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Consecuencias para las mujeres y las niñas

Feminización del éxodo venezolano hacia el Ecuador y cobertura de los medios

Análisis
05/09/2018
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Manifestaciones de xenofobia, en Quito Ecuador
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Desde hace algún tiempo en Ecuador hemos presenciado como un gran número de ciudadanos venezolanos, entre ellos mujeres y niñas, se han visto obligadas a salir de su país en búsqueda de mejores condiciones de vida. Hoy vemos imágenes de ellas recorriendo enormes distancias por las carreteras de la frontera, en condiciones precarias; poniendo en riesgo su integridad física y psicológica; soportando las inclemencias del clima; desamparadas; con la esperanza de establecerse en Ecuador y encontrar una mejor opción de vida. No obstante, lo que ellas enfrentan durante todo el ciclo del desplazamiento humano no lo conocemos ni presenciamos desde las grandes ciudades.

 

A la par, en redes sociales y demás medios de comunicación, está peligrosamente generalizándose el rechazo y la xenofobia hacia a todos los desplazados, tal como sucedió en su momento con colombianos, cubanos o haitianos. De manera general y sin distinción alguna, en lo que tiene que ver con mujeres y niñas, a los venezolanos hoy en día se les atribuye la inseguridad de nuestros barrios, la reducción de los salarios, el desempleo, entre otros; los mismos problemas que, antes de su éxodo, ya existían en Ecuador y que además son multifactoriales.

 

Es alarmante el efecto social que generan algunos medios de comunicación al distinguir a los venezolanos dentro de los titulares de noticias delictivas, en la crónica roja o en lo relacionado con la espectacularidad. Lastimosamente no se dan cuenta de que sus contenidos inciden en el imaginario social, en temas de seguridad, salud pública, entre otros y configuran en gran parte la matriz con la cual la ciudadanía se relaciona.

 

Lo que los medios nos cuentan sobre los desplazados ha creado la imagen que tenemos de ellos; y en el proceso, es muy difícil proteger a mujeres niños y niñas, puesto que todo se relata de manera generalizada y en función del lugar de procedencia. En muchos casos han enmarcado a los desplazados como personas que están dispuestas a todo para sobrevivir y si eso incluye ilegalidades, pues no hay problema. No es adecuado tratar al fenómeno del desplazamiento forzoso como que si fuera cualquier hecho informativo.

 

Al ser un fenómeno que tiene un contexto previo, no se puede simplemente aplicar los criterios comerciales de lo noticiable, que suele ser aquello relacionado con lo conflictivo, lo polémico y lo controvertido; sin pensar que con ello también se puede afectar a mujeres, niños y niñas.

 

Sin duda los venezolanos son víctimas de una profunda crisis humanitaria, pero como lo expondré a continuación mucho más las mujeres y las niñas; no solo en Venezuela, sino también en Ecuador.

 

Si bien todas las personas en condición de desplazamiento forzado están sujetas a enfrentar condiciones de violencia, los conflictos sociales y económicos que ocasionan desplazamiento humano nunca son neutros en temas de género. Es necesario entender que, siempre, la discriminación por razones de género está presente de manera transversal en todos los factores que ocasionan el desplazamiento humano: 1) un incremento en los conflictos políticos, sociales y económicos; 2) el crecimiento de las economías ilegales (militarización de las economías); y 3) toma de decisiones no adecuadas por parte de los Estados. Es decir, el desplazamiento forzado afecta de manera diferenciada a hombres y a mujeres.

 

Diversos estudios realizados han evidenciado que en Ecuador las mujeres representan el mayor porcentaje de personas dentro de los flujos migratorios, especialmente cuando se trata del desplazamiento forzoso. Por mencionar un ejemplo, en 2011 el ACNUR evidenció que en Ecuador, del total de la población refugiada, el 88% corresponde a niños, niñas y mujeres, muchas de ellas ejerciendo el rol de cabezas del hogar.

 

Naciones Unidas define la violencia de género como: “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada”.

 

Para las mujeres y las niñas, la violencia está presente, y es mucho más fuerte, en todo el ciclo del desplazamiento forzado: 1) antes del desplazamiento en el lugar de origen; 2) durante el desplazamiento; 3) mientras se encuentra un lugar o localidad para establecerse y encontrar una solución a la situación precaria; 4) durante la repatriación (retorno); y 5) en la reinserción al lugar de origen.  

 

Para las desplazadas, la crisis humanitaria en Ecuador se agudiza puesto que las zonas fronterizas, además de ser los puntos de mayor flujo migratorio, son focos de negocios y economías ilegales, particularmente en lo relacionado con la trata de personas y el tráfico de drogas y armas. Allí las mujeres tienen escasas oportunidades de trabajo, mucho más si tienen a su cargo niños y niñas. Ellas son obligadas a trabajar en negocios ilícitos, particularmente en burdeles que son un negocio cada vez más creciente. Incluso, en muchos casos ellas tienen que incursionar en lo que se conoce como el sexo por sobrevivencia, a pesar de que no son traficadas para fines de prostitución. Es común que traficantes en las fronteras abusen de ellas y saquen provecho de que se han visto forzadas a migrar.

 

Sin embargo cuando en nuestro país se habla del tema de la migración casi nunca se aborda el tema de la desigualdad de género, ni en las noticias de los medios de comunicación, ni por parte de las autoridades.

 

Si bien Ecuador fue un ejemplo para el mundo al momento de abrir sus fronteras para el flujo migratorio, entendiendo que la movilidad es un derecho humano reconocido por la Carta de Naciones Unidas, las políticas existentes para atender los flujos migratorios, requieren urgentemente un enfoque de género que debería ser transversal en todos los ámbitos, principalmente para mitigar lo que sucede en zonas fronterizas con mujeres y niñas, donde existe una carencia en la aplicación de las leyes y el resguardo de su seguridad.

 

Además es fundamental que impulsemos nuestra propia regulación como lectores y audiencias, valorando todo aquello que los medios de comunicación nos presentan, teniendo mucho cuidado con aquello que compartimos por nuestras redes sociales. Pensemos que hay mujeres y niñas vinculadas; que nosotros o nuestras familias podrían encontrarse en esta situación. Entendamos lo que enfrentan los hermanos desplazados, desde nuestro instinto humano de solidaridad. Todos tenemos derecho de buscar mejores días, para nosotros y nuestras familias.

 

Andrés Groner

Sociólogo e investigador

 

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/195155

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