No es el día del Estudiante Universitario, jóvenes dirigentes chavistas

24/11/2015
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Con todo respeto y afecto, queridos jóvenes, lamento mucho y me cauda dolor que se celebre oficialmente un día que se puede crear, pero que no sólo no ha sido decretado, sino que en la historia unitaria y revolucionaria de las luchas estudiantiles de Venezuela no ha surgido, por el contrario, lo que ha privado es la unidad de todos los estudiantes, sin distingos de nivel o de exclusión.

 

Con motivo de la batalla de la Victoria del 14 de febrero de 1814, que ha podido ser día del estudiante universitario, pues según la historia que hemos aprendido, fue una participación decisiva la de ellos, sabiamente se recogió como Día de la Juventud, ¿a lo mejor reconociendo a los jóvenes llaneros que probablemente también participaron, con el cuerpo de caballería que condujo Campo Elías? ¿O fue por un prejuicio clasista? ¿Jóvenes eran sólo los universitarios? No lo sé. Pero ese día no apareció.

 

En las jornadas de 1928, importantes en la historia de Venezuela, hasta donde sé, tampoco se hizo esa distinción. No surgió un día del estudiante universitario. En las gestas contra la dictadura de Pérez Jiménez con una participación social muy variada, tampoco. Yo inicié mis luchas contra esa dictadura en 1953, cuando tenía 15 años y estudiaba segundo año de bachillerato. Es decir, no era universitario. Así como yo, miles de los participamos en esas luchas.

 

El Día del Estudiante nace en 1958, por decreto del Presidente de la Junta de Gobierno que sustituyó a Pérez Jiménez, Dr. Edgar Sanabria. Ni él ni esa junta de gobierno se proclamaron revolucionarios, pero al emitir el decreto reconocieron la diversidad de edades, de niveles educativos, de conciencia, de sueños de los que participamos en unas luchas que culminaron el 21 de noviembre de 1957.

 

Ese año culminó un esfuerzo de estudiantes que cursaban en liceos, escuelas normales, escuelas técnicas; de muchísimos que comenzamos a participar en esas luchas cuando éramos estudiantes de secundaria y ya habíamos ingresado a la Universidad y de muchísimos que comenzaron a participar en la lucha contra la dictadura cuando ya eran universitarios.

 

El decreto de 1958 supo recoger esa complejidad. Probablemente ello tuvo que ver con que el decreto se dictó cuando el auge popular de 1958, que tuvo como referente esa huelga de noviembre de 1957, estaba en pleno desarrollo y nosotros, los actores, estábamos vivos y luchando en la calle con todas nuestras fuerzas por la democracia, la independencia y la soberanía popular. No podían ser ignoradas nuestras voces y las de miles de liceístas que andaban en las calles y que a la vuelta de pocos años, en los 60, comenzaron a ser asesinados levantando banderas de 1957-58.

 

¿Por qué hoy desde las más altas esferas de poder se organiza una celebración excluyente? No lo sé.

 

El año pasado escribí un artículo explicando este proceso. Fue publicado el 22-11-14 en Aporrea y también en patriaurgente.com. También lo expliqué en programas de TV. Yo me hice la ilusión de que como ese artículo y esos programas tuvieron una amplia difusión, la cuestión había sido aclarada, pero como en tantas otras ocasiones eso no pasó ser una ilusión. Afortunadamente siguen siendo mis ilusiones amadas y las sigo defendiendo con la misma pasión. Las vuelvo a recoger desde cada derrota y celebrándolas con alegría. No tengo dudas de que otras manos generosas y plenas de ilusiones las recogerán y las harán suyas. No importa que por la lógica de los tiempos mi nombre ya se haya desvanecido.

 

Como el asunto hay que volverlo a explicar, voy a ahorrar esfuerzos citando algunos de los párrafos de ese artículo de hace un año.

 

No es el día del Estudiante Universitario

 

Alrededor de 2006, si no recuerdo mal, cuando el pensamiento opositor comenzó a dominar a las universidades autónomas, se comenzó a fraguar la mentira de que el 21 de noviembre de 1957 se celebra el día del estudiante universitario y no el día de todos los estudiantes venezolanos. Fui invitado a una rueda de prensa en el rectorado de la UCV en mi condición de ser un actor de la huelga estudiantil de 1957. Al llegar me di cuenta de que se estaba forjando algo extraño. Además, lo primero que me preguntó un periodista fue sobre la importancia del día del estudiante universitario. Mi primera respuesta fue que ese día no existía, que existía el día del estudiante. Desde ahí viene esta batalla.

 

1) La verdad histórica

 

El 21 de noviembre de 1958, la Junta de Gobierno de la República de Venezuela, entonces presidida por el Dr. Edgar Sanabria, profesor de la UCV, dicta el decreto número 436, publicado en la Gaceta Oficial No. 25.818, cuyo considerando más importante dice:

 

“Que es un deber del Gobierno señalar y enaltecer aquellas fechas significativas de la lucha del pueblo venezolano por la consolidación de un orden democrático y el establecimiento de un Estado de derecho”.

 

Después de ese considerando decreta:

 

“Art. 1°- Celébrese el Día del Estudiante el 21 de noviembre de cada año.”

 

Como se puede constatar el decreto es muy claro al no discriminar entre estudiantes universitarios y los de otros niveles educativos. Es claramente taxativo: “Día del Estudiante”

 

Además, el decreto es también muy claro al incluir el 21 de noviembre de 1957 entre “las fechas significativas de la lucha del pueblo venezolano por la consolidación de un orden democrático”... Como podemos constatar, el decreto tiene una finalidad integradora de las luchas del pueblo venezolano y no la desintegración de sectores sociales, lo que adquiere más sentido si se observa que el decreto es redactado en medio del auge de masas que se produjo después del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez y la fuerza que cobraron las luchas democráticas y antiimperialistas y el fundamental papel de los estudiantes de todos los niveles. Auge del cual no sólo fui testigo sino activo participante y promotor.

 

Luego, como participante en todas las luchas que se realizan después de promulgado el mencionado decreto, puedo dar fe de que esta celebración fue siempre por el día del estudiante y nunca por el día del Estudiante Universitario. Ese es un invento reciente.

 

Es más o menos desde el 2006-2007 cuando comienza a aparecer ese giro en la medida que las fuerzas opositoras van ganando espacios en las universidades autónomas y entonces, el movimiento estudiantil de ellas va adquiriendo un carácter no simplemente opositor al gobierno bolivariano, sino un carácter definitivamente anti-chavista y en esa misma medida, un claro carácter clasista, “anti-tierrúo” y se generaliza la denominación del pueblo chavista como “hordas”.

 

Estás denominaciones (“hordas”) ya habían surgido cuando el golpe de Estado de abril de 2002, el paro petrolero de diciembre 2002 y enero 2003, pero la impotencia ante estas rotundas derrotas, agudizó el carácter clasista del movimiento estudiantil de las universidades públicas autónomas. Es en ese proceso donde comienza a inventarse lo del día del estudiante universitario como sustitución y violación del decreto del 21 de noviembre de 1958.

 

2) El decreto de 1958 interpretó fielmente los hechos de noviembre de 1957

 

Esos hechos como suele ocurrir en la historia fueron una continuación de acontecimientos relevantes ocurridos en 1956 tales como las huelgas claramente anti-dictatoriales del Liceo Fermín Toro, la Escuela Normal Miguel Antonio Caro, el Liceo Andrés Bello, el Liceo Luis Razzeti, el Liceo Caracas... que conmovieron al estudiantado en diferentes regiones del país. Decenas de estudiantes fueron sometidos a prisión y torturas.

 

En 1957 muchos de estos estudiantes que eran militantes de la juventud de Acción democrática y de la Juventud Comunista, habían ingresado a la Universidad Central de Venezuela y a otras universidades públicas, en las que por imposición de la dictadura perezjimenista, se pagaba matrícula, lo que alimentaba la protesta y el espíritu de rebelión. No sólo de los que ya, con grandes esfuerzos y dificultades estábamos en las universidades públicas sino de los que desde los liceos veían frustradas sus esperanzas de cursar estudios universitarios.

 

Bien esos estudiantes a los que conocí personalmente y con los cuales milité durante esa negra noche de la dictadura perezjimenista, se convirtieron en un núcleo organizador de la rebelión que estalló en noviembre de 1957 y enlace con institutos de educación media de diferentes lugares del país. Entonces, ¿Cuál día del estudiante universitario?

 

¿Por qué el invento de transformar el 21 de noviembre de 1957 en día del estudiante universitario?

 

No creo conveniente citar todo el artículo. Ya indiqué donde fue publicado. Mi sorpresa es por qué desde muy altos niveles se trata de romper con la tradición que viene desde antes de 1957 y de los períodos de auge popular de fines de los años 50 y los 60, que es una tradición de lucha por derechos populares fundamentales, la soberanía popular y el socialismo. Es dicha tradición unitaria la que se rompe cuando se crea un nuevo día, que se sobrepone y niega significados fundamentales del 21 de noviembre de 1957.

 

Una apuesta de fe

 

Yo tenía 19 años. Esa era la edad de casi todos los jóvenes que participamos en esa jornada. Nunca pensamos que sería recordada por la historia. Esa no fue nuestra motivación. Lo que sí sabíamos claramente es que podíamos ser detenidos, torturados salvamente hasta la muerte, incluso, desaparecer. Tampoco existía una seguridad plena de que la huelga iba a tener algún efecto político notable. Mucho menos que iba a ser el principio del fin de la dictadura de Pérez Jiménez, el primer grito de significación política para lograr esa finalidad.

 

De lo que no teníamos ninguna duda era que esa huelga la teníamos que hacer pasara lo que pasara. El movimiento popular estaba severamente golpeado, reducido, relativamente disgregado y en alguna medida limitado a la ciudad de Caracas. Sin duda, nos tocaba a los estudiantes tomar una posición de vanguardia y decirle a Venezuela y al mundo, que la resistencia anti-perezjimenista, democrática y antiimperialista estaba viva y dispuesta a seguir luchando y que eso tendría un efecto moralizador, de reavivamiento de la disposición de lucha.

 

Mantener viva la historia

 

Entre los años 1956 y 1957 la resistencia había sido severamente golpeada, particularmente la Juventud Comunista y la Juventud de Acción Democrática (núcleo importante de la Izquierda de AD), habían sido afectadas por el terror, la represión y la persecución de la Seguridad Nacional, centro de tormentos y asesinatos.

 

Hacia 1957 dicho cuerpo criminal, conocía rumores sobre los preparativos de la huelga y realizaba esfuerzos supremos para tratar de develarla. Las direcciones juveniles trataron de ser exterminadas, muchos de nuestros compañeros fueron detenidos, masacrados en las cámaras de torturas y otros forzados a salir al exilio. Puedo recordar ahora, de la juventud de AD, a Américo Martín, Vladimir Acosta, Rómulo Henríquez, Tomás Rodríguez...

 

Un héroe para el momento poco conocido, Simón Sáez Mérida, había ingresado clandestinamente al país y se convirtió en el Secretario General y líder de la izquierda de AD. Aun falta por rendirle a Simón los reconocimientos y honores correspondientes. Levanto mi voz para recordarlo.

 

Simultáneamente el país vivía un ciclo de crecimiento de los precios petroleros y de prosperidad que se notaba en las calles, en las conversaciones, en las aulas de clase, en las organizaciones populares... Una perfecta combinación con el terror selectivo que se aplicaba contra la resistencia y con la pobreza que desde abajo se sentía, dolía, estremecía y se elevaba como conciencia de lucha. El modelo petrolero que todavía se reproduce, con cambios importantes que introdujo el Presidente Chávez, pero ahí está, vivito y coleando.

 

Una lucha difícil, bregando también con las y los que no querían oír ni saber. Luchando a veces contra toda esperanza en la posibilidad de una lucha corta pues se iba sembrando la idea de que había que prepararse para largos años de dictadura.

 

Cuando tenemos 19 años sino tenemos esperanza no podemos vivir. Pero algo iba cambiando en el mundo, en el continente, nuevos vientos comenzaban a soplar y se impuso, en medio de derrotas e incluso pesimismo, la voluntad de luchar.

 

Así surgieron la Junta Patriótica y el Frente Universitario como centros de conducción de las luchas populares. El Frente Universitario se desarrolló como el eje para preparar y convocar la huelga estudiantil que culmina el 21 de noviembre.

 

Pérez Jiménez se había hecho “elegir” mediante un nuevo golpe de Estado en 1952, como presidente “constitucional” de acuerdo con la constitución que el mismo elaboró. De acuerdo con ella, su mandato concluía en 1957 y debía convocar elecciones, las que se fijaron para el 15 de diciembre. Ello alentó la posibilidad de derrotarlo electoralmente mediante la selección de un candidato que unificara a AD, URD, PCV y Copei, perfilándose Rafael Caldera como ese candidato.

 

El propio Pérez Jiménez se encargó de negar esta posibilidad al anular la convocatoria a elecciones presidenciales, transformándola en convocatoria a un plebiscito frente al cual surgió un proceso de unificación que la convocatoria a la huelga estudiantil y a las movilizaciones de calle lideradas por la Juventud Comunista y la Juventud de AD (como centros de la movilización) y con una participación menor de la Juventud de Copei.

 

Finalmente la huelga se materializó con efectos catalizadores que multiplicaron la lucha de calle contra Pérez Jiménez. Se dio el golpe militar del 1° de enero de 1958, luego la huelga general del 21 de enero y el desenlace con el derrocamiento de la dictadura el 23 de enero de 1958.

 

Luego vendría la dictadura democrático-representativa encabezada por AD y Copei desde febrero de 1959 cuando tomó posesión de la Presidencia de la República, Rómulo Betancourt Bello, hasta febrero de 1999, cuando tomó posesión de la Presidencia de la República, Hugo Chávez Frías y se abrió un proceso hacia la democracia participativa y protagónica. En esto estamos, con tropiezos, saltos atrás, pero con el firme propósito de seguir adelante.

 

Las generaciones de los años 2000 no conocen una dictadura controlando el gobierno y Estado

 

Por una parte, la dictadura mediática y la guerra psicológica los han convencido de que viven bajo una dictadura y por otra parte, el arma de la negación de la historia y el olvido.

 

Quiero hacer una rápida semblanza de los métodos de la dictadura perezjimenista. En la relación con la libertad de expresión ella estaba reducida a cero. Ningún medio podía realizar crítica alguna al gobierno. Los medios críticos eran absolutamente clandestinos y perseguidos. En la prensa escrita estaba instalado un censor que poseía un lápiz rojo y antes de que el periódico se imprimiera, lo revisaba y tachaba lo que no se debía publicar.

 

Estaban prohibidas las conversaciones o lecturas políticas con algún sentido opositor. Así fuera de derecha, mucho menos de izquierda.

 

La garantía de la libertad de opinión personal, los instrumentos protectores de la libertad individual, de la inviolabilidad del hogar, etc. no existían. Cualquiera podía ser detenido indefinidamente por cualquier policía o funcionario militar y la residencia podría ser allanada u ocupada policial y militarmente en cualquier momento por tiempo ilimitado.

 

Ser detenido por motivos políticos implicaba lo siguiente: cualquier causa podía ser convertida en causa política por cualquier funcionario, civil, policial o militar; indudablemente ibas a ser torturado, es decir, la tortura era una certeza; no tenías derecho a un abogado, a visita de familiares o amigos, a realizar una denuncia de prensa, a recurrir ante un juez; las certezas posibles eran que no sabías cuanto tiempo estarías detenido, la detención podía extenderse por años y ser torturado a voluntad del carcelero; no tenías derecho a libros, periódicos, el acceso a ellos era fortuito; en absoluto tenías derecho a lecturas opositoras, mucho menos de izquierda, ello constituía un grave delito. Debías olvidarte de que un mundo distinto al de la prisión existía.

 

En las librerías estaba prohibida la literatura marxista o cualquier otra de tendencia izquierdista, incluso de derecha, si ella era crítica de la dictadura.

 

Si decidías incorporarte a la resistencia, perdías todos los derechos civiles, políticos, familiares, debías pasar a la clandestinidad o irte del país. Así vivimos casi diez años.

 

Creo que el panorama actual es completamente diferente. En los cuerpos de seguridad quedan rezagos del pasado y también en la mentalidad y en la cultura política de muchos funcionarios públicos, pero ello es muy diferente a decir que vivimos bajo una dictadura, hay un gran trecho. El tránsito hacia la democracia participativa y protagónica es largo y difícil y es poco probable que se complete bajo la dictadura del capital.

 

Sin embargo, la República Bolivariana de Venezuela ha sobrepasado y superado todas las pruebas y todos los parámetros internacionales en relación a democracia y derechos humanos. En dichos parámetros internacionales, políticos, sociales, económicos y culturales, sobrepasa ampliamente a EEUU, que posee altos niveles de pobreza, de discriminación racial, política y religiosa, en donde todavía existen importantes cifras de trabajo esclavo y trata de personas, donde las llamadas leyes antiterroristas han abolido los derechos civiles, donde el derecho a la privacidad no existe y yace sepultado bajo los más crueles sistemas de espionaje. En general, en los países desarrollados la tendencia es a que sólo disfruten de democracia, derechos humanos y paz, los que pertenezcan al 1% de la población que monopoliza la riqueza.

 

No puedo cerrar este comentario sin decir que el sistema carcelario de EEUU es uno de los peores del mundo por su carácter racista, clasista y fascista. Las cárceles han sido privatizadas y se han convertido en centro de reclusión de esclavos al servicio de las grandes empresas transnacionales que disponen así de una masa de trabajo esclavo a su libre disposición.

 

La Junta Patriótica y el Frente Universitario como expresiones unitarias. El rechazo de Betancourt.

 

Siempre ha sido difícil y es, construir la unidad de las fuerzas democráticas. Durante la dictadura de Pérez Jiménez la principal dificultad la constituyó un Sr. llamado Rómulo Betancourt.

 

Él fue militante comunista y luego se arrepintió. Lo cual es un derecho. El problema es que el resto de su vida lo dedicó a tratar de que el gobierno de EEUU le perdonara sus “desvaríos de juventud” y se transformó en anticomunista radical.

 

Entonces, en la dura lucha contra la dictadura perezjimenista, él bloqueó toda posibilidad de alianza de AD con el partido comunista y de esa manera impidió que las organizaciones que eran el centro de la resistencia pudieran emprender acciones conjuntas siendo esa una de las causas de que la dictadura se prolongara un tiempo más largo en el poder.

 

Iniciativas como la Junta Patriótica y el Frente Universitario fueron boicoteadas por Betancourt y su conformación se debió a la perseverancia del Partido Comunista y a la resistencia que dentro de AD la izquierda presentó a la política betancurista, aspecto que la historia que desde algunos lugares no se pondera lo suficiente.

 

La oposición de Betancourt determinó que en la primera conformación de la Junta Patriótica, AD no figurase entre sus miembros. La izquierda de AD corrigió esta situación y a pesar del disgusto de Betancourt, este partido entró a la Junta Patriótica y fue uno de los factores fundamentales. Fue bajo la dirección de Simón Sáez Mérida, Secretario General de AD en la clandestinidad y la participación directa en la dirección de la Junta patriótica de Silvestre Ortiz Bucarán.

 

No ocurrió lo mismo con la conformación del Frente Universitario. Pese a la posición de Betancourt, la juventud de AD fue de los miembros fundadores, constructores e impulsores del Frente Universitario.

 

La ruptura con el anticomunismo y la visión geopolítica de Betancourt

 

Acción Democrática cuando fue ilegalizada mantuvo una importante base sindical, una gran influencia tanto en el movimiento obrero como en el movimiento campesino, una decisiva predominio en el movimiento estudiantil y de los jóvenes en general. También en el movimiento de las mujeres.

 

El anticomunismo de Betancourt lo condujo a no confiar en la movilización popular. Incluso, a tenerle temor. Todo eso le olía a comunismo aun cuando fundamentales dirigentes populares de la época eran militantes de AD. Betancourt estaba enfermo de lo que se llamó el “temor al contagio”.

 

Su visión geopolítica estaba teñida también por el anticomunismo. Pensaba que en la región latinocaribeña no se podía realizar un cambio social que no contara con el apoyo del Departamento de Estado de EEUU (presionado por lo que se denomina en la política interna de EEUU, los sectores “liberales”, de la burguesía “venezolana” y de las cúpulas militares.

 

En pleno conflicto Este-Oeste y de la guerra fría, no podíamos aparecer alineados con el bloque del Este y con la Unión Soviética (su anticomunismo se traducía lógicamente en un antisovietismo casi enfermizo). Estábamos en la órbita de EEUU y este tenía que ser un aliado para un cambio social democrático, anticomunista y libre de cualquier posición extrema. Es decir, a la medida de lo que EEUU pudiese tolerar. Ello lo condujo a la subordinación con respecto a los intereses imperiales.

 

Por fortuna, Fidel Castro y Juan Domingo Perón no creyeron la prédica betancurista, que también compartían Víctor Raúl Haya de la Torre del Perú, José Figueres de Costa Rica, Luis Muñoz Marín de Puerto Rico y toda la socialdemocracia continental.

 

Fidel Castro se fue a la Sierra Maestra y demostró que había otro camino para la liberación del continente. Perón tomó el camino de la acción del movimiento sindical, que profundizaron Néstor y Cristina Kirchner, en otro momento y en tiempos de la geopolítica de la liberación impulsada por Hugo Chávez. Así se rompió con la geopolítica fatalista, derrotista y pro-imperialista de Rómulo Betancourt y se abrió un camino de paz, democracia, soberanía, integración y unidad continental liderado por el Presidente Chávez.

 

Graves consecuencias de la política betancurista

 

El temor a la movilización popular y la geopolítica betancurista determinaron una oposición contra la dictadura perezjimenista de carácter antipopular, golpista, es decir, que saldría de los cuarteles y no de la movilización popular, de las cuales la movilización militar forma parte.

 

De esa manera Betancourt, que muy temprano se fue del país huyéndole a la dictadura, fue lanzando a la dirigencia y a la militancia de Acción Democrática, a sucesivas aventuras de las cuales él se cuidó de no formar parte. Desde el exilio dorado el comandó dichas aventuras.

 

El aparato represivo fue destruyendo la estructura clandestina de AD, pero fue la política golpista y contraria a la movilización popular, aplicada por Betancourt la responsable de la muerte de Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevalli, Antonio Pinto Salinas, el capitán Wilfrido Omaña (representante de una heroica juventud militar) y centenares, miles de militantes patriotas, dirigentes obreros, campesinos, estudiantiles, intelectuales, que murieron llevando adelante las erróneas directivas de Rómulo Betancourt.

 

La política antiunitaria que desarrolló, predicando anticomunismo, ¿cuántos sufrimientos, muertes, tormentos le causó al pueblo de Venezuela al debilitar la lucha contra la dictadura?

 

Sus prejuicios, sus temores, sus miedos a la participación y la movilización del pueblo, ¿Cuánto nos costaron?

 

Esta es la historia de ciertos dirigentes de la Cuarta República que está por hacerse, que en fin, es parte de la historia de sumisión ante el imperio que marca ese período.

 

Ciertos significados profundos del 21 de noviembre de 1957 y la generación del 58

 

Yo soy de esa generación, la generación derrotada. Y estoy orgulloso de pertenecer a ella aun cuando no me considero un derrotado. La derrota está referida a que nuestra generación no llegó a ser gobierno y se fue como disolviendo entre sueños, ilusiones, quimeras, traiciones, asesinatos, el fuego a hierro de la tortura, la delación... Se nos mide con la generación del 28 y en esas mediciones dicha generación sale ganando pues fue poder, dictó leyes, copó altos cargos nacionales e internacionales, etc.

 

Yo no tengo interés en esas mediciones ni creo que tengan sentido. Batallamos por el programa secular de las generaciones que nos precedieron durante nuestros años adolescentes y adultos, los años 50, 60, 70, 80, 90... El derecho a la educación gratuita, al trabajo, a la vivienda, a una naturaleza prodiga sin dueños, a un planeta libre de ser convertido y tratado como mercancía, a una humanidad que pueda soñar sin dueños ni explotadores... A través de ese programa de luchas y sueños seguimos ganando, seguimos vivos participando de las derrotas y las victorias, las pasadas, las presentes y las del porvenir... Al final ahí estaremos celebrando sin distingos generacionales.

 

Abandonamos a Dios, nos reencontramos con él y nos dimos cuenta que siempre hemos sido creyentes, que la fe ha sido nuestra guía esencial, que la luz de los cielos ilumina nuestra alma y nuestro corazón. Nos felicitamos por haber tenido compañeros como Jorge Rodríguez, padre, Víctor Soto, Carmelo Laborit, Alberto Lovera, Livia Gouverneur, José Montesinos, Argimiro Gabaldón...

 

Un día cuando probablemente los polvos de las batallas no nublen la vista; los ayees de dolor de los torturados resuenen desde la soledad de los socavones y brillen desde los horizontes de victoria; el silencio de las niñas y los niños que no llegaron a nacer nos atormente los oídos; los ojos estupefactos de las niñas y los niños que se quedaron huérfanos y no llegaron a conocer a sus padres nos horaden la vista; los fantasmas de los desaparecidos se hagan visibles y canten con nosotros las canciones que nunca dejamos de cantar y celebrar, los himnos de victoria que siempre han estado presentes y la fuerza de nuestros años que siempre ha ayudado a mover los años del porvenir, cuando todo eso y más se haga evidente, se podrá comprender el significado del 21 de noviembre como día del estudiante y no como día del estudiante universitario.

 

El 21 de noviembre como fecha unitaria del pueblo venezolano, no sólo de los estudiantes universitarios, marca el comienzo del auge de masas que se vivió a través de los años 60 y su final tiene que ver con el hecho de que la lucha fue siendo aislada hacia las universidades, que sin el aliento de las luchas populares, pese a mucho heroísmo, finalmente fueron derrotadas. Lo que le da proyección histórica a esta fecha precisamente es que es el día de todos los estudiantes unidos al pueblo, como fue el proyecto que se dibujó en noviembre de 1957.

 

El 21 de noviembre continuó con el golpe militar del 1° de enero de 1958. Aun recuerdo que en la plaza Girardot de Maracay, Adícea Castillo y yo, de la juventud de AD y Cruz Pinto de la Juventud Comunista, irrumpimos en un mitin que celebraba Godofredo González, dirigente de Copei, a favor del golpe y le cambiamos el sentido al acto al sacar una marcha hacia la cárcel de Maracay para liberar a los presos políticos y ante la resistencia de la Guardia Nacional, nos fuimos a marchar por los barrios populares de Maracay. El movimiento militar fue derrotado y en la madrugada del 2 de enero estaba yo huyendo de Maracay.

 

Retornamos a Caracas y se profundizaron las movilizaciones populares en el centro de Caracas con retiradas hacia los barrios populares, que culminaron con la huelga general del 21 de enero, el toque de queda y la retirada con el apoyo de Fernando Soto, en la noche del 22 de enero hacia el barrio Los Magallanes de Catia desde donde salí con una manifestación popular, en la madrugada del 23 de enero, aprovechando la caída del dictador Pérez Jiménez, a tomar la Seguridad Nacional con el propósito de rescatar a los estudiantes y demás presos políticos. Ahí, en los alrededores de la Avenida México, me di un gran abrazo con mi querido compañero Vladimir Acosta, que fue uno de los prisioneros rescatados.

 

De ahí salí en otra manifestación con la camisa que cargaba, ya desgarrada, a buscar a Julio Cabello, quien se había mantenido enconchado en un barrio del oeste caraqueño. Con unas sábanas ya se habían hecho pancartas con las que salimos a marchar hacia el centro de Caracas. Al final del día yo andaba, casi sin camisa, marchando con una pancarta de cartón que decía: “nunca más una nueva dictadura.” Ese era el sentimiento colectivo en las calles de toda Venezuela el día 23 de enero. En eso seguimos hasta que se derrumbe la dictadura del capital y el artículo 5° de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, hija del Presidente Chávez y de todo el pueblo de Venezuela, sea finalmente una realidad.

 

Nuestra derrota generacional fue necesaria pues nosotros nos bebimos la lucha armada en tragos de fuego, de vida y de muerte y quizás por eso no ha habido una nueva generación que haya planteado el camino de la lucha armada como proyecto generacional, como proyecto histórico. Como sueño se agotó con nosotros y Fidel Castro lo clausuró como proyecto estratégico para los tiempos de hoy.

 

Ahora tenemos que ganar la lucha por la paz para impedir que el imperio y la oposición transnacional incendien las ciudades venezolanas para tratar de liquidar no sólo el proceso bolivariano en Venezuela, sino para tratar de destruir la Celac, Unasur, Petrocaribe y matar la aspiración de un continente que quiere ser libre y soberano.

 

Quizás el proceso de nuestra generación esté plasmado en estos versos de Walt Witman, quizás:

 

Con estrépitos de músicas vengo, con cornetas y tambores. Mis marchas no suenan solo para los victoriosos. Sino para los derrotados y los muertos también. Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.

 

Pues yo digo que es tan glorioso perderla. Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan. ¡Hurra por los muertos! Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre por ellos. ¡Hurra por los que cayeron, por los barcos que se hundieron en el mar y por los que perecieron ahogados! ¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes vencidos! Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la historia.

 

¡Viva la revolución bolivariana!

 

22 de noviembre de 2015

https://www.alainet.org/es/articulo/173798
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