El maicito

04/08/2015
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"Yo saqué mi maíz al sol

pensando que no lloviera

y me agarró el aguacero

con todito el maíz afuera..."

 

Así reza la canción  criolla que revela el drama que cada año padecen los campesinos que cultivan este importante grano alimentario, porque no tienen donde  guardar la cosecha y las lluvias  aceleran el proceso de maduración que termina en la pudrición y la pérdida de toda la inversión más el trabajo de meses, y se ven forzados a vender en 8 dólares el quintal cuyo precio oficial es de 15.

 

Hace muchos años en mi labor periodística escribí sobre un fenómeno equivalente y hasta publiqué un pequeño librito titulado "Historia de un triste banano", relatando el drama de los pequeños agricultores sometidos a la más despiadada explotación, de manos de las grandes transnacionales exportadores de la fruta, producto que se consume en el mundo y que tiene una condena fatal: o se vende o se pudre.

 

Hace poco tiempo, en esta misma columna, me ocupé de otro tema similar que revela la tragedia campesina, sobre los cultivos y comercialización de la palma africana, de la que se extrae aceite, a partir de un proceso complicado y costoso, difícil para los pequeños cultivadores.

 

Ahora sentimos la obligación de tratar este otro tipo de cultivo, el maíz, que corre con similar mala suerte porque también se madura con rapidez  los campesinos lo pierden todo y nos pueden salir del círculo de la pobreza, junto a su abundante familia.

 

La solución para este caso es que los campesinos pudieran acceder a esos enormes receptáculos, llamados silos, donde se pueden almacenar toneladas del grano sin que se precipite el grado de maduración dando oportunidad de conservarlos allí guardados técnicamente y permitir, a bajo costo, su comercialización al precio oficial sin que el campesino tenga que perder su capital y su trabajo.

 

Acontece que el Ministerio de Agricultura ha calculado que en las zonas de cultivo del maíz, para almacenar la mayor parte de la producción se requeriría de aproximadamente unos 10 silos del Estado, donde sólo existen tres, que cobran precios justos, generándose un déficit que es aprovechado por los mayoristas que pagan el precio que ellos imponen por la compra, causándoles inmensos perjuicios.

 

Los campesinos no tienen posibilidades de liberarse de este atropello a su economía y se ven obligados a malbaratar sus productos para no perderlo todo, mientras los que pueden almacenar en los silos privados la cosecha, se enriquecen aprovechando la oportunidad de explotar a los más necesitados.

 

Dejar de atender por negligencia o intereses protervos a tan amplio sector de ecuatorianos como los sembradores de maíz, es una situación que debe investigarse y corregirse a su debido tiempo.

 

Estos temas agropecuarios deben ser parte de una política general de Estado para liberar a los pequeños campesinos pobres, afectados por una cruda, dura e injusta realidad que debe ser cambiada como impulso precisamente del cambio de época.

 

- Alfredo Vera es escritor y periodista ecuatoriano, ex ministro de Educación, http://alfredovera-ecuador.blogspot.com

Publicado en El Telégrafo 04/08/2015

 

https://www.alainet.org/es/articulo/171528

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