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El EPP como enemigo interno desde la prensa conservadora y el Estado

Opinión
05/11/2015
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Introducción

 

El Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) es uno de los fenómenos más polémicos de la coyuntura actual en Paraguay. Al grupo se le atribuyen una serie de secuestros, asesinatos y acciones delictivas, por lo que pasa a ocupar espacio privilegiado en la agenda de seguridad, bien como en los medios de comunicación.

 

Develar los aspectos referentes a la modalidad organizativa, estrategias de acción y quienes conforman el grupo no hace parte de nuestros objetivos. Son escasos los dados que permiten tejer argumentaciones seguras sobre estos aspectos y la propia existencia del grupo no es un consenso. Algunos sectores –principalmente de organizaciones de Derechos Humanos, organizaciones campesinas y sectores más radicales de la iglesia– cuestionan las versiones de que se trata de un grupo a los moldes de la guerrilla clásica,  así como la versión preponderante en una serie de documentos oficiales que lo caracterizan como grupo terrorista (Pereira, 2009, 2010, 2013, 2014; Cáceres y Valiente, 2014; Irala, 2013; CODEHUPY, 2014; SERPAJ-PY, 2013). Aunque las mismas autoridades manifestaron la posibilidad del involucramiento de otros actores en hechos que son atribuidos al EPP como, por ejemplo, el abigeo y narcotráfico al que podrían estar relacionados ganaderos y sojeros (SERPAJ, 2011: 7), los principales medios de comunicación del país y los representantes de instituciones como Fiscalía, Ministerio del Interior, Policía Nacional, entre otras; insisten en vincular sectores campesinos organizados con el grupo criminal.

 

Un argumento trasversal identificado en entrevistas y charlas con pobladores de las comunidades campesinas etiquetadas como “cunas” del EPP, es el desconocimiento de quienes formarían parte del grupo. Un poblador de Kurusu de Hierro (Concepción) dice vivir hace más de veinte años en la comunidad y nunca haber visto a nadie de eso que llaman de EPP[1]. Un dirigente campesino de Tacuati Poty (San Pedro) que fue acusado, encarcelado y liberado meses después por falta de pruebas en el caso de la muerte del ganadero Luis Lindstron, afirma que el EPP es como una enfermedad: se siente pero no se ve[2].

 

En efecto, no nos interesa discutir la veracidad de los “orígenes” del EPP (lo que no implica asumir una posición que deslegitime los procesos guerrilleros y la vía armada como apuesta para el cambio social). Más allá de que no sea posible para nosotros precisar la ‘verdad’ sobre el grupo, nos interesa articular algunos elementos que posibiliten entender que la forma por la cual el EPP es mediatizado y caracterizado sostiene el endurecimiento de la represión y la militarización de territorios específicos del país.

 

[….]

Lea el estudio completo en versión PDF

 

[1] Entrevista realizada el 13 de octubre de 2013 en Kurusu de Hierro.

[2] Entrevista realizada el 3 de septiembre en la Penitenciaria Regional de San Pedro.

https://www.alainet.org/es/articulo/173439

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