Los diez principios de la nueva sociedad

08/07/2019
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Tres años más tarde del triunfo de Lenin Moreno comienza a aclararse el panorama político-ideológico del Ecuador. Hay voces que hablan del “legado correista” comenzando a disipar la espesa cortina de odio que las élites nacionales y sus aliados internacionales levantaron alrededor del progresismo correista. Sólo el odio clasista puede explicar que se haya querido negar la labor histórica del gobierno aliancista en la década pasada. Con ánimo triunfalista su líder anunció, en una ocasión, que la Revolución Ciudadana iba a durar trescientos años, lo cual era una exageración; pero negar su trascendencia en la historia reciente del Ecuador, no sólo que es una torpeza, sino que demuestra la permanencia insolente de la mentalidad colonial que no acepta ni en el presente ni en el futuro los cambios históricos que el Ecuador necesita.

 

Ñukanchik Socialismo siempre entendió la trascendencia histórica de la Revolución Ciudadana valorándola en su justa dimensión. Sostuvo que Rafael Correa vino a completar la trunca revolución machetera de Eloy Alfaro, su propuesta histórica de consolidar el Estado burgués moderno democratizando el capital desde los sectores populares y fortaleciendo, vía sector público, un sector medio de la sociedad. Toda la obra práctica del gobierno de la Revolución Ciudadana se ubica en este marco histórico y en ello radica su límite.

 

Correa y sus portavoces nunca prestaron atención a las voces críticas de su gobierno. No me refiero a la “trucha oposición”, esa que se preocupaba más por el color de los boxers que usaba el líder, sino a aquella que fue capaz de hacer planteamientos teóricos y conceptuales capaces de empujar el proceso más allá de sus limitaciones. Comenzaron a hablar de una sociedad pos neoliberal, de un socialismo de mercado y de un bio socialismo, planteamientos que bien pudieron encajar con las concepciones de esa oposición teórica, pero que al ser tratados de manera tan superficial e irresponsable, no pasaron de ser pinceladas interesantes en el paisaje reformista general de la Revolución Ciudadana.

 

La lógica del proceso reformista, sin dirección revolucionaria, como sucedió al final, tuvo que abandonar la proyección popular y dar un giro hacia las fórmulas del neoliberalismo fondomonetarista. El gobierno de Lenin Moreno es la versión decadente del correismo postrero, de ese correismo que había llegado a la bifurcación del camino y no le quedaba sino decidir si iba por el camino neoliberal o por la senda arriesgada y difícil de la radicalización del proceso. Lenin Moreno decidió lo primero. Sin aliento histórico ni para decidir la conveniencia o no de un feriado nacional, decidió entregarse a la oligarquía de siempre y a los intereses norteamericanos. La pregunta es ¿qué hubiera hecho Rafael Correa?

 

Que contesten esa pregunta los especuladores profesionales o los adivinos, Ñukanchik Socialismo vuelve a plantear las tesis que considera están a la izquierda del proyecto reformista de Rafael Correa, aquellas sin las cuales cualquier líder que sea le seguirá dando las vueltas a las eternas fórmulas liberales, neoliberales, keynesianas, neo keynesianas, clásicas o neoclásicas, es decir, le seguirán cambiando el collar al mismo perro del capitalismo:

 

  1. El equilibrio.- La piedra angular del pensamiento ancestral es el equilibrio dinámico. Debe existir equilibrio en la producción, en la distribución, en el consumo, en la relación del ser humano con la naturaleza. La falta de equilibrio altera el flujo normal de energías entre los múltiples sistemas que conforman el sistema general de la vida. Un sistema económico-social pierde el equilibrio cuando se ha permitido la acumulación de la riqueza en pocas manos. Desde el régimen colonial se perdió el equilibrio en la sociedad americana. Quinientos años después se hace necesario restaurar ese equilibrio. La restauración del equilibrio ahora significa haber cerrado un Pachakútic y ubicar a la sociedad en un nivel superior que durará otros quinientos años, momento en el cual se tendrá que volver a recuperar el equilibrio perdido hasta entonces para ampliar el espiral histórico, sin tregua ni descanso, hasta el infinito.  

 

  1. Sistema de propiedad comunitaria de los medios de producción.- La sociedad del Sumak Kawsay Revolucionario no elimina el derecho a la propiedad individual, pero principaliza la propiedad comunitaria sobre los medios de producción, la misma que, apuntalada en la noción angular del equilibrio, hace posible la diferenciación de la propiedad entre propietarios individuales y el Estado y, entre ellos mismos, impidiendo, por medio de un proceso permanente de control a cargo del Estado, que se rompa el equilibrio estructural.

 

  1. La “fuerza necesaria”.- Pero el equilibrio cíclico no es solamente el resultado del accionar de los “factores” de la historia, sino su conjunción con la voluntad del ser humano. La restauración es el acto consciente de los individuos en medio de sus circunstancias históricas. Luego de esta ruptura con el orden heredado, entonces se inicia –pero sólo entonces-, la transición hacia el pleno equilibrio de las fuerzas productivas y sociales en el cual nada, ni nadie, estarán excluidos. 

 

  1. El sujeto revolucionario.- La crisis actual no es sólo la crisis del sistema capitalista sino la de su civilización. El desajuste entre el ser humano y la naturaleza es de tal magnitud que la humanidad está amenazada de muerte. De entre todos los que viajamos en esta nave sideral que se llama Tierra se junta una vanguardia político-espiritual dispuesta a asimilar la esencia del Sumak Kawsay Revolucionario. Esa vanguardia se prepara acercándose al poder de las hierbas sagradas, interpretando las fuentes, vestigios materiales y espirituales de las sociedades ancestrales y estudiando las ideas auténticas del pensamiento revolucionario de occidente. Cuando llega el momento de la convulsión revolucionaria y esa vanguardia triunfa -siempre haciendo uso de la violencia revolucionaria-, el enemigo de clase se convierte en minoría la misma que va desapareciendo en la medida que avanza el proceso de construcción de la nueva sociedad.

 

  1. La ideología.- No hay fórmulas ideológicas para construir el equilibrio, sólo el método dialéctico legado por Marx fusionado, ahora, con la herencia del pensamiento ancestral americano. Si en algo nos pueden servir las experiencias históricas del llamado “socialismo real” y la propia historia del capitalismo, será para evitar los errores cometidos. La construcción de la nueva sociedad del Sumak Kawsay es una experiencia inédita que cuenta sólo con la sabiduría humana acumulada durante milenios y el desarrollo espiritual alcanzado hasta nuestros días. Una sociedad de exclusivo desarrollo material sólo puede terminar en la destrucción; así como es imposible una de exclusivo desarrollo espiritual. La conjunción de ambos es la nueva Utopía.

 

  1. Un Estado en manos de la vanguardia político-espiritual es necesario.- Si una vanguardia político-espiritual llega a controlar el Estado se produce un cambio cualitativo en su naturaleza: deja de representar los intereses de una clase y pasa a representar los de toda la sociedad. Las reglas del juego político del viejo régimen se vuelven obsoletas, se construyen, sobre la marcha, otras, que representan las nuevas relaciones de producción y de poder. Otra economía, otro sistema jurídico, otro sistema educativo, otro tipo de democracia. No existen fórmulas, todo depende de la dialéctica sustentada en el equilibrio estructural. La sociedad en su conjunto inicia un proceso heroico de creación de lo nuevo. Procesos como los del Progresismo Latinoamericano, son el eslabón previo de la transformación social, pero sin dirección revolucionaria esos procesos se truncan y sólo sirven para consolidar el capitalismo.

 

  1. Las formas de lucha.- Toda forma de lucha contra el régimen establecido es válida, sólo que en las actuales circunstancias históricas se debe priorizar la contienda electoral. El accionar político del correismo ha permitido que los actores políticos pongan sobre la mesa todas sus cartas, motivo por el cual, la izquierda revolucionaria, Ñukanchik Socialismo -que es la nueva izquierda en el Ecuador-, tiene la oportunidad “democrática” de ser radical sin que eso signifique levantarse en armas, sino llevar, sin tregua ni descanso, una lucha ideológica frontal dentro de las normas de la “democracia real” que ahora existe. Tenemos derecho a demostrar que estamos a la izquierda del proyecto correista y a competir, electoralmente, con él y con el resto de fuerzas. La democracia burguesa, para ser tal, tiene que aceptar la existencia de una fuerza política anti sistema. De no hacerlo se evidenciaría su naturaleza excluyente y autoritaria, es decir, antidemocrática y quedarían abiertas las puertas para otras formas de lucha.

 

  1. La tierra como sustento de la vida.- La tierra será el sustento de la nueva vida. Podemos prescindir de los bienes industriales; de los que nos da la tierra, no. Un sistema de producción agrícola en el que la industria sea complementaria a las necesidades básicas del ser humano, es posible. Ñukanchik Socialismo luchará por eso, hasta ver al Ecuador convertido en un hermoso emporio agrícola.

 

  1. Otra educación para refrendar el cambio.- A la par de la transformación de la matriz productiva se debe iniciar el cambio del sistema educativo, sin lo cual, será imposible consolidar el triunfo político. Nueva educación significa nueva ciencia necesaria para hacer realidad la armonía de las necesidades del ser humano con la naturaleza. Hay que enseñar a las nuevas generaciones a respetar su entorno, fin que nunca se logrará si se las sigue educando en la ciencia burguesa. Depurar la tecnología para ponerla a nuestro servicio y no, como es ahora, el ser humano al servicio de la tecnología.

 

  1. Crear el instrumento para la transformación.- Para ir a la luna necesitamos un vehículo, para hacer la revolución, igual; para la luna una nave espacial, para la revolución, un partido político. Ñukanchik Socialismo es ahora un movimiento, no dice ser dueño de la verdad ni que es el partido de la revolución, dice que quiere serlo. Amparado en sus derechos propone el debate, convencido de que la polémica leal y honesta es el mejor camino para llegar al corazón del pueblo. Rechaza el silencio cómplice, la tesis criminal de “avanzar sin discutir”, la falta de interés en la autocrítica como instrumento de depuración de nuestras filas; condena la indiferencia política y rechaza la injerencia de la nueva derecha en el debate que la izquierda revolucionaria libra contra el correismo[1]. Considera que las líneas generales del debate están planteadas entre el reformismo, con todas sus variantes, y la nueva teoría revolucionaria, aquella que se ubica a la izquierda del proyecto político de Alianza País y de su caudillo Rafael Correa Delgado.

 

 Nota

 

[1] Véanse todas las cartas que el periodista José Hernández ha dirigido a personalidades de nuestro ámbito político como Rafael Correa y Alberto Acosta. Su crítica “democrática” usando los argumentos de la izquierda revolucionaria suena falsa, porque detrás de ello no existe propuesta política, sólo la puja por aclarar quién está mejor capacitado para llevar adelante el mismo proyecto reformista. Para los voceros de la neo derecha sólo se trata de una cuestión de “estilo”.

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/200857
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