Las redes sociales libres, redes nuestras

05/11/2018
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Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento No. 536: Redes sociales: enredos y desenredos 22/10/2018

¿Qué son las llamadas «redes sociales libres»? ¿Qué las caracteriza? ¿Qué implican? ¿Por qué están cambiando el panorama actual de las redes sociales digitales?

 

A finales de la década del 2000, cada vez más personas empezaban a cuestionar el rumbo que estaban tomando las redes sociales comerciales que, entonces, estaban construyendo su hegemonía a nivel mundial: principalmente Twitter y Facebook. Entre los problemas que ya entonces[1] se observaban están la pérdida de privacidad, la concentración de capital, las tendencias monopolísticas y la concentración de las decisiones relativas al funcionamiento mismo de las redes y a sus contenidos —incluyendo la censura—, entendiendo que todo ello deriva en una concentración de poder inaudita y a todas luces inadmisible para quienes defendemos los principios democráticos.

 

Al calor de estas preocupaciones nacen Diaspora y GNU Social, entre otras. El objetivo era generar redes sociales digitales (RSD) que los usuarios mismos pudieran gestionar, con tres valores como horizonte: libertad, privacidad y descentralización.

 

Simultánea o posteriormente aparecerían Friendica, Pump.io, Quitter... Otras redes más recientes hacen que este universo federado goce de un aumento significativo en las posibilidades de uso —Hubzilla, verdadera plataforma multiuso; PeerTube, alternativa distribuida a YouTube— o en el número de usuarios —destaquemos el éxito de Mastodon—.

 

Por sus características estructurales, todas estas plataformas se consideran RSD libres, distribuidas y federadas.

 

Ya, pero… ¿por qué libres?

 

Estas plataformas reposan sobre programas informáticos que cumplen con las cuatro libertades[2] del código libre. Esta característica hace que sea casi imposible que unas manos se hagan con el control de toda la red. De ella se derivan otros rasgos:

 

  • La red se compone de una multitud de servidores —células conectadas unas con otras, donde se ejecuta el programa de la red y se almacenan los datos de los usuarios—. Los usuarios pueden decidir entre montar su propio servidor o usar el servidor de otro usuario.
  • La comunidad de usuarios puede examinar en todo momento el código de los programas y asegurarse de que no tenga funciones perniciosas.
  • La gestión del código es colaborativa. Muchas manos contribuyen a mejorarlo y a adaptarlo a las necesidades de los usuarios.

 

¿Y qué es eso de «distribuidas»?

 

Los usuarios, al montar sus propios servidores, constituyen una malla de nodos que se comportan como iguales, en un esquema horizontal, sin jerarquía, abierto y orgánico (modelo C de la ilustración).

 

En este esquema, los servidores o nodos son autogestionados e independientes. Pueden decidir cómo funcionar, cómo financiarse, cómo manejar los datos que contienen, qué políticas seguir sobre los contenidos, etc.

 

De la misma forma, los usuarios podemos movernos de un servidor a otro —igual que cambiamos de cuenta de correo electrónico— si las condiciones de un servidor concreto no nos satisfacen. Las ganancias en libertad y diversidad son evidentes.

De izquierda a derecha, los modelos de redes centralizado, descentralizado y distribuido (esquema de Paul Baran). Las redes comerciales-privativas suelen inscribirse en el modelo A o el B. Las redes libres responden al C.

 

¿Federadas?

 

Las redes libres tienden a federarse unas con otras.  Al compartir protocolos estándar, o «hablar lenguajes comunes», los usuarios de Diaspora pueden comunicarse con los de Hubzilla o Friendica; y estos, con los de Mastodon o GNU Social.  De esta forma, se construyen espacios de comunicación abiertos y cada vez más amplios.

 

Así, se desactiva la coacción emocional que sufrimos en las redes comerciales-privativas «cerradas» —las que deciden no ser compatibles, no comunicarse con sus iguales—, esa coacción que nos lleva a unirnos a una red y a no salir de ella por miedo a vernos aislados.

 

Otras ventajas

 

Frente a las redes comerciales-privativas, hay muchas otras ventajas en las redes libres. Podríamos destacar las siguientes:

 

  • No tienen enfoque comercial, no comercian con nuestros datos.  Nuestra relación con ellas no es mercantil —no somos el producto ni el consumidor— sino de cooperación voluntaria.
  • No introducen publicidad.
  • No nos incitan constantemente a usarlas, por lo que son más sanas, menos adictivas.
  • Permiten el anonimato.
  • Permiten tomar decisiones de forma colectiva.
  • No usan algoritmos que deciden qué contenidos vemos y cómo.

 

¿Qué implica esto en la práctica?

 

Contar con redes autogestionadas de forma distribuida es una ganancia para la democracia de internet y para la soberanía en el ámbito de la comunicación social. Además, podría ser el último recurso que tengamos para contrarrestar los crecientes monopolios y bajar al nivel de los usuarios el poder que acumulan las empresas que poseen las redes comerciales-privativas.

 

Los individuos y organizaciones que desean disfrutar de las ventajas que aportan las RSD, pero prefieren hacerlo en un marco ético, están transitando hacia las redes libres.  Ahí encuentran un espacio de interacción con gente de todo el mundo y rico en contenidos.  Puede resultar más interesante —aunque no necesario— transitar acompañados de otras personas de nuestro entorno socioafectivo (familiares, amigos, compañeros de trabajo…).

 

A quienes usan las RSD para difundir contenidos propios se les puede hacer más difícil renunciar a las golosas cifras de personas que les sigan en los espacios cerrados de las redes privativas.  Hay organizaciones que drásticamente migran hacia redes exclusivamente libres.  Otras prefieren mantener un pie en cada mundo mientras facilitan la transición de su público.  En tal proceso, ayudará comunicar debidamente cuál es la posición de la organización al respecto y cómo se pueden seguir sus contenidos en redes libres.

 

En cualquier caso, conviene tener en mente que no somos simples usuarios, receptores pasivos, sino actores, con una cuota de poder relativa.  Nuestras decisiones y gestos cotidianos modelan las decisiones y gestos de quienes nos rodean.  Decía Kevin Kelly —fundador de la revista Wired— que «los seres humanos somos los órganos sexuales de la tecnología».  En nuestras manos está, pues, reproducir uno u otro modelo.

 

Miguel Guardado Albarreal, Comuna Digital

 

[1] Antes de que E. Snowden revelase la participación de los gigantes de internet en PRISM, el programa de vigilancia masiva del Gobierno de EEUU.

[2] Estas célebres cuatro libertades, definidas en 1986 por la Free Software Foundation, son las siguientes: poder ejecutar el programa; poder examinar su código; poder compartir copias del programa y poder adaptar el programa modificando el código y compartir nuestra versión modificada.

https://www.alainet.org/es/articulo/196339

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Publicado en Revista: Redes sociales: enredos y desenredos

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