Se agrava el problema migratorio para el caribe isleño

17/10/2019
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San Juan, 17 de octubre de 2019 (NCM) – Los escampavías y aeronaves de la Guardia Costanera de Estados Unidos capturaron, en poco más de una semana, ocho embarcaciones con 144 personas a bordo intentando cruzar el Canal de la Mona, donde en el transcurso de un año han logrado detener más de 800 inmigrantes no autorizados que intentaban llegar a Puerto Rico.

 

Pero son más, muchos más.

 

Los barcos de la Armada de República Dominicana han capturado, en lo que va de este año, casi 2.800 personas tratando de salir sin autorización de las aguas territoriales dominicanas, la más de las veces hacinados en pequeñas “yolas”. A los más de 3.600 detenidos por las fuerzas dominicanas y estadounidenses en conjunto, habría que sumarle los que se ahogan cuando zozobran sus lanchas y los que logran llegar.

 

Mientras tanto, en la frontera oeste de República Dominicana, se están reforzando las patrullas de las fuerzas armadas ante lo que se teme sea una nueva oleada de miles tratando de salir de Haití.

 

Ya el problema toca las puertas de Guyana, en la ribera sureste de la región, con la llegada de sobre 8.000 haitianos en vuelos de la aerolínea panameña Copa, que viajaron sin tener visa de salida y desaparecieron. Algunos informes de prensa indican que muchos de ellos intentan pasar a la vecina Surinam, para de allí cruzar en botes el río Marowijne y así lograr entrar a la Guayana francesa.

 

El drama migratorio se agrava también en la vía de retorno, con los intentos de deportaciones y desalojos forzados.

 

En las Bahamas, el gobierno intenta un nuevo asedio contra las decenas de miles de haitianos que viven, muchos de ellos en arrabales y que tras el paso del huracán Dorian están sin hogares -pues sus casas las arrasó el fenómeno- y no tienen manera de conseguir papeles de autorización para mantenerse allí. Hay hasta casos de menores que nacieron en Bahamas, de padres haitianos, a los que la ley allí no les reconoce el derecho a tener patria y se intenta deportarlos a un país en el que nunca han vivido.

 

En Antigua y Barbuda se produjo un pedido urgente al gobierno de Londres, documento que denuncia que Inglaterra está intentando forzar la deportación de miles de migrantes caribeños, muchos de ellos ya en su vejez o hijos de migrantes, a los que se les impone el requisito de demostrar que tienen documentos y autorizaciones para vivir en Inglaterra. Se trata de héroes civiles de la reconstrucción de Gran Bretaña luego de la Segunda Guerra Mundial, que ahora son tenidos como estorbos sociales.

 

Al terminar la guerra, Londres y otras ciudades británicas estaban devastadas por los bombardeos alemanes y Gran Bretaña echó mano del recurso de atraer obreros negros de sus entonces colonias caribeñas. Muchos de ellos se quedaron allí y vieron, desde la distancia, cómo sus países de origen se convertían en naciones independientes, mientras ellos permanecían en Inglaterra creyendo que seguían siendo ciudadanos británicos y súbditos de Su Majestad.

 

Ahora, la presión gubernamental es para expulsarlos si no pueden demostrar su situación legal con documentos. En muchos casos son personas que ya están en su vejez y que tendrían que regresar a países que nunca conocieron o de los que salieron con sus padres siendo muy niños.

 

Atraer trabajadores de construcción sin tomar previsiones para cuando las obras hayan concluido y olvidar después sus aportaciones no es privativo del caso británico. En Puerto Rico la situación se mezcla con promesas falsas de prosperidad, como lo ilustran informes de fuentes oficiales.

 

Según informaciones del periódico dominicano Diario Libre, entre 2006 y 2016, la Armada de República Dominicana logró detener 13.398 personas tratando de irse en yolas, para un promedio de poco más de 1.300 al año, mientras en 2016, fueron sólo 1.025 los capturados. Las cifras atribuidas a las patrullas fronterizas estadounidenses indican que entre 2006 y 2017 fueron capturados 3.756 tratando de entrar, para un promedio anual de menos de 3.700.

 

Por esos años, el Banco Central calculaba que las remesas enviadas a República Dominicana por los emigrados en 2016 eran de 1,09 por ciento del total de remesas recibidas del exterior, mientras que en 2012 habían sido del 3,35 por ciento.

 

En julio de 2017, la periodista Mariela Mejía -de Diario Libre- entrevistó a un veterano marinero y capitán de viajes de yolas de indocumentados, quien explicó que, tras los años de profundo deterioro económico, se había retirado de ese negocio porque “ya Puerto Rico no vale la pena”.

 

Pero entonces llegaron los huracanes Irma y María. Con ellos, se produjo la creencia generalizada de que EEUU enviaría miles y miles de millones de dólares para la reconstrucción de Puerto Rico y los promotores de las yolas comenzaron a vender el sueño de empleos de construcción disponibles con salarios que permitirían ganar en un mes más de lo que se podía devengar por trabajos iguales durante un año en República Dominicana.

 

Las autoridades dominicanas han hecho llamados urgentes a la población para que no se deje seducir con promesas falsas y se desista de retar la muerte y la cárcel tratando de cruzar el peligroso canal. Las advertencias no parecen haber tenido mucho éxito.

 

Las oleadas incontenibles se producen por distintos motivos. Por ejemplo, el terremoto de 2010 en Haití provocó la salida de miles y llenó los arrabales de Bahamas.

 

También, el uso por parte de EEUU del recurso de promover o combatir migraciones como arma política ha sido ampliamente documentado como uno de los factores en casos como los de Cuba, República Dominicana, Venezuela y América Central.

 

Pero hay, igualmente, otras motivaciones.

 

En San Vicente y las Granadinas fue detenido este año un inmigrante sin autorización proveniente de Santa Lucía, que declaró que su propósito era dedicarse a sembrar “de todo”. Como el juez le preguntó si eso incluía marihuana, el detenido contestó “dije de todo, yo no voy a mentir”.

 

 

 


 

https://www.alainet.org/es/articulo/202700
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