democrático y solidario" que tiene por motivo conmemorar el 500 aniversario de la fecha que ha sido llamada el "Día de los Girasoles". Como es bien sabido, el nombre hace referencia a la flor amarilla y verde, portadora de nuestros colores nacionales, que simboliza la energía positiva del sol y la alegría, y fue utilizada el pueblo en las para celebrar la doble victoria, por el descubrimiento de la cura de Covid-19 y por la reconquista del Brasil de su lugar en la historia.

 

En un día como hoy, hace 50 años, tras la derrota de las fuerzas que habían llevado al país a vivir uno de los períodos más oscuros de sus 200 años de independencia, fue promulgada la Constitución de 2024. Esa Carta fue redactada por la Asamblea Constituyente convocada por la primera medida adoptada por el gobierno que surgió de la crisis. Ella eliminó y corrigió problemas que presentaba la Constitución de 1988, la "Constitución Ciudadana" y profundizó y mejoró varios conceptos. Por todo eso es considerada una de las Cartas Magnas más avanzadas del mundo!

 

Por lo tanto, tenemos buenas razones hoy para celebrar la fecha. Conocida como "Constitución del Pueblo, es una Carta Magna innovadora desde su preámbulo, al definir que el pueblo brasileño está formado por los descendientes de los aborígenes que resistieron a la colonización, los descendientes de los esclavos que lucharon contra las corrientes que los privaron de su libertad y los descendientes de todos los pueblos que llegaron aquí y contribuyeron a la construcción del Brasil. El preámbulo también nos recuerda, y esto es muy importante, que todos contribuyeron a forjar la conciencia nacional y la determinación de ser un país libre y socialmente justo. Pero la Constitución de 2024 es más que eso; innova en la forma en que define la democracia, tan distorsionada en aquellos años de plomo. Afirma que todo el poder emana del pueblo, que lo ejerce de diferentes maneras, bien definidas en sus artículos. Afirma, también, que el gobierno es fruto del voto popular libre y sin restricciones, pero todos los órganos que lo componen están sometidos a un control popular permanente, mediante mecanismos que la sociedad posee - incluyendo penalidades explícitas- para que se cumplan las cláusulas que aseguran la justicia social y racial y para que se garanticen siempre los derechos por ella definidos. También innova al introducir los conceptos de propiedad social y de bien común y al definir todas las circunstancias en las que ellos son aplicables.

 

Sin esa Constitución y los cambios que ha promovido, el Brasil no sería gobernado hoy por una mujer negra como yo. Siento orgullo de mis orígenes y de mi nombre, que me fue dado por mi abuela, en honor a la joven dirigente Marielle Franco, abatida por las balas de la milicia que en aquel momento actuaba practicamente impune en nuestro país. También me enorgullece haber cursado mis estudios, desde la escuela a la universidad, en instituciones públicas, y haber llegado a la presidencia después de, como diplomática, haber servido en varios países de Asia, inspiradores por la nueva forma como entienden y ejercen su liderazgo en este planeta. Pero estoy especialmente orgullosa de haber sido Embajadora en las Naciones Unidas, en Nueva York, en un momento en el que la institución estaba siendo refundada, iniciando un nuevo período de las relaciones internacionales. La democratización y redefinición de los objetivos de su órgano más decisivo, el Consejo de Seguridad, la aprobación por unanimidad de la prohibición definitiva de las armas nucleares y de destrucción en masa y la proclamación de la "Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra" - compromiso esencial para la recuperación progresiva de lo que parecía ser la degradación irremediable de nuestro hábitat natural - constituyen sin duda un hito en la historia de la humanidad.

 

No puedo dejar de mencionar, en esta fecha tan cargada de simbolismo, la importancia que tuvo el control del Covid-19 y similares después que, en 2020, la humanidad sufriera la pandemia que diezmó tantas vidas en todos los continentes y, en particular, en nuestra América Latina. Ese enorme paso fue dado gracias a la conjunción de esfuerzos a nivel mundial y hubo un reconocimiento especial, a través del Nobel de Medicina de 2022, dividido entre Cuba y China, al papel de esos dos países en los descubrimientos que, si bien no se derivaron en una vacuna, permitieron el tratamiento efectivo de las enfermedades causadas por esos virus, hoy en día curables. Deseo mencionar también, en relación con este tema, la importante contribución de los centros de investigación de las universidades públicas brasileñas en el esfuerzo mundial para combatir esa pandemia. Renuevo, aquí, el homenaje a los médicos y demás profesionales de la salud, muchos de los cuales perdieron la vida al cumplir con su deber durante la dramática lucha librada por el Brasil contra el virus, pues sabemos nuestro país fue uno de los epicentros de la pandemia.

 

La herida causada en nuestra sociedad por el virus y por aquel dramático momento político fue profunda. Precisamente por eso es importante valorar el marco que la Constitución de 2024 brindó al esfuerzo de los diferentes segmentos de nuestra sociedad para llegar al momento en que nos encontramos. Recordemos que si hoy celebramos el cincuentenario de la refundación del Brasil, es por la contribución dada, en la lucha contra el virus y contra la opresión política, por los educadores de todos los niveles, periodistas, youtubers - unos y otros ahora regidos por el más moderno código de conducta, así como todos los medios de comunicación-, científicos e investigadores, artistas, juristas, defensores de los derechos humanos, activistas de los movimientos organizados de las favelas (hoy transformadas en barrios urbanizados), colectivos feministas, militantes de la causa LGBT, representantes de los pueblos indígenas, activistas de la red "Black Lives Matter", religiosos progresistas, en fin, por todos los brasileños que aman la democracia y la justicia social.

 

En este sentido, quisiera hacer mención, en particular, al papel de los militares en la construcción de este Brasil que hoy ocupa un lugar destacado en el escenario latinoamericano y mundial. Creo que uno de los logros más importantes de estos 50 años ha sido el difícil pero decisivo diálogo establecido por la sociedad brasileña con las Fuerzas Armadas. Después de momentos tensos y desafiantes que dieron lugar al castigo de los pocos miembros de las Fuerzas Armadas que fueron conniventes o mejor, cómplices, con los crímenes del gobierno al que los historiadores hoy no dudan en calificar de neofascista y antinacional, los militares han mantenido su papel constitucional y han sido una fuerza activa y decisiva en la construcción del nuevo Brasil. Es importante recordar también, que los demás miembros de aquel gobierno también merecieron el castigo previsto en la ley, que fue aplicada con todo rigor. De la misma manera, quisiera mencionar aquí el papel positivo que desempeñaron los miembros de la fuerza policial después de la reestructuración definida por la Constitución, que estableció claramente sus nuevas funciones y prerrogativas.

 

Por todo ese esfuerzo de la sociedad en su conjunto, nuestro país está hoy libre de analfabetismo y de las principales enfermedades, ha implantado el saneamiento básico universal, tiene una educación y una salud pública admiradas a nivel internacional, es líder en producción académica y emerge como una potencia científica y cultural, al tiempo que hace justicia a su larga tradición de potencia deportiva.

 

Con la aprobación de la Renta Básica Universal y medidas como la reforma fiscal, la tributación de las grandes fortunas, con una legislación que ha limitado y regulado la codicia del sistema financiero y ha colocado la cuestión del medio ambiente en el centro de las decisiones de la economía, y, por supuesto, con la reforma agraria - merecido homenaje a los largos años de lucha del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra -, el Brasil de hoy no es una todavía una sociedad totalmente justa, pero ha logrado superar la pobreza y el hambre. En honor a esta victoria hemos creado dos importantes medallas, dos menciones honoríficas con las que anualmente premiamos los mejores proyectos en las áreas de sostenibilidad y seguridad alimentarias e de inclusión social. El primero es la Medalla Josué de Castro, el médico y geógrafo brasileño que, en sus libros “Geografía del hambre” y “Geopolítica del hambre”, demostró, ya en los años sesenta, que el problema del hambre no se originaba en el exceso de habitantes, sino en la mala distribución de la riqueza. La segunda es la Medalla Herbert de Souza, Betinho, el sociólogo que dedicó los últimos años de su vida al proyecto Acción de la Ciudadanía contra el Hambre, la Miseria y por la Vida.

 

En este sentido, nuestro país está en sintonía con los lineamientos de la nueva ONU, que como sabemos ha tomado las riendas en el tema de la eliminación del hambre y la pobreza en el mundo y también ha establecido una legislación (que prevé severas sanciones por incumplimiento) con mecanismos eficientes de control de lo que se ha llamado "capitalismo de casino".

 

Unas palabras, también, queridos compatriotas, sobre nuestra Unión de Naciones Libres Latinoamericanas, UNLATINA, que algunos llaman Unión Bolivariana. Es imposible no referirse al impacto en el mundo y en nuestro subcontinente del cambio que ha tenido lugar en los Estados Unidos tras el trágico período del gobierno de Trump y la pandemia, cuyas consecuencias se han sentido en ese país durante muchos años. Comentaré con más detalle este tema en la próxima red nacional, que convocaré como parte de las celebraciones de nuestra fecha nacional, el 7 de septiembre. Hoy sólo deseo recordar la aprobación por el nuevo gobierno de Washington de la prohibición y penalización de cualquier acción internacional que interfiera o amenace la soberanía de otras naciones (incluida la Doctrina Monroe) y la disolución concomitante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la tenebrosa OTAN. Los que tienen más años podrán recordar aquel viejo chiste: "¿Sabes por qué no hay golpes de Estado en los Estados Unidos? Porque en Washington no hay Embajada americana”.

 

Pues bien, gracias a los cambios de las últimas décadas en los Estados Unidos y, sin duda, gracias al esfuerzo de los pueblos de nuestra América Latina, nuestros países están hoy, con pocas excepciones, gobernados por partidos y coaliciones comprometidos con los destinos de sus pueblos y de toda la región. Por lo tanto, estamos más cerca del ideal que nos acompaña desde el comienzo de nuestra vida independiente: la construcción de la Patria Grande. Se trata de un ideal que los brasileños hemos aprendido a cultivar gracias a la influencia de nuestros vecinos, pero que hoy forma parte de nuestra conciencia colectiva: sin la unión de nuestros países no podremos hacer frente a los desafíos del mundo en esta segunda mitad del siglo XXI, que exigen planificar el uso de los recursos naturales no ya a escala local o nacional sino a escala regional e incluso mundial.

 

Por eso Brasil se enorgullece de haber sido uno de los fundadores y promotores de la UNLATINA, de la que ya ha ocupado la presidencia rotativa varias veces. La mayoría de nuestros intercambios actuales utilizan la moneda regional, CEIBAL, en homenaje al Plan pionero de Uruguay, el Plan Ceibal, que ha contribuido no sólo a erradicar el analfabetismo sino también a promover una amplia reforma educativa en el subcontinente latinoamericano, basada en una educación pública gratuita y de calidad en todos los niveles, con la incorporación de nuevas tecnologías y el fortalecimiento del papel de los educadores. Hubo un consenso, al decidir el nombre de la moneda, de que ese honor debía recaer en la principal herramienta que hizo posible la transformación radical de nuestras sociedades: la educación. ¡Y entonces la decisión fue fácil!

 

También observo aquí la importancia de la obligación, establecida en la legislación de la UNLATINA, de asegurar la representación equitativa de género y raza en todos sus órganos, y que esta representación debe superar el 50% siempre que sea posible; también destaco el artículo que establece que, frente a dos currículos en pie de igualdad, la presidencia de los órganos debe ser asumida por una mujer. Por eso me siento muy feliz en poder rendir homenaje aquí a la actual presidenta de la UNLATINA, Leonilda Quispe, de Bolivia.

 

Finalmente, permítanme un tributo especial, este 24 de junio de 2074. Además de marcar el 500 aniversario de la promulgación de la "Constitución del Pueblo", fecha que llamamos "Día de los Girasoles", hoy se cumplen 73 años de la muerte de mi bisabuelo, Milton Santos. Posiblemente muchos de ustedes saben que él fue uno de los más grandes geógrafos brasileños, galardonado en 1994 con el más prestigioso premio en el área, el llamado "Premio Nobel de Geografía", el Premio Vautrin Lud. ¡Me siento honrada de ser su bisnieta! Pero el homenaje que deseo rendirle hoy no es de naturaleza familiar. Es un reconocimiento de la importancia de los temas estudiados por Santos, entre otros la pobreza urbana, que lo llevó a criticar el fenómeno de la globalización capitalista de manera pionera, mucho antes de que el concepto y las críticas cobraran aliento. Su obra “Por otra globalización - del pensamiento único a la conciencia universal”, lanzada dos años antes de su muerte, muestra cómo la globalización concentra la riqueza y, al transformar el consumo en ideología, masifica el comportamiento, creando el caldo de cultivo para nuevas formas de totalitarismo. Hoy, en el cincuentenario de la Constitución con la que reconstruimos nuestro país después de haber superado el desafío totalitario, el mundo entero se centra en la urgente tarea de superar los problemas estudiados por Milton Santos, construyendo una nueva globalización, la de la cooperación y la solidaridad. Por eso considero pertinente recordar su legado.

 

Con estas palabras me despido de todos ustedes, queridos conciudadanos. Continuemos cuidando la democracia y nuestra querida Constitución. A pesar de derrotados, los defensores del capitalismo de casino y del totalitarismo permanecen alertas, buscando las brechas a través de las cuales pueden infiltrarse. ¡La lucha continúa! ¡Viva el Brasil! ¡Viva el pueblo brasileño!

 

(*) Discurso pronunciado en cadena de radio, televisión y redes sociales nacionales por la presidenta Marielle Santos (2072-2076), el 24 de junio de 2074. Publicado en el volumen 3 de Historia del Antropoceno - obra de autoría colectiva, editada por la Cátedra Paulo Freire de la Universidad federal de Río de Janeiro, en conjunto con la Asociación Nacional de Historia, con el apoyo del Ministerio de Educación, Brasilia, DF, 2084.

 

- Beatriz Bissio es Profesora Asociada del departamento de Ciencia Política y del Programa de Pós-Graduación en Historia Comparada, Universidad Federal de Río de Janeiro, UFRJ

 

https://www.alainet.org/es/articulo/207176?language=es
Suscribirse a America Latina en Movimiento - RSS