Flint: Crímenes del Capitalismo

06/03/2016
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Desde el comienzo de la vida humana en comunidad, los pueblos han construido ciudades a los bordes de los ríos, porque el agua, el agua fresca, era, y es, la fuente de la vida.

 

Cairo (que antes de crecer y ser Cairo, se llamó Fustat), dependía del río Nilo; Londres, (que antes de eso era la colonial ciudad romana de Londinio) fue construida a los bordes del río Támesis; París (originalmente conocida como Par-Ísis, o La Casa de Ísis) creció de las aguas del río Siena; Roma creció hasta llegar a ser imperio al borde del Río Tíber.

 

Las ciudades se nutrieron de las aguas de los ríos, y crecieron.

 

Flint, Míchigan, es llamada como el Río Flint, por las duras y oscuras rocas de flint (picapiedra) que forman el cauce del río.

 

La fábrica de automóviles General Motors usó por décadas las aguas del Río Flint, y después de usarlas, tiraba al río sus desperdicios químicos y las irradiaciones, hasta que llegó a convertir esas aguas en la actual combinación corrosiva, tóxica. En verdad, cuando las aguas llegaron a ser tan ácidas que malograban partes de los automóviles, la General Motors abandonó esa fábrica, cerrando allí sus operaciones.

 

Esas son las aguas que los oficiales del gobierno de Míchigan, con los llamados poderes administrativos de emergencia, para ahorrar dinero, llevaron a los hogares de Flint; aguas que malogran y disuelven metales, fueron consideradas lo suficientemente buenas para alimentar a seres humanos residentes en una ciudad moderna de los Estados Unidos.

 

Miles, decenas de miles, de seres humanos envenenados, por ganancias, por dinero.

 

¿Por qué eso no es un crimen?

 

¿Por qué, en primer lugar, no fue un crimen envenenar un río?

 

Eso no fue crimen por la misma razón que hoy no es crimen ordenar el envenenamiento de miles de seres humanos por ganancias de las corporaciones y del estado norteamericano.

 

Miles de seres humanos –muchos de ellos niños– con veneno en el cerebro, en el hígado, los riñones, en los pulmones, en sus huesos -- en muchos casos por toda su vida; tanto así que aún los sabelotodo de las corporaciones de los medios de comunicación ya están hablando de juicios por daños y perjuicios... ¡Hablan de dinero que no puede curar nada!

 

¿Cuándo un crimen no es crimen?

 

Cuando lo cometen las grandes corporaciones.  Cuando los hacen los gobiernos.

 

El gobierno de los Estados Unidos, con sus ejércitos, cometió genocidio en Irak, destruyó una de las más grandes y antiguas civilizaciones del mundo, genocidio basado en mentiras, ignorancia y arrogancia. Torturaron iraquíes en cárceles infernales manejadas por norteamericanos; y acusaron a unos cuantos guardias de la clase baja.

 

El gobierno yanqui abrió una cámara de torturas en Cuba, suspendió la Constitución --y a eso le llamó, justicia. (En verdad, en la Bahía de Guantánamo, Cuba, hay un antro llamado, Campo Justicia,  -- ¡no estoy bromeando!)

 

En una sociedad capitalista, solo vale el dinero.  Todo es sobre los Benjamines -- el dinero es más importante que la persona. Ganancias. Solo ganancias.  Y punto aparte.

 

En las cárceles del estado de Míchigan, no hay un solo prisionero que haya cometido un crimen más horrendo que el crimen cometido por el Gobernador de ese estado.

 

Sus crímenes, no importa lo graves que fueron, son crímenes menores.  El gobierno de Míchigan, por unos cuantos dólares, cometió horrendos crímenes contra miles --ésos si son crímenes mayores.

 

Pero ésos son crímenes de los poderosos.

 

Esos crímenes no importan.

 

Ésos son crímenes del capitalismo.

1/21/16

 

Traducción libre del inglés enviado por Fatirah Aziz, Litestar01@aol.com, hecha en REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas.

 

--© ‘16maj

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/175830

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