Buenos modales para atender (o escamotear) lo atroz

03/06/2015
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No hay duda que en Uruguay se imponen las buenas maneras. Hay un estilo, cada vez más “nacional” en el cual no es de buen tono encresparse, ser incisivo, jugársela. Es al que alude la Asociación de Ingenieros Químicos del Uruguay (AIQU), ya veremos cómo.

 

Pero, ¿y nuestro buen amigo-de-todos, Eduardo Galeano, dolorosamente perdido hace tan poco, no era acaso crítico hasta el hueso, incisivo como pocos? Ciertamente que sí, pero en este país con tres millones de “anarquistas conservadores” como alguna vez él mismo definió al “paisito”, Galeano había ingresado a algún parnaso nacional, desde el cual él sí podía salirse de madre, romper filas, en fin.

 

Tratemos de ver cómo se aplica este rasgo en un tema tan fundamental como el agua. En un país regado por corrientes de agua como pocos en el mundo. Con una proporción de tierra apta para actividad agropecuaria de las más altas del planeta (Uruguay tiene entre un 85% y 90% de tales tierras; hay países que cuentan con el 50%, otros, como China, cerca del 10%,[1] aunque en este último caso aparece con un 50% de suelo cultivado porque se considera como base su suelo cultivable).

 

Pero en Uruguay, con el siglo XXI hizo su ingreso una fuerte industrialización del agro. “Agricultura inteligente” la califican sus cultores dando a entender que la tradicional ha sido estúpida. En rigor tal denominación caracteriza una fuerte quimiquización. En la soja, en la forestación de árboles-soldados como los definía el inolvidable Ricardo Carrere[2] y, en general en la modalidad que ha sido denominada agroindustria que procura tratar los elementos y alimentos de la tierra como si fueran partículas del universo industrial, que lidia mucho más decisivamente con elementos no-vivos que el universo agrícola y, en general, rural.

 

El ingreso de Uruguay a este estilo de extracción agrícola se descargó con fuerza en una estructura económica fundamentalmente ganadera, que por el momento coexiste aunque cada vez peor con el modelo recién llegado, porque a su vez se está imponiendo la industria ganaderil.

 

La quimiquización aludida advino con una fuerte batería de “fitomejoradores” voz del universo empresario que alude a biocidas y fertilizantes. Los biocidas; insecticidas, herbicidas, fungicidas, nematicidas, son venenos y su administración, dispendiosa, se ha hecho sobre la falsa presunción de que el veneno que ataca y mata a los insectos, no ataca sino a insectos y el que ataca y mata hierbas es inofensivo para otras formas de vida y así sucesivamente. Esta presunción, tan cómoda para los fabricantes de venenos es, empero, trágicamente falsa y encontró una enésima confirmación con la declaración pública reciente de la OMS (20/3/2015) declarando que el presuntamente inocuo glifosato es nada menos que cancerígeno (amén de ser origen de una serie estremecedora de enfermedades).

 

Como bien han reconocido “los jerarcas” (“ministros de Industria, Medio Ambiente y Ganadería” [sic] según Subrayado, noticia 44717, que interpreto como mvotma, miem, mgap), “la contaminación es generada por la actividad agropecuaria y agroindustrial de la zona.”

 

Este corto enunciado coincide con la más que preocupante situación que registran tantos ríos y espejos de agua en nuestro país. Federico López Romanelli hizo un relevamiento mediante imágenes del Canelón Chico, uno de los afluentes principales del Santa Lucía,[3] revelando la extensísima superficie de cianobacterias y la cantidad masiva, innumerable, de peces muertos.

 

Ésta es la realidad que se puede observar en la red hidrográfica del país. Debido a procesos como el recién descrito, hemos sufrido los penosos incidentes con la calidad del agua del Santa Lucía, de la Laguna del Sauce, y de tantas otras fuentes de agua potable.

 

Contra esta realidad, denunciada por fuentes insospechables (RAPAL o Asociación Oceanográfica Uruguaya, por ejemplo) se alzan las declaraciones que resumen una persistente jactancia: “Los ministros reiteraron permanentemente que no hay negligencia por parte del gobierno en el control de las industrias.” (ibíd.)

 

La declaración del ministro Tabaré Aguerre confirma la cita previa de “los ministros”: “[…] en la preservación de los bosques nativos y en el control de los efluentes de los tambos se visualizan importantes avances.” (Presidencia ROU, 30/5/2015).

 

No sólo Aguerre y demás ministros aseguran la calidad, la excelente calidad del agua que está en entredicho sino que el mismo Aguerre reafirma la permanencia de esa calidad desde antes, recordando que en 2013 el Ministerio de Ganadería presentó el “Plan de acción para la protección de la calidad ambiental y la disponibilidad de las fuentes de agua potable”.

 

Las palabras proclaman la protección, la calidad de las aguas; la realidad presenta aguas tóxicas.

 

‘Dime de lo que te jactas y te diré de lo que careces.’

 

«“La potabilidad del agua, su seguridad y calidad son prioridades del gobierno”, enfatizó el presidente de la República, Tabaré Vázquez.»[4]

 

La ministra Eneida De León, que está al frente del MVOTMA, «transmitió la solicitud del Presidente Vázquez de informar y brindarle tranquilidad a la población sobre la potabilidad del agua. “El Presidente insistió sobre la garantía de definir la prioridad que es dar agua potable y de la mejor calidad”, agregó.» (ibíd.)

 

De León llamó a conferencia de prensa y afirmó que las muestras de agua en Uruguay indican porcentajes de agua potable mayores al 99%, en tanto en Europa se conforman ─dijo─ con el 93% y en América Latina, el 76%.[5] Y aclaró que dice esto luchando contra la desinformación… habría sido preferible, entiendo, haber luchado antes contra la contaminación…

 

Por su parte, el ministro interino de Ganadería, Agricultura y Pesca aclaró que ‘el agua de riego es estratégica’.[6] ¿Quién lo niega? El problema es la contaminación del agua, de riego o cualquier otra.

 

Acabamos de ver que el agua está declarada excelente en 2013, al menos desde 2013. Sin embargo, la realidad suele infiltrarse bajo la forma de un pícaro tiempo verbal: “Seremos muy estrictos en los controles del cumplimiento de las medidas anunciadas”, explicita De León (ibíd.).  ¿Cuándo tendremos limpia el agua, cuándo?  ¿Ahora, la tuvimos en 2013, en algún momento en lo futuro?

 

Pero a medida que “los jerarcas” se expresan, se elevan. Se “embalan”. Aguerre nos asegura que “Uruguay se destaca a nivel mundial por el nivel de contralor de la calidad del uso de los suelos y a mediados de este año se pondrá en práctica el monitoreo directo de las aplicaciones de agroquímicos.” (ibíd.)

 

Aguerre nos ha puesto, ha puesto al Uruguay, en un nivel destacadísimo, pero luego, ¡ups! sobreviene el percance de que lo real no es lo presente, sino lo que va a ser, a futuro: a mediados de año, es decir dentro de pocos meses “se pondrá en práctica” un monitoreo… entonces sí, se le podrá brindar tranquilidad a la población, entonces sí tendremos un destacado nivel de control de calidad en las aplicaciones de agrotóxicos…

 

Que la situación dista de ser sencilla o sencillamente solucionable no hay duda, dada la cantidad de factores en juego; el suelo, el clima, la geopolítica alimentaria de centros mundiales de poder; la ideología de favorecer la solución química ante las dificultades de laboreo, la ideología de que todo avance tecnológico es superior a lo anterior, e inevitable so pena de ser lapidado como ludita; la existencia de sectores económicos interesados en economías que gestan problemas de contaminación así como la de sectores refractarios a tales aplicaciones, los diversos intereses en juego, cruzados con los factores antedichos… 

 

Tomemos de “los diarios” un ejemplo de disparidad de enfoques en una sola persona.

 

En 2010, el ingeniero agrónomo Fernando García Préchac, decano de la Facultad de Agronomía, dijo: "como el aerolito que cayó en Yucatán, a nosotros nos llovió la soja y nos trajo problemas gravísimos". La gula de comer en tres años un recurso que a la naturaleza le cuesta mil años hacer, comenta no sabemos si el entrevistado o quien lo entrevista; Juan Scuarcia.

 

Está claro que en 2010 Fernando García Préchac visualizó el advenimiento de la soja como una dificultad, grave, vinculada con ciertos rasgos humanos poco edificantes para no calificarlos de francamente funestos.

 

En 2012, cuando el encuentro “latinoamericano” de Monsanto en Uruguay[7] el mismo ingeniero agrónomo, “insistió que el gran reto del sector agrícola es tener más personas capacitadas a diferentes niveles y especializaciones, para así potenciar el desarrollo de la agroindustria en Latinoamérica.” [del resumen de Crop Life].  En 2012 reconocemos en la frase que se le atribuye a FGP algo mucho más genérico, que apuesta a diversas capacitaciones (¿adaptaciones?) ya dentro del marco conceptual de la agroindustria.

 

En 2015, entrevistado por Cristian González (Radio Uruguay, 1/6/2015), el mismo García Préchac sostuvo que ‘no hay que agarrársela con la soja’ porque la floración de cianobacterias, el estropicio de las aguas ya inocultable, tiene varias causas. González resume así el planteo de FGP:  “La actividad lechera es la que más afecta a las cuencas y en particular a la del río Santa Lucía, dijo el titular del Departamento de Suelos y Aguas de la Udelar, Fernando García Préchac. Puntualizó que toda actividad humana contamina y que es un error enfocarse solo en los cultivos de soja.”

 

No leamos a la vez las declaraciones de 2010 y las de 2015, por favor.

 

Las de 2015 también tienen una lógica impecable: sería demasiado fácil simplificar y atribuir la contaminación generalizada de las aguas del Uruguay hoy a un solo factor.

 

Y cuando FGP sostiene que la industria lechera contamina más que la soja, podríamos estar de acuerdo si prescindimos de la superficie afectada por cada actividad, porque en rigor los tambos ocupan mucha menos superficie que la agroindustria, cualquiera que ella sea.

 

Lo que nuestro multicitado ingeniero debería explicar es porqué la actividad tambera de décadas no regó los campos y los arroyos de contaminación como en el presente y porqué ésta ha avanzado de modo más o menos simultáneo con la sojización (y la monoforestación).

 

Menos subterfugios para reconocer que “la agricultura inteligente” contamina ¡y cómo!

 

Los que conocimos el capítulo argentino estábamos convencidos que lo que comenzó en 1996 en Argentina con la soja RR, se iba a reproducir pocos años después con la misma soja en Uruguay, implantada a partir de 2002 con los rasgos tan bien caracterizados por Fernando García Préchac.

 

El rasgo cultural al que alude la declaración de AIQU al que aludimos al comienzo es: "Cuando uno va a San Pablo, a Santiago de Chile, a Buenos Aires o Ciudad de México ya sabe que no puede tomar agua de la canilla"[8], comentó el ingeniero químico Víctor Cristar.  En Uruguay, prosigue Búsqueda glosando a Cristar, OSE "no admite" a tiempo los problemas y "va generando una situación de descrédito del organismo". En consecuencia, debe "modificar su actitud y gestión". 

 

A veces, el autobombo tiene un rebote negativo.

 

Luis E. Sabini Fernández

Periodista autónomo, editor, docente en ecología.

revistafuturos.noblogs.org



[2]  Durante años, alma máter de la oenegé World Rainforest Movement (Movimiento mundial por los bosques tropicales), cuya sede está en Montevideo, Uruguay.

[4]  La República, Montevideo, 30/5/2015

[5]  La Prensa, Piriápolis, 15-21/5/2015.

[6] El País, Montevideo, 1/6/2015.

[7]  Hecho bajo el “paraguas” de Crop Life Latin America, <http://www.croplifela.org/es/v-foro-uruguay-2012/86-v-foro-uruguay-2012.....

[8]  Búsqueda, Montevideo, 28/5/2015.  Víctor Cristar es director de laboratorio especializado en análisis de agua. El agua “no es siempre mala” pero “falla[n…] las relaciones  públicas.”

 

https://www.alainet.org/es/articulo/170100
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