Genocidio armenio, Israel y Turquía ponen en la balanza, intereses y principios

21/05/2018
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Foto: breitbart.com
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Ni sorpresiva, ni inesperadamente, sino interesada y calculadamente, integrantes de ese complejo conglomerado hebreo-judío-sionista-israelí han vuelto a utilizar el tema del genocidio de los armenios - 1,5 millones masacrados por los turcos en 1915- como moneda de cambio en sus desavenencias conyugales con Turquía

 

Repetidas veces, muchas a través de largos años, el estado de Israel ha hecho el juego de prestidigitación proponiendo en su parlamento el reconocimiento del genocidio armenio y dándole pase luego a diversos ministerios o comisiones con la finalidad, según explican, de respaldar las razones y los argumentos de la decisión. Procedimiento eficaz, ya que, hasta el día de hoy, el estado de Israel no reconoce el Genocidio Armenio. ¿Pero existe alguna razón para que lo haga?

 

En realidad no, pues no tiene la obligación de hacerlo y no más que otros países, que tampoco reconocen oficialmente dicho genocidio. El reconocimiento por parte de ese conglomerado que se menciona al comienzo de esta nota, está en el campo de los sentimientos y de las condolencias: “nosotros sabemos lo que es eso, porque lo hemos vivido”, le dicen a los armenios y después explican: “lo que pasa es que Israel tiene mucha relación, en todos los terrenos, con Turquía y no puede dañar esa sociedad”. Y allí ya se deja el terreno de los sentimientos para ir al de las conveniencias constantes y sonantes.

 

Son francos y hay que reconocerlo. Quizás les gustaría hacer ese reconocimiento, pero no pueden y entienden que no deben hacerlo ante otras prioridades. Porque Israel tiene intereses que cuidar, y si tiene principios que sostener y vaya que los tiene, son principios vinculados a esos intereses propios del estado israelí. Y no son diferentes a otros países. Ya lo dijo alguien, quizás descendiente de la misma tribu, pero desde el gobierno británico: “Inglaterra no tiene amigos, tiene intereses”. Y del mismo modo Israel.

 

Ahora, sus intereses se ven lesionados porque Turquía –socia en muchas, muchísimas, actividades- actuando en defensa de sus propios intereses, no camina por la misma calzada. Tuvieron un desencuentro fuerte cuando el incidente del “Maví Mármara”, aquel barco que llevaba asistencia para los palestinos de la Franja de Gaza, y que antes de aproximarse a su destino, en medio del Mediterráneo, fue atacado por las fuerzas israelíes dispuestas a evitar, por todos los medios, que lograra su objetivo. El saldo fue el de varios ciudadanos turcos entre otros, asesinados por las fuerzas israelíes. Hubo enojos y alguna explicación y nada más, pese a las bravatas de Erdogan que logró sacar el tema del centro de la atención pública, pero no de la memoria de la sociedad turca donde existe fuerte e histórica animadversión respecto a los “iaghudíes”.

 

Ahora, al convertir a Jerusalem en capital de Israel se ha roto un estado de convivencia y calma en términos generales entre las tres grandes religiones monoteístas. Un estado de cierta tolerancia entre los fieles de cada una de ellas que, en razón de sus principios de fe, aceptan compartir ese trozo de terreno. Pero, es sabido que los temas religiosos y sus fanatismos son, históricamente, el vehículo para defender y mantener instrumentos de poder e intereses, aunque casi nunca se confiesan y se encubren con los presupuestos que para ello brindan las religiones aún sin proponérselo.

 

Erdogan, puesto en adalid al frente de una asociación de países árabes musulmanes, agita banderas de reivindicación y, en tanto gana apoyos en ese mundo, asegura votos para su candidatura en las próximas y cercanas elecciones en Turquía. Erdogan busca sacarse de encima la mano de Israel y ganar presencia por sí solo.

 

Una de las amenazas, o extorsiones, a las que le sometía Israel era el del reconocimiento del Genocidio Armenio si se iba o intentaba irse de control cuando el mandatario musulmán excedía los límites de la docilidad. Y ese mecanismo se ha vuelto a poner en marcha una vez más y desde distintos ámbitos de Israel, donde con total franqueza y sin tapujos se plantea la conveniencia de matar dos pájaros de un tiro: aplicarle el golpe prometido a Erdogan, para que entienda que no se está jugando y, al mismo tiempo dar cumplimiento a ese requisito cuya falta produce cierto escozor en el ánimo principista de los seguidores del gobierno confesional de Israel.

 

Con ese espíritu, dos legisladores israelíes, Itzik Shmuly y Amir Ohana, van a presentar un proyecto de ley sobre el reconocimiento del Genocidio Armenio, según informó el Jerusalem Post.

 

Entienden los legisladores mencionados que ya es hora de reconocer el genocidio armenio y uno de ellos, Itzik Shmul, argumenta, según transcribe la fuente citada, que: "No aceptaremos la moralización del carnicero turco antisemita que bombardea a miles de kurdos en el noroeste de Siria todos los días, y cuyo país es responsable del genocidio del pueblo armenio y de los horrores históricos hacia los asirios". Por su parte Amir Ohana, en términos más deductivos señaló que aún no es demasiado tarde para hacer justicia, afirmando categórico que “"Ha llegado el momento de reconocer oficialmente la terrible injusticia cometida contra los armenios".

 

Adelantándose, Yair Lapid, líder del Yesh Atid, partido opositor, dijo que su partido presentaría un proyecto de ley en la Knesset en el que se reconocería el genocidio armenio.

 

Según difunde Jewish Press el proyecto de ley, inicialmente presentado por Itzik Shmuli tiene un respaldo superior a cincuenta votos ya que se suman a la coalición de gobierno, el Likud, el Campamento Sionista, Habayit Hayehudi, Meretz y Shas. Según fuentes diplomáticas, la decisión final sobre ese reconocimiento quedará en manos del primer ministro Netanyahu. Por su parte el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel se negó a comentar sobre el tema

 

El proyecto de ley establece que el Knesset reconocerá oficialmente el Genocidio Armenio y lo marcará como día especial en la agenda anual. Además, el proyecto de ley busca que Israel también reconozca oficialmente la masacre de la población asiria. De modo que muchas cosas pueden suceder en el desarrollo de los acontecimientos y, más aún, al final del mismo cuando la decisión final quede en manos de Netanyahu, que como es sabido se guía en su gestión por rígidos principios religiosos, aunque los religiosos judíos lo cuestionen.

 

Precisamente su hijo Yair Netanyahu, le enrostró a Erdogan, Facebook mediante, que “Turquía es responsable de las atrocidades y sufrimientos en Chipre, contra griegos, kurdos y armenios. Turquía, eres responsable de increíbles atrocidades y sufrimientos a Chipre, al pueblo griego, a los kurdos y el genocidio de los armenios. También me gustaría recordar a los turcos que son un pueblo procedente de Asia Central que ocupó ilegalmente la pequeña Asia y Constantinopla que era cristiana antes de su invasión. ¡Así que cállate! ", según informó AP, citando a Yair Netanyahu.

 

Quizás, entonces, el gobierno de Israel podría reconocer la existencia del Genocidio Armenio, ya que se daría la conjunción de intereses favorables a Israel para que así lo haga. Parecería también que, dados los antecedentes, no hay que adelantarse al resultado. El trámite puede llevar tiempo y, mientras tanto, y quizás, las elecciones que seguramente van a darle el triunfo a Erdogan consoliden su liderazgo y entonces valdrá la pena estudiar nuevamente el asunto a la luz de esa nueva realidad y ver si no conviene plantear el tema nuevamente, etc. etc. No quiere decir que sea así, pero es una posibilidad a tener en cuenta.

 

Una cosa es el gobierno de la República de Armenia que en caso de concretarse ese reconocimiento podrá darse por aludido y acudirá en ese caso a las fórmulas aceptadas de la hipocresía diplomática. Pero a nivel de diáspora armenia, en el relacionamiento entre instituciones e individuos cualquiera sea la decisión que Israel adopte no será ni de sorpresa ni de agradecimiento. No es cuestión de amistad, ni de principios, sino de intereses.

 

Garabed Arakelian

Técnico mecánico, periodista, docente. Militante social, sindical y político. Activista de la causa armenia y los derechos humanos. Dirigente del Partido Socialista del Uruguay.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/193011
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