El Movimiento de las Américas o la radiografía de una anexión

13/11/2001
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Para nadie es un secreto que Estados Unidos está interesado en estructurar un nuevo tipo de relaciones internacionales con los países de América Latina y el Caribe, que derive en un nuevo orden funcional a sus intereses hegemónicos a escala regional y global. La necesidad de un nuevo tipo de relaciones interamericanas se explica por las modificaciones que han tenido lugar en la economía y la política mundial - globalización, unipolaridad político militar, multipolaridad económica - así como por la vieja política oportunista y anexionista de Estados Unidos respecto a Latinoamérica y el Caribe. Aún cuando este nuevo orden tendrá en su base los viejos principios de subordinación y explotación, que ahora deben tributar a Estados Unidos altas cuotas de poder frente a sus megarivales de la globalización - la Unión Europea y el Foro de Cooperación Asia Pacífico -, se percibe también que será caracterizado por algunos elementos nuevos, que le otorguen funcionalidad al patrón de acumulación transnacional y al poderío unipolar norteamericano. De esta manera, el nuevo orden que está por construirse deberá caracterizarse por una combinación de viejos y nuevos rasgos imperialistas, cuya finalidad es la anexión de América Latina y el Caribe por Estados Unidos de América. Algunos de estos rasgos serían los siguientes: * La OEA como institucionalidad imperialista.
* El neoliberalismo como único modelo económico válido para todos los países.
* La democracia burguesa representativa como único modelo político válido para toda América.
* El acceso expedito de las transnacionales -básicamente estadounidenses- a los principales recursos naturales de nuestra región (agua, petróleo, diversidad biológica, genes, entre otros).
* El concepto de soberanía limitada.
* El cerco a las fórmulas contestatarias al pensamiento económico, político e ideológico único, o sea, el neoliberalismo y la democracia burguesa representativa.
* La ausencia de conflictos político-militares que cuestionen el consenso de Washington, como por ejemplo, la insurgencia en Colombia y en Chiapas. Hacia la construcción de ese nuevo orden, Estados Unidos ha logrado arrastrar a los gobiernos latinoamericanos y caribeños - con la excepción de Cuba-, muchos de los cuales parecen dispuestos a acatar la anexión sin ningún complejo de culpa. Durante todo el decenio de los años 90 del pasado siglo, Estados Unidos encabezó una ofensiva destinada a estructurar las bases mismas de unas nuevas relaciones interamericanas que condujeran irremediablemente a la absorción de América Latina y el Caribe por el gigante del norte; este sería el resultado esperado del nuevo orden, cuya edificación pasa por una serie de pasos, fases y acciones de tal alcance (Iniciativa para las Américas, del Presidente Bush padre, Tratado de Libre Comercio de América del Norte(TLCAN) en 1994, Cumbres de las Américas, para negociar el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), planes complementarios al ALCA y cláusula democrática, que algunos estudiosos lo denominan como Movimiento de las Américas. Una pieza importante - pero no la única - de este movimiento es el ALCA, en tanto contribuirá al establecimiento en lo económico del nuevo orden, mediante la vía de la apertura recíproca de los mercados nacionales al comercio exterior (se excluye cualquier fórmula de trato preferencial para los países más pequeños o menos desarrollados que rebase las cláusulas de la OMC(1) y el otorgamiento de trato nacional al inversionista extranjero, así como las llamadas nuevas reglas de procedimiento, que en esencia, subordinan a los estados latinoamericanos a los intereses transnacionales. Sin embargo, no podría considerarse concluido el nuevo orden imperialista con la presencia activa de focos insurgentes que cuestionan el poder del imperio en sus países y en la región, tales como la guerrilla colombiana (Fuerzas Armadas de Liberación - FARC y Ejército de Liberación Nacional - ELN) y la insurgencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional - EZLN - en Chiapas, México, ni tampoco con la persistencia de obstáculos para acceder a las riquezas energéticas, la diversidad biológica, las reservas hídricas y el "banco" de genes que abunda en la geografía latinoamericana. Otro punto que preocupa y ocupa al imperio son los flujos migratorios que con origen en el Caribe, el sur y el centro de América apuntan hacia el norte en oleadas que introducen tensión en la frontera sur de Estados Unidos y a los cuales culpan de poner en jaque el mercado de trabajo de este país y por último - pero no menos importante -, la presencia de algunos gobiernos rebeldes a los dictados de Washington (casos de Cuba y Venezuela), a los cuales será necesario cercar y hostigar como medida para invalidar su funcionalidad y desestimular su reproducción en otros escenarios de América Latina y el Caribe. Estos objetivos no podrían ser alcanzados únicamente por medio del ALCA y eso es lo que justifica la existencia de otras piezas, que como parte del así llamado Movimiento de las Américas, contribuyan a allanar el camino de la anexión, lo cual no haría otra cosa que coronar con éxito la vieja tesis panamericanista de "América para los americanos", es decir, América para los norteamericanos. Estas piezas que actúan de manera paralela a las negociaciones del ALCA y hasta preceden la entrada en vigor de la integración hemisférica son el Plan Colombia y el Plan Puebla-Panamá. Plan Colombia Al margen de que la divulgación oficial del Plan Colombia enfatiza en el enfrentamiento del problema de la droga y sus delitos conexos como la violencia, la impunidad, la ingobernabilidad y la inseguridad ciudadana, no hay que ser necesariamente un experto para percatarse que la esencia de este plan consiste en erradicar la insurgencia y golpear en sus puntos más sensibles al movimiento obrero y la izquierda en la nación sudamericana. Si bien no se niega que en el Plan Colombia se están dando algunas acciones contra los zares de la droga, la historia de la política de cero (0) tolerancia hacia la droga en otros países (Bolivia, Perú, Ecuador) demuestra que nunca, en ningún caso, pudo evitar el llamado efecto desplazamiento(2). ¿Por qué tendría que ser distinto en el caso colombiano? Si realmente se quisiera resolver el problema de la droga, habría que llevar la política de cero tolerancia tanto a la (s) fuente (s) proveedora (s) de la droga como a las fuentes receptoras que son muchas y están en Europa y los Estados Unidos, básicamente, sin embargo, no se conoce que haya un Plan Francfort o un Plan Miami para cerrar aunque fueran sólo dos de los grandes mercados consumidores de la droga. ¿Cómo es posible que si el Plan Colombia pretende enfrentar el problema del abandono social, el alto desempleo y la profunda inequidad - que clasifican entre las causas que alimentan el circuito de la droga como medio de sobrevivencia - sólo dedique 35 % del financiamiento de que se dispone para el desarrollo social y 63, 3 % al rearme de las fuerzas armadas de la nación? Tal como se aprecia, es cuestionable la meta oficial del Plan Colombia y sí muy visible el objetivo político y militar anti insurgente. Al final, en la medida que el Plan Colombia despliegue todas sus aristas, irá quedando cada vez más claro que, al margen del tema de la droga, sirvió como pantalla para potabilizar el discurso y desarrollar una espiral de guerra anti insurgente - que debe concretarse en los próximos años -, con el fin de reeditar en Colombia la fórmula anti guerrillera de Centroamérica, o sea, golpear duro a la insurgencia para obligarla a negociar desde posiciones débiles. No obstante esto, el Plan Colombia - devenido en una suerte de Iniciativa o Plan Andino -, busca otro objetivo sumamente sensible para Estados Unidos, que consiste en el acceso a los recursos energéticos (Venezuela es el segundo proveedor de petróleo más importante de Estados Unidos en América), la biodiversidad, la riqueza genética y el agua que abundan en la región andino- amazónica. No debe olvidarse que en esta región están situados algunos de los ríos más caudalosos de América Latina (Amazonas, Orinoco, Magdalena, El Dorado), ni tampoco que cinco de los 17 países del mundo de más rica biodiversidad a nivel mundial, se localizan en estas latitudes. El Plan Puebla-Panamá Algo menos conocido que el Plan Colombia, el Plan Puebla-Panamá (PPP) es un megaproyecto del gobierno del Presidente mexicano Vicente Fox, que según su letra, pretende impulsar el desarrollo económico y social en una región ubicada al sur sudoeste de la nación azteca, que supera el millón de kilómetros cuadrados y en la que habitan alrededor de 64 millones de personas, de las que el 43% son mexicanos y el resto centroamericanos(3). Abarca los estados mexicanos de Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz, y Yucatán y todos los países ubicados en el istmo Centroamericano hasta Panamá, incluyendo Belice. Si bien la propuesta del PPP hace referencia a la creación de "un polo de desarrollo regional sostenido y sustentable que incluye obras de infraestructura como carreteras, caminos, presas, puentes, ferrocarriles, gasoductos, oleoductos, puertos, aeropuertos y telecomunicaciones"(4) que podrán dar empleo a cerca de 20 millones de trabajadores, en su mayoría pobres, varios analistas se cuestionan que un proyecto de esta magnitud, en un contexto de globalización neoliberal, en una región rica en recursos naturales y explosiva desde el punto de vista político-militar, esté movido por objetivos tan idealistas. Sin pretender aquí identificar al PPP con el Plan Colombia, ni desconocer tampoco el impacto que podría generar a una región sumamente pobre, al final, como reconocen muchos de los críticos del PPP, la población de esta amplia zona podrá quizás acceder a un empleo de mala calidad, poco remunerado y sometido a un alto nivel de explotación que aportarán las maquiladoras y las zonas francas, cuya masiva presencia en el área será una de las principales expresiones de este plan. Al mismo tiempo, las mejores riquezas naturales serán apropiadas por grandes firmas extranjeras y laboratorios para tributar a la seguridad energética de Estados Unidos y servir como materias primas para el desarrollo de la industria de la ingeniería genética y la biotecnología de este país. Hay otro aspecto que introduce cuestionamientos a la propuesta "desarrollista" del PPP y es que en varios puntos coincide - al menos en algunos aspectos muy sensibles para el nuevo orden que Estados Unidos pretende establecer en América - con el Plan Colombia, lo que sugiere que ambos son funcionales a los intereses estratégicos del capital transnacional y de Estados Unidos de América. Algunos de estos puntos comunes son los siguientes: * En ambos escenarios hay una insurgencia que se cuestiona el nuevo orden que EEUU trata de estructurar en todo el continente.
* En las dos regiones hay grandes riquezas naturales muy apetecidas por EEUU: México y Venezuela constituyen los dos principales proveedores latinoamericanos de petróleo del mercado estadounidense, y su geografía clasifica entre las más ricas del mundo en biodiversidad. Particularmente México ocupa el segundo lugar mundial en reptiles, el cuarto en anfibios, y el quinto en flora y fauna(5).
* Tanto México y Centroamérica como la región andino-amazónica, constituyen espacios muy importantes desde el punto de vista estratégico para los conceptos de seguridad nacional de Estados Unidos.
* Las dos áreas son importantes en lo que respecta al desplazamiento del capital transnacional estadounidense por todo el continente. A manera de conclusiones Cada fase y acción del nuevo orden que el imperialismo pretende estructurar en América y cuya punta de lanza es el ALCA, tienen una misión concreta y coherente entre sí, y en general, todas apuntan a la absorción de América Latina y el Caribe por Estados Unidos. El ALCA, y probablemente también el Plan Puebla-Panamá, aportarán lo suyo desde el punto de vista económico, aunque se reconoce que los objetivos de ambas piezas son multidimensionales. El Plan Colombia contribuirá a la meta norteamericana del nuevo orden colocando el énfasis en los aspectos político- militares, pero sin desconocer que detrás del mismo subyacen objetivos económicos. Finalmente, la llamada Carta Democrática, aprobada en Lima a principios de septiembre del año en curso y cuyo referente esencial es la Carta de la OEA, apunta a sacralizar la democracia representativa como el único modelo político que el imperio considera válido para América, dada la docilidad de los gobiernos de la región frente a las apetencias anexionistas y la transgresión de dicha Carta, los condenaría a la suspensión o expulsión del ALCA. De esto da fe el artículo número 21 de la Carta Democrática, el cual haciendo un ejercicio de síntesis dice: "Cuando la Asamblea General considere que se ha producido la ruptura del orden democrático, conforme a la Carta de la OEA, tomará la decisión de suspender a dicho Estado Miembro del ejercicio de su derecho a participar en la organización"(6). El diagnóstico de la situación política que caracteriza a América en el primer lustro del nuevo siglo y milenio apunta a que el pronóstico es la anexión a Estados Unidos y no la integración, le corresponde a los pueblos hacer trizas este pronóstico y construirse un futuro más digno y mejor. NOTAS (1) En el borrador de la declaración sobre el trato especial y diferenciado de las pequeñas economías en el marco del ALCA se deja explícito que "el trato especial y diferenciado es un principio comprendido en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Las disposiciones que la OMC incorpora en esta materia constituyen la base para el establecimiento de las mismas en el marco del ALCA.
(2) Traslado de los cultivos, las fuentes de procesamiento y los corredores de la droga hacia otros países o al interior de un mismo país.
(3) Plan Puebla-Panamá. Gobierno mexicano anuncia plan de integración económica con Centroamérica. Internet. Junio, 2001.
(4) El Plan Puebla-Panamá: ¿Un nuevo espejismo? Internet. Junio, 2001.
(5) Renán Vega Cantor. Idem anterior.
(6) Carta Democrática aprobada en Lima, Perú el 6 de septiembre del 2001 contentiva de uno de los principales instrumentos políticos que se negocian entre los Presidentes latinoamericanos previos al establecimiento del ALCA. Internet.
Lic. José Ángel Pérez García. CIEM.
https://www.alainet.org/es/articulo/105513
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