Venezuela, Operación Freedom-2

16/02/2018
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Una imagen difundida por YVKE el 14 de febrero muestra el cuerpo de un hombre fulminado sobre las líneas eléctricas mientras intentaba cumplir un atentado a la subestación eléctrica El Rincón, en el estado venezolano de Zulia.  Zulia, es una de las 23 regiones que componen la República Bolivariana, riquísima de recursos (petróleo, gas natural, carbón), y además una zona agrícola.  Su capital, Maracaibo, es la segunda ciudad del país por importancia.  Durante los años del chavismo, sea a nivel municipal como estatal, en Zulia ha gobernado la oposición, encarnada por la pareja Evelyn Trejo y Manuel Rosales.

 

El candidato de oposición, Juan Pablo Guanipa, también había ganado en las regionales de octubre pasado.  Pero habiéndose negado a prestar juramento ante la autoridad plenipotenciaria representada por la Asamblea Nacional Constituyente, fue inhabilitado.  Por eso, las elecciones se habían repetido en diciembre del 2017, en la misma fecha de las comunales.

 

Omar Prieto, candidato del PSUV ganó entonces con más del 57% sobrepasando con casi 70.000 votos los resultados obtenidos por el candidato inhabilitado.  La oposición invitó al boicot y seguramente pagó por esta decisión, pero su fuerza en la región es innegable.  Zulia, uno de los estados fronterizos con Colombia, ha sido uno de los epicentros de las protestas violentas contra el gobierno, y es el centro determinante para todo tipo de tráfico ilegal: sobretodo el contrabando de combustible, favorecido por una frontera cuya extensión es de unos 2.219 kilómetros.

 

Del lado venezolano se encuentran 26.000 millones de barriles de petróleo certificados: una cantidad superior a todo el petróleo que poseen México, Colombia, Ecuador y Argentina juntos.  Un motivo más que consistente  -evidenció hace unos meses el analista Luis Prieto – para que las grandes multinacionales consideren como una estrategia a perseguir  la de la “separación” de los estados venezolanos que, conjuntamente con el Zulia, constituyen la llamada “medialuna”:  Táchira, Mérida, Barinas y Apure.

 

El interés de Colombia en la creación de un “estado paralelo” de la medialuna – ha explicado una vez más Prieto - es el de tener una salida al mar del Caribe a través del lago de Maracaibo y, por aquella vía, “una conexión comercial directa con el este de los Estados Unidos y con Europa”.  Una necesidad geopolítica que explica en parte el rol de la Colombia neoliberal – considerada el gendarme de los Estados Unidos en Latinoamérica como Israel en Medio Oriente – en el indudable asedio que los poderes fuertes están ejecutando contra el socialismo bolivariano.

 

Balcanizar a Venezuela a través de un conflicto permanente, financiando infiltraciones de paramilitares o movimientos separatistas ha sido y es, una estrategia puesta en juego por el imperialismo desde que Chávez ganó las presidenciales de 1998.  Ataques que se han intensificado en estos cinco años de gobierno de Maduro y que, ahora apuntan a impedir que las elecciones del 22 de abril puedan ratificarlo como presidente.  De hecho, fue suficiente una llamada de los Estados Unidos para que la incoherente oposición venezolana rechazara “el acuerdo de convivencia”, ya suscrito en la República Dominicana, luego de meses de encuentros con el Gobierno.  Que en un sistema democrático se deba recurrir a la mediación internacional para evitar que la oposición haga política con las bombas ciertamente no es cosa normal.  Pero a la “comunidad internacional” ni siquiera le pasa por la cabeza condenar al golpismo.  Debe sancionarse al gobierno, que se ha puesto a la prueba del voto en el curso de 24 elecciones.

 

Contra el socialismo bolivariano, existe en curso una guerra de baja intensidad que ha tenido diversas fases y acentos y que explica las continuas alarmas lanzadas por el liderazgo bolivariano, ridiculizada por el coro mediático alineado con los poderes fuertes.

 

Por primera vez, Trump y sus vasallos explícitamente han declarado que apoyarán un golpe de estado en Venezuela.  El llamado Grupo de Lima – un grupo de desacreditados presidentes neoliberales de América Latina - ha declarado a Maduro persona no grata en la Cumbre de las Américas, prevista para el 13 y 14 de abril.  En la frontera entre Colombia y Venezuela se concentran tropas y paramilitares.  En defensa del pueblo venezolano y de su derecho a decidir qué gobierno elegir, se han alineado aparentemente sólo Cuba -perennemente bajo ataque del imperialismo norteamericano – y la Bolivia de Evo Morales.  Pero también Bolivia sufre intentos desestabilizadores incluso con atentados.  Tiempos oscuros para la integración latinoamericana puesta en marcha al inicio de este siglo gracias al gran ejemplo de Cuba.

 

Ahora, Venezuela es la trinchera a derribar.  El sabotaje interno, aquel de los tránsfugas en el exterior y de los golpistas “angelicales” de Europa, las sanciones y los pronunciamientos de la “comunidad internacional” son las palancas usadas para la subversión.  Así, el 14 de febrero, otros sabotajes a la red eléctrica contra la subestación Santa Teresa 3 (una explosión y un gran incendio) han dejado sin luz a gran parte de la Gran Caracas y al Estado Miranda, ex feudo de oposición, ahora gobernado por el joven chavista Héctor Rodríguez. Un gran daño en un país tropical donde frigoríficos y congeladores son esenciales.  Y malestar para viajeros y pasajeros que usan el metro.  Los obreros del metro están listos para la autodefensa.  Durante los ataques violentos del fascismo venezolano, han sido afectados con bombas molotov, agresiones físicas y recientemente por los encapuchados que han arrojado en dos ocasiones bombas lacrimógenas.  Son al menos 45 las personas que han muerto fulminadas durante sabotajes a la red eléctrica.

 

Ataques desestabilizadoras que no turban mínimamente a cierta izquierda europea:  que sanciona un estado soberano como Venezuela y esta lista a tildar como “terrorista” a quien tire una piedra contra el sistema capitalista para pedir casa, trabajo, salud e instrucción gratuita.  Derechos garantizados y tutelados en Venezuela no obstante la guerra económica, las sanciones y el sabotaje de los poderes fuertes.  Italia es un país sin memoria: aquélla memoria domesticada e impuesta por los vencedores luego de la derrota del ciclo de lucha de los años 70s, ha demonizado el conflicto de clases, distorsionando sus objetivos y valores.

 

El 14 de marzo de 1972 moría sobre una línea eléctrica de Enel (estatal energética italiana) el revolucionario internacionalista Giangiacomo Feltrinelli, nombre de batalla Oswaldo.  Era un editor militante y había participado en la Resistencia contra el nazi-fascismo cuando era muy joven.  En 1970 había fundado los Grupos de Acción Partisana (los GAP), una de las primeras organizaciones armadas de izquierda de aquellos años.  Eran los años del gran siglo XX, el siglo de las revoluciones, cuando gritábamos en las plazas que los verdaderos “terroristas” eran los capitalistas y sus falsas democracias.  Y que era un derecho de los pueblos el de borrarlas del mapa.

 

En el siglo de las “guerras humanitarias” y de la “democracia” exportada con bombas, en cambio, han sido los mercenarios del imperialismo quienes son celebrados como libertadores por el neocolonialismo europeo.  En realidad, en los planes subversivos de los Estados Unidos, los atentados a la red eléctrica y a las infraestructuras son parte del objetivo No 6 de la denominada operación “Venezuela Freedom-2”.

 

15/2/2018

 

Traducción Gabriela Pereira

https://www.alainet.org/es/articulo/191094
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