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El gobierno paraguayo contra el proceso bolivariano

Opinión
21/02/2019
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Foto: E’a
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Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento Por el patio trasero 19/02/2019

El actual gobierno paraguayo, con fuertes rasgos fascistas, fue resultado de un proceso de fraude que culminó con las elecciones de 2018. El presidente resultado de un fraude electoral es ferviente reivindicador de los crímenes cometidos durante la dictadura empresarial-militar de Alfredo Stroessner.

 

El actual presidente, Abdo Benítez, es el hijo de uno de los principales responsables de crímenes de lesa humanidad, cuyo nombre familiar porta en forma íntegra. Fue el 10 de enero de 2019 que el Estado paraguayo, a través del gobierno en plaza, anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con el Estado de la República Bolivariana de Venezuela. Cuenta con uno de los gobiernos y una oligarquía que, probablemente, sean los más sometidos a los intereses norteamericanos y los más férreos defensores del proyecto de recuperación del “patio trasero”.

 

Paraguay carece de peso en las relaciones internacionales, sin autonomía ni independencia en política exterior; carece de los medios económicos, financieros, políticos, diplomáticos y militares para la implementación de la furiosa campaña desatada contra la República Bolivariana de Venezuela.

 

Por tanto, su rol debe ser aprehendido y analizado desde esta realidad, sin subestimar, sin embargo, el daño que puede producir, dentro de un colectivo, a los procesos de cambio en la región. Es, pues, en el contexto de la ofensiva colectiva de la derecha, extrema derecha y la derecha fascista contra Venezuela que se impone el análisis de la conducta del Estado paraguayo.

 

Reagrupamiento de la derecha y ofensiva en el MERCOSUR

 

Desde el golpe de Estado de 2012 contra el gobierno de Fernando Lugo, la dirección de la política exterior paraguaya tuvo un giro notable. El Estado paraguayo se convirtió en un portaaviones en la subregión, parte de una ofensiva político-ideológico-diplomático-económico-social contra movimientos políticos y partidos progresistas y de izquierda.

 

El giro en la política exterior se materializó primeramente como punta de lanza en el reagrupamiento de las fuerzas de la derecha regional y subregional, ya como parte del proyecto imperialista norteamericano de aniquilamiento de todo tipo de proceso que considere como contrario a sus intereses.

 

Apenas la relación de fuerzas tuvo una variación favorable en la región mercosuriana, con el golpe de Estado contra Dilma Rousseff en Brasil y la victoria de Macri en Argentina, desde el gobierno de Horacio Cartes primero, Paraguay comienza a participar en forma más directa en la campaña internacional contra el Estado de la República Bolivariana de Venezuela; en particular, contra el proceso de cambio social. Y específicamente contra el gobierno de Nicolás Maduro. Esta política desplegada en el plano internacional se profundiza con el actual gobierno.

 

Importante aquí es traer a colación la coordinación entre Macri, Cartes y Temer, con vistas a excluir al Estado de la República Bolivariana de Venezuela del MERCOSUR. Hecho consumado de facto, en violación más que flagrante de las normas fundamentales que regulan las relaciones entre los Estados miembros. El Estado de la República Bolivariana de Venezuela quedó ilícitamente excluido del bloque bajo figura de suspensión, jurídicamente infundada, arbitraria.

 

El Estado bolivariano era, de toda evidencia, un obstáculo para los proyectos norteamericanos de recuperación de su dominio y control en la región y barrera para el reagrupamiento de la derecha subregional, limitando con su participación en el MERCOSUR, los proyectos de desestructuración de procesos de integración, incluyendo lógicamente, la liquidación del MERCOSUR. Efectivamente, el proyecto de desestructuración del MERCOSUR, frente a un más que dubitativo gobierno del Frente Amplio en Uruguay, se consumó dando paso al aniquilamiento del que fuera bloque mercosuriano. Se puede afirmar que el desmantelamiento del MERCOSUR como bloque es una tarea cumplida, sobre todo después de la exclusión de la República Bolivariana de Venezuela.

 

Bajo control directo del régimen norteamericano

 

Terminado o casi terminado el objetivo de exclusión del Estado bolivariano, el gobierno paraguayo prolonga su presencia, ya en medio de una marea de la derecha internacional en la Organización de Estados Americanos (OEA), más conocida como “Ministerio de Colonias”. Este paso constituye una articulación cualitativa de la derecha regional y una coordinación institucionalizada desde donde, interpretando normas jurídicas en forma arbitraria, se pretende arrastrar a los otros miembros para incluso justificar y legitimar crímenes internacionales. Fue bajo el gobierno de Cartes que comenzó la demolición de la UNASUR y el vaciamiento de la CELAC.

 

Como continuidad de la política de Cartes, el actual gobierno de Mario Abdo Benítez, con el conjunto de Estados subordinados a Estados Unidos, estuvo activamente a favor de la exclusión del organismo bajo pretexto de la aplicación de la Carta Democrática. Manifestó el apoyo incondicional a las sanciones unilaterales económicas norteamericanas constitutivas del crimen internacional de agresión, entre otros graves actos. De ese modo el gobierno paraguayo toma parte activa en la cruzada internacional para la liquidación de un proceso de cambio social, insertándose en la internacional de la derecha y del fascismo.

 

Bajo el paraguas de Washington

 

Creado en 2017, compuesto por gobiernos de tinte abiertamente neofascistas, hasta genocidas –como el de Iván Duque–, es bajo este paraguas, a su vez bajo directa tutela norteamericana, que el gobierno paraguayo actual participa más activamente en la ofensiva contra la República Bolivariana de Venezuela. Una ofensiva que, con las sanciones económicas, políticas, diplomáticas y otras, va tomando un carácter de genocidio.

 

De la misma manera que participó activamente para que la OEA desconozca al gobierno de Nicolás Maduro, actuó para que se reconozca como gobierno legítimo de Venezuela al que fuera designado por Estados Unidos como “presidente encargado”: Guaidó.

 

La participación del Estado paraguayo contra la República Bolivariana de Venezuela, es también canalizada a través del grupo de facto conocido como Grupo de Lima, el cual actúa fuera de todo marco jurídico internacional y contra las reglas fundamentales que rigen las relaciones entre los Estados.

 

Una política exterior irresponsable

 

Como señalamos al inicio, la ruptura de relaciones diplomáticas fue anunciada oficialmente el 10 de enero de 2019. Semanas después, reconocen al “embajador” fantoche designado por el autoproclamado Guaidó y establecen “relaciones diplomáticas” personales con un personaje designado por Washington.

 

Esta política timorata, además de contribuir a la desestabilización de toda la región, pone en peligro la paz y la seguridad regional. Además, en forma absolutamente irresponsable, importa e impone a la ciudadanía paraguaya un conflicto externo, mientras más de un millón de paraguayos están pasando hambre y hasta mueren de hambre, y mientras que ni siquiera existen hospitales ni política pública de salud y millones de ciudadanos deben mendigar hasta gasa esterilizada.

 

A pesar del terrorismo mediático desplegado por el gobierno con la participación directa del monopolio privado de la comunicación, la solidaridad de movimientos sociales, intelectuales, partidos progresistas y de izquierda con el gobierno de Nicolás Maduro y con la República Bolivariana de Venezuela se hace sentir y participan activamente en la lucha contra-hegemónica.

 

El gobierno fascista paraguayo se juega en la crisis venezolana, la vida o la muerte. Ciertamente, el fracaso de la ofensiva contra el gobierno de Nicolás Maduro abrirá una crisis social y política, adelantando la crisis del régimen oligárquico, prolongación del Golpe de Estado de 2012. El fracaso del imperialismo será el hundimiento de todos los gobiernos satélites, entre ellos, del gobierno paraguayo. Se perfila, pues, a pesar de la difícil coyuntura, una victoria de los pueblos.

 

Hugo Ruiz Díaz Balbuena es abogado, especialista en Derecho Internacional.

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/198298

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Publicado en Revista: Por el patio trasero

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