La Santa Alianza en la Europa Eslava

La Inteligencia vaticana ha espiado a Rusia largos años

09/01/2018
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En el transcurso de varios siglos, los rastros de operaciones secretas del Vaticano aparecieron en un país u otro. Según el investigador Eric Frattini, la inteligencia vaticana denominada La Santa Alianza se funda en el año 1566 por orden del papa Pío V para asesinar a la soberana reformadora Isabel I, y devolver a Inglaterra al catolicismo con la mediación de María la reina de Escocia.

 

Todo ello con dinero de Felipe II, sostén de la Santa Alianza. Sin embargo, Isabel les ganó la partida y no sólo en Inglaterra, sino también en los dominios españoles, más allá de la línea alejandrina con que el papado dividió los territorios descubiertos por Colón entre Portugal y España.

 

Aparte de esto, la hija de Enrique VIII concluyó la separación de la Iglesia de Inglaterra de la hegemonía romana y se constituyó en cabeza de la misma.

 

Además de Eric Frattini, y su libro La Santa alianza, el portal Herencia Cristiana, que está dedicado a la crítica constructiva de la iglesia romana, nos da a conocer los estudios de Andrey Soldatov, que puso en su momento en tela de juicio la negativa vaticana de que tiene su propio servicio de Inteligencia: Todos los altos funcionarios católicos, incluyendo al papa, niegan tener incluso la mínima sospecha del espionaje o las conexiones de la Santa Sede con la Inteligencia internacional. Sin embargo, en el transcurso de varios siglos, los rastros de operaciones secretas vaticanas emergieron en varios países. Frattini en su libro sobre los espías papales se involucra en la corriente mediática que relaciona al terrorismo con los medios musulmanes y no con su verdadera fuente que son los círculos de poder de Washington y Londres.

 

Durante el reinado de Juan Pablo II, un número récord de escándalos de espionaje quedó registrado. Por fortuna, Frattini y Soldatov se han ocupado de la inteligencia vaticana y su labor cotidiana. También lo ha hecho la revista española Año Cero, que en su edición de junio de 2007 publicó el artículo El Vaticano y la Santa Alianza, del cual hemos tomado algunos párrafos: “Muchos califican a la Santa Alianza de ser la mejor agencia de espionaje del mundo”, dice Año Cero, “si bien en comparación con su importancia, es muy poco lo que se ha escrito sobre los servicios vaticanos”.

 

“Una red que tuvo especial protagonismo durante la época fascista, y que sigue rodeada del misterio… Sólo hay que pensar en la cantidad de curas, sacerdotes, monjas, obispos, cardenales… diseminados por pueblos y ciudades, por montañas y llanuras, por islas y selvas. Juntos conforman una vastísima red de información inalcanzable para cualquier otro país y para cualquier otra institución como las fuerzas armadas locales”, dice Año Cero.

 

Durante la II Guerra Mundial, el Vaticano activó esa inmensa red recabando informes de los rincones adonde nadie más podía llegar. Cuenta Año Cero que en febrero de 1939 Churchill fue invitado a comer a casa de un amigo en el número 112 de Eaton Square. Cuando llegaron a las copas comenzó una interesante charla en la que se informó al dirigente británico de que Hitler y Stalin estaban a punto de concluir un acuerdo.

 

Ese tratado se formalizaría poco después, pero en aquel momento era impensable tal hecho debido a la acérrima enemistad existente entre el fascismo y el comunismo. La sorpresa de Churchill fue de tal magnitud que, excitado, sólo pudo preguntar quién había informado de semejante hecho. La respuesta se la dio el conde Coudenhove-Kalergi (autor de varias obras tocantes al dominio de la raza blanca seguido de la hegemonía sionista): “Una fuente del Vaticano”, dijo, a lo que Churchill replicó: “¿El Vaticano? Entonces debe ser cierto”.

 

La anécdota resume perfectamente la visión que todos los mandatarios han tenido sobre el espionaje vaticano. La Santa Alianza se fundó, como ya dijimos, bajo el pontificado de Pío V en el siglo XVI, con la finalidad de combatir el protestantismo de Isabel I de Inglaterra y de asesinarla de ser posible. Su nombre proviene del pacto secreto que firmó la Santa Sede con la reina católica escocesa María.

 

Espionaje al servicio de Dios…y del diablo. Los espías debían recabar información y ofrecérsela a los monarcas católicos europeos, con especial atención a la reina de Escocia. Incluso se organizó una fuerza de choque conformada por un grupo de jesuitas escogidos por su fidelidad indiscutible al Papa. La primera misión que recibieron los servicios vaticanos fue la de asesinar a Isabel I, pero quien murió finalmente ejecutada fue María.

 

Casi cuatro siglos más tarde, sus enemigos eran el comunismo de Stalin y el fascismo de Hitler y Mussolini. Concientes del peligro que entrañaba enfrentarse al Vaticano, los tres dictadores intentaron por todos los medios socavar su poder infiltrando espías en el minúsculo estado. El primero que lo consiguió fue Mussolini, quien ya desde finales de la década de los años veinte intentaba infiltrar topos en las dependencias papales, para las que había restaurado la Ciudad del Vaticano. El más importante de ellos se llamó Enrico Pucci, perteneciente al mundo del periodismo. Actuaba de manera extraoficial como portavoz del Vaticano, editando un boletín donde se seguía las novedades pontificias.

 

Desde esta posición, Pucci tenía acceso a tan grandes y reservados caudales de información que los periodistas extranjeros acudían a él para corroborar sus datos. Nadie sabía que trabajaba desde 1927 para la policía fascista italiana hasta la década de los treinta, cuando la Santa Alianza comenzó a sospechar de la presencia de un espía en el Vaticano.

 

Como todo buen entramado de espionaje, el Papa también dispone de un servicio de contraespionaje, conocido como Sodalitium Pianum y formado por el cardenal español Rafael Merry del Val por encargo del papa Pío X a comienzos del siglo XX. Su cometido era el de perseguir a los espías infiltrados en el Vaticano y a los religiosos que defendiesen ideas “modernizadoras” sobre la Iglesia. Los nazis observaron la efectividad de la Santa Alianza y se afanaron en vigilar estrechamente a todos los religiosos residentes en Alemania. “O se es cristiano, o se es alemán”, había sentenciado el Führer.

 

Las nuevas persecuciones

 

La labor de vigilancia fue dirigida por Reinhard Heydrich, jefe del servicio de espionaje del partido nacional socialista. En el cometido le ayudó, irónicamente, el doctor Wilhelm August Patin, antiguo agente de la Santa Alianza y primo de Himmler, pero fue con su sucesor, Albert Hartl, con quien la persecución alcanzó su máximo exponente de crueldad.

 

En una reunión entre Albert Hartl y el antiguo sacerdote y profesor de Teología Josef Roth, se les informó de la presencia de un espía vaticano que entraba y salía de la zona nazi con mensajes y dinero de las altas jerarquías eclesiásticas. Lo único que se sabía de él es que hablaba perfectamente alemán y que recibía el nombre de “el mensajero”. Il messagero… En aquellas fechas estallaba la II Guerra Mundial tras la invasión de Polonia, y la Abwehr se marcó como meta prioritaria localizar y acabar con el espía. Les costaría, porque el hombre al que buscaban era uno de los mejores agentes de la Santa Alianza. Se llamaba realmente Nicolás Estorzi, y se cree que fue quien acabó con la vida de Taras Borodajkewycz de ser cierta la tesis de que fueron los Assassini quienes le ejecutaron.

 

El mensajero se convirtió rápidamente en un quebradero de cabeza por la calidad de sus informaciones sobre el armamento alemán. Sus informes no sólo llegaban a la Santa Sede, sino que también eran distribuidos entre los gobiernos aliados y los participantes en el Eje. Para capturarle y de paso iniciar contactos con Pío XII, se eligió al agente alemán Josef Müller. Igual de misterioso que Estorzi, Müller fue designado por Canaris jefe de la estación del Abwehr en Roma.

 

Lo que pocos sabían es que Estorzi y Müller se profesaban una profunda amistad, tanta que el alemán le contó al italiano la misión que se le había encomendado. A la vista del fracaso, el propio Canaris quería lograr un entendimiento con Pío XII a finales de 1939. La mayor ventaja estribaba en que ambos mantenían buenas relaciones desde los tiempos de Pacelli como nuncio en Berlín. Su total conocimiento del idioma, la cultura y la idiosincrasia alemanas lo convertían en un hombre apto para la firma de acuerdos. En este caso lo que se quería de él era que mediara con Londres para alcanzar una especie de paz tácita con los británicos.

 

Pacelli, como hombre inteligente que era, comprendió inmediatamente los peligros de la petición. Si aceptaba, los católicos alemanes perseguidos por el nazismo podrían ver en él a un traidor, pero también estaba en su mano acabar con una sangría que seguiría afectando a buena parte de la Europa occidental. Su respuesta fue leer todos los informes que le llegaban sobre la propuesta, evitando siempre recibir a miembros de la Abwehr en su despacho. Los documentos los pasaba después al ministro británico en la Santa Sede, sir Francis d’Arcy Osborne. Las conversaciones nunca llegaron a buen puerto, porque el espionaje francés se enteró de ellas con el miedo que les provocaba que Inglaterra se saliera de la guerra dejándoles a merced de los nazis. Aún tendrían lugar muchas más conspiraciones y persecuciones entre espías, pero el fracaso de las conversaciones hizo que la guerra entrara en una nueva fase y que el nazismo se extendiera sin freno por la Vieja Europa.

 

Los discípulos de Aramis

 

Muestra su ingenio investigativo el de Andrey Soldatov al dar el nombre de Aramis, el modelo inventado por Alexandre Dumas del espía leal al trono papal, a los kamikazes que siguen sirviendo a la Santa Sede. “¿Qué hacen los católicos con la llamada colección de información de Inteligencia?”, pregunta un funcionario del Servicio de Seguridad Federal (FSB) de Rusia.” “estuvieron implicados en esto desde las vísperas de las elecciones, en diciembre, y no tuvieron miedo de dirigir a su gente durante la última guerra en Grozny”. Su colega de Departamento agregó: “recuerde: el derrumbe de la Unión no comenzó en la región báltica, sino en Ucrania occidental. El Vaticano impulsó la creación de la Organización Nacional Ucraniana UNA-UNSO.

 

“Por lo mismo que sus guerreros lucharon es que ahora luchan contra nosotros en Chechenia”. Sobre el Servicio para la Inteligencia Exterior (SVR), se pronunciaron con más decisión. El director de prensa de SVR, Boris Labusov, comentó: “Según nuestra información, no hay ninguna estructura especial en el Vaticano implicada en actividades de Inteligencia. De manera que sabríamos sobre ello”.

 

El trono vaticano selecciona la información que es de interés para la administración del pequeño Estado y la gran burocracia clerical. Esto incluye la ayuda de fuentes confidenciales. No hay duda de que las actividades de Inteligencia vaticana superan el nivel de la inteligencia rusa en el siglo XIX. Entonces ya funcionaba un sistema de inteligencia muy eficaz aunque el sistema de servicios especiales aún no había sido organizado.

 

Sigue Soldatov sobre el mismo tema: “la convicción de que la Santa Sede está involucrada en el espionaje no es nada nuevo. No es un secreto que repetidas veces las autoridades de varios países han expulsado a sacerdotes católicos por espionaje.

 

Las primeras pistas descubiertas de la injerencia católica están en las memorias del agente de la KGB, Oleg Tumanov. En dichas memorias él describió cómo, a mediados de los años ochenta, por la interceptación del contraespionaje soviético de un microfilm con las instrucciones del NTS y el servicio secreto del Vaticano”, un trabajador de Radio Liberty declaró como testigo en cuanto a la Inteligencia Papal para la KGB.

 

Habló con gran detalle sobre esto y sobre el departamento secreto del supuesto Seminario Ruso Católico en Roma (es decir, el Colegio Russicum), donde, según sus datos, varios religiosos fueron preparados para llevar a cabo actividades depredadoras en el territorio soviético.

 

El misterioso Colegio Russicum

 

Desde 1923 Pío XI (el papa Ratti) se comenzó a manifestar en defensa de los clérigos condenados por el tribunal soviético por haber contribuido a la contrarrevolución blanca. Las invectivas de Ratti dirigidas contra el país de los soviets tomaron un carácter más virulento después de que en 1924 la Misión católica de ayuda a los hambrientos de la región del Volga, encabezada por jesuitas y empeñada en seguir un lineamiento antisoviético, se viera constreñida a retirarse de la URSS.

 

En 1925, por disposición de Pío XI se instituyó en el marco de la Congregación para las iglesias orientales la sección rusa presidida por el jesuita francés Michel Joseph d’Herbigny, que tiempo atrás había incursionado de manera clandestina provisto de documentación falsa en territorio ruso. Dicha sección abrió sus puertas en 1930 y funcionó desde entonces con el nombre de Comisión pontificia para Rusia, subordinada a la secretaría de Estado. Al mismo tiempo, se abrió, por orden del sumo Pontífice el Seminario Russicum, destinado desde su origen a la preparación de clérigos católicos para la actividad clandestina en Rusia el 15 de agosto de 1929.

 

“Los caballeros que estudian en esta extraña institución académica saben que podrían ser enviados al extranjero para realizar tareas peligrosas. En grandes auditorios los reclutas aprendieron tanto como era posible sobre Rusia al principio y después de la II Guerra mundial además sobre República Democrática Alemana, Polonia, Checoslovaquia, Rumania, y Bulgaria”. Y sigue el periodista italiano Nino lo Bello en 1982: “Los participantes no sólo aprenden a hablar la lengua de los países en los que se especializan, sino también se dedicaban a comprender de manera intensiva la historia, la economía, y los problemas políticos de estos países y ahora en especial de Rusia. El Vaticano apenas se ha interesado en la información militar, y poca atención le ha sido prestada a este aspecto”.

 

Esta es una característica que podría compararse con cualquier tipo de servicio especial para la Agencia Central de Inteligencia. La información de que los agentes son preparados por el Colegio Russicum para la infiltración en Rusia fue confirmada en 1999 por la Asociación de Ateos y Agnósticos (UAAR), de Italia. La información fue revelada por el Schmidt-Eenbaum en el libro Los Servicios de Inteligencia de Norteamérica, Europa y Japón. Schmidt-Eenbaum es un reconocido experto alemán en el campo de los servicios especiales, y es autor de libros sobre las actividades de espionaje en Alemania Occidental. Hay evidencia de que el Colegio Russicum no se limita a la preparación de sus propios agentes.

 

En el colegio papal participan incluso sacerdotes ortodoxos. Algunos de ellos, sobre todo ucranianos, aprendieron teología en la Universidad de Navarra. En el Patriarcado de Moscú ha sido revelado que por ahora no hay estudiantes oficiales de la Iglesia Cristiana Ortodoxa; sin embargo, no fue así en un pasado reciente. Inclusive ahora hay proyectos para enviar a varias personas a estudiar a Roma, pues el colegio tiene una excelente base de datos y expedientes sobre los patriarcas de la Iglesia Ortodoxa de Rusia.

 

El Departamento de Conspiración del Vaticano

 

Pío XI explicaba todo síntoma de antimperialismo en la zona latinoamericana como “asechanzas del Moscú rojo”. En el Consistorio de 1927 Ratti afirmó, por ejemplo, que el pueblo chino no habría comenzado la lucha contra los imperios europeos si “los gérmenes de la discordia y de la revolución no hubieran sido importados del extranjero...”. Además, los acontecimientos mexicanos que tuvieron su origen en la separación del estado de la iglesia, es decir, de la puesta en marcha del laicismo, fueron atribuidos por él a la “contaminación por las doctrinas que se propagan pública y clandestinamente con el fin de trastornar a la sociedad humana”.

 

Pero hay que mencionar necesariamente al predecesor de Pío XI: Pío X el pontífice que estimaba que la iglesia griega era un engendro del espíritu revolucionario y para aplastarla esperaba una “guerra gigantesca” confiando en la victoria de Alemania y Austria-Hungría.

 

Por consiguiente, después del asesinato del heredero del trono austriaco en Sarajevo y de presentarse el ultimátum austro-húngaro a Serbia, Pío X y su secretario de Estado Rafael Merry del Val se pronunciaron en apoyo de los imperios centrales. La corriente favorable a los imperios centrales ya había enraizado en el alto clero católico al menos desde el principio del siglo XX.

 

Doménico Serafini, superior de la Orden benedictina, futuro cardenal y hombre de Merry del Val, fue designado nuncio apostólico en México en 1904. El papel de este personaje en el juego de intrigas anglosajonas y alemanas en México sobre los gobiernos de Porfirio Díaz, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza es una tarea pendiente.

 

Una red de espionaje no puede permanecer oculta sin, digamos, un residente destinado a entrar en contacto con los agentes. Recordemos que un agente encubierto en el Vaticano hizo un informe sobre el Monasterio Modesto en Milán caracterizándolo como un centro de complicidad para reuniones entre agentes en Rusia y sus contactos del Vaticano; Oleg Tumanov dio la clave central de todo.

 

Finalmente, su rastro fue revelado en las memorias del disidente soviético Yuri Glazov, quien emigró al oeste en 1972. Habiendo escapado de la Unión Soviética, Glazov reapareció en Italia, donde, según parece, visitó todos los establecimientos especiales del Vaticano. Por último, Glazov terminó en el monasterio, que resultó ser una escuela católica para cristianos rusos en los suburbios del estado de Milá Seriate.

 

Espías en sotana

 

Marta Kobylinska, corresponsal de la revista mexicana Proceso, informó de que treinta y nueve sacerdotes -entre ellos cuatro obispos- colaboraron con los servicios secretos de Polonia (SB, por sus siglas en polaco) en la etapa del régimen comunista en este país, revela el padre Tadeusz Isakowicz-Zaleski en su libro titulado Los sacerdotes frente a la policía comunista. Esta valiente autora confirma los análisis de Soldatov. Entre los cuatro purpurados señalados se encuentra el actual obispo de la ciudad de Rzeszów, Kazimierz Górny, quien fue informante de los servicios secretos durante cuatro años, periodo en el que construía una iglesia en la ciudad de Oświęcim, hasta que los SB decidieron terminar la colaboración con él porque les era poco útil.

 

También se encuentra el obispo Wiktor Skworc, quien a finales de los años 70 comenzó a informar a los SB de lo que ocurría en la curia de ciudad Katowice. Sin embargo, no hay pruebas de que hubiera firmado una declaración de cooperación, aclara la corresponsal. Además, el libro señala a un sacerdote polaco -que los SB llamaban con el seudónimo de Kenryk- quien, al parecer, trabajó en el Vaticano. De acuerdo con la Agencia Católica de Información, dicho sacerdote sería el arzobispo Henryk Nowacki, actual nuncio apostólico en Eslovaquia.

 

El libro de Isakowicz hace contundentes revelaciones casi dos meses después del escándalo eclesiástico en el que se vio envuelto Stanisław Wielgus, quién había sido designado arzobispo de Varsovia. Wielgus primero negó haber tenido contactos con los SB, pero después reconoció haber sido uno de sus informantes. Aseguró que lo hizo para poder realizar sus trabajos de investigación en el extranjero. Respaldado hasta el último momento por el Vaticano y el Papa Benedicto XVI, Wielgus se vio obligado a renunciar a su cargo justo antes de la ceremonia de nombramiento.

 

En los años ochenta el Vaticano se convirtió en La Meca para los espías de todos los países; una verdadera capital del espionaje mundial. Incluso el Papa Juan Pablo II ha sido implicado en esto. A propósito, ¿a qué nivel llegó la cooperación entre Vaticano y la Agencia Central de Inteligencia emprendida por el cardenal Montini? La respuesta la reveló la periodista Mary Ball en su libro Undermining the Catholic Church, editado en México en 1996.

 

Una diversidad de actividades subversivas

 

Es cierto que por más de 50 años la inteligencia estadounidense ha sido aliada principal del pontífice romano. Sus actividades conjuntas comenzaron en plena Segunda guerra mundial, cuando los estadounidenses financiaron la creación del servicio secreto católico Pro Deo. En 1945, quien sería presidente de Italia, Giulio Andreotti, se convirtió en el secretario del director de este servicio. En 1992 fue Andreotti quien confirmó los lazos cercanos entre el Vaticano y la Agencia Central de Inteligencia que se establecieron de manera formal en el reinado de Pío XII bajo el control del cardenal pro secretario de Estado Montini, enlace con la Operación Gladio y futuro papa.

 

La evidencia de las modernas operaciones entre el Vaticano y la Inteligencia americana ha sido registrada en los acontecimientos húngaros de 1956, durante la asunción de Pinochet en Chile, y en diferentes puntos calientes. Sin embargo, la mayor atención fue recibida por una operación convenida por Reagan y Juan Pablo II, el 7 de agosto de 1982, cuando acordaron apoyar el movimiento Solidaridad en Polonia con recursos económicos que derivaron del vínculo del Vaticano con las operaciones financieras de los dignatarios de la Logia Propaganda Due (P-2).

 

A mediados de los años ochenta, el Vaticano y los estadounidenses intercambiaban información de inteligencia casi a diario. Desde 1981 hasta 1988, el director de la Agencia Central de Inteligencia Vernon Walters, se encontró en privado siete veces con Juan Pablo II. La lista de los intereses de la CIA y el Vaticano incluyó la situación en Polonia, Letonia, América Central y China, el terrorismo, las armas nucleares soviéticas, y el progreso tecnológico ruso.

 

En suma, desde los años ochenta el Vaticano fue transformado en un centro de simulación para ejecutar operaciones secretas contra los países del Bloque Oriental. Esto quedó bien entendido en los países que fueron socialistas. Según espías que han incursionado en el Vaticano, la Santa Sede quizá sea líder en esta área.

 

En 1990 el contraespionaje italiano recibió la información de que no sólo los servicios búlgaros especiales y la KGB se manejaban contra el Trono vaticano, sino también el Stasi de Alemania Oriental y la Inteligencia checoslovaca. Los italianos instalaron intervenciones y supervisaron las conversaciones del cardenal Agostino Casaroli, quien de 1979 a 1991 ocupó el cargo de secretario de Estado del Vaticano.

 

En los archivos de Mitrokhin (un investigador de la KGB quien escapó a Inglaterra con un paquete de documentos de secreto máximo), que fueron publicados en 1999, se nombra a un agente de la KGB, Miloslavskii, quien permaneció en el Russicum entre 1973 y 1975. Además de esto, durante varios años, la KGB investigó a un alto representante del Vaticano, el Obispo Bukovski, quien estuvo cerca del cardenal Kazarol. Hasta finales del siglo XX, Jorge Bukovski realizó las tareas de Nuncio Papal en Rusia. hace poco tiempo ha sido trasladado a Roma.

 

El nuncio papal en Rusia dijo que esto, de ninguna manera, está conectado con el escándalo de espionaje, simplemente ya había llegado el momento de retirarse para Bukovski. Sin embargo, una dama anónima próxima del nuncio recordó que, después de la salida de Bukovski, el personal completo de la embajada vaticana fue reemplazado. Las investigaciones en curso llevadas a cabo por Eric Fratini, Andrey Soldatov y la revista Año Cero de España son indispensables para identificar la infiltración vaticana en todos los países, en particular en Rusia, donde la penetración padecida por la Iglesia ortodoxa puede menoscabar la acción restauradora de Vladimir Putin.

 

Para el caso particular de España, el cruzamiento de estas informaciones con lo escrito por Pepe Rey acerca del Operativo Gladio en ese país en su libro El Jesuita completará la visión del alcance del compromiso de esa estructura de espionaje anglosajona con el pontificado de Paulo VI en especial.

 

Notas:

 

Nota 1: En francés se recomienda el libro de Rumiana Ugarchinska La verité sur l’attentat contre Jean-Paul II, Presse de la Renaissance, Paris, 2007. El método de investigación seguido por esta académica búlgara es serio e impecable.

 

Nota 2: Este artículo está basado en un subcapítulo del libro La Geopolítica en el entorno de la guerra infinita, obra de este autor, que apareció impreso en México en 2008. .

 

Gastón Pardo

Periodista de la Universidad Nacional de México, Doctor en Teología de la Iglesia Cristiana Ortodoxa. Corresponsal de GeopoliticaRU en México.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/190248
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