Un baño de realidad

Ante la nueva coyuntura internacional

27/09/2006
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Algunos temas de la inserción global del país con el mundo globalizado no han comenzado a preocupar, porque es evidente que han aparecido síntomas no del todo positivos que muestran que las coyunturas, hasta ayer interesantes, producto quizás de visiones de voluntarismo positivista de alguno de nuestros gobernantes, no son hoy todas halagüeñas, ya que algunas parecen alejarse en sus posibilidades reales. Una de ellas tiene que ver con el Tratado de Libre Comercio que se firmaría con EEUU, que tendría que recorrer la “vía rápida”, propuesta que motivó encendidas polémicas antes de que se concretaran las definiciones, incluso teóricas pues un acuerdo de estas características necesita de acuerdos que, seguramente, deben otorgarse en esa caja de resonancia que es el Parlamento, con tensiones políticas casi insoportables que se manifestaron en imágenes de trenes que se perdían definitivamente y otros que nos pasaban por encima. Sin embargo, al parecer, el otro contendiente en el tema – de acuerdo a datos fehacientes -, que parecía no se había tenido en cuenta, según algunos trascendidos e informaciones que nos llegan desde el exterior, está perdiendo interés en crear una “cabecera de playa” comercial en el centro del MERCOSUR, en el pequeño Uruguay, porque es bien posible que firme un gigantesco acuerdo de Libre Comercio con, nada menos, que Brasil. Si estas afirmaciones son ciertas, si el desinterés del norte se concreta en hechos, quienes por aquí nos embarcamos en largas elucubraciones sobre la conveniencia o no de firmar un acuerdo de estas características, nos vamos a sentir ridículos partiquinos de un juego internacional en el que, lamentablemente, solo hemos perdido el tiempo. La sociedad uruguaya carece, además, de una explicación convincente acerca de las razones que podrían conducir al Poder Ejecutivo a cambiar la estrategia de inserción internacional que postuló en la campaña electoral de 2004 y que ratificó, hace menos de un año, en la Cumbre Presidencial de Mar del Plata como vocero de los países del MERCOSUR – dice la declaración, recientemente conocida, de un importante grupo de personalidades que plantean sus dudas sobre el camino emprendido. Preocupados por este cambio – dicen - manifestamos que no se deben confundir los planteos tácticos --en ocasiones necesariamente variables para fortalecer las posiciones del país en las negociaciones con las naciones vecinas-- con la adopción acelerada de giros estratégicos radicales, que podrían encaminarnos en direcciones cuya conveniencia resulta al menos dudosa. Afirman más adelante que nada de lo dicho se puede hacer en plazos perentorios --exigidos por los tiempos de la otra parte y, digámoslo también, por apresuramientos locales que parecen reñidos con una política de pasos sólidos y consistentes, en una dirección debidamente evaluada (¿por qué no tomaremos nunca las modalidades de Chile, como ejemplo maduro?). Otros países que consideraron que convenía a su interés nacional suscribir un TLC con Estados Unidos destinaron varios años a formar negociadores capacitados y confiables para la ciudadanía, a sopesar los costos y los beneficios y a llevar a cabo una prolongada y nunca sencilla negociación. Con estos antecedentes resulta claro que no es razonable proponerse que Uruguay firme un TLC con Estados Unidos en los próximos seis meses. Hasta aquí algunos párrafos de esa centrada declaración de personalidades que cruzan transversalmente varias organizaciones de la izquierda y que profundizan un análisis que lleva a centrar un debate que, al parecer, se estaba planteando desde posiciones extremas las que, obviamente, nada tienen que ver con las necesidades del país que, evidentemente, están en un rápido crecimiento y diversificación de sus exportaciones, pero que acuerdos (formatos, como se gusta decir en algunos ambientes) de esas características en que se fijan políticas más generales – son todos preocupantes para las características nacionales es algunos aspectos puntuales, como el de las innovaciones, las patentes, etc. De las inversiones de riesgo al capital golondrina El otro tema que nos debe hacer reflexionar es el de la empresa española ENCE, que sin mayores escrúpulos, anunció que no construirá la planta de celulosa en Fray Bentos, luego que el país – en una defensa de su soberanía, pero también de esa bienvenida inversión extranjera – jugara difíciles cartas en su relacionamiento con la Argentina y se viera enfrentado a un agresivo corte de rutas, llegando incluso a instancia en la Justicia internacional, como la Corte de La Haya y al Tribunal del MERCOSUR, sin olvidar que las tensiones con la República Argentina se acrecentaron en momentos al punto de que se pensó, incluso, en retirar embajadores. Por supuesto, hay que tenerlo bien claro. La sumatoria de hechos que se dieron mostraron un lamentable accionar del gobierno argentino que por razones de presunta demagogia política y de intereses cruzados, prefirió lesionar la vieja relación con Uruguay que poner freno a la irracionalidad de los “ambientalistas” argentinos que se oponían, con argumentos cada vez más difusos – que no pudieron prosperar en La Haya – a que se levantaran las elaboradoras de pasta de celulosa en el territorio uruguayo. Sin embargo a la Argentina le bastó una negociación oblicua, presionando o halagando al gobierno de España y jugando otras cartas ante atentos empresarios, para que la multinacional ENCE, suspendiera sus planes auque el gobierno uruguayo y la gente del país se hayan encolumnando y esforzado para que esa planta se levantara en su emplazamiento original. Los argumentos del presidente de la empresa española para justificar la decisión son realmente pueriles, como sostiene el ministro de Transportes y Obras Públicas, Víctor Rossi. Pero lo aleccionante de todo el asunto es enfrentarnos los uruguayos a nuestra propia debilidad, porque es evidente que tanto el gobierno anterior como el actual, apoyaron de todas maneras a las empresas Botnia y ENCE y las declaraciones de muchos teóricos de la inversión extranjera manifestaron (podemos poner infinitos ejemplos) que ese era el camino correcto que debía seguir recorriendo el país para construir un futuro promisorio. Claro, no se tenía en cuenta la clásica volatilidad de esas inversiones que se mantienen y desarrollan, muchas veces, por razones claramente coyunturales. Ello especialmente cuando todavía no están explotando un perfil concreto. ENCE todavía no producía celulosa, su planta elaboradora estaba en las primeras etapas de su construcción y el riesgo de perder era realmente menor, más allá de que el conflicto con Argentina muestra otra de las características de este tipo de inserción de capitales. Que ahora, los españoles, luego de comenzar los trabajos, de contratar a personal, de recibir permisos de todo tipo y de que se les habilitara el funcionamiento de una zona franca, con todo lo que ello significa, hablen del “efecto acumulativo” de las dos plantas en la zona de Fray Bentos, dando la razón a los “ambientalistas” argentinos, es un hecho insólito, porque ese impacto ambiental debió haber sido tenido en cuenta de manera anticipada y no cuando el “pescado estaba vendido”. El presidente de la empresa podría haber buscando un argumento menos inverosímil, más serio, que se entroncara con la realidad de lo que significa un emprendimiento realizado por una empresa multinacional de estas características y que está enfrentada, obviamente, a intereses cruzados que depende de presiones de distintos gobiernos y vinculada a intereses multinacionales. Sin embargo para algo sirve la enseñanza. Es una manera de qué muchos uruguayos, no avisados, u otros que tienen una visión idílica sobre los beneficios de la globalización, la que tiene – evidentemente – claros y oscuros, podrían recibir un baño de realidad y no hacer jugar al país todas sus cartas en una sola dirección, abandonando los necesarios caminos pragmáticos que son necesarios para desarrollar una economía pequeña en el mundo de hoy. Se trata de pensar con cabeza propia, de medir los resultados positivos y negativos de la inversión extranjera, que puede tener también –recordemos lo ocurrido en la Argentina en el período de las privatizaciones de Menem y Cavallo – aspectos indeseables que derrumben a un país y lo lancen, como a nuestro vecino, a que el 50% de su población, cayera en el sub consumo y el hambre. Los hechos de los últimos días son fluidos y preocupantes. Sobre ellos debemos reflexionar y sacar conclusiones para encarar el porvenir, abandonando las posiciones encontradas que parecen elementos hoy pueriles ante la magnitud de las alternativas que nos afectan en el mundo, teniendo fundamentalmente en cuenta nuestra pequeñez y la necesidad de mantenernos, por razones de supervivencia a mediano y largo plazo, dentro de los imperfectos marcos del MERCOSUR. - Carlos Santiago, periodista, secretario de redacción de Bitácora.
https://www.alainet.org/es/articulo/117274
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