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¡Gracias Trump!

Análisis
18/12/2018
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Foto: enernews.com
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Desde el año 2015 la Agencia Internacional de la Energía (AIE) viene alertando sobre la escasa inversión en nuevos proyectos de exploración y explotación de petróleo. Puede haber cierta influencia de las políticas para reducir las amenazas del cambio climático que lentamente van abordando los países. Pero es más probable que se deba a la inviabilidad económica que representan los escasos y costosos recursos petroleros que restan en el planeta.

 

Durante muchos años la AIE desestimó las advertencias de los investigadores del “pico del petróleo” hasta que finalmente en 2011 admitió que este ya había ocurrido en 2006. No obstante mantuvo su fe en el aumento de la oferta basado en nuevos descubrimientos, ampliación de campos existentes y, sobre todo, los petróleos no convencionales.

 

Pero desde hace un par de años ha cambiado su enfoque: ahora nos alerta que la desinversión en fósiles provocará una crisis de suministro en el corto plazo. Parece estar diciendo: no es que nuestros escenarios sean malos, es que las compañías no quieren invertir para que nuestros escenarios funcionen.

 

El flujo actual de nuevos proyectos de exploración y producción parece apuntar a la posibilidad de una ralentización inminente de la demanda de combustibles fósiles, pero esto podría dar lugar perfectamente a una escasez de suministro y una nueva escalada de precios. El riesgo de una crisis de suministro es más inminente en el caso del petróleo. El nivel medio de aprobaciones de nuevos proyectos de petróleo convencional durante los últimos tres años representa sólo la mitad del que se necesita para equilibrar el mercado de aquí a 2025, a juzgar por las perspectivas de demanda en el Escenario Nuevas Políticas. Es poco probable que el petróleo de formaciones compactas estadounidense pueda paliar por sí solo este déficit. Nuestras previsiones también incorporan una duplicación del petróleo de formaciones compactas para 2025, pero este debería más que triplicarse para compensar una ausencia continuada de nuevos proyectos convencionales” (World Energy Outlook 2018)

 

Desde hace varios años las más importantes empresas petroleras del mundo están ampliando su portafolio de negocios hacia las renovables. Pero esto no responde solamente a las demandas del mercado o a las nuevas políticas sobre cambio climático. Una buena parte de las razones que provoca este giro es que la explotación de petróleo en los reservorios remanentes ya no es rentable. Algunas empresas como Repsol se han dado cuenta del problema y se han sumado a las voces de alerta sobre la probable escasez de crudo y en su caso se está reconvirtiendo hacia el sector eléctricoi.

 

Estados Unidos al rescate

 

La fuente que ha venido a salvar la crisis de la oferta petrolera en los últimos años ha sido el esquisto norteamericano. En 2017 la producción de crudo en Estados Unidos alcanzó los 13 mbd, el 14% de la oferta mundial. Para el año 2025 la oferta de petróleo convencional caerá por debajo de los 70 millones de barriles diarios (mbd) y la brecha para cubrir los más de 100 mdb de demanda se abastecerá principalmente con petróleo no convencional de Estados Unidos. Es decir que lo que hace posible que aún no hayamos entrado en la crisis de abastecimiento de combustibles es la ferviente política estadounidense de fomentar la producción de petróleo de esquisto, un tipo de producción que da pérdidas y de la que la mayoría de las compañías se están retirando.

 

Este tipo de producción se sostiene en Estados Unidos gracias a una política basada en subsidios de distinto tipo y una burbuja especulativa que hace que aún fluya dinero hacia estos nuevos yacimientos. Pero, como toda burbuja, estallará en algún momento de la misma manera que ocurrió con la crisis de las hipotecas del 2007.

 

Las compañías de esquisto estadounidense estarían en quiebra hace largo rato si no fuera por los beneficios del gobierno y la especulación de Wall Street. Entre 2010 y 2014 las compañías de shale de EEUU habían acumulado un flujo negativo de caja de 200 mil millones de dólares según la Agencia Internacional de la Energía (World Energy Investment 2018). Solo en el primer trimestre de este año las compañías de fracking registraron un flujo de caja negativo de USD 3.9 mil millones, según el Instituto para la Economía de la Energía y el Análisis Financiero (IEEFA)ii. Algunos analistas del mercado petrolero estiman que la deuda actual acumulada de la industria del shale en los EEUU es de 300 mil millones de dólaresiii. "El auge del fracking en Estados Unidos ha sido un fiasco de clase mundial", dice el informe del IEEFA.

 

La crisis del suministro de petróleo está mucho más cerca de lo que se generalmente se supone: los viejos campos de petróleo se agotan y nadie quiere invertir en los nuevos. La aberrante y criminal política anticlimática de Tump y una frágil burbuja financiera son los únicos factores que le han permitido al mundo seguir funcionando como si nada pasara. Así que si en el mundo no tenemos una generalización de revueltas populares al estilo de los “chalecos amarillos” de Francia debemos agradecérselo a Donald Trump. Mal que nos pese.

 

Prepararse

 

Para el mundo en desarrollo y particularmente para América Latina la disminución del suministro de petróleo tendrá consecuencias. He visto estos días a los gobernantes de la región muy preocupados con la crisis climática. Los he visto en la COP 24, en Polonia, hacer encendidos discursos sobre la amenaza del clima, la urgencia que requieren las acciones y la necesidad de una rápida transición energética que reduzca el uso de los combustibles fósiles. Pero no los he visto tan preocupados por explicarle a la población lo que implica reducir el uso de combustibles fósiles para evitar el cambio climático. No los escuché decir que seguramente esto lleve a un aumento de los precios de los artículos de consumo, que el aumento del crudo hará que algunos sectores productivos ya son serán tan competitivos, que caerán las exportaciones, que no será sencillo pasar todo a fuentes renovables.

 

No los escuché decir que para el mundo que se avecina habrá que hacer transformaciones profundas en la forma de producir y de consumir. Que habrá que repartir mejor la carga de los costos para evitar que los más pobres sufran las peores consecuencias. Que no será posible sostener el crecimiento económico. Que la energía es suficiente para que todos vivan bien pero habrá menos disponibilidad que ahora; y esto requerirá transiciones no solo energéticas si se quiere vivir en un mundo más justo pero menos rico.

 

Es una pena. Porque un mundo de petróleo caro será un mundo muy distinto. Y hay que prepararse para ello.

 

Notas

 

iii “Deep The Denial”, Mike Shellman en https://www.oilystuffblog.com/single-post/2018/10/19/Deep-The-Denial

 

Gerardo Honty es analista de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social)

 

https://www.alainet.org/es/articulo/197199

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