Los jóvenes y la crisis mundial hoy

17/11/2011
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Por todo el mundo las juventudes comienzan a gritar basta. Cansados de 30 años de neoliberalismo, los “sin futuro” empiezan a convertir en resistencia global aquellas luchas que hace unos meses parecían problemas locales. En el mundo árabe, en el “tercer mundo” y también en algunos países que antes fueron potencias –España, por ejemplo-; miles de jóvenes salen a las calles y se apropian de ellas. Haciendo uso de las redes sociales y de la imaginación, los jóvenes vuelven hoy a la escena global para reclamar un mundo que les ha sido arrebatado por los señores del dinero.
 
“Si los de abajo se mueven, los de arriba se caen”, “Si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir” y “No somos antisistema, el sistema es anti-nosotros” son algunas de las consignas que denuncian dos de los principales problemas globales: falta de democracia y la necesidad de un sistema económico diferente al capitalismo. Vista no como una etapa de vida sino como categoría revolucionaria, la juventud es una idea que hoy está más viva que nunca y que tiene antecedentes.
 
En 1968, una generación cansada de la dictadura del capital y del autoritarismo estalinista se apropio del planeta tierra y lo transformó súbitamente. Es verdad que aquella revolución global no logró acabar con el sistema capitalista, sin embargo el mundo no volvió a ser el mismo después de esa era de transformaciones.
 
Apenas unos años antes, cientos de jóvenes se habían alistado en las guerrillas que buscaban liberar sus naciones o contener el avance del imperialismo yanqui. Impulsados por la Revolución cubana y por el espíritu libertario latinoamericano, varios de esos jóvenes combatientes siguieron a Fidel Castro o a Ernesto el Che Guevara en las experiencias organizativas que intentaron llevar al Congo, Angola o Vietnam. Quizá estas experiencias animaron a que en 1972 en una visita a la Universidad de Guadalajara el entonces presidente de Chile, Salvador Allende, señalara que “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.
 
Otro ejemplo interesante sucedió en los días que siguieron al 1 de enero de 1994. Respondiendo al llamado de los pueblos mayas organizados en el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, miles de jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo salieron nuevamente a los espacios públicos para solidarizarse con la lucha de los zapatistas que acabó con el mito del fin de la historia. Las movilizaciones acaecidas en Seattle (1999), Génova (2001) y el 1er Foro Social Mundial (Porto Alegre, 2001) también tuvieron una gran participación de jóvenes que habían hecho sus banderas las consignas de En defensa de la humanidad y en contra del neoliberalismo y Por un mundo donde quepan muchos mundos.
 
Hoy los jóvenes enfrentamos nuevos y viejos problemas, algunos han aparecido en el transcurso de los años; otros se han profundizado. Son varios los autores que se han atrevido a sugerir que lo que vivimos actualmente es unacrisis civilizatoria, es decir, una crisis en la que se pone en riesgo todo; inclusive la existencia de la humanidad. Dicha hipótesis no nos resulta tan descabellada, sobre todo después de mirar los informes sobre cambio climático, la extinción de especies, los problemas de deforestación, desertificación, el agotamiento del agua, etc.
 
La necesidad de construir una sociedad alternativa a la capitalista hoy es más urgente que nunca y las nuevas generaciones no tenemos muchas oportunidades para equivocarnos: en ello nos jugamos nuestro futuro. Hoy los jóvenes estamos obligados a vivir y transformar el presente para poder garantizar un futuro mejor. Hoy nos queda –cómo diría Benedetti- recuperar el habla y la utopía.
 
Raúl Romero
Instituto de Investigaciones Sociales-UNAM
Centro de Investigación para la Construcción de Alternativas CIPCA

 

https://www.alainet.org/es/articulo/154062

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